Sintel: historia de la vergüenza

Una de las historias más dramáticas del mundo laboral español en el caso Sintel.

I ¿Qué era Sintel?
Sintel era una empresa de telecomunicaciones, subsidiaria de Telefónica. En un momento dado, los jefazos de Telefónica consideraron que tenían que desembarazarse de ella, ya fuera porque no era rentable o porque quisieran sanear cuentas. El caso es que usaron de las peores artes para hacerlo. Como lo más probable es que no hubiera motivos para declarar Sintel en quiebra, aprovechando que Telefónica estaba culminando su privatización, vendieron la empresa a un empresario de Miami. Este, poco después, se encargaría de declararla en quiebra.
La venta fue del todo fraudulenta. Por un lado, se realizó por una cantidad muy baja. Por otro, la mayoría de esta cantidad nunca se cobró y Telefónica no movió un dedo por hacerlo. El empresario comprador era muy amigo de Aznar. No olvidemos que la cúpula directiva de Telefónica es designada por el gobierno. Los movimientos de gran calado pueden ser realizado a instancias de los políticos o con el beneplácito de ellos. En este caso, el gobierno dejó hacer. Sintel fue vendida, pocos días después, la empresa dejó en la calle a miles de trabajadores.

II ¿Qué hizo Sintel?
Sintel podía haber caído en el olvido, como tantas otras empresas. Pero no se rindieron. Viendo que sus gritos no eran oídos fueron lo más cerca de los dirigentes que pudieron, para que no pudieran olvidar el caso Sintel. Todavía no sé como lo hicieron, pero miles de trabajadores de toda España se las ingeniaron para, de la noche a la mañana, instalar un campamento en pleno centro económico de la capital. ¿Cómo se consigue hacer algo así? Pues
como todo en España, indolencia política, mirar para otro lado de la policía, negligencias varias. Al final, había un campamento que llenaba una gran parte del centro del Paseo de la Castellana.

Ya habían realizado la parte principal: dejarse ver. Ahora bastaba con extender su mensaje. Sin nada mejor que hacer, estaban en todos los actos públicos que se organizaban en Madrid. Allá donde había un político estaban trabajadores de Sintel recordando la desvergüenza con que se les había tratado.

III La paciencia de Sintel.
El gobierno esperó que en unas semanas se cansarían. Pero poco a poco, el campamento fue mejorando. Pasaron los meses y el gobierno se dio cuenta de que permanecerían allí el tiempo que fuera necesario. La paciencia de los trabajadores de Sintel era mucho mayor que la ética de los gobernantes. Telefónica hacía tiempo que se había lavado las manos. Tuvieron que sufrir algunos bochornos como en la reunión del Consejo de Administración con los accionistas. Me gustaba ver como ese engominado directivo que tiene un sueldo lleno de ceros tenía que escuchar al trabajador que despidió, a través de decenas de jefes intermedios. Para él, despedir es tomar una decisión. Será el penúltimo jefe el que tenga que mover la ficha más pesada. Pero ahí, en el cara a cara, no había deshumanización ni piezas intermedias.

Finalmente, el gobierno decidió tomar medidas. La imagen del centro empresarial madrileño, con unas casas tipo chabola en medio era totalmente tercermundista. Una actuación policial, con la simpatía que sentíamos tantos trabajadores para con ellos, hubiera sido demasiado impopular. Al final el gobierno cedió.

IV Final "feliz" de Sintel.
Toda esta historia se narra en el excelente documental "El efecto Iguazú". Ganador de un Goya, en la entrega de premios nos enteramos de que las distribuidoras le hicieron el vacío al filme. Solo en unos pocos cines de Cataluña pudo verse. Y sin embargo, ganó un Goya, por su excelente calidad.
Es sorprendente lo lejos que llegan los tentáculos del poder. Telefónica y sus secuaces han hecho callar la historia tanto como han podido. En realidad la Web no tiene suficiente información actualizada sobre esta parte de la historia negra de España.

El interés de la historia de Sintel está en que aglutinó a todos los efectos negativos de la globalización.
Por un lado, la idea de que la empresa tiene que buscar la forma más barata de conseguir sus productos, ya sea empleando mano de obra en otros países, subcontratando sus servicios o despidiendo a trabajadores.
Por otro, la indolencia de los movimientos laborales, que desde comienzos de siglo no han hecho sino ir en declive. Los trabajadores de Sintel levantaron de nuevo la lucha laboral, con sus ventajas e inconvenientes.
Finalmente, la conciencia social. No eran trabajadores despedidos. Eran familias que podían arruinar sus vidas. Los españoles los veíamos manifestarse y nos sentíamos como uno de ellos. Su lucha era la nuestra, sabíamos cuánto podíamos perder si perdíamos nuestro trabajo.

El gobierno firmó un acuerdo bastante favorable con la empresa. Y se retiró el tenderete. Los trabajadores volvieron a sus casas y a su vida normal. Se acordaron recolocaciones y prejubilaciones incentivadas. Pasaron los años. EL GOBIERNO NO CUMPLIÓ SU PALABRA. Miles de trabajadores siguen en el desempleo.

| Escribe un comentario (0)



Artículos recientes en esta categoría:
Escribir un comentario



Sobre este artículo

Esta página contiene una única entrada escrita por zrubavel publicada el 24 de Abril 2005 10:26 PM.

El Cabo Norte es el artículo anterior en este blog.

Alergia al azul es el siguiente artículo en este blog.

Encontrar contenido reciente en el índice general o mira en el archivo para encontrar todo el contenido.