Discurso alquilista
Alojarse en una vivienda alquilada es más acertado que hacerlo en otra comprada, porque el comprador encierra su inversión, se obliga a cumplir condiciones y queda a merced de adversidades a la par que rehén del precio pagado. Quien adquiere una casa toma un garante que no guarda el pacto o un fiador insolvente. Y si se ausenta de ella la añora, pero si la ocupa le fuerza a gastos y le expone a jaleos: si el vecindario le maltrata; si no recibe el respeto debido; si el sitio donde reza está lejos, así como el lugar de su comercio; o si sus necesidades son desmedidas. Entonces se percata de haber cometido un error eligiendo esa y no otra y desconfía de su buen juicio por haberla preferido. Quien así se ve es esclavo de su casa y siervo del vecino. Por contra, el arrendatario tiene en su mano la elección y todo a su favor, pues cualquier vivienda es para él lugar de esparcimiento si así le place, o tienda de comercio, o residencia si tal es su deseo; no tiene que aguantar la más mínima sujeción, ni el menor agravio, no sabe de vejámenes ni sufre ofensas vergonzosas, no ha de guardarse de envidiosos, ni debe halagar a gentes enredosas. El propietario traga amarguras, se bebe copas de rabia, ha de afanarse en procurar de todo lo necesario para vivir y soportar vilezas por grande que sea su orgullo; si perdona es reprimiéndose y no se le toma sino a guisa de impotencia; si pretende hallar compensación se arriesga a los mayores rechazos. El Enviado - Dios lo bendiga y salve - dejó dicho "El vecino antes que la casa [Pregunta por el vecino antes que por la casa ] y el compañero antes que el camino".
El inquilino vive confiado sin pensar en incendios o inundaciones, en el alabeamiento de una pilastra, en la rotura de una viga, o en que los cimientos se reblandezcan, en la caída de un tabique, en la mala vecindad o en la envidia de sus semejantes, mientras el dueño no para de vivir en la desgracia, o esperando que ésta llegue.
Y aseveráis que si el comprador es un mercader, invertir el importe de la casa en su comercio le sería más provechoso, así como que resultara más inteligente trasferirlo a diversas compras de género. Y si no se trata de un comerciante, todo cuanto hemos descrito y enumerado basta para impedirle adquisición alguna.
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