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Supongo que muchos os habéis preguntado lo mismo. Los chocolates "negros" que se jactan de su alto contenido en cacao, siempre dan una cantidad de cacao mínima. "80 por ciento de cacao mínimo".
Es algo absolutamente incomprensible, salvo que haya alguna restricción legal. No nos engañemos, todos estos chocolates son productos de fábrica creados masivamente. ¿De veras que no sabéis a ciencia cierta el contenido EXACTO en cacao de la mezcla? Y no me puedo creer que la masa no sea lo suficientemente homogénea como para que esta cantidad pueda variar apreciablemente.
Otro punto: si miras en los ingredientes de los chocolates - y de muchos otros productos - encuentras las temidas trazas de avellanas, nueces y leche en polvo. Esta información se escribe ante los posibles alérgicos severos (uno entre mil millones de personas) que podrían morir simplemente por tomar el producto que ante el que reaccionan. Como medida legal de precaución.
Aunque resulta repugnante. Se sabe que la misma máquina que hace el chocolate con leche hace luego el chocolate con avellanas. Pero que diablos, ¿No son capaces de limpiar la máquina hasta el punto de que no quede ni rastro de lo que han procesado unas horas antes?
Además, no dicen "contiene trazas de nueces", sino el altamente improbable, "puede contener trazas de nueces", o sea, hay una probabilidad de que queden restos insignificantes de un producto al que es casi imposible que tengas intolerancia y si la tienes es casi seguro que no irá más allá de gases o molestias estomacales.
Nota: Para los consumidores de marcas cutres de chocolates, según esta página en que ha contrastado los registros sanitarios, las marcas de chocolate de las grandes cadenas de supermercados (marcas blancas) son realmente las siguientes:
Marca Eroski: Zahor
Marca Mercadona: Gorriaga/Cantalou
Marca El Corte Inglés: Valor
Marca DIA%: Nestlé (para el chocolate con leche). Gorriaga/Cantalou para el resto.
Marca Carrefour: Gorriaga/Cantalou
Marca El Árbol: Comercial Loraine
Todos sabemos que en España al que se le ocurre obtener ingresos de una forma que no sea trabajando para una empresa se le tacha de listillo y se cuentan los días hasta que el fracaso cae sobre él.
Vender es muy difícil y muy valioso. Aunque muchos se quejen de que lo vale realmente es el producto que ellos han fabricado. De que el vendedor no es nadie y sin embargo obtiene un beneficio desmesurado.
Intenta vender algo. Y te darás cuenta de que lo más importante es vender. Es algo tan fundamental que no merece la pena seguir hablando del asunto.
Todavía me asombra como se comporta cualquiera de los no vendedores cuando se aproxima al mundo de las ventas. Por ejemplo, en Ebay.
Hay cierta tendencia a considerar que el consumidor es un ingenuo. O que al tratarse de un mercado global, al haber tantos potenciales clientes, alguno caerá atrapado por nuestro producto. A mi esta ingenuidad inversa me resulta molesta, en especial cuando llega de aquellos que desprecian la profesión comercial.
Sé de un caso de un anuncio que llevar varios meses en Ebay. Se trata de una persona que vende las puertas de su casa. No la de entrada, sino la de las habitaciones. Hastiada de las mismas puertas, ha pedido presupuesto para las nuevas. Tras indignarse de lo maravillosamente caras que son las puertas, ha decidido que por lo menos venderá las suyas para pagar una parte de la venta.
¿Qué mejor sitio que Ebay? Esta persona vende las puertas de su casa un 40% más baratas que si fueran nuevas. Toda una ganga. ¿No te interesan unas puertas de segunda mano? ¡Es un precio irrechazable!
Hasta que no venda sus puertas en Ebay no se comprará las nuevas.
Sólo se me viene una palabra a la cabeza: subnormalidad.
Otro. En EEUU los Iphones son más baratos que en Europa por el cambio dólar-euro. Se va a EEUU y vuelve con cinco Iphones. Ponle que el Iphone cuesta nuevo 300 euros (son números inventados/aproximados) y que esta persona los ha comprado por 300 dólares (que son 200 euros mal contados). Vende el teléfono por 250 euros, con lo que se saca un beneficio de 50 euros por cada teléfono.
Aquí no es tan fácil. Por un lado hay que contar la molestia de transportar 5 teléfonos, el riesgo de perderlos en un registro rutinario de la TSA americana, el espacio y peso de maleta. Eso digamos que son minucias. El caso es que los aprendices de vendedores en Ebay no se ponen nunca en la situación del cliente. Tienen una idea del cliente como si fuera una persona inocente dispuesta a hacer lo que sea por ahorrarse un céntimo.
Vamos a ponernos del lado del cliente. Tengo dos opciones. Comprarme un teléfono por 300 euros, con la caja, con el envoltorio, con el ticket de la tienda, con la garantía.
O puedo comprarlo a un gañán de Ebay, que tiene un historial de 0 ventas, que me lo vende por 250 euros más gastos de envío.
Otro. Se gastó 550 euros en unos palos de golf que no ha usado más que un par de veces. Los vende en Ebay, por 400 euros. Ni se ha dignado en hacerle una foto a los palos de golf, sólo pone que cuestan nuevos 400 euros. No tiene ni idea de lo que pueden costar los gastos de envío de algo así, lo único que sabe es que eso lo pagará el comprador.
Otro. Se compró una raqueta de tenis de calidad media. Tras cientos de partidos de tenis, quiere comprarse una mejor. Pues nada, la vieja, que está para el arrastre, la vende en Ebay.
Siempre lo mismo, una idea de que hay gente pá tó, de que si las cosas no se venden solas es culpa de Ebay. Una visión sobre cómo ganar dinero casi infantil, y basada en ideas de perogrullo.
Al final siempre acaban pagando justos por pecadores y la gente abusaba: niñatos que se cogían el pack de una consola para jugar en vacaciones, (incluso familias enteras rotando por los distintos supermercados cogiendo y devolviendo artículos cada 15 días, gente que se compraba los últimos modelos de videocámaras para grabar las vacaciones y bodas y un largo sinfin de jetas. Y después llegabas tú a comprarte algo, envoltorios abiertos, usados, artículos que se nota que han sido usados y aunque tienes intención de comprar en esas condiciones no lo haces.
En teoría si compras algo es porque lo quieres, (que se olviden los de compras compulsivas), así que, si no funciona te lo cambian y si no, piénsatelo antes de comprarlo.
Un caso que me contaron del Carrefour, es una peña que compraron unas paelleras gigantes para las degustaciones de las fiestas de su pueblo y después se presentaron a devolverlas dentro del periodo de los 15 días, usadas, con todo pegado o gente que se pilla trajes de marca en el corte inglés para bodas y los devuelve después de llevarlos a la tintorería, (qué menos).
Los foros, siempre mejores que los blogs.
Vía: Statcounter.com
ATENCIÓN: ESTO ES PUBLICIDAD
Estaba buscando un regalo para cierta persona que no es nadie de la Web 2.0 ni que use Twitter en el WC sino una persona del mundo real que habla mediante las cuerdas vocales con otros seres humanos y tiene aficiones consistentes en tocar objetos diferentes de un teclado y ratón.
Entonces se me ocurrió que la Kodak EasyShare Printer Dock Series sería un excelente regalo. Es una especie de impresora para fotografías digitales, más sencillo de usar que una campana y perfecto para personas que se manejan con gente que no tiene ordenador y les gusta alardear de sus supuestos conocimientos informáticos. Con este aparato imprimes tus fotografías y quedan como en los viejos tiempos en papel fotográfico y perfectas para ser vistas off-line.
El cacharro cuesta 80€ que me parece un poco caro. Si se compara con EEUU se nota que nos están tomando el pelo, los precios tienen un diferencial enorme respecto a lo que cuestan allí. Pero claro, ante un aparato como una impresora lo menos importante es lo que cueste la propia impresora. Es como cuando hablaba sobre qué hay que mirar a la hora de comprar un reproductor mp3. Si quieres comprar una impresora mira primero cuánto cuestan los cartuchos de la impresora. Ese es el principal dato a la hora de tomar la decisión sobre comprar o no.
Para la pequeña impresora además había que mirar también el precio del papel fotográfico de tamaño definido. En ambos casos los precios eran abusivos y estratosféricos. 30 euros por un paquete de papel de 100 fotos y 50 euros por un combinado de papel (150 fotos) y tinta de impresora. Además con el problema añadido de que aunque es Kodak no es un producto demasiado frecuente y es fácil que te encuentres desabastecido.
Si quieres regalar la impresora, que viene con 10 hojas de papel, tienes que regalar por lo menos un recambio de papel y ya se pone el conjunto en los 110€. El regalo quedó descartado sin duda alguna.
Luego además está el riesgo de que funcione bien o no. La impresora es posiblemente el invento con peor acabado de la Historia de la Humanidad. Las averías son frecuentes. Además se cumple la regla de que cuanto más pequeña sea una impresora más fácil es que algo falle. Para saber como funciona lo mejor es siempre mirar las opiniones de consumidores en Amazon.
Este producto puntúa bastante alto pero las opiniones más recientes son muy negativas. Según parece es como los melones, si te sale bueno pues no tienes ningún problema y disfrutas de fotografías en casa toda tu vida, pero si algo falla lo mejor que puedes hacer es tirarla a la basura. Aunque dado su manejable tamaño mi recomendación es que antes la lances con violencia contra una pared rompiéndola en mil pedazos y descargando gran cantidad de energía negativa, lo cual te dejará el aura en perfectas condiciones.
Una de esas opiniones muy negativas:
Nunca me he sentido tan maltratado por un objeto inanimado en toda mi vida. Nunca antes me había preocupado de escribir una opinión negativa hasta ahora. Este es quizás el peor producto que jamás haya comprado. Es como la máquina de fax de la película Trabajo Basura. El papel no se carga correctamente: o toma varias hojas a la vez ocasionando un atasco o directamente ninguna. Cada hoja tiene que ir colocándose manualmente y esto causa un atasco de papel en el 70% de las veces. Cuando había gastado en torno al 25% de la tinta la impresora empezó a avisarme de que tenía que cambiar el cartucho de tinta. Compré un paquete de papel para 170 fotografías en Amazon y ya voy por el cuarto cartucho de tinta (de cinco que he comprado) pero sólo se han imprimido correctamente unas 40 fotografías. Desenchufo la impresora o la reseteo pero no ayuda. He estado tratando de imprimir fotos para las felicitaciones de Navidad y después de varias horas de trabajo nocturno sólo tengo impresas tres. Para el tiempo que he empleado es menos de una por hora. Podría haber hecho el dibujo a mano con lápices de colores y habría terminado mucho antes. No sé cuáles son las alternativas que ofrece la competencia pero seguro que son mejores que esta.
El mercado de las bebidas recuerda a la búsqueda de la piedra filosofal. Todo el mundo sabe que los beneficios caso de encontrarla son infinitos pero también conocen que el esfuerzo será casi por seguro infructuoso y a un coste intolerable.
Sorprende por tanto que haya tantas empresas que se esfuercen año tras año por conseguir incluir en el mercado comercial un producto nuevo. Por mencionar a uno entre tantos, la fracasada Sherry Coke.
Crear un nuevo producto requiere una campaña de marketing colosal, como si el producto estuviera perfectamente consolidado. Además la nueva bebida tiene que ser extraordinaria. Pero por encima de todo hay que tener una enorme dosis de suerte.
¿Suerte? Imaginad en un ejercicio de abstracción que la cerveza no fuera un invento del Neolítico. ¿Creéis que esta bebida triunfaría en el mundo actual? La respuesta es no. Sería imposible hacer popular la cerveza a pesar de que es una bebida extraordinaria y a pesar de que la cerveza sin alcohol es posiblemente la bebida más perfecta que existe (0 calorías, sabor aceptable, fácil de conseguir y con numerosos beneficios nutricionales).
La cerveza y el vino son como el ajedrez. No son mejores que otras bebidas u otros juegos pero tienen una historia y un conocimiento humano y científico en torno a ellos que los convierten en productos insuperables. Del vino se sabe casi todo lo que el conocimiento humano puede abarcar. Junto a la física es una de las materias de la ciencia mejor conocidas por nuestra especie.
Y lo más importante de este artículo es esta frase: si no fuera por su pasado, el vino y la cerveza fracasarían hoy en día como bebidas.
Por ejemplo la Fanta limón, tan conocida en nuestro país, no ha tenido aceptación en los países del norte de Europa donde Fanta significa Fanta naranja.
Por eso cada vez que veo un anuncio de una nueva bebida me sonrío y pienso cuánto tiempo serán capaces de aguantar esta vez. Pero a pesar de los constantes esfuerzos infructuosos hay bebidas que han conseguido introducirse en el mercado comercial. Con una mezcla de paciencia, capacidad para seguir anunciando (también llamado músculo financiero) y suerte.
Sólo reconozco a tres claros ganadores en los últimos 20 años. Y aún el primero no está claro que haya conseguido afirmarse en su posición.
El mercado de hacer un refresco de té helado es una lucha tan fiera como desconocida. Aparentemente en España el claro vencedor es Nestea pero la realidad es que a nivel mundial el primer puesto es cosa de Lipton. En este caso estamos ante una lucha titánica llevada a un nuevo plano. Por un lado Nestlé y Coca-cola defienden su marca Nestea. Por otro luchan la eterna rival: Pepsi de la mano de Unilever.
La idea de hacer un refresco a base de té estaba en el aire desde hace años. Si el té es la segunda bebida más popular después del agua, ¿Cómo es que las empresas de bebidas no están apenas ganando dinero con él?
Mirando cifras globales, Lipton lleva una gran ventaja: 35,6% del té helado mientras que Nestea sólo tiene un 23,7%. En España estos números carecen de sentido. Coca-cola tiene una enorme ventaja competitiva al ser el proveedor de la mayoría de los locales y tiendas del país.
Si alguien crea algo nuevo y esto triunfa Coca-cola no tiene más que copiarlo y sabe que en países como España, al tener tantos contratos firmados con proveedores el negocio será suyo. Una inusual forma de monopolio.
En su propia publicidad anuncian que ellos son los mayores sorprendidos por su éxito. Esta bebida fue creada en 1991 y orientada a las Olimpiadas de Barcelona, expuesta como bebida oficial de los juegos. Y como ya todos sabemos, la mayoría de los que la beben no son deportistas. Un gran éxito de nuevo de la mano de Coca-cola, de nuevo un triunfo que no estaría al alcance de ningún otro.
Red Bull es sin dudar el éxito más extraordinario de los últimos 20 años en lo que a bebidas se refiere. Se introdujo en 1987, adaptando su sabor de un refresco ya existente en Tailandia (!). Sus cifras de ventas son extraordinarias: 3.000 millones de latas vendidas en todo el mundo durante el año 2006. Y lo más inimaginable de este triunfo es que se trata de un producto sobre el que hay numerosas sospechas de que resulta perjudicial para la salud (o tal vez su éxito se ha visto potenciado por ello). Red Bull está prohibido en países tan poco exóticos como Francia o Dinamarca. Es uno de los productos más famosos que se producen en Austria. Su escudería de Fórmula 1 es una muestra de que han ganado más dinero del que son capaces de administrar con su invento.
Ese es el dinero con el que sueñan los inventores de refrescos azules, de Fantas de piña, de mil inventos condenados al fracaso. Pero el potencial y la envidia son tan grandes que este esfuerzo vano continuará por toda la historia de la Humanidad.
La Navidad está llena de cosas que gustan a pocos o que sólo a nosotros nos desagradan. Mucho se ha dicho sobre todas ellas, opiniones hay tantas como personas. Pero al margen de opiniones me atrevería a decir que hay objetos propios de la Navidad que están en periodo de extinción. Sólo la inercia de la tradición los mantiene con vida pero su muerte es sólo cuestión de tiempo.
Las peladillas
Originarias del pueblo de Casinos en Valencia, este dulce navideño es el peor de todos los que existen con gran diferencia. Y eso lo convierte en un absurdo por cuanto España ha cambiado mucho, ni los más pobres se dignan comer conejo en la Nochebuena. Por eso mismo nadie en su sano juicio está por la labor de comerse una dura e insípida peladilla cuando tiene a su disposición mantecados, bombones, chocolatinas, turrones y mil delicias que se comen fuera de temporada. Aunque conserva un regusto añejo, de cuando uno era pequeño y se pasaba la tarde con una peladilla en la boca para luego comer una plasta de almendra, la realidad es que las peladillas son despreciadas en cualquier cesta de Navidad o bandeja con productos de la época.
El turrón de chocolate
Otro subproducto, este de historia más reciente, es el turrón de chocolate. Tras los clásicos turrones de Jijona y Alicante comenzó el aluvión de diferentes sabores jugando siempre con la base original. Coco, nata, frutas, yema. Era inevitable acabar haciendo un turrón de chocolate.
Pero claro, la concepción del turrón aplicada al chocolate se lleva haciendo desde años. Las mezclas de chocolate con almendra, o con avellanas son más antiguas que la misma Navidad. Y entonces llegó el lumbreras: echémosle arroz.
Pero alma de Dios, que el arroz no es para los postres. Porque exista un postre canónico como el arroz con leche no quiere decir que se pueda disponer de ese vegetal para la repostería. Usar arroz es de pobres. Por eso existe la morcilla de Burgos, que a muchos le parece la mejor del mundo, pero que nace en la concepción rácana de dónde hay arroz no hay morcilla, mismo concepto existe en la mortadela de aceitunas. Se echaron aceitunas porque la combinación no era mala pero sobre todo para abaratar el producto.
Pues con el arroz en el chocolate pasa lo mismo. Y lo que ya hace que me hierva la sangre es que aprovechando la economía hecha con el arroz los directivos de Nestlé y empresas similares se niegan a usar sus mejores chocolates, parece como si les ofendiera mal mezclarlo con lo cual recurren a un chocolate de pésima calidad produciendo un producto que está pidiendo a voces una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
Los villancicos
Cierto es que estas canciones tradicionales acaban resultando pesadas conforme transcurren los días de diciembre pero el hartazgo ya ha llegado a un punto que demuestra que tienen los días contados. Ya nadie se atreve a poner villancicos auténticos y sólo se oyen las versiones: Julio Iglesias, tenores cantando villancicos pero sobre todo las infames versiones flamencas. Los villancicos cantados con flamenco son lo más repugnante que se ha compuesto desde que murió Haydn.
El flamenco tiene sus seguidores y hay flamenco de gran calidad hasta el punto de que Radio Clásica tiene un programa de flamenco desde hace años pero nunca ha tenido uno de pop. Pero el flamenco comercial suele apestar y cuando llega a los niveles de interés que pueden llevar a un grupo a plantearse grabar un disco de villancicos, entonces podemos estar por seguro que estamos ante basura musical.
Pero la gran sorpresa es que la gente está tan cansada de los tradicionales que incluso soporta los villancicos flamencos. Eso presagia una muerte fulminante, quizás sea este su último año. Porque oír villancicos flamencos en el Corte Inglés hasta en las plantas más nobles es señal de que algo falla, de que los músicos Copyleft tienen un filón que no están sabiendo aprovechar.
El hambre
A diferencia de casi todas las demás dietas que existen, la dieta Shangri-La no elige una serie de alimentos, o combinaciones de ellos con el objetivo de perder peso. La dieta Shangri-La no es más que un método para controlar las ganas de comer sin grandes sacrificios, sin esfuerzos de voluntad titánicos. Es la dieta más sorprendente que existe y por ello todavía no es muy conocida - tal vez nunca lo sea.
Cuando oyes los principios de la dieta sólo puedes pensar "me están tomando el pelo". Seth Roberts, el descubridor de la misma, llegó a ella a través de un camino bastante curioso: tomando una coca-cola en París.
El descubrimiento
Seth iba a Serbia desde los Estados Unidos. Y claro, hay que hacer alguna escala. Como todo paleto americano decidió parar en la capital de Europa: París. Pasó una semana allí antes de marchar a Serbia.
Seth acostumbraba tomar una coca-cola light con la comida, algo también muy americano. Sin embargo fue a un sitio donde no tenían tan universal bebida. Tuvo que pedir una coca-cola convencional. Para el que no lo sepa, la coca-cola es diferente en cada país del mundo, adaptándose a los gustos de cada región. A Seth el refresco le supo extraño. Terminó su comida y como todo turista pasó a dar interminables caminatas por la ciudad del amor.
A Seth le extrañó que a pesar del esfuerzo físico no tenía apenas hambre. Durante su semana en París la situación perduró. Tomaba la extraña coca-cola y luego no tenía hambre. Como Seth es de la Hermandad del Puño cuando no tenía hambre no comía. Quién haya estado en París sabrá que es una medida altamente recomendable para la economía. Al término de su semana en Francia Seth había perdido peso.
Seth era un psicólogo profesor de una prestigiosa Universidad estadounidense, Berkeley. Berkeley es a la Universidad Completense de Madrid lo que la Universidad Completense de Madrid a una Universidad de Afganistán. Seth Roberts daba un curso anual sobre alimentación. Así que tenía suficientes conocimientos para entender que pasar de tomar la coca-cola light a la versión con azúcar no podría servir ni para perder peso ni hambre.
Tras consultar la bibliografía al respecto, hablar con colegas y experimentar consigo mismo, llegó a enunciar la dieta que le permitió perder el sobrepeso que tenía: La dieta Shangri-La.
El método
La forma de llevar a cabo la dieta es lo más anti-intuitivo del mundo. Cuando tengas hambre y no sea la hora de comer, bebe un vaso de agua con azúcar. Sólo agua y azúcar, nada más. Dos o tres sobrecitos de azúcar por cada vaso, generosamente nos gratificamos con unas 120 calorías.
Lo que enuncia la dieta son dos puntos:
- Que esas calorías extra no serán almacenadas por nuestro organismo.
- Que se nos quitará el hambre y a la hora de la comida nos saciaremos antes.
Con esos dos principios, se pierde peso. Porque al final estamos tomando menos calorías de las que necesita nuestro organismo y este tiene que recurrir a las reservas de grasas.
En su libro sobre la dieta, Seth lo explica sin sensacionalismos de ningún tipo: si sigues la dieta y no se te quita el hambre, entonces no funcionará contigo así que olvídala. No es una de esas dietas que buscan el milagro a largo plazo. Si en una semana no tienes menos hambre durante el día es porque no vas a adelgazar con la dieta Shangri-La.
Cómo funciona
La clave es la relación que establece el cerebro entre el sabor y las calorías. Según el autor, nuestro cuerpo tiene un mecanismo de control interno del peso. Ese mecanismo está en constante desequilibrio. Unas veces nuestro cuerpo trata de aumentar un poco de peso - lo más habitual - otras veces de bajarlo, del mismo modo que un termostato.
Como forma de control está el sabor de los alimentos. El cerebro relaciona alimentos con sabores más poderosos con más calorías. Y no se equivoca. Sin embargo la dieta Shangri-La establece un cortocircuito: tomamos calorías sin ningún sabor.
El cerebro empieza a perder su punto de control y llega un momento en que se equivoca. Y decide perder peso. Da menos señales de hambre.
La coca-cola extraña de París tuvo ese efecto. Ante un sabor desconocido, la mente no supo responder a la asociación de calorías y sabor. Se produjo el cortocircuito.
Insisto en que la dieta no hace milagros. Si tienes menos hambre tienes que comer menos. Si ignoras las señales de tu cuerpo, señales que tanto trabajo ha costado manipular, te pondrás como una vaca gracias al exceso de calorías del agua con azúcar (azúcar con generosidad).
Cómo tomar el azúcar
La regla fundamental es evitar que el cerebro relacione el agua con azúcar con las calorías que contiene. Según cuenta Seth Roberts el sólo sabor a dulce, sin nada más, no establece relación calórica. El sabor dulce sin más es relativamente natural, como el del agua pura. Es complejo y no merece entrar en detalles, para eso está el libro de la dieta Shangri-La.
Si queremos romper la relación hay que seguir estos simples principios:
- No tomar el agua con azúcar hasta por lo menos una hora después de la última comida.
- No tomar el agua con azúcar hasta por lo menos una hora antes de la próxima comida.
- No tomar nada que tenga sabor en ese lapso de dos horas.
- El agua se puede y debe beber con tanta tranquilidad como se desee, como si de un refresco se tratara.
- No se puede uno lavar los dientes. Nada con sabor en esas dos horas.
- Agua y azúcar. Ni té, ni nada que tenga el más mínimo sabor.
No sólo de azúcar vive el hombre
Gracias a testimonios de algunos seguidores de la dieta, Seth Roberts llegó a la conclusión de que el azúcar era lo de menos. Una versión tan buena como esta es la de tomar una cucharada de aceite. En lugar del azúcar, aceite. Eso sí, nada de aceite de oliva extra virgen del pueblo. Aceite que tenga el menor sabor posible. El autor de la dieta oyó esta variación a su dieta, no dudó en practicarla y ahora es la versión que recomienda, por su comodidad y baratura (menudo agarrado que es el amigo).
El aceite tiene que ser del sabor más suave posible, hay una versión de aceite de oliva que se llama extra light que apenas si tiene sabor (y tiene las mismas calorías que el otro, el light es por el sabor). Esa es la que hay que comprar.
También podría tomarse aceite de girasol pero aquí nos estaríamos dando un buen empujón de omega-6 (una de las grasas de las que no se debería abusar). También se puede tomar aceite de colza, pero ese aceite está absurdamente proscrito en España. La versión que usa Seth Roberts es la del difícil de encontrar aceite de semillas de lino. Este aceite tiene la ventaja de ser la mayor fuente de omega-3 del planeta Tierra. Eso sí, tiene un sabor que conviene disimular tapándose la nariz mientras se traga el aceite.
Los resultados
No voy a escribir sobre un método que no haya probado. Afortunadamente no tengo problemas de sobrepeso así que sólo hablaré de lo que he comprobado: el hambre desaparece por completo. Ahí queda en la mano de cada uno el aprovechar o no está circunstancia. Seth Roberts no duda en recomendar el combinar su dieta con alguna otra que sea relativamente eficaz. Por supuesto la mejor es la que haya puesto un médico. Pero esas dietas suelen fallar porque no luchan contra el hambre, el mayor enemigo del que está a dieta.
El problema principal es el que apunta el autor, uno tiene la sensación en la boca de que desea morder algo. Pero ya no es algo que viene del estómago. Se puede calmar con chicles.
El libro
Todos estos detalles y muchos más se explican en el libro de Seth Roberts. Como es un libro que está en inglés y que probablemente nunca será traducido al español, si tenéis alguna duda podéis preguntar en los comentarios y recibiréis respuesta.
Seth Roberts es un tipo realmente interesante. Tiene un blog que no es el típico blog de famoso, es un blog que actualiza a diario con varias entradas. Y habla sobre muchas cosas, de hecho apenas si habla ya de su dieta, ahora está enfrascado en evaluar las ventajas del omega-3. En lugar de los costosos y ridículos métodos científicos tradicionales (consigue 300 voluntarios, a la mitad les das un placebo y a la otra mitad les das un medicamento para ver si cura algo y si no el experimento no ha servido de nada) usa la autoexperimentación. Se toma un producto y mide los resultados: en función de eso analiza posibles utilidades de ese producto y a continuación amplia sus hipótesis. Es un método low-cost de investigación que aunque desprestigiado es muy eficaz. Su dieta tiene varios miles de felices adeptos.
Sus resultados con el omega-3 son muy interesantes sugiriendo que es uno de los complementos más prácticos para la alimentación. Eso sí, nada de subproductos de Puleva: una cucharada de aceite de semillas de lino tiene tanto omega-3 como dos garrafas de leche omegatresística.
Seth Roberts es un blogger de pro. Su libro está lleno de opiniones tomadas de blogs y de foros. Nada de típicas historias de teletienda (antes pesaba 150 kg, ahora peso 60, soy modelo y me he casado con un millonario). Y lo mejor de todo es que en su propio libro pone links a dichos comentarios. Además expone las opiniones negativas, algunas de las cuales le ponen de cuarta y media. Todo con links.
Más información:
El libro en español: Se puede comprar por correo en una librería de Málaga. O probar suerte con Iberlibro.
El libro Shangri-La diet, en Amazon (en inglés).
El blog de Seth Roberts (en inglés).
Los foros de la dieta Shangri-La (en inglés).
Seth Roberts es un tipo muy simpático y responde a cualquier pregunta ya sea por e-mail o en los comentarios a su blog. Le pregunté algunas antes de leer su libro y me respondió gustosamente. De hecho me ha confirmado que existe una versión en castellano.
Nota: No me llevo un céntimo por todo esto. Si compráis el libro por ese link que pongo seguramente el beneficiado sea Seth Roberts (que es el referred). En cualquier caso decir que no me temblaría nada por el cuerpo si tuviera que poner post de publicidad encubierta.
Hubo un tiempo en que el langostino era un producto de lujo. Sólo se tomaba en contadas ocasiones: Navidad, bodas, bautizos, grandes banquetes.
Uno podía llegar a oír la pregunta: "¿Había langostinos?" U oir jactarse a alguien de que se hartó de langostinos.
En mi casa estos raros animales apenas si pasaron de puntillas. Sólo se comía la gamba, que es un pariente pobre y como a escala. El drama de la gamba es que cuesta lo mismo pelar una gamba que un langostino pero con la gamba apenas si te comes una cuarta o quinta parte, con lo que el esfuerzo parece mucho más inútil.
Sin embargo algo ocurrió. Aumentaron las exportaciones, los sistemas de congelado. Se encontraron nuevos caladeros. El caso es que ahora los langostinos están tirados de precio.
Por unos seis o siete euros puedes comprarte un kilo de langostinos. Apenas si cuesta el doble o el triple que un kilo de tomates, producto prosaico donde los haya. Y si quieres langostinos de calidad por poco más dinero tienes langostinos con pedigree.
En una entrevista al presidente del gobierno de España, un "ciudadano anónimo" le ha preguntado al dirigente si sabía el precio de un café en la calle.
La noticia del día, en un país como España, es que la respuesta del presidente fue que "Unos 80 céntimos". Cuando todo el mundo sabe que hasta en el Mc Donald's cuesta más (de hecho en el euroahorro, una campaña que lanza ofertas dentro de una compañía lowcost, el café cuesta un euro.)
Cuando se habla de las subidas de precios con el euro, uno de los comentarios que me pone la testosterona en niveles críticos es el del lumbreras que sostiene que un café antes costaba 100 pesetas y ahora cuesta un euro. Está por todas partes en la red.
I
Me imagino que se puede ser un poco más creativo poniendo ejemplos. Para mí la subida que más llamaba la atención fue la de las bolsas del LIDL.
En el pasado, costaban 3 pesetas. Al cambio, aún con un redondeo al alza bastante generoso, pasaban a valer 2 céntimos de euro. Sin embargo, el desglose de esos dos céntimos, al movernos en valores mínimos, era muy interesante. Porque de los dos céntimos, uno era el propio precio de la bolsa, y el otro era el IVA aplicado, según podía verse en el detalle de la factura de compra. Así, el gobierno estaba, en cierto modo, aplicando un IVA del 100%. Y LIDL, a pesar de estar redondeando al alza, pasaba a perder dinero, porque antes el IVA era de una peseta, y dos de bolsa. Ahora era un simple céntimo de euro, que es un poco menos que dos pesetas.
Luego llegó la subida de la bolsa a los tres céntimos. Es, ahí donde lo vemos, una de las subidas de bienes de consumo más brutales de la España de la Democracia. A todos los efectos, LIDL aumentó el precio de su bolsa en un 100%.
La extraña historia de la margarina
El origen de la margarina, como el de tantos otros productos alimenticios, proviene de un concurso. En 1869 el emperador de Francia Louis Napoleón III ofreció un premio al que fuera capaz de inventar un sustituto barato a la mantequilla, con el que poder alimentar a su ejército y a la gente más pobre del país. El químico Hippolyte Mège-Mouriés inventó la olemargarina, un repugnante subproducto que acabaría convirtiéndose en lo que hoy conocemos como margarina.
La mantequilla es un producto natural que se obtiene de la leche, normalmente de vaca, desde tiempos inmemoriales. Su origen se estima en la Mesopotamia del 9.000 u 8.000 antes de Cristo.
Para la margarina original el método es bastante artificial. Se parte de grasa de res, de la que se obtiene su parte líquida bajo presión. Este líquido se deja solidificar y se le añade butirina y agua, obteniendo el producto que tan parecido sabor tiene a la mantequilla. La margarina es mucho más barata de producir, por lo que servía a las mil maravillas al concurso propuesto por Napoleón III.
El nombre de margarina proviene de la palabra griega para perla, margarite. En 1813 el químico francés Michael Chevreul había aislado un nuevo ácido graso, al que dió el nombre de margarine porque el brillo del producto obtenido le recordó al de las perlas.
Además de por su colaboración en la margarina, Chevreul es famoso por ser una de las personas más longevas nacidas antes del siglo XX, ya que vivió entre 1786 y 1889, contando un total de 102 años.
Hippolyte Mège-Mouriés patentó la margarina en 1869. Dos años después vendió la patente al Antonius Johannes Jurgens, un empresario belga que se encargaría de luchar por su difusión dentro de Europa.
Natural de Oss, Jurgens pronto entabló una fiera competencia con otro fabricante de la región, Samuel van den Bergh. Al final acabarían uniendo sus fuerzas y fundaron la compañía Margarine Unie.
Esta compañía prosperó rápidamente. En 1930 se unió a la de los Hermanos Levers, una empresa británica especialidazada en jabones y productos de limpieza. La unión entre ambas se llamaría Unilever, y es considerada la primera multinacional del mundo, al ser una empresa anglo-holandesa. Hoy en día tiene más de 200.000 empleados y suyas son marcas tan conocidas como Frigo, Rexona o Timotei.
Por otro lado, Hippolyte Mège-Mouriés había desembarcado en Estados Unidos, intentando establecer su producto. La aceptación en el norte de Europa había sido muy buena, y teóricamente el mercado estadounidense debería ser muy similar.
Una de las máximas de toda dieta creíble, es aquella de que hay que comer con frecuencia, pero en poca cantidad. Es mejor no atracarse, comer muchos pocos es mejor que pocas veces mucho.
Lamentablemente, como en tantas otras cosas donde meten la zarpa los médicos, se les olvida ponderar. Cuando tienes problemas de estómago, el médico comenzará con la tijera. Nada de alcohol, ni de tabaco. Ni comidas picantes, ni alcohol. Ni bebidas gaseosas, ni café.
Al menos le dejan a uno el sexo. Sin embargo, el médico, al prohibirnos todo esto, aunque nos esté ayudando, nos está tratando como a idiotas. A un usuario al que acabemos de limpiar el ordenador de spyware y malware, le podemos contar cuál era su problema y la causa. Una solución para que al usuario no vuelva a ocurrirle lo mismo sería contarle: "no vuelvas a instalar nada, no navegues por Internet y no utilices la banca electrónica". Es demasiado drástico. ¿Para qué tiene el ordenador si no? Pues lo mismo me sucede con el estómago. Si el médico pensara que soy un paciente inteligente, tal vez podría hablarme de forma más razonada: el alcohol es malo porque daña al estómago; el picante porque irrita la mucosa; las bebidas gaseosas dificultan la digestión.
Incluso podría ir más lejos. Podría decirme, de entre todas esas cosas prohibidas, cuales son mejores y peores. Lo peor es el alcohol, luego el café, después el picante. Finalmente el tabaco y las bebidas con gas. Así, si quiero pegarme una alegría para el cuerpo, trataré de hacerlo con la menos gravosa.
Dentro de una dieta, el punto menos importante de todos es el que dice que hay que hacer cinco comidas (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena). Pero es en el que todo el mundo se fija, porque es el único positivo. El resto son puntos negativos, prohibir y quitar cosas. Pero ahora nos dicen que hay que comer más, Dios sabe que ese sí que lo voy a cumplir.
No importa lo novedoso que un producto de consumo resulte: en menos de un año la competencia lo ha copiado, igualándolo en calidad, aspecto y sabor. Pero a un precio más bajo.
Sin embargo hay dos productos que - en mi opinión de forma sorprendente - se han librado de esta ineludible replicación: La Coca-cola y el Fairy.
Coca-Cola ha mantenido durante años la existencia de un ingrediente secreto - el 7X - como una estrategia de marketing. Como muy bien indica la Wikipedia, los métodos analíticos modernos permiten determinar sin lugar a duda la composición de los productos alimenticios por lo que este secreto es técnicamente imposible.
Sin embargo, es evidente que los refrescos de cola de la competencia saben diferente. No existen derechos de autor sobre las recetas, así que hay que pensar que si otros no se han esmerado en realizar la copia es porque no han podido. El caso del principal competidor, Pepsi, es diferente: ellos decidieron hacer un producto que supiera mejor.
Quizás todo se deba a que la Coca-cola está en parte compuesta por vainilla.
La vainilla es un producto que se obtiene de un tipo de orquídea. Y que se cultiva en unos pocos lugares del mundo (Madagascar, Isla Reunión ). Estas economías depende en gran medida de la producción de vainilla, cuyo principal cliente es Coca-cola, por lo que el acceso a estos mercados por parte de pequeñas empresas de la competencia no debe ser sencillo y en muchos casos estará vetado.
Sin embargo, existe una variedad sintética, de la vainilla: La vanilina. Esta es mucho más barata de producir ( Pepsi la utiliza en su refresco ) pero tiene un sabor más pesado y fuerte que el de la vainilla natural.
Actualización:
Según cuentan aquí, el sabor de los refrescos de cola es uno de los más difíciles de optimizar:
Lo que ocurre con Coca-cola y Pepsi es que son absolutamente magníficos - en palabras de Judy Heylmun, vicepresidente de Sensory Spectrum S.A. compañía de New Jersey - todos los sabores están equilibrados. Es realmente difícil hacerlo tan bien. Normalmente, cuando pruebas una coca-cola de marca blanca [...] sientes un fuerte, acentuado sabor a canela, sentándose encima de todos los demás sabores.
Me cito a mí mismo. En Junio de 2004 expresé una pregunta abierta, que nadie respondió ( no soy el ombligo de Internet, casi nadie la leyó ).
Mi pregunta es entonces la siguiente. Los médicos nos recomiendan tener una dieta lo más variada posible, pero si yo me empecinara en una lo menos variada posible, ¿Qué productos tendría que consumir y en qué proporciones para conseguirla?
Después de tanto tiempo, he perdido algunas horas en tratar de resolver el problema. Según mis investigaciones, no sería posible con un único alimento, pero posiblemente sí que lo sea con sólamente dos productos distintos.
Si no está satisfecho, le devolvemos su dinero.
Bajo esta premisa se oculta una de tantas estrategias de marketing, barriobajeras e indignas. La premisa establece una especie de relación de confianza con el cliente. Si usted quiere algo, no se preocupe, cómprelo, tómese su tiempo. Mírelo, luego, si le gusta ( seguro que le gustará ) se lo queda.
Si lo pensamos, la premisa es que si A entonces B. Pero en realidad, ellos parten del hecho no A, en este caso, que usted estará satisfecho, con lo cual, ocurrirá no B ( no habrá devolución ).
Sin embargo, hace tiempo que le di la vuelta a la frase. Parto del B, que es el que me interesa. Puedo comprar algo y devolverlo después, sin problemas. Antes, los pocos libros que compro, los compraba en la Casa del Libro. Ahora los compro en la FNAC. No porque sean más baratos, sino porque son unos de esos adalides del si no está satisfecho, le devolvemos su dinero.
Compro un libro, lo leo, y lo devuelvo. Así de fácil. Los libros son para leerlos, ellos están de acuerdo con aceptar devoluciones. Todo el mundo está contento.
Con un CD no es tan fácil, porque puedes copiarlo a ordenador. Con un CD no hay devolución posible. Sin embargo, ¿Cuántos libros se leerán más de una vez? Más bien pocos. Y sin embargo te dejan leerlo. Yo los leo.
En 1985 Coca-Cola se preparaba para celebrar su centenario. Sin embargo, no eran tiempos fáciles. La compañía se encontraba ante una crisis sin precedentes. La bebida icono de los Estados Unidos estaba perdiendo terreno a marchas forzadas ante su principal competidora, Pepsi.
Al principio las distancias eran abismales. Se bebían dos coca-colas por cada pepsi. Sin embargo, dos brillantes campañas de publicidad por parte de Pepsi las pusieron casi parejas. La primera, Pepsi Generation, trataba de inculcar la idea de que Pepsi era una bebida para jóvenes, no como Coca-cola, la bebida de sus padres. La campaña, muy bien desarrollada, acercó la bebida a los jóvenes y la gente con iniciativa, con idea de hacer cosas nuevas. La puntilla estuvo a punto de llegar con The Pepsi Challlenge(el desafío de Pepsi). El anuncio era tan simple como efectivo: una persona con los ojos vendados probaba la coca-cola y la pepsi. Y prefería la pepsi.
A finales de 1984 Coca-cola aventajaba a Pepsi en Estados Unidos por un escaso margen del 4,9%. En supermercados la cosa era aún peor, y era un mínimo 1,7% de diferencia.
Así, la bebida se preparaba para inaugurar su centenario desde el segundo puesto en las bebidas de cola. Sin embargo, su presidente ejecutivo, Roberto Goizueta, de origen cubano, no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Iba a plantar batalla a cualquier precio para que las cosas volvieran a su cauce.
Las estadísticas eran desalentadoras. El anuncio de Pepsi, lejos de ser un reclamo, se confirmaba como cierto. Si elegías a un grupo de personas y les daba a probar las bebidas, en un significativo porcentaje siempre preferían la pepsi. Los ejecutivos de Coca-cola no se lo podían creer. Dijeron que un sorbo no era suficiente para realizar la prueba y solicitaban a la gente que tomase algo más, según ellos la coca-cola era mejor cuando se tomaba un vaso, en un sorbo no podían apreciarse los matices. Pero aún así, Coca-cola seguía perdiendo ante Pepsi.
Entonces llegó la decisión más comprometida. Roberto Goizueta no lo dudó, si teniendo más puntos de venta, más máquinas, distribuyendo su bebida en Mac Donald's, y aún así Pepsi le estaba pisando los talones, era porque la bebida sabía peor. Y había que cambiarla.
Según el diario "El Mundo", Amena es la empresa de telefonía móvil que más reclamaciones recibe, con mucha diferencia sobre sus rivales Vodafone y Movistar. Si miramos las cuotas de mercado, el resultado es aún más llamativo: hagamos cuentas.
Aunque resulta difícil de sopesar, más o menos la proporción de clientes es: 50% movistar; 25% vodafone; 25% amena. Con las reclamaciones los porcentajes son: 62% amena; 22% movistar; 16% vodafone.
Aclaremos estos resultados con un ejemplo. Supongamos que escogemos 200 clientes al azar y que de ellos, 50 ponen una reclamación:
De los 200 clientes, 50 serán de Amena, 50 de Vodafone y 100 de Movistar.
De las 50 reclamaciones, 31 serán de Amena, 11 de Movistar y 8 de Vodafone.
Así, en promedio, el 62% de los clientes de Amena estarán molestos. El 11% de los de Movistar y el 16% de los de Vodafone.
Estas cifras hablan de un servicio infinitamente peor al de sus competidores.
Hace algún tiempo expresé mi opinión sobre los supermercados DIA. En ella sostenía que las cajeras están en condiciones mucho menos dignas que en Mercadona. Entre algunas opiniones que he recibido en la página, otras que he visto por Internet e impresiones personales, estoy llegando a la conclusión de que estaba equivocado. Desde luego, el trabajo en el DIA es agotador, la jornada debe resultar infinita. No hay un segundo de descanso y las labores de cajera, reponedora y la gestión de aprovisionamientos se mezclan durante el día. En Mercadona todo es mucho más relajado; la cajera es cajera, la reponedora, se encarga de reponer. No se huele el estrés.
Sin embargo, la gran diferencia a favor de DIA es la pirámide laboral. En DIA, la cajera está en la base y la cima de la pirámide. No tiene a un niñato encorbatado que le vigile, que le incordie, que le diga que lo hace mal mientras él no hace nada. La tranquilidad de saber que las cosas se hacen como tú digas, de no sentirte explotado por la jerarquía, debe resultar también un factor a tener en cuenta.
Las cajeras del DIA suelen ser personas rechazadas por el mercado laboral, a las que por fin se les da una oportunidad de ser alguien. Llevar una tienda, con tanta gente problemática que entra cada día, es también un motivo de orgullo que no te da un trabajo normal.
Me resulta curiosa la progresiva asimilación del euro en la población española. Antes de que se implantase, la gente temía que los precios se redondeasen al alza. Así, si algo valía 1400 pesetas, pasaba a valer 8,4141 euros y esos 0,0041 euros(que son 0,682 pesetas) se los tenía que comer el vendedor.
Esto generó temor entre el ciudadano medio. Una insistente serie de anuncios de televisión financiados con dinero público se encargó de avisarnos de que los rendondeos se debían hacer bien.
En realidad, un correcto redondeo significaba que si algo costaba 1500 pesetas = 9,01518 euros pasaba a costar 9,02 euros. El redondeo obligaba a subir, en este caso. En otros, como el anterior de las 1400 el empresario salía perdiendo. En cualquier caso, unas cantidades compensaban a las otras y lo comido por lo servido.
Así, nos estábamos peleando por menos de una peseta. Algo indigno en un país que nunca trató bien a su moneda patria. Pero era así. Lo ridículo fue el gasto en publicidad ante un hecho que en poco podía afectar a nuestros bolsillos ( o al IPC que es lo que preocupa a los gobiernos).
Después pasó el tiempo de la redondelización, como yo lo llamo, en que la montaña fue a Mahoma y ya que hacer las cuentas era tan complicado, el café que valía 100 pesetas pasó a su equivalente psicológico, el euro. Y la cerveza a 125 pesetas pasó a 1,2 euros. Las mil pesetas se convirtieron en 10 euros. Las 5.000 en 50 euros. Este fenómeno, mezcla de proceso psicológico con argucia picaresca y simplificación, es realmente digno de interés. Sin embargo, nadie parece haberse preocupado por él.
Este proceso, generó una subida de, aproximadamente, el 66% en muchos productos. Sobre todo los de bares, restaurantes y similares, pero también los de cobro de precio fijo por servicio, como peluquerías(corte de 1000 pesetas a 10 euros), consultas médicas privadas, despachos de abogados. En otros negocios la subida era inviable, por ejemplo en supermecados, gasolineras, impuestos públicos, recibos del teléfono.
Un tercer grupo de negocios tuvo olfato fino para sacar su tajada. Las tiendas de ropa, por ejemplo. La idisincracia de su negocio hace que sus productos siempre estén en torno a ciertos números. Ahora se las apañaron para "mover" esas cifras, cambiaron los números de oferta. La prenda a 20 euros, por ejemplo, era todo un chollo para las textiles, porque engañaba con las 3.000 pesetas.
También la oferta de los 40 euros, en productos de mayor calidad, les permitía algún engorde de precios. En cualquier caso su incremento de beneficio estaba en torno al 10%. También es interesante la estela del DVD, nacido casi al tiempo que el euro, que magistralmente supo aprovechar la mímesis con su antecesor, el video, para hacer que la película que antes valía 2000 pesetas ahora valiera 25, 20 euros, y todos contentos. Mis felicitaciones al departamento de Mángueting.
Entrar en un supermercado DIA es hacer una incursión en el tercer mundo. De salida, los comercios suelen ser pequeños y sucios. Las cestas de mano y las estanterías no han sido limpiadas desde la inauguración del local. Lo siguiente en que te fijas es que la mitad de los productos que buscabas no están, esto es una constante que hace que tengas que ir el doble de veces de lo normal al supermercado. Los suministros llegan un par de días a la semana, y han de ser las propias cajeras(tal vez el término trabajador multifuncional fuera más idóneo) las que - en los escasos huecos que el atender las cajas brinden - se encarguen de rellenar las estanterías. Aparte de las frecuentes ausencias, sabes que sólo podrás encontrar lo básico, olvídate de cualquier producto que se salga de lo elemental. Si quieres pan de molde, hay, pero sólo de dos marcas y modelos. Y si quieres de otro tipo, te vas a otro sitio. Y así con todo.
El siguiente punto que sorprende es la explotación al personal de estos supermercados. Se dejan la piel durante toda la jornada laboral, no tienen un minuto de descanso. Me consta que están muy mal pagados y se deben sentir totalmente utilizados por la empresa, que se hace de oro ahorrando en personal. Un supermercado que abarque un pequeño barrio puede estar atendido por 2 personas - menos que un comercio tradicional - con el consiguiente descontrol y agobio de sus empleados.
El concepto de la caducidad, aplicado a los productos industriales, me resulta interesante en grado sumo. Según mi diccionario, la caducidad es la "pérdida o fin de la validez o de la efectividad debido especialmente al paso del tiempo."
Centrándonos en los alimentos, se suele tomar un sentido único de dicha definición: los alimentos, pasada esa fecha, están corruptos, están rancios. Si los tomas, te sabrán mal y te sentarán peor. Por una vez, la definición creo que es más acertada que lo que pensamos de ella. Basta pensarlo un poco, para darnos cuenta de que es un poco absurdo. Tengo una caja de galletas, que compré hace seis meses, que caduca mañana. Si me las tomo hoy, nada me ha de pasar, porque la compañía asevera que el producto está bien. Sin embargo, si lo hago mañana, me sentarán fatal. Apurando más, podría cenar la víspera del vencimiento, con la certeza de la satisfacción, pero si uso las mismas para desayunar, ay de mí, me esperará un suplicio de visitas al cuarto de baño.
Lo que es capaz de aguantar estoicamente seis meses en el paquete, ¿no habrá de hacerlo un día más? Supongo que la caducidad es un tanto como la edad. Cualquiera pensará sin dudar que viviremos más allá de los 30 años. Pero si tratamos de hacernos un seguro de vida con 70 años en la aseguradora se nos reirán en la cara. Y sin embargo, como dice el adagio, no hay hombre tan viejo que no crea que pueda vivir un año más. La fecha de caducidad es un requisito legal que establece la empresa fabricante, que adopta el papel de la aseguradora ante los clientes. Ellos se comprometen a que, antes de esa fecha, el producto estará bien. Después, que cada cual haga lo que quiera, suyas serán todas las responsabilidades.
Una sección interesante y muy recomendable es la de las preguntas sobre temas cotidianos(The last word), en la revista New Scientist.
En ella la gente hace preguntas sobre aspectos habituales de la vida que les chocan. A veces es realmente difícil encontrar una respuesta adecuada. Algunas preguntas son ingenuas. Otras, fomentan interesantes pensamientos. Alguna destruye una antigua leyenda urbana.
En una pregunta que leí hace algún tiempo, alguien preguntaba si era posible vivir tan sólo de cerveza. Ante tan burda pregunta, la respuesta de reputados científicos hace que la cuestión pierda su inocencia. Al final, la respuesta era que casi, pero que no.
Desde entonces, llevo pensando una cosa mucho tiempo. Es sabido que una dieta estrictamente vegetariana tiene casi con toda seguridad carencias nutricionales severas. También es sabido que en países pobres, donde la gente se alimenta exclusivamente de un producto, como patatas, trigo o maíz, acaban sufriendo enfermedades por carencias vitamínicas o de oligoelementos fundamentales.
Mi pregunta es entonces la siguiente. Los médicos nos recomiendan tener una dieta lo más variada posible, pero si yo me empecinara en una lo menos variada posible, ¿Qué productos tendría que consumir y en qué proporciones para conseguirla?
Según leí, sólo a base de cerveza no iría muy lejos. Cuando digo productos, hablo de naturales, nada de Bio de Pascual con frutas, leche, cereales y cafeína. Apreciaría cualquier comentario de personas con algunos conocimientos, si son razonados, mucho mejor.
Personalmente me imagino que con algo como tomates, maíz y huevos sería lo más parecido a una dieta completa, pero me baso en criterios más intuitivos que científicos.
Espero vuestras respuestas.
Cuando vivía con mis padres, mi madre no podía soportar la tentación de comprar el refresco de marca desconocida. Nosotros, nos reíamos y decíamos que era Fanta marca "Gas" y cosas por el estilo. Cuando le das un primer sorbo te llevas todo el gas de la botella. Luego no queda más que un regusto dulzón y migajas de burbujas. Yo me preguntaba si era tan difícil hacer lo que hacían los otros.
La Coca-Cola siempre se ha envuelto con un halo de misterio alegando que hay un ingrediente secreto. Siendo realista, es del todo ridículo. En primer lugar por lo de secreto, por cuanto es ilógico pensar que tras tantos años y miles de fábricas por todo el mundo no haya habido alguien capaz de robar semejante secreto. Por otro lado, por lo de ingrediente. Según la legislación española, estás obligado a exponer todos los ingredientes de una bebida no alcohólica. Aquí no se hace la vista gorda.
Como muy bien afirma el hombre máquina, la misma coca-cola varía entre unos países y otros. Los españoles estamos más acostumbrados a lo dulce que los alemanes, y ellos aumentan la proporción de azúcar aquí. Productos tan habituales como la fanta naranja no son admitidos en otros países, por resultar demasiado dulces. Recuerdo la anécdota que me contaba una amiga mía que se pidió un ron con limón en Finlandia y le estuvieron exprimiendo limones hasta que le llenaron el vaso de cubata(y en el extranjero no ponen tanto alcohol como en España...)
Me resulta sorprendente lo difícil que resulta introducir el hábito de consumo de una bebida nueva. Es prácticamente imposible y toda tentativa acaba en fracaso. Recuerdo un refresco de color azul(Blue Tropic?) que tuvo una poderosa campaña de publicidad que solo sirvió para que algunos frikies lo pidieran de vez en cuando. También Cherry Coke, estuvo en televisión durante meses, sin éxito. Y la Fanta de piña. Supongo que hay muchos más ejemplos, sean estos una muestra de lo que no se consigue ni con mucho dinero en publicidad.
Agotado por la jornada diaria, mientras caliento la cena, aún me abordan pensamientos extraños. Se me viene a la cabeza esa empresa que es LIDL, y todo lo que gira en torno a ella.
Para los que no la conozcan, que serán pocos, se trata de una cadena alemana de supermercados. Aportan sin embargo una serie de aspectos distintivos, que la hacen llamar la atención especialmente:
a) La extra ración. Cualquiera que haya pisado sus pasillos habrá notado que todo es más grande de lo normal. Esa grotesca majestuosidad me fascina, pues cuestiona lo más simple. Toda la vida acostumbrado al brick de zumo de un litro, ellos van más allá y ofrecen de 2 y hasta medidas inexactas como 2 litros y medio. Los yogures de siempre, que son de 125 mililitros son eclipsados por envases gigantes, de a kilo, el paquete de avellanas es aplastado por una bolsa pantagruélica que asistirá a un sinfín de películas y partidos de fútbol antes de su fin.
b) El producto imposible. Vamos al supermercado con una lista de alimentos básicos, que si leche, galletas, pan. Y allí sin embargo hallamos productos que ni se nos había pasado por la cabeza que existiera. El embutido de avestruz, el zumo de albaricoque, las mandarinas en almíbar. Y consiguen su salida, tal vez por el embrujo que produce lo totalmente desconocido.
