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En las ciencias esotéricas de la numerología, y en numerosas artes adivinatorias, suele realizarse un proceso llamado de reducción. Partiendo de cualquier número puede obtenerse una única cifra, con el simple método de sumar cada una de las cifras que componen el número original.

Por ejemplo, para 1492 obtenemos:

1492 -> 1 + 4 + 9 + 2 = 16

Y si volvemos a aplicar el proceso:

16 -> 1 + 6 = 7

Con este método obtenemos siempre un número entre 1 y 9. Es una forma de simplificación que permite establecer parámetros de comparación entre todo tipo de valores heterogéneos.

Por ejemplo, podemos asignar a cada letra del alfabeto la cifra correspondiente a su orden en el abecedario (a = 1, b = 2, c = 3, etc.) y de esa forma asignar a nuestro nombre un número determinado que puede reducirse mediante este método a un valor comprendido entre 1 y 9.

Este método tiene numerosas ventajas. A cualquier conjunto de categorías o propiedades puede asignársele un número y de este, mediante la reducción, llegar a un número limitado de grupos, diez. Dentro de cada uno de ellos pueden definirse tipos humanos o veredictos.

Además, es un método que destaca por su claridad: la forma de obtener el valor final no admite ningún género de duda y es sencillo para cualquiera que tenga estudios elementales.

Puedes por ejemplo partir de las letras de tu nombre y los de la persona a la que amas y mediante la reducción llegas a un número que puede significar, según el método de adivinación, la compatibilidad de vuestros caracteres, la probabilidad de que acabéis casados o una cuantificación de la felicidad que os espera si alguna vez estáis juntos.

Al margen de que alguien pueda o no creer la validez de estos cálculos y predicciones, hay un grave problema en los resultados que se obtienen.

Aparentemente, la suma de cantidades lleva a un resultado aleatorio. Parece como si cualquier número entre 1 y 9 fuera igualmente probable. La realidad es que esto no sucederá casi nunca.

No importa lo que estemos midiendo, casi siempre habrá un sesgo que provocará que ciertos valores sean mucho más probables que otros.

La tirada de Josephine Péladan

Un método bastante popular de lectura del tarot es el de Josephine Péladan

Según dicho método, se colocan cuatro cartas del Tarot sobre la mesa, formando un rombo. En el espacio entre las cuatro cartas aparece como conclusión una especie de carta virtual: el resultado de la tirada.

josephine-Peladan.jpg

La carta central se obtiene como reducción numerológica de las cartas obtenidas en cada uno de los vértices del rombo (o cruz como suele llamarse en el tarot).

Cada carta de los arcanos mayores tiene asignado un número, del 1 al 22. Así, si en una tirada obtenemos el diablo (15), el Papa (5), el Mago (1), el Sol (19), los cálculos son los siguientes:

15 + 5 + 1 + 19 = 40
4 + 0 = 4 (el Emperador)

En este caso la reducción es diferente. Si obtuviéramos un número entre 1 y 22 ya habríamos terminado. Así, con el 19 no habría que volver a sumar sino que asignaríamos la carta correspondiente (el Sol).

Pero en el caso de la tirada de Josephine Péladan, el sesgo que se obtiene en los resultados es enorme.

Sobre el papel, cualquiera de las cartas es igualmente probable. Pero con sencillos cálculos puede verse que es imposible obtener los valores 1 y 2. Así, las cartas de El Mago (1) y La Papisa (2) nunca podrán ser la conclusión de la tirada.

Pero si hacemos cálculos sobre todas las posibilidades reales, llegamos a la conclusión de que la distribución entre el resto de cartas es enormemente desproporcionada. La probabilidad de obtener el valor 17 (la Estrella) es de tan solo un 0,15% mientras que la probabilidad de obtener el valor 7 (El Carro) es de un 10,42% (¡100 veces más probable! ).

En realidad, hay once cartas (las comprendidas entre los números 5 y 15) que acumulan el 96% de la probabilidad de ocurrencia. Las otras once cartas sólo suman un 4%.

El total de resultados posibles a una tirada (de arcanos mayores) de Tarot es 22 * 21 * 20 * 19:

arcanos-tirada-Peladan.jpg

Las cartas del Tarot no tienen un significado positivo o negativo en sí mismas, aunque algunas tienen connotaciones positivas inmediatas - como el Mago o el Carro - y otras las tienen negativas - la Torre, el Diablo. En este sentido, podemos decir que las cartas que caen dentro del rango "altamente probable" dentro de la tirada de Josephine Péladan, son más bien positivas que negativas.

Las cartas invertidas

Cierto es que entre los Arcanos Mayores, las cartas positivas superan a las negativas. Para combatir ese sesgo, es necesario considerar el uso de cartas invertidas. En Tarot, el que una carta aparezca al revés suele significar lo contrario de lo que simboliza la carta. El Carro significa control, éxito, victoria, pero si la carta sale al revés, todo lo contrario: accidente, desastre.

Hay quienes leen Tarot pero no tienen en cuenta el si la carta sale o no al revés. Esto se debe a que la consideración de las cartas invertidas es un invento del siglo XIX (introducido probablemente por Etteilla) y muchos la consideran una corrupción del arte adivinatorio original. Para el caso de la tirada de Péladan, al obtenerse una "carta virtual" no puede inferirse nada sobre la posición de la carta, con lo que casi siempre habrá que dar conclusiones favorables.

La consideración de cartas invertidas en el Tarot tiene el enorme problema de la mezcla de las cartas. Cuando se baraja un mazo de cartas, cambia el orden de las mismas, pero no la inversión. Según cómo se hayan introducido en el mazo inicialmente, así quedarán para la posterior tirada. La única posibilidad es cambiar el orden de todas las cartas dentro de un grupo más o menos amplio: se corta el mazo en varios grupos y estos se giran arbitrariamente.

Pero esto tiene el problema de que las cartas quedan localmente todas orientadas hacia un mismo lado. Y como las tiradas de Tarot suelen realizarse sobre grupos locales de cartas, la probabilidad de obtener casi todas las cartas orientadas en un mismo sentido es realmente grande. Si añadimos el hecho de que el consultante ha tenido que ser quien baraje, sin que se le imponga ni se le sugiera que busque la aleatoriedad (el propio lector del Tarot también suele realizar una parte del proceso de barajadura) el resultado será una mazo sesgado.

La solución que algunos toman es girar al inicio del proceso de baraje un grupo de cartas, normalmente un tercio de las mismas. De este modo, el conjunto de cartas invertidas es de aproximadamente una tercera parte. Esto no anula la predisposición hacia las cartas favorables, la mayoría de las cartas lo son y dos tercios de ellas están "cabeza arriba".

Si bien hay un considerable sesgo en todo ello, hay que entender que la mayoría de las circunstancias en la vida de las personas son positivas. Vivimos muchos años y sólo morimos una vez. Son más los pequeños éxitos que los significativos fracasos. Es más probable salir de una operación bien o regular que con el siniestro veredicto de la Muerte.

No pueden sin embargo obviarse todos estos resultados. Al margen de que uno crea o no en el Tarot, el haber empleado métodos tan rudimentarios en lo que a aleatorización se refieren (qué podemos decir de Péladan, un tipo que se asignó a sí mismo el título de Sar con S) provocan dificultades añadidas y predisposición negativa hacia cualquiera que tenga una formación matemática superior a la elemental.

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I

En 1972 se reunieron los miembros de la Royal Society of London, la Academia Británica de las Ciencias. El objetivo de la reunión era debatir las inconsistencias obtenidas en el cálculo de la aceleración del movimiento lunar. Según los datos con que se contaba, la aceleración de la Luna había experimentado un salto en algún momento de la Historia próximo al siglo X. El aumento de la aceleración era de tal magnitud que no había parámetros o excepciones posibles capaces de encuadrar la aceleración de la Luna dentro de una fórmula razonable. A pesar de que se propusieron diversas opciones, no se llegó a ningún resultado definitivo.

En 1973 Robert Newton, uno de los investigadores del problema, se puso en contacto con Anatoly T. Fomenko.
Miembro de la Academia de las Ciencias, profesor de la Universidad Statal de Moscú, Anatoly Fomenko era uno de los más prestigiosos matemáticos de la época.

Tras oír la detallada exposición de Robert Newton, Anatoly Fomenko se enteró de que la forma de datar la aceleración de la Luna en la antigüedad se basaba en el cálculo de los eclipses. Los eclipses siempre han sido fechas fundamentales para la Ciencia por cuanto permiten datar casi al segundo acontecimientos históricos muy distantes en el tiempo.

En este caso, sabiendo que hubo un eclipse en una fecha determinada podemos precisar la situación donde se encontraba la Luna respecto de la Tierra. Comparando los registros históricos sobre distintos eclipses es posible determinar la aceleración del movimiento lunar desde la antigüedad hasta hoy.

II

Tucídides fue un general ateniense que participó en la Guerra del Peloponeso. A su vez dejó una narración de la misma en un libro clásico - Historia de la Guerra del Peloponeso - que está considerado uno de los primeros escritos de calidad que existen sobre Historia. La guerra se extendió por más de 20 años. En la crónica de la misma, Tucídides va detallando los distintos altibajos que sufrían a lo largo del prolongado combate.

En un relato tan extenso en el tiempo, pudo llegar a detallar tres eclipses que sucedieron durante la confrontación entre Esparta y Atenas.
El primero fue un eclipse de Sol total. El segundo también de Sol, pero parcial. El tercero, un eclipse lunar. Merced a esta información, unida al recuento de años transcurridos entre unos y otros sucesos, es posible datar perfectamente la época en que se celebró esta batalla: del año 431 al 404 antes de Cristo.

Esta tarea se realizó hace muchos siglos, siendo el mismísimo Kepler uno de los encargados del cálculo. Fascinante es saber que se puede llegar a saber hasta el día del año en que ocurrió cada uno de los eclipses. El primero, el eclipse solar total, ocurrió el 3 de agosto del año 431 antes de Cristo. Incluso se podría precisar la hora del suceso.

III

Anatoly Fomenko recordaba vagamente haber leído alguna vez algún artículo sobre N. A. Morozov en que proponía unas nuevas fechas para la cronología de los eclipses ocurridos en la antigüedad. Anatoly Fomenko era muy escéptico ante los trabajos de Morozov pero dada la dificultad del problema de la aceleración de la Luna, imposible de cuadrar por métodos matemáticos convencionales, optó por localizar esos trabajos de Morozov.

Usando la tabla de fechas propuesta por Nikolai Alexandrovich Morozov el comportamiento de la aceleración de la Luna quedaba totalmente explicado. La gráfica que antes tenía un gran salto se convertía en prácticamente lineal.

IV

Robert Newton pudo solucionar su problema y dar carpetazo a la problemática sobre la aceleración lunar.

Pero Antatoly Fomenko no pudo dejar de pensar en los trabajos de Morozov a pesar de que lo que había oído sobre él, en charlas informales de pasillo con otros profesores de Universidad, no había sido muy positivo.

N. A. Morozov
(1854-1946) fue un astrónomo ruso al que por sus trabajos se le honró dando nombre a un meteorito. Morozov además se había encontrado con la problemática de los eclipses y había publicado los resultados de sus investigaciones en el libro Christ (1924-1936). En ellos cuestionaba la forma en que se habían datado los hechos históricos con anterioridad al siglo VI. Reuniendo las máximas evidencias científicas posibles, había sugerido una serie de fechas que en algunos casos movían conocidos sucesos históricos varias decenas de años hacia delante o hacia atrás.

La curiosidad inicial llevó a Anatoly Fomenko a sumergirse de lleno en los problemas de la ciencia de la cronología. Esta ciencia que se nos antoja tan antigua como el fuego apenas si tiene cinco siglos.

Joseph Scaliger (1540-1609) y Dionysius Petavius (1583–1652) fueron los que fundaron la concepción cronológica que perdura en nuestros días. Fueron ellos los que se encargaron de trazar el camino a seguir para situar acontecimientos distantes en el espacio pero que ocurrían en un mismo periodo de tiempo. Y en calcular las fechas, empleando números concretos en torno al año 0 (del nacimiento de Cristo) y no referencias temporales a otros sucesos (treinta años después de la Fundación de Roma, diez años después de la muerte de Alejandro Magno).

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El alce desarrolla sus cuernos en la época previa al celo. Entonces le sirven para combatir con otros machos en la lucha por la reproducción. Los animales entrelazan sus cuernos y forcejean hasta que uno de los dos decide retirarse dándose por vencido.
La lucha entre dos alces es completamente equilibrada. El más fuerte o con la cornamenta más adecuada acaba venciendo. Los medios de lucha son equivalentes, cuernos contra cuernos. No hay opción a trucos ni a artimañas.
Quizás por eso, las luchas entre machos de alce son frecuentes en los documentales de La 2 de las sobremesa. La siesta está garantizada.

Desde tiempos inmemoriales los hombres han gustado de las luchas desiguales. Ya en el circo romano los gladiadores se enfrentaban a fieras y también se enfrentaba entre sí a fieras de muy diferente naturaleza. Las luchas de varios perros contra un sólo oso se han estado realizando hasta hace pocos años. Sin entrar en la crueldad del enfrentamiento, resultan muy interesantes. Los toros ha perdurado en la historia porque al hombre le han llamado la atención los combates dispares. Animales con características muy diferentes que se enfrentan en formas siempre inusuales y sorpresivas.

Aún hoy en día los vídeos sobre luchas desiguales de animales tienen mucho éxito y pueden encontrarse decenas de ellas en Youtube.

(Pulpo contra tiburón, Cocodrilo contra tiburón, Cocodrilo contra león, Leones contra búfalos y contra cocodrilos, Leopardo contra gorila, etc.)

II

En las relaciones de pareja, lo más frecuente del mundo es que las personas que acaban casándose se conocieran en la universidad o en el trabajo. Las causas son evidentes. El resultado es que se forman parejas muy homogéneas: personas que siempre han vivido en la misma ciudad, de la misma edad, con estudios similares, con profesiones parejas, de la misma clase social. Esto es una gran ventaja para la pareja que tiene muchas perspectivas de durar a largo plazo.

Más interesantes sin embargo son las parejas desequilibradas. Las hay por todas partes. Por ejemplo, de feos. Se tiende a pensar que a los feos les deben gustar las feas, o a los gordos las gordas. Que uno tenga un defecto no quiere decir que lo disfrute o no lo entienda como tal. (Por favor, no entremos en si la palabra defecto es incorrecta y sería más adecuada la de diferencia.)

A los feos les gustaría estar con chicas guapas. De hecho, a veces pasan mucho tiempo luchando contra su destino. Un amigo mío que era muy feo se echó una novia que no estaba mal. Al final sin embargo él la dejó. Todo el mundo le decía que estaba loco, que no podía dejar pasar a una chica como esa, que no iba a tener otras oportunidades. En cierto modo confirmaban el hecho de que salvo grandes coincidencias, su futuro no era ese.

Cuando se juntan dos personas feas el resultado puede ser un poco grotesco. Uno puede ser un feo porque tenga las orejas de soplillo y que su pareja sea fea porque tiene una nariz muy grande. Al margen de lo que pueda suponer el amor, el feo orejudo sabe que la fea tiene una nariz horrible, y si pudiera cambiar algo de su pareja, tal vez fuera la nariz. Lo mismo le ocurrirá a la chica.

Que uno tenga sobrepeso no quiere decir que tenga que disfrutar tocando las carnes demasiado sueltas. La gente realiza auténticas barbaridades en las mesas de operaciones para quitarse todo ese peso, por algo será. Lo que sí es cierto es que los que tienen exceso de peso son más tolerantes con los que comparten este defecto (o diferencia si se quiere ser demasiado correcto).

Esta tolerancia es la que lleva a que se formen parejas entre personas con algún rasgo diferenciador. Estas sin embargo no son parejas desiguales. Un grupo considerable de parejas heterogéneas lo constituyen aquellas personas que han conseguido evitar el destino que une a personas similares. Por ejemplo, si se juntan una mujer fea con un hombre gordo.

Estas parejas son muy interesantes. Como en las luchas de animales, cada uno de los miembros tiene puntos fuertes y débiles muy dispares. Esto tiene por supuesto ventajas e inconvenientes. Voy a enumerar algunos tipos de parejas desiguales que vemos a diario:

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Bakunin

Cuando era pequeño tenía pocos libros que leer en casa y algunos eran muy malos. Es por eso que comencé a leer un libro de Bakunin con diez o doce años.

Siendo Bakunin el paladín del anarquismo, mi padre estaba muy orgulloso por mi precocidad, seguro de que así me convertiría en un hombre de bien. De aquel libro lo único que recuerdo era la descripción que hacía de las escuelas. Según él, la escuela no sólo servía para educar a los niños, sino para introducirlos en la rutina de la vida. Les formaba en la disciplina de los horarios: el periodo lectivo siempre empezaba y acababa a una hora concreta. También en la obediencia al profesor, persona superior de la que no podían cuestionarse sus opiniones y la sumisión de estar sentado en un pupitre todo el día.

Ahora que lo pienso, esta descripción parece la de una excelente escuela de futuros empleados en el trabajo por turnos de una fábrica. Horario rígido, acatación de las órdenes de los jefes y estarse quieto en el puesto de la cadena de montaje que corresponda.

Me llamó la atención y se lo comenté a uno de mis hermanos, que me dijo que aquello no dejaba de ser una perogrullada, algo evidente. Y tuve que darle la razón. Me sentí avergonzado por haberme sentido sorprendido por eso, y poco después dejé de leer el libro.

Remeike

Muchos son los que han pensado y piensan que el sistema convencional de educación de los hijos no es el mejor de los posibles. Sin embargo, pocos son los que han hecho algo al respecto. En España no hay opción: lo mismo el niño gitano que falta a clase porque su padre se lo lleva a recoger chatarra que el niño judío que se queda en casa porque su padre y tal vez el propio niño entienden más provechoso el estudio de La Mishná están cometiendo un delito. El Estado obliga a matricular los niños en la escuela, hasta que alcancen los 16 años.

Por supuesto que en España, con un sistema legal muy riguroso pero que mira para otro lado con demasiada frecuencia, no ir al colegio puede ocultarse sin mucho espoleo. En países del primer mundo, como Alemania, esto no es así.

Famoso es el caso de la familia Remeike en Alemania. Estos padres de cinco hijos, extremadamente religiosos, prefirieron un sistema de educación desde casa para sus hijos, al margen del gobierno del país. La policía no se quedó al margen y según cuenta en esta página sensacionalista:

El viernes 20 de octubre de 2006, a eso de las 7:30 a.m. los niños de una familia que los educaba en casa fueron llevado de forma brutal por parte de la policía a la escuela.[...]
Las autoridades germanas siguen confiando en una ley de la Alemania Nazi que prohibía la educación en la propia casa, para evitar que los padres mantengan a sus hijos alejados del sistema educativo público, ya sea por cuestiones religiosas o sociales. La ley prohibe el estudiar en casa en orden a proteger "la aparición de sociedades paralelas basadas en convicciones filosóficas separadas".

Los padres Remeike, extremadamente religiosos, lucharon por mantener a sus hijos alejados de la educación convencional. Al final, incapaces de luchar contra el gobierno alemán, acabaron emigrando a Austria, país que sí permite esta forma de enseñanza.

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No me gusta criticar a un colectivo, primero porque suele ser fácil y gratuito, y segundo porque me se va la pinza. Lo bueno de tener una página personal es que te puedes permitir excesos, como el siguiente:

Bajo la etiqueta de "escépticos" comienzo a ver un colectivo de personas heterogéneo que se autodefinen como abanderados de la lucha contra las patrañas, la religión y las supercherías de la abuela.
Ante esta definición, me atrevo a afirmar que no son unos quijotes salvadores del mundo, sino unos abusones de colegio público. Porque en el siglo XXI, aunque sigue habiendo personas que creen en la lectura de los posos de café, en la quiromancia y en la sábana santa, son pocos y cobardes. Además, la batalla está ya ganada por parte de la ciencia, así que lo único a que se dedican es a hacer leña del árbol caído. Nunca me gustó esta gente sin escrúpulos que pega al más débil, y hoy les echaré un cable a esta panda de perdedores que son los jugadores de guija.

El primer mandamiento de los escépticos es que Dios no existe. Suele ser un punto sobre el que comenzar el derribo de los argumentos de sus rivales. Sin embargo, algunos de estos autodefinidos como escépticos suele olvidar que la existencia o no de Dios es un principio indecidible, a menos que un día aparezca un tipo de barbas blancas de diez metros de alto en el paseo de la Castellana. De lo contrario, la ciencia no puede afirmar nada sobre la no existencia de Dios - sólo puede hablar de que quizás no exista. Ese quizás no debe entenderse en términos probabilísticos, Dios existe sí o no; no puede pensarse siquiera en que es más probable que exista o que no exista.

La punta de la lanza se clava en que los argumentos que esgrimen los amantes de lo paranormal no tienen fundamento científico. Si lo pensamos un poco, es cuanto menos ridículo acusar a tu rival de que no sigue las reglas porque no sigue las reglas. Precisamente lo paranormal no suele seguir las reglas de la ciencia; en su momento las tormentas y los eclipses fueron sucesos paranormales. Cuando la ciencia fagocita un suceso, antes desconocido o inexplicado, deja de entrar en el ámbito de lo paranormal, y se realizan estudios infumables de miles de páginas que no interesan a nadie.

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Fas est et ab hoste doceri.

Ovidio, Metamorfosis, IV 428.

Es lícito aprender hasta del enemigo, una grandísima frase, que con frecuencia se le atribuye al Evangelio de San Mateo, lo cual es un error, pues como puede comprobarse esa frase no aparece por ninguna parte.

I

Muchas sentencias memorables pertenecen a la Biblia, el libro entre los libros. Con el paso del tiempo, su prestigio ha decaído hasta ponerse en entredicho cada una de sus palabras.
Resulta cómica la situación actual, en que los libros que defienden teorías de conspiración por parte de la Iglesia católica tienen tanto éxito. Muchas de esas teorías se basan en los llamados Evangelios Apócrifos. Estos textos, posteriores en su mayoría a lo escrito en la Biblia, son interpretados al pie de la letra. En base a dichos textos, se refutan numerosos contenidos de la Biblia.

Si tenemos en cuenta que, históricamente, dichos textos fueron rechazados sistemáticamente por la Iglesia, nos encontramos con la curiosa situación de que, a día de hoy, se da más crédito a unos textos más modernos - que fueron escritos bajo el conocimiento de lo que figura en la Biblia - y que nunca antes habían sido reconocidos como de valor, salvo por el puramente histórico.
Es como si dentro de dos mil años, un blog que tratara sobre el cine de Amenábar alcanzara más prestigio que el propio director de cine. Y que se cuestionen los argumentos de sus películas basándonos en comentarios y entradas de dicho blog.

La forma de refutación es divertida. Se parte de una condicional (si el Evangelio de Judas es cierto, entonces...) para sacar una serie de conclusiones - Judas no fue un traidor, Judas fue el verdadero Mesías, Adán nunca existió - y luego, se olvida que estábamos ante una condicional, y que todo esto no deja de ser una suposición, quedándonos tan sólo con las conclusiones obtenidas.

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Frank Darabont y Cadena Perpetua.


Sinceramente, no encuentro explicación a por qué le dejaron dirigir la película "Cadena perpetua" (The Shawshank Redemption) a Frank Darabont.

Frank Darabont tuvo que pelear muy duro dentro de Hollywood para conseguir sus primeros trabajos. Comenzó su carrera con brillantez, en 1983, con el corto "The Woman in the Room", adaptación de un relato corto de Stephen King. Por este trabajo llegó a las semifinales en la lista de los Oscar. Pero luego le tocó trabajar en el equipo de vestuario mientras intentaba conseguir establecerse como escritor. Hasta 1987 no consiguió aparecer como co-guionista de Pesadilla en Elm Street 3. A partir de ahí consiguió algún tipo de éxito, con otras adaptaciones como en La Mosca II (también compartida). Llegó a dirigir una mala película para la televisión en 1990.

Así, la carrera de Frank Darabont era demasiado corta para emprender una película del calado de Cadena Perpetua. Es cierto que actores hoy en día muy reconocidos como Tim Robbins o Morgan Freeman, en aquella época no eran tan famosos como ahora, pero ya el segundo poseía dos nominaciones a los Oscar y Tim Robbins arrastraba buenos papeles en buenas películas y algunas actuaciones suyas habían recibido el elogio de la crítica.

Posiblemente Darabont estaría ahora planchando una camisa para un extra de una película de segunda categoría si no fuera por la sorprendente flexibilidad de Stephen King.
Muchos escritores basan su carrera en una continua lucha por los derechos de autor de sus obras, reclamando mucho dinero por cada uso de lo que ellos han escrito.

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Hombres contra máquinas.

En 1994, quien tenía un ordenador, alardeaba gustosamente de ello. Cuando uno de mis compañeros de clase se enteró de que me gustaba jugar al ajedrez, me comentó que él tenía un juego de ajedrez en su ordenador, y que era muy bueno.

A mi amigo le sorprendió que le dijera, con una absoluta indiferencia, que yo era mucho mejor que su juego de ajedrez. En realidad, nunca había jugado contra un ordenador, pero eran conocidos los muchos defectos que tenían las máquinas jugando al ajedrez. En especial, se hablaba mucho del efecto horizonte.

Aún cuando el ordenador es capaz de calcular muchas más jugadas que una persona, en algún momento del proceso debe detener sus cálculos. Ahí, es donde el ordenador actúa mucho peor que una persona y pierde su ventaja.
El efecto horizonte puede entenderse con este ejemplo: supongamos un hombre y una máquina que se encuentran en la ventana de un rascacielos, digamos en el piso 46. Una persona, podría considerar el tirarse por dicha ventana. Sus cálculos serían muy simples: al principio caería a la altura del piso 45. Eso no sería grave. Pero a partir de ahí, dada la altura a la que se encuentra, y la presumible aceleración, el resultado apunta a que sería muy doloroso.
El ordenador iría más lejos en sus cálculos. Consideraría la situación de caída, a la altura del piso 45. No le parecería preocupante. Luego vería que se llegaría a la altura del piso 44. Y luego al 43. En principio, calcularía la velocidad creciente de caída, pero no detectaría ningún peligro. El ordenador podría continuar sus cálculos hasta llegar al piso 20, o al piso 10 y ahí detener sus cálculos. Su conclusión final sería: una sensación muy fresca, del viento en la cara. Y saltaría.

Así, en el juego de ajedrez ocurre lo mismo. El ordenador calcula muchas jugadas - pero matemáticamente es imposible calcular hasta el final. En algún momento detiene su cálculo y se pone a mirar. Y ahí, los ordenadores eran muy malos, a decir verdad, ridículos. Mi amigo no pareció entender eso y se ofendió ante mi actitud chulesca. Durante mucho tiempo me insistió con apostar a ver quién ganaba. Finalmente, fui un día a su casa a jugar esa partida.

Aunque mi historia sucedió en 1994, una apuesta similar, a nivel más académico, había tenido lugar en 1968, entre David Levy, un maestro de ajedrez, y John McCarthy, un eminente investigador en Inteligencia Artificial de la prestigiosa Universidad de Stanford. Fueron 3.000 dólares, que era bastante dinero en la época. En este caso, la apuesta se hizo a largo plazo. Levy afirmó que nadie en el mundo sería capaz de tener una máquina que pudiera ganarle en diez años. Para un investigador, parecía plazo suficiente.

No recuerdo muy bien como fue mi partida contra el ordenador. Jugó la apertura con mucha corrección, hasta el punto de preocuparme por primera vez. Sin embargo, en cuanto salimos de la teoría de aperturas, comenzó a jugar como un niño pequeño, y le gané con suma facilidad. Más que lo mal que jugó, me sorprendió lo sorprendido que estaba muy amigo. Al fin y al cabo no tendría más que un costosísimo 486, con una potencia de cálculo similar a la de mi lavadora.

Mayor decepción debió sentir John McCarthy cuando, diez años después, tuvo que presentarse a jugar contra Levy. Él sabía que el programa que habían desarrollado no era lo suficientemente bueno. Efectivamente, Levy ganó con suma facilidad y se embolsó los 3.000 dólares.
La actitud de Levy también había parecido chulesca. Tras su victoria, la revista científica Omni ofreció un premio de 5.000 dólares al primer programa que fuera capaz de ganar a Levy. Hicieron bien en no establecer otro plazo de diez años, porque fueron exactamente once los años necesarios para que Deep Thought, el primer programa de ajedrez potente, le venciera en 1989.

Mientras los programadores informáticos se afanaban en pulir sus algoritmos de juego al milímetro, bebían la triste decepción de que sus resultados sólo mejoraban conforme la industria del hardware iba sacando mejores productos.
Al fin y al cabo, la dificultad mayor para un ordenador es saber cuando hay que dejar de calcular.
Para un hombre, es relativamente sencillo, pero para uno ordenador es algo demasiado complejo. Pensemos en que tenemos 20 euros que gastar en las rebajas. Hay para comprar una prenda. El ordenador tendría tiempo físico de mirar todas las prendas de la tienda, cosa que las personas no podemos - algunas mujeres sí podrían. Sin embargo, el ordenador tendría problemas para saber cual le queda bien. Tendría que probárselas todas. Hacer combinaciones con diversos pantalones y camisas, mirar los zapatos. Al final, elegiría sin mucha seguridad, por falta de tiempo. Los humanos no compraríamos la prenda idónea pero nos calentaríamos la cabeza mucho menos y elegiríamos mejor que el ordenador.
El trabajo de los programadores era inculcarle un gusto al ordenador. Sin embargo, cuando el hardware se mejoraba, esto no hacía tanta falta. Antes el programador ahorraba tarea suponiendo que los zapatos eran negros. Con procesadores más potentes, se podía probar con todos los modelos de zapatos del mundo y combinarlos con calcetines en el mismo tiempo que antes con los zapatos negros. Realmente frustrante.

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I
Dándole un margen de confianza a la Iglesia, todos los hombres descendemos de uno mismo: Adán.
La historia de la Biblia es bastante oscura. En ella sólo se menciona que Adán y Eva tuvieran tres hijos: Caín, Abel y Seth. Si esto fuera cierto, la pobre de Eva cayó en un incesto de dimensiones colosales, que deja el pecado de la manzana en casi venial.
Una hipótesis afirma que no se mencionen las hijas de Adán porque la Biblia se limita a narrar lo absolutamente necesario. Lo fantástico de la Biblia es que lo que está escrito admite interpretaciones tanto literales como figuradas, y lo que no está escrito admite infinitas interpretaciones absolutamente libres.
La versión libre es la que más me gusta. Cuando Dios creó a Adán no creó a un hombre concreto, sino "al hombre", como especie en el Jardín del Edén. Del mismo modo ocurrió con las mujeres. Así, aunque la Biblia luego se centre en la vida de unas pocas personas, se refiere a unos elegidos de entre todos los que había, no a los únicos hombres de la Tierra.

En el segundo siglo después de Cristo, apareció el Libro de los Jubileos. También llamado "pequeño Génesis", parece que es una extensión a ciertos textos, de aproximadamente cuatro siglos antes, de los míticos manuscritos del Mar Muerto.

El libro tiene como principal objetivo establecer una cronología diferente a la que se indica en el Antiguo Testamento. Para lo que nos interesa, también se centra en algún detalle más sobre la vida de los hijos de Adán y Eva. En ese libro - que no reconoce la Iglesia Católica pero sí la judía - aparecen dos chicas estupendas; Azura, que se casó con Seth (no había mucho donde elegir) y Auán, que no tuvo más opción que hacerlo con Caín.

Aún cuestionando la existencia de Azura y Auán, y dado que el pobre Abel duró demasiado para disfrutarlo, de lo que no cabe duda es de que todos los hombres descendemos de Caín, de Adán y de Seth.

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Martingala, según el diccionario de la RAE, no es más que un truco con apariencia de verdad para engañar a alguien. Así, "La Martingala" con mayúsculas no sería más que el padre de todos los trucos, una ingeniosa idea que se sostiene en un resultado científico erróneo y que, por lo tanto, no puede funcionar.

Así, quizás el término de Martingala con mayúsculas resulte algo impreciso, aunque es indudable que en muchos lugares se le llame así al engaño por excelencia: aquel que sugiere apostar reiteradamente al rojo o al negro, doblando sucesivamente la apuesta para vencer a la banca en el juego de la ruleta.
En esta página han dado una explicación bastante acertada de por qué el método no funciona. Lee esa página antes de continuar si no estás muy familiarizado con la Martingala.

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Imagina que el mundo fuera como una infinita hoja de papel. Cada uno de nosotros sería un dibujo dentro de esa hoja. Podría concebirse un universo bastante similar al nuestro. Dispondríamos de las mismas posibilidades que en el mundo real, pero circunscritas a la hoja de papel. Resulta difícil de imaginar, pero no tanto. Nuestro aspecto sería como el de un personaje de comic, pero podríamos desplazarnos a lo largo y ancho de la hoja. Hablaríamos con otros dibujos que compartieran nuestro sitio. Podríamos tener dinero y medios de transporte, se celebrarían partidos de fútbol y la gente tendría que morir. Todo sería más o menos igual que aquí, sólo que en un mundo de dos dimensiones.

Si llegar hasta aquí te ha resultado complejo, es el momento de abandonar. Porque si hemos intentado abstraernos realizando un viaje imaginario desde el mundo de las tres dimensiones hacia el mundo de las dos dimensiones, ahora lo haremos al revés. ¿Cómo imaginaría el mundo real un personaje de dos dimensiones?

La pregunta es menos trivial de lo que pueda imaginarse. En realidad, ocupa un lugar fundamental en el conocimiento científico y filosófico.
Resulta aventurado afirmar que el individuo de la hoja de papel sería capaz de imaginarse a sí mismo con una tercera dimensión. Todo lo más, podría realizar una aproximación a una realidad tridimensional, pero siempre pensando en una mente concebida en el mundo de las dos dimensiones.

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Hablan en el siempre brillante blog de Juegos de Ingenio del término sesquicentenario.
Puede definirse como el 150 cumpleaños de algún suceso.

La primera vez que oí el término sesquicentenario fue relativo a la fecha de fundación de Buenos Aires ( en realidad debió ser el neologismo tri-sesquicentenario ).
Desde entonces, juraría que nunca he oído esa palabra si no es relacionada con algo de Argentina.

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Creo que el futuro nos llevará, de forma indudable, hacia los blogs comerciales. Defino blog comercial como "el blog creado exclusivamente para vender productos de una o varias empresas".
Y razono del siguiente modo:
Soy el director de publicidad de una empresa enorme E. Se me ofrecen diversas formas publicitarias en internet - evidentemente el medio por excelencia para la publicidad, en el futuro. Actualmente, la oferta es más o menos limitada:

a) De fuera del PC a mi página. A través de otros medios, publicito enlaces en mi página para aumentar el número de clientes expuestos a mi publicidad. Obsoleto.
b) Ventanas pop-up. Hasta Internet Explorer, SP2 las bloquea ya. Obsoleto.
c) Links desde otras páginas. Publicidad intrusiva Flash y multimedia. Si Firefox incluye bloqueadores de objetos - Adlock - entre sus extensiones, es cuestión de tiempo que, en breve, todos los navegadores los traigan de serie.
d) Publicidad contextual. Igualmente, puede ser bloqueada con dichas utilidades. Además, resulta, visualmente, muy poco llamativa.

Es cuestión de tiempo que surjan nuevas posibilidades. Se me ocurren las siguientes:

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En plena campaña política uno se harta de oír cómo nos prometen siempre las mismas cosas. Bueno, las mismas no son. Lo que hacen es que toman un listado con los resultados de la última encuesta del CSIC y dicen que van a arreglar los 5 problemas que más preocupan a los españoles.

Luego, nunca explican cómo lo van a hacer. Por un lado, porque es algo que ni siquiera se han planteado. Por otro, porque saben que es lo de menos. Como dice el refrán, prometer hasta meter. Y una vez metido, olvidar lo prometido.
Actualmente los asuntos que más preocupan son el terrorismo, el paro, la inmigración y la vivienda. Es en esos temas en los que unos y otros hacen promesas imposibles.

Como ciudadano, me hago la pregunta de si yo podría aportar alguna solución. Cuando veo que no, comienzo a preocuparme, pues entiendo que si no se me ocurre nada a mí, tal vez sea porque no haya solución. Además, hay que tener en cuenta que una vez sales elegido eres deudo de promesas y pactos previos. De ceñirte a presupuestos y de quedar bien con casi todos.

Personalmente no me preocupa el terrorismo. En tanto y cuanto tengamos unas fuerzas de seguridad mínimamente honestas no alcanceremos situaciones tan salvajes como las de Irak. Un atentado de vez en cuando es un riesgo mínimo comparado con la mucha gente que muere por otros motivos, por ejemplo,los accidentes de tráfico.
Además, pienso que el peligro de morir es secundario ante la necesidad de vivir bien. Es por eso que pienso que los otros tres aspectos son mucho más importantes.

De la vivienda no hablaré ahora. Y creo incluso que el paro y la inmigración son un mismo problema y que, solucionando uno, podría arreglarse el otro. Los inmigrantes vienen a España a trabajar, ante promesas de éxito y dinero fácil. Promesas que muchas veces son dadas por familiares sin ánimos para explicar su fracaso a esperanzados compatriotas.
Es absurdo que España, con uno de los índices de desempleo más altos de Europa tenga tantos inmigrantes. En realidad ellos vienen a España por otros motivos. En el caso de sudamérica, por la facilidad del idioma. En el caso de África, por cuestiones geográficas. En ningún caso porque sea este el país ideal para ellos.

Es como cuando conoces a una chica en un bar y acabas casándote con ella. No es la mujer de tus sueños, pero coincidió que estaba en un sitio accesible a tí y que te dió la oportunidad de hablar con ella.
Para España, la universalidad del idioma supone más un problema que una ventaja. Nuestros empresarios tratan de dar el golpe maestro en Sudamérica, que es como jugar a la ruleta rusa, pues un cambio de gobierno, una mala cosecha o quién sabe qué dan la vuelta a la situación económica de la noche a la mañana. También ellos han optado por ese mercado por el idioma, no porque sea más atractivo que otros. Casi nadie mira hacia Asia, que parece confirmada como el futuro. Sin estudiamos las inversiones de las principales empresas españolas(Telefónica, Endesa, BBVA, BSCH, Repsol...)todas han apostado fuerte por sudamérica. Con la reciente crisis perdieron mucho dinero, pero de todos modos no se les abre la esperanza de un crecimiento brutal a medio plazo.
Mientras, los sudamericanos vienen aquí un tanto engañados. No sé hasta qué punto compensa cobrar 10 veces más que en tu país cuando no te sientes valorado ni en tu trabajo, que es de mínima cualificación y retribución. Cuando la mayoría de la gente que conoces está en tu país. Cuando ves que todo lo más que ganas ahora lo estás gastando en el nuevo way of life del consumismo.
Sí, pero aquí tienen derechos. La esclavitud de occidente es mucho más sutil que la anteriormente conocida. Te atrapan en una red, de la que puedes salir cuando quieras. Pero te han enseñado a no querer salir. El mundo que nosotros tenemos no es mejor que el de ellos. El sufrimiento de un niño que trabaja 12 horas al día es menor que el de un niño de escuela bilingüe que sufre el escarnio de sus compañeros por ser el menos pijo de la escuela. El hambre del que no tiene qué llevarse a la boca es menor que la del que no puede cenar en un buen restaurante un sábado por la noche.
Por todo eso, estoy en contra de la inmigración. Porque ellos pasan a estar peor, aunque los más crean que han mejorado. Y por encima de todo porque su miseria aceptada sin reparos hace que el padre de familia, trabajador acostumbrado a hacer fuerza con huelgas, sea un cero a la izquierda, que no tenga más opción que aceptar lo que se le ofrece, o marcharse.
Así, creo que el problema del paro es el problema de la inmigración. Otra cosa es decir que la culpa es de los inmigrantes. No, la culpa es de los que han permitido que vengan con esas condiciones. De la indolencia de la policía a la hora de pedir papeles. Y por encima de todo, de los despiadados empresarios que hacen contratos basura, a veces no escritos, para beneficiarse de la situación.

En España no falta trabajo, faltan sueldos. Si me van a pagar poco más que el sueldo mínimo, me compensa no trabajar y cobrar el sueldo mínimo. Así de fácil. La medida propuesta por el PSOE es más que necesaria. Subir el sueldo mínimo para que los contratos siempre sean al alza. Y así, la gente gana más y es más feliz. Era fácil, pero nadie lo había hecho hasta ahora. En realidad, tampoco ellos, pues se han conformado con decir que lo van a hacer.

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