Artículos en la categoría libros
Supongo que tengo revisar mis fuentes de información, porque me he enterado de que ayer se fallaron los premios Pulitzer a las artes de rebote (suscribiéndome a un blog de un autor que había sido nominado).
Aparte de los famosos premios al periodismo, también se laurean a escritores en los géneros de drama, poesía, historia, biografía, narración de ficción y de no ficción y música.
A diferencia del premio Nobel, el premio Pulitzer es garantía de calidad. El Nobel de Literatura se suele conceder a autores extraordinarios por el trabajo de toda una vida. Pero el Pulitzer es por una sola obra extraordinaria. Así que uno puede con seguridad tirar al cubo de la basura el resto del trabajo del premiado y centrarse en lo bueno.
Me ha sorprendido que hasta la Wikipedia (inglesa) está un tanto desactualizada. De algunos de los premiados no informa sobre el reciente galardón. Otros incluso no tienen página propia.
Suele decirse que una persona apenas alcanza para producir una gran obra en toda su vida. Como Los cien años de soledad de Garcia Márquez. Aunque una primera figura de la literatura sea capaz de escribir muchos libros excelentes, como Crónica de una muerte anunciada o El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez, hay muchos escritores que apenas alcanzan a crear una obra colosal. Por eso es bueno que estos autores sean premiados y reconocidos.
Por ejemplo, del vencedor en novela leemos:
Junot Diaz estuvo pensando en la idea para su primera novela durante cuatro años y después tardó siete años en escribirla. "De algún modo, creo que ese libro estuvo esperando a que me convirtiera en una mejor persona antes de que el libro se escribiera solo".
Cuando leo eso pienso "ese libro puede estar bien", no pienso "esto es un producto comercial como el Premio Planeta o La Catedral del Mar.
En no ficción: The Years of Extermination: Nazi Germany and the Jews, 1939-1945 Segundo volumen de una historia del Holocausto. Por Mr. Friedländer, un hombre de 75 años que se enfrenta a una labor tan titánica y agotadora como tratar sobre un asunto del que todo se ha dicho ya. Una historia escrita desde el punto de vista de los documentos y archivos alemanes.
De nuevo leo eso y digo, eso es un libro que merece ser leído o al menos tenido en cuenta.
Daniel Walker Howe. What Hath God Wrought: the Transformation of America, 1815-1848
Un profesor emérito de 71 años, sin página en la Wikipedia, que escribe un libro de historia de más de 900 páginas sobre uno de los periodos menos interesantes de la historia de Estados Unidos.
Pues de nuevo una obra que merecería como poco el echarle un vistazo.
Cuando el filósofo Diógenes tenía necesidad de dinero, decía que lo reclamaba, no que lo pedía. Y para probar cómo esto se practica en realidad, traeré a colación un singular ejemplo antiguo. Eudomidas, corintio, tenía dos, amigos: Carixeno, cioniano, y Areteo, también corintio.Cuando murió, como estaba pobre y sus dos amigos eran ricos, hizo así su testamento: «Lego a Areteo el cuidado de alimentar a mi madre y de sostenerla en su vejez; a Carixeno le encomiendo el casamiento de mi hija, y además que la dote lo mejor que pueda. En el caso de que uno de los dos venga a morir, encomiendo su parte al que sobreviva.»
Los que vieron primero este testamento se burlaron, pero advertidos los herederos de su alcance lo aceptaron, con singular contentamiento. Habiendo muerto cinco días después Carixeno, Areteo mantuvo largamente a la madre y de su fortuna, que consistía en cinco talentos, entregó dos y medio a su hija única, y otros dos y medio a la hija de Eudomidas. Las dos bodas se efectuaron el mismo día.
Michel de Montaigne, Ensayos (XXV, De la educación de los hijos).
Su comentario social y el uso magistral del estilo indirecto y la ironía hicieron de Jane Austen una de las más influyentes y reconocidas novelistas de toda la literatura inglesa.
Para muchos profesores universitarios sus obras se encuentran entre las de los mayores genios de la literatura inglesa, a veces incluso llegando a ser comparada con Shakespeare.
Sus seis novelas han sido llevadas al cine, algunas con enorme éxito como Pride and Prejudice y muchas de ellas con sucesivos remakes.
II
David Lassman de 43 años, es un desconocido escritor inglés. Hace pocos meses terminó su primera novela, Freedom's Temple. Entonces inició el peregrinaje por las editoriales tratando de encontrar un editor que quisiera publicar su libro.
Recibió cartas de rechazo de todas las editoriales a las que consultó. Tras recibir tan severo varapalo, decidió comprobar si la culpa era de su libro, que no era bueno, o simplemente de su anonimato.
David Lassman escribió una nueva novela, bajo el seudónimo de Alison Laydee. Esta segunda novela apenas si le llevó tiempo escribirla. En realidad se limitó a copiar los primeros capítulos de tres de las novelas más conocidas de Jane Austen: Pride and Prejudice, Northanger Abbey y Persuasion.
No fue mucho más sutil. Cambió el nombre de los personajes de la novela y el título del libro a First Impresions. Y se sentó de nuevo a esperar.
Hace unos días estuve mirando las opiniones de los consumidores sobre los secadores de pelo en la página de Amazon. Era la primera vez que leía este tipo de revisiones, antes sólo lo había hecho para las opiniones sobre libros.
He de reconocer que son una lectura provechosa y práctica. La tecnología de los secadores de pelo, silenciada por los i-pods y la telefonía, avanza a una velocidad de vértigo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención sobre dichas valoraciones era la vida que había detrás de ellas. Los secadores de pelo habían sido unos regalos brillantes hechos por novios que se convirtieron en el definitivo, habían sido enormes decepciones que se averiaban a los pocos días, fueron un gran paso hacia la felicidad de tener un pelo precioso, o de no tener que perder muchos minutos al día cada mañana. Todas esas historias tenían mucha más pasión que las opiniones sobre libros que se escriben en Amazon.
Triste mundo en el que un secador de pelo puede aportar más a una persona que un libro. Y no es culpa de los secadores, ni que las personas sean muy simples. Es que los libros que hoy en día se leen no nos suponen nada. O casi nada. Leer puede ser un entretenimiento pero esa no es su función primordial. Como la comida, que puede ser divertida y un placer, ante todo el hecho de leer debe entenderse como un aporte de nutrientes, al alma. Hay que leer libros que no sólo llenen el estómago, sino libros que nutran nuestros tejidos, que nos hagan diferentes, aunque estos signifique peores. Hay que leer buenos libros aunque sean difíciles. No importa que edad tengas ni a lo que te dediques. Tu obligación es leer todos los días algo bueno.
Provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines...
Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora convergían sobre el moderno Mahoma.
Jorge Luis Borges, El Aleph (1949)
Cuando uno va buscando un libro, se nos ocurren todo tipo de explicaciones que justifiquen esa búsqueda: lo necesita para un trabajo, cree que lo necesita para un trabajo, le apetece leer una novela, quiere regalar algo a un amigo. Sin embargo, la experiencia me confirma que las motivaciones pueden ser mucho más oscuras de lo que cabría esperar. Estos son dos casos reales, en que la búsqueda de un libro escapa a cualquier clasificación racional.
I
Tengo un amigo que juega al ajedrez y que guarda meticulosamente todas las planillas (la hoja en que se escriben los movimientos) de sus partidas. El principal problema está en que, la mayoría de las planillas tienen tamaños diferentes, dependiendo de la organización del campeonato.
Mi amigo tuvo la idea de usar un cuaderno escolar usado: pegaba las planillas en las hojas del cuaderno, con lo que podían leerse como en un libro. El sistema era ingenioso, pero fallaba cuando había muchas partidas, el cuaderno se iba haciendo demasiado grueso por la derecha y la parte de la izquierda, la del lomo, está a punto de ceder ante el engorde del cuaderno.
Así, tuvo una idea más ingeniosa:
Decidí que mejor que usar un cuaderno, podía usar un libro. Así que fui por las librerías de segunda mano, buscando un libro que se ajustara a mi propósito: debía ser más o menos alto, por lo menos como uno de los cuadernos. Tenía que tener buena encuadernación, a ser posible pastas duras. Muchas páginas, tantas como fuera posible. Pero sobre todo, ser barato. Así, estuve recorriendo varias tiendas, mirando a los libros como lo que son, un montón de hojas de papel, cosidas o pegadas. No me interesaba la temática, ni la calidad de la obra, sólo que fuera un libro grande y resistente. Acabé comprando una biografía de Wiston Churchill, escrita en inglés, de unas cuatrocientas páginas, encuadernación excelente, por dos euros.
Si el precio de un libro es la suma del hardware (el libro físico, lo que cueste el papel, la tinta y el cartón y su procesamiento) más software (el valor de las palabras), esa biografía de Churchill es, posiblemente, el software más barato - el peor libro - que jamás se haya publicado en buena encuadernación.
Volviendo a casa en el metro, tenía a mi derecha a una chica que leía un libro de Dan Brown - presumiblemente El código Da Vinci - y al otro lado a un hombre leyendo algún libro del Capitán Alatriste. En medio de los dos, trataba de entender el ensayo:
Rational Adversaries? Evidence from Randomized Trials in the Game of Cricket.
Nunca he sido amigo de las lecturas fáciles. En parte, porque me gustan temas demasiado variados (eclecticismo). Esto me lleva a cambiar el centro de atención demasiado a menudo. Si por ejemplo, leo una novela como Trópico de Capricornio, de Henry Miller, aún cuando me parezca soberbia, no paso a leer otro libro de Miller, o a buscar autores similares - siempre se le compara con Bukowski. Lo que hago es buscar información sobre Henri Bergson y su libro La evolución creadora, porque son mencionados en el libro de Miller.
Busco en la enciclopedia y me encuentro con que Henri Bergson era un profesor universitario de filosofía en París. Su biografía es impresionante: sus clases estaban siempre abarrotadas, los que no podían ingresar en sus cursos como alumnos, iban como oyentes. Un profesor que podría haber llenado el aforo de un campo de fútbol si le dejaran dar las clases allí. Su capacidad de expresión de ideas complejas en términos comprensibles ha sido, quizás aún no superada. Apenas si publicó cuatro libros en toda su vida, para cada uno de ellos empleo unos diez años. Recibió el premio Nobel de Literatura, en 1927, aún escribiendo filosofía: Tengo que leer La evolución creadora, de Bergson.
El libro supuso un antes y un después en el desarrollo de la teoría de la evolución; es muy denso pero comprensible. Al terminarlo no me apetece leer otro de sus grandes libros, ahora me interesa leer a uno de los detractores de la filosofía de Bergson, y me leo un libro de Wittgenstein, el famoso Tractatus Logico-Philosophicus, que a pesar de todo me resulta un auténtico peñazo y dejo por la mitad.
Una de las historias más sorprendentes de plagio y mentira es la del periodista y escritor Nahuel Maciel. Les recomiendo que la lean de aquí, en un interesantísimo artículo de Mario Diament y mejor lectura que este resumen.
Para los perezosos, saber que Nahuel Maciel consiguió un crédito literario en Argentina bastante notable, a base de entrevistas a escritores y pensadores de primerísima fila. El principal problema era que se inventaba las entrevistas por completo.
Toda la personalidad de Nahuel Maciel se resume en su libro El elogio de la utopía, publicado en 1992 (ISBN: 9509067482). Y es que todo él es una gran mentira.
El libro es un compendio de entrevistas realizadas a Gabriel García Márquez por el propio Nahuel. Como pudo saberse algún tiempo después, esas entrevistas eran completamente inventadas.
Antes de cada capítulo, Nahuel Maciel realiza una introducción al mismo. También se descubrió que era una mera copia, palabra por palabra, del libro Prior de la Ciudad de los Toldos, de Mamerto Menapace. La aportación de Maciel fue sustituir en cada párrafo la palabra "Dios" por "utopía".
Finalmente, el prólogo al libro, supuestamente escrito por el escritor uruguayo Eduardo Galeano, también era una invención de este genial artista de la mentira.
Abandonemos la historia de Nahuel Maciel, que insisto es quizás la más interesante de todas, relatada por Mario Diament. Y centrémonos en ese prólogo de Eduardo Galeano. A diferencia del sacerdote Mamerto Manapace, bastante desconocido fuera del ámbito eclesiástico argentino, Eduardo Galeano es un reconocido escritor con una amplia página en la Wikipedia en castellano.
No he leído ningún libro de Manuel Vicent, pero su columna dominical, en la última página del periódico el País, suele parecerme excelente.
No sé si es un buen escritor de novelas, lo que sí que tengo claro es que domina el género para el que escribe en el periódico como pocos en España.
Resalto aquí la que publicó hace casi dos años, el 28 de Marzo de 2004, que me causó tan honda impresión como para recordarla. Lo hago para que vosotros tengáis la oportunidad de leerla y como forma de tenerla a mano yo mismo.
Curiosamente la he encontrado a través de un blog de Spaces, pero no le pongo un link por la falta de ética de la persona que la transcribió, al no dignarse a indicar el autor del texto.
Por qué el Quijote es un buen libro.
Estamos hartos de escuchar que el Quijote es un grandísimo libro y sin embargo pocos de nosotros lo leemos, si no es obligados por los profesores. Dos son las cosas que más nos echan atrás. La primera, que el libro es muy grueso. Pueden ser 600/700 páginas como poco. La segunda, que acentúa la primera, es que el lenguaje no se corresponde con el actual y eso siempre puede ser una traba. Finalmente puede hablarse de un tercer impedimiento: la historia, tratada en películas y dibujos animados, es por casi todos conocida.
Sin embargo, pienso que estos inconvenientes son menores y daré mi opinión sobre las grandezas que encierra este libro. Sé que decir algo nuevo al respecto es como pretender inventar la rueda, y hacerlo mejor que otros tampoco será posible. Porque todo el mundo ha opinado al respecto, algunos muy doctos. Pero en mi blog, ninguno.
Como muchos otros españoles, compré la primera edición de la enciclopedia que "regalaban" con el periódico. Y digo regalaban porque hoy en día la venta de diarios se ha convertido en una suerte de negocio mixto. Raro es el periódico que no te regala una figurita de ajedrez, una pieza más de la reconstrucción del Titanic o una manida colección de libros. Los compradores esporádicos no saben a qué atenerse a la hora de ir al quiosco.
La susodicha enciclopedia se inicia con un interesante prólogo justificatorio. En realidad, con la generalización de Internet como herramienta de búsqueda, es más que cuestionable la necesidad de una enciclopedia en la actualidad. Y sobre dicho tema versa la introducción. Se jactan finalmente de que la enciclopedia sirve para "elegir, de entre una jungla de datos disponibles, aquellos realmente significativos y descartar los que sólo contribuyen a generar confusión." No contentos con aportar una única ventaja, también ofertan la mezquina virtud de la inmediatez en el acceso. Si no se tratara de una publicación elevada habrían dicho: "pero además es mejor que Internet porque si se va la luz puedes consultar la enciclopedia y tardas menos en buscar una palabra que en encender el ordenador, conectarte a Internet y encontrarla."
