Mis películas recomendadas

Tras la lista con mis libros favoritos, voy a seguir con mis películas preferidas. No pretende ser una lista con las mejores películas de todos los tiempos, sino aquellas que de alguna forma me han sorprendido en su momento, algunas de las cuales puede que no conozcáis. Un decálogo de nueve películas.

Personalmente soy una persona que ve muy poco cine. Soy muy crítico y exigente y prefiero no ver nada a ver una película que sólo es bastante buena. Con las series de televisión me sucede algo parecido. Hasta la aclamada Breaking Bad se me hacía un poco lenta, predecible y pesada. Ser de gustos exquisitos es una maldición que, afortunadamente, no arrastro en casi ningún otro aspecto de mi vida.


Fight Club (1999) 8.8/10 en IMDB.
Esta es la décima película más popular del ranking IMDB así que imagino que todo el mundo la ha visto. Basada en una novela de Chuck Palahniuk de bastante éxito, apenas si consiguió una nominación secundaria a los Oscar, pero el tiempo la ha convertido en una película de culto.

Recuerdo que vi Fight Club en un campamento. Tras estar trabajando toda la mañana y haber dormido bastante poco, ante la inminente siesta apareció el plan alternativo de ver la película. Nunca saltarse una siesta fue tan provechoso. La cinta me causó una impresión que pocas después han conseguido.
La primera mitad de la película es extraordinaria, pero hacia el final la historia decae. Siendo uno de los que se leyó el libro también, es muy interesante ver la primera parte de la película y continuar leyendo el tramo final, pues el ritmo del libro es justo el opuesto, yendo de menos a más.

Película contrapuesta: Matrix (1999). Matrix me parece una gran película, que da para ser vista más de una vez, pero que al mismo tiempo no me pareció nada sorprendente, aparte de por los efectos especiales.


Crash (1996) 6.4/10 en IMDB.
Tras una película Top 10, nos vamos a una que directamente tiene una nota bastante baja. Con la escasa salvaguarda del famoso director, David Cronenberg, estamos ante la típica película de estilo europeo, con demasiado sexo para ser estrenada en Estados Unidos. El argumento es bastante desquiciado, pero para muchos no es más que una película de softcore (porno suave, muy popular en los noventa) con demasiadas pretensiones.

La película tiene un ritmo casi onírico, en gran parte marcado por la excelente banda sonora. Las actuaciones son extraordinarias, las escenas de sexo, en sí mismas, no son un aliciente – salvo una de las finales. Puede decirse que Crash consigue plasmar el lado oscuro del sexo, sin caer en una sucesión de perversiones ya por todos conocidas. Lo que hay en el sexo más allá del placer físico, el animal o el lado emocional.

Crash es la típica película que me gusta mucho y que sin embargo no parece nada especial a nadie de los que se la recomiendo. De ahí su bajísimo 6.4. Pero es lo que la hace aún más especial.

Película contrapuesta: The Duke of Burgundy (2014).
Ante el aluvión de estrenos, esta obra quizás haya pasado algo inadvertida, pero también es una muy buena. No tiene la magia de la anterior, pero es una gran película sobre sexo, más erótica y menos profunda.

En general creo que una parte de mi generación se crió con el género híbrido de los thrillers eróticos, capitaneados por Instinto Básico (1992) – que por cierto tiene una buenísima banda sonora. Eran películas de intriga sustentadas con unas tensiones sexuales de medio pelo y escenas en que uno se imaginaba más de lo que veía. Al igual que con Internet, pienso que es una verdadera suerte haber nacido en ese territorio intermedio, lejos de las bruscas revistas pornográficas de nuestros padres y distanciados del porno a la carta de nuestros hijos. Me siento un afortunado por haber podido dar mi primer beso antes de haber visto un bukake en HD.


Un long dimanche de fiançailles (Largo domingo de noviazgo) (2004) 7.7 en IMDB.

La siguiente película que grabó el director de Amelie, también con la misma protagonista femenina. La mezcla de historia de amor, película bélica y thriller, es sencillamente genial. Al contrario de con los antes citados thrillers eróticos, que solían ser malos thrillers y peores películas eróticas, en este caso el autor deja una muy buena marca en cada uno de los géneros. La película es tierna, divertida e inteligente.

Mi generación también se crió con Amelie y muchos de los jóvenes de ahora se habrán acercado a ella años después. Pues si os gustó Amelie, esta otra quizás, como a mi, os guste aún más.

Película contrapuesta: Amelie (2001).
Todo se ha dicho y escrito ya sobre esta película, que también es una de mis favoritas. Para mi lo curioso es que, por extrañas coincidencias de la vida, la he visto tres veces en tres idiomas distintos, siempre con subtítulos: francés, alemán e inglés.

No soy un fanático de los subtítulos, sobre todo las comedias a veces pierden algo si no están traducidas. Opino que el principal defecto de las películas traducidas es la poca variedad de voces, especialmente entre los personajes secundarios. Los que se dedican al doblaje suelen tener voces demasiado perfectas y uniformes, haciendo las conversaciones poco realistas.


Being John Malkovich (1999) 7.8 en IMDB.
Recuerdo perfectamente cuando me enseñaron esta película. Un amigo me la recomendó, aunque no enfervorecidamente. Era una tarde de Semana Santa, al día siguiente me volvía a Madrid. Me dijo que no le importaba volver a verla de nuevo, que seguramente me gustaría. No estaba muy convencido, pero la acabamos viendo juntos. Me pareció en su momento, y es algo que no ha cambiado 15 años después, la película más complicada y genial que he visto jamás. Tiene un nivel de dificultad narrativa altísimo, sin caer en la pedantería o la complejidad inabarcable. Es una película divertida, brillante, sorprendente, cerrada sin fisuras. Cuando terminé de verla me quedé con la sensación de vivir en un mundo totalmente diferente. No solo es la película que más me ha gustado, es la película que más me ha sorprendido jamás.

Película contrapuesta: Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) 8.3 en IMDB.
También bajo guión del mismo autor de la anterior, Charlie Kaufman, esta película es también brillante, pero con un trasfondo más romántico que la hizo aún más popular que su predecesora. A partir de aquí, sin embargo, el guionista empezaría un declive narrativo. Primero con su demasiado complicada Synecdoche, New York y luego yendo en picado con Anomalisa. Algo muy común en todas las artes, uno espera que su artista favorito siga haciendo lo que a uno tanto le gusta pero sin embargo éste tiene otro plan: evolucionar. En este caso, el escritor ha evolucionado tanto, se ha centrado tanto en sus contradicciones, que se ha olvidado de todo lo demás, a veces más importante: ser divertido, crear intriga.


Zero Effect (1998) 7.0 en IMDB.
De nuevo una película con una nota muy baja. Un género mixto, thriller y comedia. No es un guión brillante pero la historia tiene algo que te mantiene pegado a la pantalla. En lugar de ser un thriller moderno, donde se crea un misterio y 20 minutos antes del final te das cuenta de que hay un giro inesperado, para que 10 minutos antes del final otro giro vuelva a sorprenderte, aquí estamos ante una forma más original de sorpresa: empieza con un misterio, pero conforme evoluciona la película te vas interesando más por otro misterio, para terminar manteniéndote más atento a la posible historia de amor.

Como indicaba al principio, tengo gustos muy exigentes, pero si hay algo que me gusta de una película – y que casi todas las de esta lista tienen en común – es el ritmo. Me dan igual las malas actuaciones o los efectos especiales de medio pelo. Esta película tiene un ritmo pausado pero muy adecuado, jamás aburre y no se sostiene a base de trucos de guión. En muchas películas suele sobrar media hora. Esta se creó con material para hacer una mini serie.


Donnie Darko (2001) 8.1 en IMDB.
A mitad de camino entre un thriller y una película de ciencia ficción, ambientada como la típica película de instituto americano. Es otro clásico con una nota altísima por muchas razones.

De nuevo estamos ante una película en la que destaca sobre todo el ritmo. Comienza como una película de suspense y luego salta totalmente a una típica película romántica de institutos, para más tarde recordarnos que sigue habiendo algo sin explicar. La historia en sí misma no tiene ni pies ni cabeza y sólo se hace grande por la forma en que es expresada. Como muchas de las anteriores, no es para todo el mundo.

Película contrapuesta: Brick (2005) 7.4 en IMDB.

Una brillante idea: mezclar una película de institutos con el típico thriller. Recuerda, y mucho, a Donnie Darko por su extraña mezcla de estilos. Aquí vemos a personajes que están a medio hacer, intentando resolver un crimen. Si bien esta película no creo que aguante un segundo visionado, sí que tiene algo que la hace muy original y sorprendente.


Frequency (2000) 7.4 en IMDB.
Un thriller con algo de ciencia ficción, al menos tenía que recalcar una película con viajes en el tiempo. Puede que esta película esté muy superada hoy en día, pero qué duda cabe que es porque las hijas han aprendido mucho de esta cinta.

Recuerdo que la primera vez que la vi era en un viaje en AVE. No se sabe muy bien por qué, pero en los trenes siempre suelen emitir películas mediocres, muy blandas y “para público familiar”, así que empecé a ver esta con muy pocas expectativas. Sin embargo también recuerdo cómo me quedé solo sentado viendo el final mientras todo el mundo ya estaba en el andén con las maletas bajadas. Muchas veces lo que cuenta más es el estado de ánimo con el que se ve una película. Las bajas expectativas, totalmente desbordadas, hacen que tenga a esta como una de mis favoritas. También pienso que el haber visto una película en un lugar público multiplica las sensaciones.


Dawn of the Planet of the Apes (El amanecer del planeta de los simios) (2014) 7.6 en IMDB.

Las películas sobre “El planeta de los simios” son una reedición de una saga que se creó en 1968. Sin tener el éxito comercial de otras franquicias, esta ha tenido un éxito de público bastante aceptable y para 2017 se tiene que estrenar la tercera película de la serie.

Un amigo mío me había recomendado la anterior, “El origen del planeta de los simios” que es de 2011, pero la historia de los monos inteligentes luchando contra los hombres me parecía una analogía mil veces contada de otras formas, con distintos buenos y malos. Ignoré su consejo, para que tres años más tarde, me volviera a recomendar esta otra película, El amanecer del planeta de los simios. Como persona razonable que soy, volví a ignorar su recomendación.

Una de mis manías para el cine es que no me gustan los personajes que no son humanos. La saga Star Trek, con gente de orejas puntiagudas, el mono peludo o los robots de Star Wars, los personajes con cabeza de cono, películas en las que el protagonista es un perro…ese tipo de actores tienen todo mi rechazo a priori.

Tiempo más tarde, volví a hablar con él para preguntarle por posibles sugerencias de películas. Me empezó a enumerar una larga lista, y todas las había visto ya. Al final, me volvió a preguntar, ¿Viste la del planeta de los simios? Le dije que no y, sabiendo de mi reticencia, me dijo que le diera una oportunidad, al menos a la segunda parte.

Con tan bajas expectativas, acabé viendo las 2 horas 10 minutos sin pestañear. Una buena señal de si te gusta una película es si no has mirado cuánto le queda ni una sola vez. El Amanecer del planeta de los simios es una película espectacular. Y tras la bizarra forma en que la vi, os sugiero el orden cambiado: ver primero la segunda parte y luego la primera (que es también excelente).

No estamos ante un clásico del cine, ni algo que vaya a pasar a la historia, pero si ante una película con garantía 100% de que va a gustar, algo muy poco frecuente hoy en día. En contraposición con muchas de las señaladas más arriba, que son muy personales, esta es incuestionable.

Película contrapuesta
: Star Wars: Episodio VII 8.1 en IMDB
Aclamadas y con millones de fans, especialmente entre la gente de mi generación, las películas de Star Wars me despiertan total indiferencia. He visto las tres primeras, la cuarta y la sexta. Los efectos especiales perfectos, la complejidad de los mundos, no me aportan nada. Se supone que tiene una historia profunda, pero es más previsible y sencilla que el mito de Edipo, que es del siglo V a.C.
Algo parecido me ocurre con las películas de Harry Potter (no he visto ninguna) o las de El Señor de los Anillos (he visto la primera).
Por favor no comentéis para convencerme de que son buenas películas, es algo obvio, pero sólo quiero mencionar que no son para mi.


Exit Through the Gift Shop (2010) 8.0 en IMDB
Un documental muy interesante pero con giros propios de un thriller que, además, tiene partes de realidad y de ficción que no son fáciles de distinguir. La película dirigida por Banksy es un gran documental sobre el mundo del arte urbano, pero también es una historia con un personaje sorprendente. Que siete años después todavía no se sepa si es un falso documental o uno auténtico, dice mucho de la calidad de la obra.

Película contrapuesta: Hoop Dreams (1994) 8.3 en IMDB.

Un documental sobre la trayectoria de dos chicos muy prometedores en su camino hacia convertirse en jugadores de la NBA. Cuando ves esa película te das cuenta del esfuerzo y milagro que es convertirse en deportista profesional. Para ser profesor de matemáticas de instituto sólo hay que hacer una cosa: estudiar, y aún no demasiado. Para trabajar de cajera de supermercado, algo menos. Sin embargo, son profesiones que tienen tendencia a decir cosas como “he trabajado muy duro para conseguir esto y ese gana X millones por darle patadas a un balón”.

Esta película habla sobre el lado menos dorado del mundo del deporte: lo complicado que es conseguir llegar a la cima, a pesar de tener el talento y el esfuerzo. El entorno, la competición de otros que intentan lo mismo que tú, los problemas familiares o las lesiones, acechan a cada uno de los aspirantes. Una carrera hasta la élite sólo se puede conseguir con talento, trabajo incansable y suerte.

A Walk in the Woods

A Walk in the Woods es el nombre de una novela que publicó en 1998 el famoso escritor de viajes – que alcanzó su mayor fama por un libro de divulgación científica – Bill Bryson. En ella narra la historia de dos viejos que, sin pensarlo demasiado, deciden realizar el Sendero de los Apalaches: una ruta de senderismo de unos 3.500 km, es decir, unos cuatro Caminos de Santiago – de los de verdad. La novela está basada en hechos reales que protagonizó el escritor de la misma junto con un amigo suyo.

Sobre dicha novela se ha llevado al cine recientemente una adaptación, protagonizada por Robert Redford. De la película me ha llamado muchísimo la atención el desquiciado uso de la edad por parte de esta versión.

Robert Redford protagoniza la película por el sencillo hecho de que es él el que decidió llevarla al cine, tras disfrutar mucho con la novela. Incluso había pensado que su compañero de reparto fuera su amigo Paul Newman.

Ahora bien, la esencia misma de la novela es un hecho real: dos tipos sin condición física, descuidados y con vidas muy sedentarias, se lanzan a un último reto físico que tiene pocas perspectivas de tener éxito. La historia gira en torno a dicho desafío y la edad de los participantes es aún más importante que el hecho de que se lleve a cabo en el Sendero de los Apalaches o cualquier otro lugar.

Sin embargo, hoy en día parece que no se puede decir que una persona de 47, la edad con que Bill Bryson escribió el libro, puede ser ya mayor y estar en declive. Bill Bryson es un gran escritor pero nunca se ha preocupado mucho por su dieta o por hacer ejercicio. No deja de ser una persona bastante común para su edad.

Ahora bien, para adaptar la novela no se puede usar un actor de su edad. George Clooney tiene 54 años y un aspecto mucho más deportivo del que encajaría en ese papel. No obstante, con Robert Redford, que cuenta con 79 años, se da un salto en la ficción totalmente delirante.

En la película se trata de solventar esa desproporcionada diferencia de edad haciéndolo pasar por alguien más joven. Rejuvenecer a un actor viejo para que parezca un viejo pero no demasiado, es bastante grotesco. Para colmo de males, en la película representa a la mujer del protagonista (Robert Redford) la actriz Emma Thompson, que tiene el mismo aspecto y corte de pelo que hace 30 años. Esta actriz tiene en la actualidad 56 años – 23 años menos que Robert Redford.

Elegir a una actriz que puede considerarse el equivalente femenino a Jordi Hurtado es un despropósito absoluto que hace aún más confusa la historia. Tenemos a un hombre de 79 representando a uno de 47 con una mujer de 56 que aparenta 40.

Estamos acostumbrados a que los actores tengan parejas femeninas mucho más jóvenes, pero en una película que va sobre viejos y el mismo acto de envejecer, se ha cometido un despropósito digno de mención.

Nota: Al margen de eso, es una película que no está mal, dentro de que es una historia donde no caben los giros inesperados, enredos de pareja o ningún tipo de aventura exagerada.

Netflix

Netflix es una empresa estadounidense cuyo negocio consiste en el alquiler de películas. A diferencia de un videoclub tradicional, Netflix se aprovecha de las nuevas tecnologías y un volumen muy importante de sus alquileres se produce por streaming: el usuario se descarga la película desde Internet y puede verla en su casa casi inmediatamente.

Se suele asociar el éxito de Netflix – con 20 millones de usuarios – al fracaso de Blockbuster – el gigante de los videoclubs tradicionales, en suspensión de pagos desde septiembre del 2010.

En Internet se suele realizar una lectura increíblemente sencilla del negocio del alquiler de películas. Netflix ha triunfado porque se ha sabido aprovechar de las nuevas tecnologías. Blockbuster ha fracasado porque no. Enviar esta reflexión a Meneame.

Y la realidad normalmente no suele ser tan rectilínea. En primer lugar inquieta una frase del primer párrafo de la Wikipedia hablando sobre Blockbuster:

En su cenit, en el 2009, Blockbuster tenía más de 60.000 empleados.

Ahí subrayaría y aumentaría el tipo de letra de la palabra “2009”. O sea, que la empresa quebró un año después de estar en su mejor momento económico. La lectura del artículo muestra que la situación para la empresa ha sido y sigue siendo muy compleja desde el punto de vista económico debido a sus dificultades para reestructurar su deuda. Se han cometido muchos errores consecutivos que han llevado a Blockbuster a la situación actual. Pero la empresa no está terminada, se encuentra en un proceso de reestructuración que será muy duro, pero que no parece que implique su cierre. General Motors suspendió pagos y la gente sigue comprando coches de Opel.

En la quiebra de Blockbuster apenas si aparece las palabras “piratería” o “streaming” o “Netflix”. Obviamente han sido rivales que han mermado su negocio, pero la empresa marchaba “mejor que nunca”. Hasta hace casi nada.

Es cierto que en muchos países, como España o Portugal, no vendían ni un colín y tuvieron que echar el cierre precipitado. En España siempre nos justificaremos diciendo que la exigencia de la empresa de rebobinar las cintas era abusiva. O que tener que devolver una película, existiendo Internet, es absurdo.

Si Blockbuster tenía un negocio que iba viendo en popa, ¿Por qué tendría que cambiar su modelo de negocio? ¿Por qué si cada vez tenían más clientes, tenían que dejar de hacer lo que sabían hacer mejor que los demás? No les iría tan bien si han quebrado. Tenían que haber cambiado porque es obvio. Todo tan sencillo.

Otro punto que se cita a menudo es ¿Por qué no abre Netflix en España? A mi me me molestan mucho las comparaciones que se hacen con los negocios en Estados Unidos, aún cuando lo haga gente con conocimiento. Se suelen incurrir en el error de simplificar. Si funciona en Estados Unidos, ¿Por qué no va a funcionar en España?

Se suele argumentar con motivos de tipo cultural, que si aquí se piratea más, que si allí toman más Pepsi. Estados Unidos es incomparable sólo por su volumen de población. Si tienes 20 millones de usuarios, parece que todo el mundo está suscrito a Netflix. Pero Estados Unidos tiene 308 millones de habitantes. En España tenemos 47 millones de habitantes.

Por la regla de tres, si Netflix tuviera exactamente el mismo éxito en España que en Estados Unidos, tendría millón y medio de usuarios. Si el margen de beneficio por usuario fuera de 1 euro al mes, en Estados Unidos puedes ganar 20 millones de euros mensuales, en España tres millones. La misma empresa que en un sitio es muy rentable, en el otro lo es mucho menos. Y demos gracia a que en España otra cosa no tenemos, pero habitantes, muchos. En países más pequeños, el modelo es incomparable. No puede funcionar.

Y esto no canta tanto en el momento en que comparamos un Netflix “de éxito”. Pero Netflix tardó cuatro años en empezar a ganar dinero. En el año 2002, tres años después de su fundación y cuando ya se perfilaba como un buen negocio, tenía 670.000 clientes. Traducidos a “clientes de España” serían 100.000 clientes.

Al mismo tiempo las perspectivas de futuro para una empresa así son muy malas. Las televisiones han luchado durante dos décadas para conseguir clientes de pago, pero en España sólo hay 4,23 millones de clientes de televisión de pago. Pero sería tan fácil como hacer un Netflix y ya tendrías fácilmente millón y medio de clientes.

El dato más interesante lo dejo para el final. El éxito de Netflix se suele razonar de la parte de los ingresos, cuando en realidad es una empresa que destaca por su habilidad (y suerte) controlando los gastos. Se dice “han conseguido hacer pagar poco a mucha gente”. Pero la realidad es que su éxito radica en que han conseguido las mismas películas por las que otros han pagado mucho más.

Si el streaming, la emisión en directo desde Internet, es el futuro, ¿Por qué Netflix continúa con su negocio de alquiler postal? El primer éxito de Netflix fue con una tarifa plana de alquiler por correo postal, donde no había prisas para devolver las películas: si querías una nueva, bastaba con que devolvieras una de las antiguas. Podías tenerla en casa el tiempo que quisieras, sin tener que pagar más por ello.

Pero la realidad es que este negocio tiene una argucia legal dentro del sistema americano. Un videoclub tradicional necesita una copia especial de la película, especial para videoclubs, que tiene un precio especial – y que ninguno de nosotros querría pagar. Sin embargo Netflix se aprovecha de una laguna jurídica para comprar sus películas en los centros comerciales, al mismo precio que un particular y a veces recurriendo a ofertas irrisorias que le permiten incluir en su stock películas por las que no tiene que pagar más que el precio de la copia. Mientras, un videoclub tendría que pagar un precio fijo por cada uno de sus alquileres.

Con el sistema de compra de películas baratas Netflix se está ahorrando una fortuna en gastos. Casi gasta más en sellos de correos para enviar las películas que en lo que tiene que pagar a las productoras de las películas. Y esto no es lo que le ocurre al resto de rivales. Cierto que todos podrían hacer lo mismo, si es que este modelo de negocio es jauja.

El sistema de streaming ha sido otro golpe de suerte para Netflix. Al saber le llaman suerte que dicen algunos. Netflix negoció unos acuerdos de emisión de películas a precios irrisorios hace tres años con las principales productoras de cine. Éstas accedieron a permitirles la distribución de sus películas a un precio muy bajo porque simplemente era un mercado insignificante. Igual que no pagan lo mismo en la República Checa por ver CSI Miami que en Reino Unido o Alemania. Los mercados más pequeños casi las ven gratis, pero algo pagan y eso ayuda a aumentar los ingresos de estas empresas “tan ancladas en el pasado” pero que tanto dinero ganan. Estas empresas obsoletas son las que están dispuestas a cobrar diez veces menos a una empresa que dice que emitirá las películas por Internet.

La jugada le salió redonda a Netflix, que se ha convertido en uno de los reyes del streaming y que ha llegado en el momento justo al negocio. Se especula que una cuarta parte de sus clientes sólo requieren de películas por Internet. En esos años han conseguido popularizar el formato, ahorrándose ahora la fortuna de los sellos de correos.

Pero Netflix ya no es una startup de Internet. Ya es una empresa consolidada e importante que tiene diez millones de clientes. Y se acabaron los contratos de favor con novatos. Ahora incluso los nuevos competidores de Netflix, como son las empresas de televisión por cable, exigen que haya unos precios similares para todos. Y así va a ser. El chollo de Netflix se está acabando. En octubre del 2011 toca renovar el que tiene con Starz Entertainment, la gestora de las películas de Disney o Sony, dos de las principales productoras de cine. Y los otros contratos importantes vencen durante el 2012.

Al mismo tiempo, varios gigantes están empezando a luchar por el negocio del streaming, con buenas posibilidades en el momento en que se iguales las posiciones de salida para todos – el precio a pagar por emitir las películas.

Resulta además paradójico que Netflix no siempre gana más dinero al emitir una película por Internet que al enviarla por correo a casa del cliente. La argucia de “compra una película y ahí ya has pagado derechos de autor” no sirve para la emisión por Internet, donde hay que pagar derechos por cada alquiler que se realice. Según el volumen de alquileres de las películas, este precio puede ser superior al precio de un sobre y un sello de correos. Cuesta digerir que Netflix ha decidido evolucionar a un modelo de negocio con menores márgenes de beneficio.

Con la negociación de los nuevos acuerdos, Netflix necesitará conseguir 5 millones de clientes nuevos para conseguir aumentar sus ingresos en unos 500 millones de dólares.

En resumen, a pesar de ser una empresa puntera, moderna, inteligente y ejemplar, de tener diez años a sus espaldas, Netflix goza de peor salud de lo que parece.

netflix en bolsa

Fuentes: Todo lo que he dicho sobre el modelo de negocio de Netflix es lo que cuenta Edward Jay Epstein en varios artículos de su blog. Pero él no es un blogger, es un periodista de investigación que ha escrito un par de libros sobre el negocio del cine en Estados Unidos.

Puede estar equivocado, y yo con él, pero aporta información interesante, no simplificaciones de la realidad y una economía de cuento de hadas.

El mundo del cine

La verdad es que raramente tiene uno la oportunidad de leer textos interesantes sobre el negocio del cine. Lo único que se puede leer son textos que justifican que hay que descargarse películas gratis (fui al cine y no había entradas para Avatar, se quejan de que les va mal y es mentira, ergo me la bajo del Emule).

Es por eso que este blog es muy recomendable (vía Seth Roberts).

Es el típico blog que se crea para promocionar algo, con unos pocos post de relleno que se leen en poco tiempo. Parece como si el autor fuera uno que ha oído que hay que tener un blog y cuenta de Twitter y ni corto ni perezoso se ha dado de alta en los dos servicios. Pero a diferencia de los que llevamos muchos años, tiene cosas muy interesantes que contar. El autor es un gran periodista.

La visión que da del cine, o la que me he llevado, es la contraria a la habitual, de una empresa que regatea el precio de un DVD al céntimo. Más parece un conglomerado de empresas enormes que opera con contratos gigantescos, con lo que le resulta imposible moverse con facilidad o adaptarse a circunstancias cambiantes. Pero no es que no quieran, es que no pueden porque es imposible moverse rápido cuando eres grande, así de simple.

El caso de la venta de DVDs en Corea del Sur es revelador. En el 2006 había un mercado de 1.300 millones de dólares en ventas de DVD en ese país. Con ese panorama, ¿Quién cambia su forma de trabajar? Y un año más tarde el mercado se había esfumado hasta los 80 millones de dólares. Imaginad que un año tenéis un sueldo mensual de 1.300 euros y al siguiente sólo ganáis 80 euros.

La forma de combatir con precios es en gran medida condicionada por Wal-Mart, el gigante de distribución americano que dijo claramente que no aceptaría vender los DVDs a un precio superior al que se pusieran a la venta en i-Tunes o Amazon. Es por eso que los DVD en descarga bajo demanda son tan caros, no porque no hubiera voluntad de la industria de venderlos más bajos.

Al mismo tiempo Wal-Mart dispuesto a vender DVDs por debajo del precio de coste para atraer a los clientes a sus supermercados. Cuando tienes como principal cliente a alguien tan poco razonable, es imposible vender las cosas bien.

Por un lado el acuerdo con Wal-Mart es muy ventajoso para las productoras de cine. Y por otro les limita en la obtención de nuevos clientes. Están entre una espada y una pared bastante inusuales.

En el blog se detalla también el caso de los estudios MGM (Metro Goldwyn Mayer) que están en venta desde hace unos meses. Su bien más preciado es la franquicia de las películas de James Bond. Las perpetuas reposiciones así como las nuevas producciones les hacen ingresar sólo de ese activo unas cantidades de dinero obscenas, nada más y nada menos que el 30% de sus ingresos, 235 millones de dólares en el 2010.

Las cifras de ingresos de las películas son difíciles de valorar. No es sólo la diferencia de taquilla en cine menos gastos de producción. Hay numerosos intereses creados en torno a las películas y acuerdos con intermediarios que perciben una comisión considerable. Para una gran productora no tiene sentido filmar una película carísima y luego que todo sea un cara o cruz. Para ello hay que llegar a acuerdos de predistribución de películas, sean buenas o no. Y estos acuerdos hacen que no ganen tanto con las películas buenas pero tampoco pierdan tanto con las menos buenas. Salvo taquillazos solemnes como Avatar, no es claro decir si una película de éxito ha sido más rentable que otra. Y mirar las cifras de taquilla, afirma el Edward Jay Epstein, es una simpleza.

El caso de Netflix también es muy llamativo. En España nos han llegado ecos de esta especie de videoclub americano, pero sin llegar a conocerlo realmente bien. Es un negocio muy próspero, en el que por una tarifa plana puedes alquilar todas la películas que quieras. Pero el sistema es como el de las bibliotecas: no puedes tener una película nueva hasta que devuelvas la antigua. Las cintas viajan por correo por todos los Estados Unidos, en una especie de sistema P2P anticuado.

Netflix gana mucho dinero (1.600 millones de dólares) pero al mismo tiempo obtiene pocos beneficios (115 millones). En este tipo de negocios la rentabilidad pende de un hilo, las cifras me recuerdan a las de aerolíneas, que tienen un buen o mal año dependiendo de si no ha habido ni un solo accidente aéreo y de los precios del petróleo.

Qué duda cabe que la mayoría de sus gastos están en el sistema de envío postal, pero al mismo tiempo no están en disposición de dar el salto normal a la distribución de películas por Internet, ya que para estas no tienen los derechos de distribución. Estos están en exclusiva en manos de la competencia, los canales de televisión por cable. Aunque Netflix es un gigante, los otros lo son mucho más y una distribuidora de cine prefiere hacerles el vacío antes que perder a una gallina de huevos de oro más grande.

En ese sentido se ve a una empresa moderna y competitiva como Netflix que puede ser arrasada por la misma crisis perpetua del cine. Una prueba de que no es un mundo sencillo en el que el consejo de que cambien su modelo de negocio es más fácil de dar que de tomar.

Otro aspecto tratado es el enorme daño causado por el Bu-Ray. Las distribuidoras se esperaban que sería como el DVD y se produciría una total renovación del stock de películas pero no ha sido así. Vivían esperando un boom y no sólo este no ha llegado sino que se ha producido una bestial bajada de ventas (el caso anterior de Corea es quizás el más exagerado).

A pesar de todos estos sobresaltos se siguen filmando películas costosísimas, y se sigue consiguiendo llenar taquillas. Las tiendas siguen vendiendo películas. Es un negocio anticuado pero que se mueve a grandes coletadas, piensa en cuántas empresas se han hundido en la crisis por haber bajado un 20% de ventas. Ellos han perdido en algunos casos un 90% y siguen en la brecha.

Fuente: The Hollywood Economist.

Actrices sin futuro

¿Es lícita la queja de las actrices de que a partir de cierta edad no consiguen papeles? En mi opinión no, pues el caso es el mismo que para los futbolistas, que a partir de cierta edad, no los quieren en ningún buen equipo.

Suelen argumentar que sólo se quiere a las jóvenes, que no se aprecia la experiencia en la actuación. Esto tendría lógica ante algo nuevo, pero el negocio del cine y como prolongación del teatro, siempre ha sido así.

Imaginaros que un futbolista como Zidane se quejara de que sólo lo quieren contratar en equipos de segunda división. Que su experiencia y visión de juego no se valora. Pensaríais que está sonado. Cuando Zidane empezó en el fútbol profesional sabía que tenía unos diez o quince años por delante, y que luego sería cuestión de vivir de lo sembrado. Con un poco de suerte podría encontrar algún cargo político en un club deportivo o federación. Pero con sueldos alejados de los de sus mejores tiempos.

Lo mismo le ha de suceder a las actrices, saben que es una profesión con un tiempo de vida determinado, y que luego viene un declive y se acaban los papeles. Muchas no han querido verlo así, pero me parece ridículo, cuando es algo que siempre ha sido de esa manera. ¿Que una actriz de cuarenta años puede hacer grandes trabajos? No lo dudo, pero gracias a que no se los ofrecen, las desconocidas muchachitas consiguen entrar en el mundo del cine. Y la rueda sigue girando.

My Flesh and Blood

He visto pocas películas, pero una de las que más me han impresionado jamás ha sido My Flesh and Blood (En Emule).

La película es un documental del 2003 dirigido por Jonathan Karsh. Trata sobre Susan Tom, una mujer anónima de un pueblo de California. Es la típica mujer gorda, con gafas enormes, un poco envejecida, prototipo de americana risible. Sin embargo la vida de Susan Tom es totalmente inusual, pues tiene trece hijos. A partir de aquí, puedes leer partes que te hagan disfrutar menos de la película.
Continúa leyendo My Flesh and Blood

Dexter

De la serie Dexter había recibido tantas recomendaciones positivas, que cuesta creer que haya dejado pasar tanto tiempo hasta darle una oportunidad.
Tras haber visto la primera temporada completa, me siento triste por esa dejadez. Es la misma tristeza que siento por alguien que no ha leído, o al menos intentado leer, el Quijote.
Y no, Dexter no es una obra maestra de la altura del Quijote, pero es una pena que la gente deje pasar placeres tan grandes y a la vez tan asequibles.
Gracias a todos los que me la recomendásteis. Junto a esa tristeza, la enorme alegría de saber de que tengo aún dos temporadas enteras por delante, y que según me cuentan son mejores aún que la primera.
Leyendo en la Wikipedia, he visto que la serie está basada en un personaje de novela, Dexter Morgan, del escritor Jeff Lindsay.
La primera temporada de Dexter está basada en el primero de los cuatro libros sobre Dexter Morgan. Sin embargo, comparando las diferencias entre la novela y la serie, se ve que el final elegido por los guionistas es mucho mejor que el original.
Esto puede llegar a suceder, no sólo porque el lenguaje del cine es diferente del literario, sino porque los equipos de guionistas americanos son capaces de las mejores cosas. Son una enorme mente colaborativa pensante a la que sólo el afán de prolongar una serie hasta el infinito puede hacerles patinar.
Hasta qué punto fue despreciado el autor original del personaje como para que las siguientes temporadas no estén basadas en ninguna de las novelas escritas por él, sino que simplemente plantean unas historias totalmente originales, quizás con algún retazo de sus novelas pero para nada dispuestas a respetar al original.
Ojeando las opiniones en Amazon, parecen concordar en eso: la serie es mucho mejor que el libro.
El típico bisturí necesario para acortar una novela a la longitud de una película ya no es problema: se hace una serie que permite incluso desarrollar más los personajes. Y santas pascuas.

Karate Kid

Hoy me he maravillado al ver cómo Televisión Española reponía a la hora del almuerzo Karate Kid, una película mítica que vi decenas de veces en mi juventud. Estrenada en 1984, fue un bombazo de taquilla y un éxito que pocas películas consiguieron alcanzar.
Continuando con su éxito se creó toda una saga de películas: Karate Kid II, Karate Kid III y hasta The Nex Karate Kid, ya en 1994, con una emergente Hillary Swank.
No faltó la serie de televisión al respecto, en doce episodios. Y la aún más legendaria escisión pirata: la saga de los Karate Kimura (artística traducción del original italiano “El niño del quimono dorado” o “Karate Warrior” para la versión americana):

Encontré Karate Warrior en el videoclub por 99 centavos.[…] Lo más bizarro de esta película es el sonido. Parece que fue grabado en un estudio, después de filmar las escenas […]. Además repiten las mismas palabras y frases una y otra vez. […] En general, toda la película es una basura. Pero si compras una película que se llama “Karate Warrior”, normalmente no esperas encontrarte con algo como Ciudadano Kane.

Eran tantas las partes de una saga u otra que podías ver cómodamente una de ellas cada tres meses. Y como había pocas cadenas, la veías. Y te acababas aprendiendo los diálogos.
Karate Kid es una excelente película. Pero al generar tantas secuelas, se convierte en una basura. Las sucesivas partes fueron a cual peor. Además, todas tienen exactamente el mismo argumento: el chico enclenque tiene que pelear, aprende con un enigmático maestro oriental y acaba ganando a los malos que aprendieron artes marciales sin el componente filosófico. Y de paso, el protagonista se lleva a la chica.
Karate Kid fue dirigida por John Guilbert Avildsen, quien ya dirigió Rocky en 1976. Es increíble cómo el director pensó que ocho años después exactamente la misma historia, escrita por el actor Sylvester Stallone, podía seguir siendo válida. Sólo había que adaptarla al público juvenil, algo que hizo extraordinariamente su guionista. Una superficial historia de amor y quitar algo de trama psicológica.
Al igual que le ocurriera a Karate Kid, las sagas destrozaron el prestigio que bien pudiera mantener Rocky, treinta años después. A pesar de ello sus secuelas se vieron con gran aceptación por parte del público, y no tanto por la crítica.
Y es que en aquella época funcionaba algo que ahora tenemos muy cercano. Si una historia funciona, repítela hasta el agotamiento. Stark Trek sigue emitiendo más y más episodios. Y el público sigue ahí. Hasta Rocky tuvo una nueva edición hace pocos años.
Quizás la gran diferencia entre hace veinte años y ahora estriba en que las historias no sólo eran con los mismos personajes, sino que eran exactamente iguales. Tras los primeros cinco minutos de cualquier Karate Kimura sabes: quién es el bueno, con quién acabará saliendo, quiénes son los malos y quién caerá en las Semifinales del Torneo de Karate. No había sobresalto alguno entre medias. Era todo muy rectilíneo.
Aunque ahora devoramos una tras otra historia de Batman, y James Bond siga sin jubilarse, somos un público más exigente. Si nos mostraran el mismo perro con el mismo collar, montaríamos en cólera y por supuesto las películas se quedarían muertas de asco en las salas de cine. Ahora exigimos efectos especiales de última generación, persecuciones novedosas, personajes de doble filo, sorpresas en el último minuto. No es que nos gusten, es que si no las hay, no aceptamos el producto.
Y esto lleva inevitablemente al debate de si los dorados años de nuestra juventud fueron tan dorados en lo que a cine se refiere. En mi opinión eran tan dorados como el quimono de este Karate Kimura.
Los Karates Kimuras que veíamos, porque había apenas dos canales de televisión, eran una basura. Y no eran lo peor de la parrilla. Me acuerdo del cine de terror: cierto es que existía Carrie, pero también Drácula contra las mellizas o La Grieta.
Las películas baratuzas, en que todo estaba mal hecho, eran la norma. No todo era negativo: las películas de los Hermanos Marx se proyectaban en prime time y arrasaban en las cifras de audiencia. Pero las películas pestilentes eran el pan nuestro de cada día.
No creo que haga falta enumerar. Pero las de acción, en que hasta reconocías a los malos: el bueno tenía que combatir contra una serie de malos, hasta acabar con todos menos el protagonista malo. Y luego también con él. Veías al chino, porque casi siempre era un oriental, y podías apostar. “Este es chino de segunda pelea”. “Aquel de penúltima”. Si había algún tipo muy gordo, era el primero en caer.
Y bueno, se puede un alargar pero las series eran todas por el estilo. Uno vibraba con el Equipo A, pero siempre era lo mismo, había tres o cuatro episodios tipo:

  • Los malos han comprado todos los locales de una manzana, salvo uno de un viejo que se niega a vender y que tiene una hija que está buenísima. El Equipo A les ayuda.
  • El falso equipo A.
  • Los que van sembrando el terror en un pueblo de la América profunda, con la connivencia de algún sheriff local.
  • El concuñado del Murdock al que le debían un favor.
  • Los que no tienen para pagar al Equipo A pero hay un rollo de niños y ellos trabajan gratis y luego encuentran una maleta con dinero y en vez de quedársela se la dan a los niños.

Y bueno, luego mejor no abundar en las escenas. A mi lo que me maravillaba era ver cómo después de montar un coche de emergencia para salir del taller, al que le ponían chapas y protecciones, luego lo pintaban todo para que quedara más bonito.
Todas esas series están disponibles en el Emule, y aunque muchos nos las bajemos, son una castaña infumable. No quiero ni pensar en ver un McGyver, con su tecnología obsoleta. “Si en una máquina de Coca-cola de hace 500 años abres no se qué compartimento, puedes sacar sulfuro de amonio”.
No exagero cuando digo que me tendrían que pagar para que estuviera dispuesto a ver un episodio de “El coche fantástico”. Y estoy mencionando las buenas. Las series que no valían nada eran mucho peores. A lo mejor coincidió que echaban una de ellas en la tele cuando ya no necesitabas los pañales y es un recuerdo emotivo, pero eso no convierte a la serie en buena. Seamos realistas, ¿Prefieres ver un episodio de Perdidos o de Bonanza?
Luego siempre hay alguien que defiende los dibujos animados de entonces. Que si la animación japonesa. Que si Marco y Heidi. Todas series pestilentes, insoportables hoy en día.
Heidi sólo tenía 26 episodios, pero hubiera jurado que tenía por lo menos 200. La trama era lentísima y absolutamente previsible. Pero era lo que había.
No creo que tenga sentido exigir que los hijos de estos padres se críen viendo los bodrios que nos alimentaron. Ahora hay series mucho mejores: más complejas, con estética más actual, con guiones más cuidados, capaces de agradar a un público más amplio. No hay más que ver las películas de animación de Disney que encantan a padres e hijos.
Antes los padres llevaban a los niños al cine con absoluta desgana, por cumplir en casos de extrema necesidad. Ahora el padre está dispuesto a ver la película aunque no venga el hijo.
Las de ahora son mejores películas, son mejores series, es mejor televisión. Las antiguas tienen el valor de haber servido de base a los demás, de haber mostrado el camino a seguir, de mantener la ilusión viva. Pero su tiempo ya pasó. Y por eso no tiene sentido revitalizar Karates Kimuras. El Karate Kimura de nuestros tiempos es el Million Dolar Baby ganador de los Oscar, el Barrio Sésamo dio paso a un mejor Pocoyó. Cheers es cosa del pasado, aprendida la lección nace How I met your mother.

El personaje

Las noticias sobre cine en los telediarios son una extraña forma de rellenar la programación. No llega a ser publicidad directa por la que tengan que pagar pero reciben extensísimas reseñas de los medios de comunicación.
Creo que el interés público no alcanza el despliegue de los medios que se realiza. Es como si los telediarios dedicaran diez minutos a los eventos de jazz, será todo lo cultural que quieras, pero a pocos les interesará. Pues hablar cada jueves y cada viernes de “los estrenos de la semana”, cuando tan poca gente va al cine, es cuanto menos extraño. Habrá intereses que desconozco.
Lo que menos me gusta de estas promociones, que son todas casi iguales, son las entrevistas a los actores. Cierto es que son ellos las estrellas de Hollywood o de no tan lejos, los famosos de turno que atraen al público a los cines. Pero no tiene mucho sentido preguntarles a ellos por la película. Al fin y al cabo ellos no son más que simples empleados que han actuado por el excelente sueldo que iban a cobrar.
El primer tópico es decir “me ha encantado trabajar con el director de turno”. Es una frase manida, no puede encantarte trabajar con todos los directores de cine del mundo. Unos te encantarán más que otros. Y para los que menos, el adjetivo encantado viene demasiado grande.
Si los actores son extranjeros, un tópico motivado por las rutinarias preguntas de los periodistas es decir “me encantaría trabajar con un director español” o directamente “con Pedro Almodóvar”. Esa respuesta es de cortesía y no responde a ningún deseo explícito. De hecho esos grandes actores podrían trabajar con él si quisieran, sólo tendrían que mostrarse dispuestos a cobrar menos, llamar al director pidiéndoles un papel y tal vez aprender algo de español. No es mucho, pero seguro que no quieren llegar a tanto.
El segundo tópico es la defensa del personaje representado. El actor no sólo tiene que haber disfrutado rodando sino que le ha gustado el papel representado y la figura a la que ha dado vida con su representación.
Si el papel era de bueno, la personalidad se antoja casi heroica. Si es de villano, era una buena persona a la que las circunstancias empujaron a tan dramática situación. Si es un papel tonto de comedia, aún se le da un análisis psicológico que resultaría exagerado hasta para un thriller complejo. Este absurdo se supera sobre todo en los doblajes a películas de animación realizados por famosos. “El pez YYY es un emprendedor nato, siempre buscando formas de innovar y ofrecérselas a sus compañeros.”
En parte sobre esta línea, es irritante cuando se trata de establecer una similitud entre la personalidad del actor y el papel representado. Siempre cae la pregunta de “¿Te sientes representado con el personaje de ZZZ?”.
Cuando son papeles floreros, de actrices de moda a las que se les contrata para atraer taquilla, con el reclamo de algún desnudo se cae siempre en el tópico de la mujer luchadora. Era la novia tonta que hace tres escenas de cama en la película pero ella “vivía a la sombra de KKK, aunque era también una mujer fuerte, en la que él siempre se apoyaba”.
Y el tercer tópico es el de la pregunta al personaje. Es preguntarle algo a un actor pero esperando que responda como lo haría el actor al que representa. ¿Crees que WWW aprobaría las acciones emprendidas por el Gobierno Americano? ¿Te gustaría haber conocido a RRR en la vida real? ¿Qué crees que TTT hubiera hecho si no lo hubieran asesinado? Esto sencillamente es patético. Imaginad que os preguntara alguien “¿Qué habrías hecho el 11-S si fueras Batman?”. Puedes responder y tal, pero que eso aparezca en cientos de periódicos impresos y en las noticias, es muy grave.
El cuarto tópico es el de la identificación con el personaje. Tan actores que son y luego resulta que para representar a un enfermo en estado vegetativo tienen que pasarse tres meses en un hospital viendo a otros enfermos “para hacerse la idea de cómo representar el papel”. O el que hace una película bélica y luego se pasa tres meses haciendo un curso de tiro con ametralladoras, para que luego esas escenas las haga un doble.
Mención especial a aquellos papeles de transformación total. Eso ya es para mear y no echar gota. Necesito a un gordo negro de cuarenta años para el papel, pero como si no los hubiera a patadas, muchos de ellos famosos, tengo que contratar a una mujer joven de piel blanquísima para embarcarla en tres horas diarias de maquillaje y hacerla parecer una persona común y corriente. Vale que las sesiones de maquillaje dan para medio metraje del documental “Cómo se hizo CCCC”, pero no creo que justifique esos cambios.
La moda principalmente se centra en hombres haciendo papeles de mujeres maduras (porque después de los treinta ya se les puede despedir a todas) y en mujeres atractivas haciendo papeles de monstruos o patitos feos.
El último tópico es el de la familia. Es decir en todo momento que para el actor lo más importante es su familia, que la apoya en todo. Que en cuanto termine el rodaje va a pasar unas semanas con su familia. O que no aceptó un papel por no separarse de su familia. Todo muy bonito y familiar, pero luego los casos de familias rotas por rodajes son casi infinitos.