Ganar al casino con el Black Jack

Un tema recurrente en la página es el juego. Me gustan las historias de los que consiguen ser más listos que todos los demás y ganar dinero donde todos el resto lo pierde.

Una historia muy interesante, bien narrada y bastante inusual es la de Don Johnson, un jugador que consiguió ganar unos cinco millones de dólares de media a tres casinos de Atlantic City jugando al Black Jack.

Uno espera la típica historia de matemáticos y contadores de cartas, o de un estafador con un programa para Iphone, pero no, su historia es la mucho más simple e interesante.

La forma en que este jugador consiguió romper la banca a estos tres casinos requiere conocer el negocio de los casinos de Atlantic City, que, a pesar de mover mucho dinero, se encuentran en una continua pérdida de ingresos y beneficios. En gran parte no es más que por la liberalización del juego. Cada vez hay más alternativas para jugar. No solo internet, sino más estados que crean interesantes complejos de casinos. Aumenta la oferta, todo el mundo gana un poco menos.

Así, los casinos están peleando de forma muy agresiva por los clientes. Y una de las principales fuentes de ingresos no es la típica ama de casa con sobrepeso y un cubo de palomitas lleno de monedas que echar en la tragaperras. Bueno, la verdad es que sí, esa es la principal fuente de ingresos y beneficios de los casinos, pero es una vía en la que poco más se puede hacer. A los gurús del marketing les gusta más apuntar a otro grupo de clientes que mueve mucho dinero: los grandes jugadores (high rollers). Y digo grandes no porque jueguen muy bien, sino porque tienen alto poder adquisitivo, apuestan grandes cantidades de dinero. Y cuando pierden, pierden mucho.

Estos casinos compiten entre sí por atraer a este tipo de clientes de élite, capaces de perder cientos de miles de dólares en una noche sin que sea ningún drama para sus vidas. Y aquí aparece un mundo totalmente diferente, donde se intenta atraer a los clientes con beneficios de todo tipo: suites de lujo, vuelos privados de ida y vuelta al casino, limusinas, champán, mujeres. Todo gratis para estos clientes privilegiados.

Como en toda escalada de lujos, como con las ofertas de móviles, llega un momento en que se está regalando tanto, que casi no se está compensando lo ganado con el juego. Pero en los casinos se tira mucho de matemáticas, y las cuentas salen.

Así, Don Johnson es uno de estos grandes jugadores. No es un matemático frustrado y muerto de hambre. Es el presidente de una compañía bastante grande, relacionada con el juego. Un tipo con mucho dinero y aficionado a estas lides, alguien que ha perdido mucho dinero en ocasiones anteriores, viajando invitado por el casino.

Pero a diferencia de muchos de los que disfrutan jugando, sin importar el resultado, Don Johnson es un gran jugador. En el black jack no basta con serlo, porque las reglas del juego son tales que, aún contando cartas y con un ordenador y tiempo por delante, la banca tiene cierta ventaja, aunque solo sea de un 51% contra un 49%, suficiente para que, en el largo plazo, siempre acabe ganando más partidas y más dinero. Este avispado jugador no cae en la miseria estadística de rapiñar decimales gracias a contar cartas .En el black jack de Estados Unidos se suelen usar seis barajas y se pueden aproximar estadísticamente las probabilidades considerando las cartas que ya han salido. Con tantas cartas, los cálculos mejoran los aciertos mínimamente. Don Johnson no cae en eso, él simplemente conoce la mejor estrategia ante cada situación. No es tan difícil, basta con memorizar una serie de cartas.

Por ejemplo, si tú tienes 12 puntos y la banca muestra un 10, tu estrategia óptima siempre va a ser pedir otra carta. Si tú tienes 20 puntos y la banca muestra un 9, lo mejor es que te plantes. Hay unas pocas docenas de combinaciones y es cuestión de recordarlas y aplicarlas a rajatabla. No hay corazonadas, ni hay emoción de ludópata. Es tan mecánico como el juego de la oca.

Así, Don Johnson conoce esta tabla de secuencias y las aplica en el juego normal. Con ellas sabe que, en el largo plazo, siempre acabará perdiendo dinero. Pero como gran jugador, los casinos no se limitan a ofrecerle champán y comida gratis. Las ofertas llegan a ser mucho más complejas e interesantes, por ejemplo uno de los casinos le ofrecía, igual que a tantos otros clientes, un 20% de descuento sobre pérdidas a partir del medio millón de dólares. La típica oferta trampa que sólo se produce cuando pierdes, es decir, que si pierdes 400.000 dólares, pues los has perdido y te vas a casa. Pero si pierdes 500.000, el casino te devuelve 100.000, un 20% de lo perdido. Si es que son así de majos.

El caso es que este inteligente jugador notaba la tensión y las ofertas agresivas entre los distintos casinos. Y llegó a un punto aún más interesante: negoció las reglas del juego.

Tanto el casino como él realizaron sus simulaciones y cálculos. Las reglas que propuso Don Johnson, hasta donde el artículo llega, fueron las siguientes:

  • Jugar con seis barajas, mezcladas manualmente.
  • El derecho a doblar la jugada hasta cuatro veces de una vez (cuando salen dos cartas iguales seguidas).
  • «Soft 17» (17 suave). El derecho del jugador a que ante un as y un seis, el as pueda contar tanto como 1 como 11. Mientras que para el casino el as siempre contara como 11.

Esta última regla demuestra hasta qué punto se estaba negociando con tiralíneas. Según los cálculos, la situación quedaba ajustada a un 50,125% a favor del casino frente a un 49,875% para el jugador.

Don Johnson lo tuvo todo en cuenta. La limusina, las reglas favorables (lo que más) pero también el 20% de descuento en caso de pérdidas superiores a 500.000 dólares. No es un cálculo fácil de establecer, pero parece que las condiciones finales eran favorables al jugador, porque en el largo plazo el casino había perdido parte de su ínfima ventaja, dando al jugador ese 20% de margen inferior.

Así, se tenía que sentar sobre la mesa con un millón de dólares, jugando manos de hasta 100.000 dólares por apuesta (números delirantes comparados con los máximos habituales de los casinos). En el peor de los casos, arriesgaba 800.000 dólares. Para los beneficios, no había límite, más allá del tamaño de la banca.

Jugando bien, en la sala VIP, sin trampas, ni grupos de amigos conchabados, simplemente negociando las matemáticas antes de empezar, Don Johnson ganó en una noche unos seis millones de dólares del casino Tropicana. Días después marchó al Casino Borgata, con quien había negociado condiciones de juego similares, ganando unos cinco millones. Finalmente se llevó unos cuatro millones del Casino Caesars.

Y no hubo revuelo ni prohibiciones para que volviera al casino. Simplemente la gente del departamento de marketing se había excedido en sus funciones. Don Johnson volvió a casa con mucho más dinero del que suele ganar por su trabajo y pasó automáticamente a ser conocido como «el mejor jugador de black jack del mundo». Recibiendo invitaciones de todo tipo por parte de celebridades, que querían sentarse a jugar al black jack con él.

En resumen, una interesante forma de ganar en los casinos, sin trampas, sin genios. Como lo habría hecho Steve Jobs.

Formato de baloncesto

El baloncesto en España ya no tiene ninguna esperanza de pelear por el puesto de honor del fútbol. En casi todos los países del mundo ocurre más o menos lo mismo (sí, hay grandes excepciones). Pero ahora que se está jugando el Eurobasket – campeonato europeo de baloncesto masculino – me dan ganas de protestar e indicar que el formato de competición de estas competiciones es sencillamente penoso.

Sólo se explica desde el punto de vista económico. El baloncesto tiene tirón suficiente para que los partidos de los equipos nacionales se retrasmitan en las televisiones y alguna gente los vea. Las entradas de los estadios se venden con cierta facilidad y se hacen buenas taquillas. Los aficionados tienen siempre mono de partidos, cuantos más mejor. Pero de cara a popularizar el juego, elegir estas formas de torneo causa un gran daño a largo plazo. Es como el turismo de vuelo barato, botellón y noche de empalme sin hotel. Da dinero ahora, pero te lo quita del futuro.

En el Eurobasket, y también en el Mundial de baloncesto, la competición tiene el preámbulo de un montón de partidos amistosos, al menos por parte de España. Estos amistosos realmente no tienen ni pies ni cabeza. En este torneo España ha disputado ocho encuentros. Casi todos repitiendo rival (dos contra Australia, dos contra Eslovenia, dos contra Lituania).

Habrá equipos en el mundo, la mayoría de los buenos son europeos, dos de los mejores americanos. Pero España tiene que jugar contra equipos europeos, como preparación al europeo. Tal vez porque selecciones como China o Canadá no están interesadas en prepararse para una competición que no tienen. Pero el hecho de que España se enfrente a la favorita del europeo – siendo el equipo español el otro gran aspirante al título – es algo que escapa a toda búsqueda de espectáculo. Los dos mejores equipos, o dos de ellos, se enfrentan en dos fechas de la misma semana, quince días antes de empezar la competición. Eslovenia es otro de los equipos contra los que es muy probable que haya que pelear en la fase de eliminatorias. Pero no hay problema, se organizan dos partidos previos.

Si desde el punto de vista español estos preparativos me parecen cuestionables, para los otros equipos quizás lo sean aún más. La necesidad que tiene Francia de perder contra España antes de un torneo donde, a priori, todo son expectativas.

Lo malo del baloncesto es que todo esto viene ocurriendo desde hace un par de décadas. En fútbol es impensable que haya un España-Argentina dos semanas antes del Mundial. Eso condiciona toda la competición, muchos equipos dejan de sentirse favoritos.

Y si los amistosos no me cuadran, la fórmula del Eurobasket es propia de deporte aficionado, donde algunos torneos te garantizan un número mínimo de encuentros. Que todo el mundo juegue los máximos partidos posibles. Que haya muchos partidos.

Hay 24 equipos clasificados para la fase final del europeo, casi la mitad de los países de Europa. En el torneo de fútbol europeo sólo participan 16 equipos. Estos equipos se reparten en cuatro grupos, de seis equipos cada uno. Esta fase preliminar se eliminan a los tres peores equipos de cada grupo.

En la segunda fase, de grupos, se mezclan los componentes de pares de grupos. Los tres mejores del A, con los tres mejores del B, forman un nuevo grupo, en el que se mantienen los resultados de la fase anterior. Sólo quedan enfrentarse los equipos del A con los del B. De esta fase sólo se descartan a dos equipos por grupo. Pasan cuatro, dos se quedan. De nuevo lo difícil es no clasificarse. Así, en cierto modo, es como si el torneo formase tres grupos de dieciséis equipos, se jugase una especie de liga, de todos contra todos, y se clasificasen los cuatro mejores. El dividir el proceso en dos pasos evita que el número de rondas sea ya exagerado.

Luego, ya por fin, llegan las eliminatorias, con los ocho mejores equipos, desde la fase de cuartos de final. El formato verdaderamente emocionante. Todavía tiene el punto desagradable de que se lucha por los puestos del quinto al octavo. Te eliminan en cuartos de final pero todavía tienes derecho a jugar un par de partidos.

El problema principal es, en mi opinión, que si no estás muy metido en el baloncesto, sino que simplemente te gusta un poco, esta forma organizativa desincentiva por completo el que quieras ver los partidos. A mi me asquea el fútbol pero me encanta ver los partidos de la selección – ojo, no los amistosos – porque sé que son épicos, parte de la historia. Una semifinal de fútbol de España contra Alemania, se gane o se pierda, es algo que se recuerda siempre. Pero, ¿Otro España-Lituania? Sabes que han jugado hace quince días dos partidos, ahora otro. En semifinales, tal vez alguno más. La intrascendencia del resultado de un partido es exasperante. El no saber exactamente cuánto queda para terminar, si es un partido más o el gran partido, eso pierde mucho para el deporte. Hay una parte del público – tal vez tan pequeña que no merezca la pena tenerla en cuenta – que es capaz de ver una final de hockey sobre patines femenino si se le sabe explicar que ese partido es histórico y decisivo. Ese tipo de público se siente frustrado con las competiciones nacionales de baloncesto, por esos formatos tan poco competitivos.

Me parece que el baloncesto es un deporte excelente pero con competiciones aburridas y mal pensadas.

Copa América

La Copa América de fútbol es una competición futbolística en que toman parte los equipos asociados en la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol). Esta asociación es una de las seis en que la FIFA divide el planeta. A pesar de agrupar a algunos de los mejores equipos del mundo, esta confederación es la que menos equipos tiene, con sólo diez miembros. Incluso la Oceania Football Confederation tiene un asociado más.

Al tener un número tan bajo de afiliados, y ser este tan poco agraciado, todos los equipos que forman parte de la asociación pueden participar en ella y aún así hay que invitar a dos equipos que no forman parte de ella – habitualmente México, Costa Rica o Estados Unidos. Incluso Japón ha tomado parte en la Copa América. Así, al menos hipotéticamente, cualquier equipo del mundo podría participar en la misma, e incluso ganarla.

La confederación de Oceanía daría para muchos mayores quebraderos de cabeza, de no ser porque la mayoría de sus federaciones afiliadas no tiene al fútbol entre los deportes mayoritarios. Con once miembros, cualquier división en grupos resulta muy problemática. Australia, el país oceánico por excelencia, no forma parte de esta asociación, sino de la asiática, con lo que destruye cualquier posibilidad de encontrar el mágico número de doce.

Afortunadamente estos países no organizan una competición similar a la Copa América. Lo más parecido es el torneo clasificatorio para el Campeonato del Mundo, para el que el formato es marcadamente injusto.

En la competición del año 2010, los diez peores equipos formaron dos grupos de cinco equipos, que posteriormente seleccionaron a los dos mejores de cada grupo. Estos se enfrentaron entre sí, determinando los cuatro primeros puestos.

De estos puestos, se escogieron a los tres primeros (!), se incluyó a Nueva Zelanda y a partir de ahí se realizó una liga, de la que el ganador sería el vencedor del torneo. En mi vida he visto sistema de organización más poco justo y favorecedor del equipo favorito. Nueva Caledonia y Fidji, segundo y tercero clasificados, tuvieron que enfrentarse entre sí hasta en cuatro ocasiones.

Estas costumbres oceánicas, de organizar los torneos de cualquier manera, ya existían en la época de Australia. Con doce equipos, el número perfecto, volvían a su formato ortopédico de diez equipos, en que se obtenían a los dos o cuatro mejores y luego estos tenían que jugar contra Nueva Zelanda y Australia, que llegaban en la segunda fase.

Fuentes: Wikipedia

Gimnasios exclusivos

Siempre he sido de ejercicios en casa con métodos rudimentarios o de gimnasio municipal con poco glamour y escasa asistencia de público pero hace unos días estuve de acompañante en algunos de los gimnasios más elegantes y caros de Madrid.

Territorio tan desconocido como incómodo, estuve prestando la atención desde la distancia que da el visitarlos sin tener la más mínima intención de apuntarme.

Lo primero que sorprende es que los precios son altos, muy altos (más de 150 euros al mes) pero tampoco excesivos para los servicios que ofrecen. En alguno sólo por poder aparcar en pleno centro de Madrid sin tener que pagar nada más, ya se justifica gran parte de ese desembolso.

La matrícula de inscripción es una tomadura de pelo en que parecen caer todos. Se supone que es un precio exorbitante (300 euros, 500 euros) pero en todos los casos coincide que el día que te vas a apuntar hay una oferta especial (que sólo dura hasta el lunes siguiente) en que la matrícula te sale gratis o en apenas 50 euros. Esta forma de oferta permanente siempre me ha causado bastante repulsa porque es un engaño evidente (en el gimnasio ni siquiera intentan hacerte creer que estás de enhorabuena) y hace que el resto de la locución pierda validez para conseguir la venta.

A pesar de la exclusividad la realidad es que no hay gimnasio (o habrá pocos) lo suficientemente exclusivo como para poder vivir tan solo de los clientes que sean exclusivos. Como sucede en los restaurantes, lo ideal es ser distinguido sobre el papel pero tener un público lo más plural posible. De ahí que los precios sean asumibles incluso para empleados de clase media resultona. Obviamente no tiene sentido que un sitio de supuesta élite alcance a los mileuristas, pero sí que se pelea por atraer a los jefes de esos mileuristas que, sin ser nadie, se pueden permitir un gasto como ese.

El hecho de que sea un sitio exclusivo (o VIP para no repetir tanto el adjetivo pero que es un término penoso) sí pero no es una característica que me sorprendió. Se nota sobre todo a la hora de pagar, pues la forma de realizar el desembolso es más brusca que un eructo en un funeral. Normalmente en un gimnasio de barrio se paga por meses. Pero aquí no: se paga por domiciliación bancaria. Y ante la perspectiva de borrarte la cosa se pone complicada pues tienes que preavisar con muchos días (más de un mes) de antelación. Y eso seguro que da problemas pues te van a seguir queriendo cobrar mucho tiempo. El concepto de pagar mes a mes parece no existir.

Una vez dentro, aparece la figura del entrenador personal. El entrenador personal es un monitor de gimnasio que se te ofrece para que haga un seguimiento personalizado de tu trabajo. La idea obvia es cobrarte un montón de dinero más por tener a alguien encima de ti diciéndote los pesos que tienes que poner y el ejercicio que te toca practicar. Según se quejan en Internet, si decides no contratar al entrenador personal te tratan un poco mal. Siempre es triste cuando ves que tratan de sacarte los cuartos por varios frentes y que te toca proteger tu dinero.

Luego está la cuestión del personal que te atiende que son personas en una difícil situación social: la cola de león. Están tratando todo el tiempo con personas VIP y eso exige ir bien maquilladas o bien afeitados, con ropa que no sea de mercadillo ni trajes del C&A, aparentando estar en el mismo ajo que la persona a la que se está ayudando.

Por supuesto que trabajar en uno de estos sitios tiene un atractivo adicional que, paradójicamente, se descontará del sueldo. Muchos son los que querrán trabajar ahí, por lo que no hace falta ofrecer un sueldo muy elevado. Con lo que se crea una situación algo paradójica. Además, estas personas que atienden a los VIPs también se ven obligados a tratar con las cabezas de ratón que son las que realmente mantienen vivo ese negocio. Gente algo mejor que yo que puede llevar ropa de marca pero también algo de mercadillo o alguna camisa del C&A. Con lo que se crea un conflicto: la chica de Armani de oferta se cree que el que tiene ropa de la línea cara de C&A es un muerto de hambre. Cuando es el que puede pagar en el gimnasio que ella jamás podría alcanzar.

Este tipo de sitios la verdad es que desincentivan la clásica actitud de apuntarte al gimnasio y tardar una semana en medio abandonarlo y un mes en dejarlo oficiosamente. Son lugares a los que apetece ir. No hay tanto macarra ni tanta máquina oxidada y sudada. Los vestuarios no son un poema y uno se olvida de la eterna patata caliente de la toalla mojada, pues hay servicio de toallas gratuito. Todo son comodidades y atractivos para ir al gimnasio. Luego cada cual hará lo que le dicte su conciencia.

Culpables

El Real Madrid, como en las cinco temporadas anteriores, cayó eliminado en los octavos de final de la Liga de Campeones. Esta temporada tras empatar (1-1) con el Olympique de Lyón en el Santiago Bernabéu y cuando podía haber sentenciado el pase en la primera mitad.

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Digo yo que tal vez el culpable fuera l’Olympique Lyonnais – el Olympique de Lyon – el equipo que lo eliminó. El mayor absurdo del fútbol de los millones es pensar que todo depende de lo que tú hagas. Se olvida al rival.

Hasta el punto de que se prefiere proponer como culpable a Jorge Valdano (!) antes que al equipo que defendía y atacaba a los once jugadores del Real Madrid.

Bjørnar Håkensmoen

Mañana comienzan los Juegos Olímpicos de Invierno 2010 en Vancouver (Canadá). A un compañero que es muy aficionado a los deportes le preguntaba qué habría digno de ver y se encogió de hombros. Los deportes de invierno son un misterio en nuestras latitudes (y a los socios de América les resulta casi tan extraño o aún más, las medallas olímpicas de invierno obtenidas en el hemisferio sur se pueden contar con los dedos de una mano, en sentido literal).

Gran parte de la culpa de ese desconocimiento se debe a que históricamente los juegos de invierno han estado pésimamente gestionados. Eran el hermano pobre del olimpismo y la simple enumeración de catástrofes y desaciertos daría para rellenar un buen blog durante algunos años.

Como en otras ocasiones mi reacción ha sido la siguiente: no tengo ni idea de los juegos olímpicos de invierno y empiezan muy pronto. Algo tengo que aprender al respecto.

La entrada de la Wikipedia sobre los Juegos es una de esas ante las que me quito el sombrero. La historia contada de forma entretenida, con datos y con sustancia. A menudo critico a esta enciclopedia porque veo que se aleja de este estándar tan elevado.

Si en las olimpiadas de verano hay una alternancia entre Europa y el resto del mundo, en las de invierno es entre Norteamérica…y los Alpes.

localizacion-olimpiadas

Asusta ver cómo tantas y tantas olimpiadas se han celebrado en un palmo de terreno. Pero es que lo peor de todo es que más de una olimpiada se ha celebrado repitiendo sede. Y no porque París tuviera su olimpiada en 1900 y pasados 50 años ya tuviera derecho a otra. Sino porque es que pasaban pocos años y la sede reciente era la única en condiciones de preparar otra, con lo que se repitió casi de seguido la sede de algunas olimpiadas:

1928: St. Moritz, Suiza
1948: St. Moritz, Suiza

1932: Lake Placid, United States
1980: Lake Placid, United States

1964: Innsbruck, Austria
1976: Innsbruck, Austria

1944: Cortina d’Ampezzo, Italia (no se llegó a celebrar)
1956: Cortina d’Ampezzo, Italia

Incluso se ha dado el desagradable incidente de que para unas olimpiadas se echó atrás el país organizador y hubo que encontrar un suplente de última hora, es lo que ocurrió con las olimpiadas de 1940. Sapporo, Japón sería el organizador, pero por la invasión de China previa a la II Guerra Mundial, se le quitó la sede. Luego se ofreció St. Moritz, Suiza (la de las olimpiadas de 1928) pero por problemas de última hora se echaron atrás. Alemania se ofreció como sede suplente y bueno, luego pasó lo que todos conocemos y no hubo olimpiadas.

Lo sorprendente de este asunto es que St. Moritz tuvo unas olimpiadas, rechazó otras y aún así pudo organizar unos segundos juegos poco tiempo después. Las cosas de los Juegos de Invierno. Siempre han estado al margen, las competiciones las han seguido pocos países, aunque éstos con enorme interés. Estas son olimpiadas para rusos, fineses, suecos, noruegos, daneses, suizos, checos, franceses, italianos, canadienses y estadounidenses. Un grupo más pequeño que el de los seguidores de la Copa África.

Pero una élite económica y cultural, no es lo mismo un anuncio para el público de Gabón que para los suecos. Las olimpiadas de invierno son el Apple de los deportes. Selectos hasta decir basta. O pijos como decimos en España de los que son estirados, ricos y educados en exceso.

Esto crea una nueva barrera que nos aleja de estos deportes: no los entendemos. Y encima los practican personas que lo hacen por gusto, no por necesidad, como tantos deportistas africanos que parecen correr por evadir el hambre de sus países de origen.

Desde luego que algunas competiciones resultarán apasionantes. El hockey sobre hielo, que es un deporte que hay que respetar, aún cuando uno no lo conozca, las carreras de esquí parecen sencillas, pues van deslizándose. Pero en el esquí de fondo el consumo de calorías y de oxígeno por parte de los deportista no tiene equivalente en otros deportes. La remontada del esquiador noruego es impresionante (hacia la mitad de este video) tenéis que pensar que esa persona está en ese momento consumiendo mucha más energía que un sprinter de ciclismo.

Los primeros juegos mostraban la candidez de algunas sedes que aspiran a la organización cuando no pueden garantizar la presencia de nieve. En los juegos de St. Moritz de 1928 la ceremonia de inauguración tuvo lugar bajo una ventisca. Los 10.000 metros tuvieron que suspenderse por el mal tiempo. Pero poco después la carrera de 50 kilómetros de esquí de fondo terminó a 25ºC y casi sin nieve sobre la que deslizarse.

De los juegos olímpicos de invierno de 1984 es la memorable y emotiva coreografía de Jayne Torvill y Christopher Dean con la coreografía del Bolero de Ravel y con una argucia legal de por medio (la historia nº8 de esta lista). O el milagro sobre hielo de 1980, del que alguna vez habrá que escribir.

A mi sin embargo hay una historia que me ha emocionado y es algo realmente difícil en los tiempos que corren. Normalmente se piensan en proezas y hazañas de olimpismo y se piensa en grandes perdedores, como el nadador africano que luchó por hacerse un largo en los Juegos de Sydney en el 2000.

La historia de la que os hablo sucedió en los juegos anteriores, los del 2006 de Turín. En uno de los nuevos deportes presentados ese año: la carrera femenina de esquí de fondo de relevos.

En esta carrera dos corredoras se relevan para recorrer una distancia de unos tres kilómetros. En las pruebas clasificatorias los mejores tiempos los consiguió el equipo de Noruega. Pero en la final la corredora canadiense Sara Renner se destacó ya en la salida, liderando la prueba desde el principio.

Sin embargo un infortunio provocó que se le rompiera uno de los bastones en que se apoya al esquiar. Con un único bastón estaba acabada, y tres corredoras la adelantaron. Fue entonces cuando apareció el entrenador femenino de Noruega, Bjørnar Håkensmoen. Que justo estaba a su altura cuando esto ocurrió. Sin pensarlo se acercó a ellla y le dio uno de sus bastones a la corredora que, desconcertada, empezó a esquiar como una enferma.

Los bastones de hombre son 12 centímetros más largos que los de mujer, por lo que Sara Renner tuvo que seguir en la carrera con ese handicap. Aún así pudo completar la prueba y entregar el relevo a su compañera con una desventaja no demasiado grande sobre las competidoras. Beckie Scott tomó el relevo y consiguió la proeza de obtener la medalla de plata para Canadá.

Lo impresionante del asunto es que el equipo de Noruega quedó cuarto por culpa de la ayuda de su entrenador a una rival.

Bjørnar Håkensmoen
Bjørnar Håkensmoen

Y esto es deporte en estado puro. No es sólo ganar ni tener que conseguir una medalla para que te den una beca deportiva y luego vivir como entrenador el resto de tu vida. Es lo bello de la gente forrada que se comporta como cree que es justo, no por el interés.

Sorprende que algo así no haya trascendido apenas en países como España. Es un acto que pasó desapercibido por completo porque es paradójico. Aquí a uno le dan un golpe en la cabeza y se convierte en un héroe. Pero ayudar a un extranjero y perjudicar a tus alumnas es algo raro, no es limpio, no es claro, no nos sirve.

La historia sin embargo tuvo otra lectura en Canadá. Una verdadera histeria hacia un gesto tan noble. Un periódico de Quebec, Le Journal de Montréal, abrió la edición con un enorme TAKK en portada. Takk es gracias en noruego.

La gente se volvió loca con la gratitud hacia el país entero. Se decía que todo canadiense estaba obligado a invitar a bebida a los noruegos que se encontrara en un bar. La embajada noruega se encontró inundada de cartas y correos de felicitación. El descerebrado empresario Michael Page envió 7.400 latas de jarabe de arce como extraña forma de agradecimiento.

Håkensmoen pasaría a ser el invitado de honor que dirigiera el desfile de la Calgary Stampede, en Canadá. Un noruego homenajeado en la remota Calgary y ovacionado con gritos de «Thanks for the Pole» (gracias por el bastón).

Realmente el suyo fue un gesto noble de los que engrandecen el mundo del deporte y los que realmente dignifican la verdadera competición: sin dopajes, sin tecnología, sin ventajas arbitrales. Aquel rollo manido del Altius, Citius, Fortius.

Fuentes:
Casi toda la información viene del artículo de la Wikipedia sobre los Juegos Olímpicos de Invierno.
Para saber un poco más de Bjørnar Håkensmoen y Sara Renner están los enlaces que he ido señalando por el artículo.
Para los que lleguen desde Google sí, Sara Renner ha posado desnuda para una revista pero no, aquí no están las fotografías. Si es difícil encontrar el video de su carrera, imaginad las fotografías.
Si alguno de vosotros encuentra el video, le agradecería que lo indicara en los comentarios para completar el artículo. TAKK.

Parada en boxes

Desde luego que la historia de Jules Goux es muy diferente de la de Fernando Alonso.

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Jules Goux (1885-1965) fue un piloto de carreras francés, el primer europeo que ganó las 500 millas de Indianápolis.

Las 500 millas de Indianápolis comenzaron a correrse en 1911. Ese año ganó Ray Harroun. Su coche planteaba el novedoso invento del retrovisor, que inventó como método rudimentario para saber cuándo se le acercaba un coche con intenciones de adelantarle.

Dos años después, en 1913, Jules Goux ganaría la legendaria carrera. La peculiaridad de su victoria -para crédito o descrédito según se mire – se aprecia en sus paradas en boxes.

Después de cinco vueltas, Jules Goux lideraba la carrera. En la vuelta 15 tuvo que parar a cambiar el neumático delantero derecho. Fue entonces cuando le pidió a la gente de su equipo (Peugeot) un poco de vino fresco, pues el día era muy caluroso y el coche no disponía de ningún sistema de refrigeración.

Le abrieron una botella de champán a la que le dió un par de tragos largos. Entre él y el mecánico se la terminaron.

La siguiente vez que paró se subió dos botellas de champán al coche. Cuando llevaban ya 200 millas, volvió a subir otra botella de champán. Su última parada fue a las 310 millas, donde se volvió a beber otra botella de champán.

La cantidad estimada de vino que ingirió Jules Goux durante la carrera fue de 2.8 litros. Es algo impensable hoy en día y menos en un deportista de élite y menos en el que resultaría ganador de la carrera.

Hay que puntualizar mucho toda esta información. Por un lado se exageró la cantidad por parte del equipo del corredor – para aumentar la leyenda – y por parte de las autoridades para fomentar leyes restrictivas en el consumo de alcohol. Luego de las botellas no se sabe si las bebía o simplemente se enjuagaba la boca y las usaba para refrescarse. Esta versión del refresco me parece un tanto floja.

Lo que sí que se argumenta a menudo es que las botellas no eran del tamaño normal sino unas botellas menores, de la mitad del tamaño habitual. De nada servía entrevistar al corredor pues era bastante dado a dar respuestas cambiantes a lo largo del tiempo.

Pero ahí está la leyenda del piloto francés. Hay que entender que tres litros de vino en una carrera que duraba unas seis horas no es demasiado, ni siquiera habría dado positivo en un estricto test de alcoholemia actual.

Fuente: Foro de Autosport.
Vía: People’s Almanac Presents the Twentieth Century: History with the Boring Bits Left Out. Es un libro.

Underdog

Hace ya varias semanas publicaron un significativo estudio en Freakonomics. En él habían analizado la probabilidad de vencer en un partido, condicionada a la diferencia de puntos entre los dos equipos al descanso.

El análisis da el obvio resultado de que cuanto mayor es la diferencia de puntos, mayor es la probabilidad de ganar. Sin embargo tiene algo de destacable y es que cuando la diferencia es de sólo un punto, se produce una singularidad.

baloncesto-punto-diferencia

En el momento en que un equipo se marcha a los vestuarios con un punto de ventaja, se convierte en el favorito, pero es un favorito de pacotilla. Su pírrica ventaja tiene que tener un efecto psicológico negativo porque paradójicamente los equipos que van perdiendo de un punto antes de la segunda parte acaban ganando el partido con mayor probabilidad.

La utilidad de este estudio es clara: si eres una persona tan patética como para apostar en partidos de baloncesto en vivo, seguramente la apuesta a favor del equipo que va perdiendo en el descanso, en este caso concreto, te puede llevar a ganar pasta.

En los deportes es lamentable el esfuerzo de algunos equipos por no asignarse el papel de favoritos. En las ruedas de prensa se ponen a lloriquear justificando que aunque se ven sobradamente capaces de ganar, no son los favoritos. En cierto modo el creer que puedes ganar a veces es un obstáculo en la consecución del objetivo. Sobre todo porque el equipo rival estará motivado: vencer al favorito a la vez que se percibe como algo posible. En el ejemplo del baloncesto vas perdiendo pero sólo hay un punto de desventaja.

También sirve como ejemplo para competiciones entre empresas, si la segunda está muy cercana a la primera, es cuestión de tiempo que la sobrepase.

En deportes y el mundo de las apuestas, el underdog es el equipo no favorito.

Hockey checo

Hasta hace cuatro días, como quien dice, el Deporte Nacional en la República Checa era el hockey sobre hielo.
Hoy en día ese título es para el fútbol, pero el hockey sobre hielo permanece en un holgado segundo puesto. El hockey sobre hielo es uno de los pocos deportes realmente importantes, que pueden atraer masas hasta el punto de convertirse en el deporte más practicado en un país o región. En este caso es lo que sucede con Canadá. Más del uno por ciento de los canadienses está federado en hockey sobre hielo.
La situación de la República Checa como potencia mundial de hockey sobre hielo escapa a mi comprensión. El hockey es uno de los deportes más atomizados que existen. Aunque se juega hasta en países de África, sólo hay un puñado de países que hayan sido alguna vez buenos:

  • Canadá
  • Estados Unidos
  • Rusia
  • Finlandia
  • Suecia
  • República Checa

Salvo estos países (antes de Rusia estaba la URSS, antes de la República Checa estaba Checoslovaquia) sólo Suiza, Alemania y Reino Unido han sido capaces de obtener medallas olímpicas (cuatro entre los tres) y todas antes de 1977.
El club del hockey sobre hielo es inmensamente selecto y en él se encuentran países de climas muy fríos (el que se extrañe por los Estados Unidos que piense en Buffalo o Milwaukee en vez de Miami) donde hay hielo natural para aburrir. Y la República Checa.
No sólo los checos tienen una presencia inexplicable, sino que además son muy buenos. Sólo ganaron la medalla de oro en las Olimpiadas de invierno de 1998, pero se han aburrido de obtener medallas de bronce. Siempre eran el tercero en discordia, tras Canadá y la URSS. Luego llegó Estados Unidos para animar la competición.
La única explicación racional a la afición de los checos por el hockey sobre hielo es la de que son muy buenos. Normalmente se piensa al revés: si te gusta algo mucho, acabas siendo bueno en ello. Pero también funciona en el otro sentido. Si eres bueno en algo, creas afición fácilmente y la gente se motiva más sabiendo que puede ser Campeón del Mundo que aspirando a ser el mejor de tu país en un deporte minoritario.
Es por eso que el fútbol ha conseguido llegar al primer puesto entre los checos: ahora que tienen una selección nacional competitiva, ahora que se clasifican para las competiciones internacionales, es cuando a la gente le gusta más ese deporte. Pues me imagino que con el hockey sobre hielo ocurrió algo parecido.