Civil War

I

Me interesa la Guerra Civil Americana por los siguientes puntos:

  • Es una guerra extensísimamente documentada, se conocen algunas batallas hasta tal punto que se pueden reproducir casi al más mínimo detalle.
  • Es una guerra clásica, en el sentido de que fue una guerra de hombres más que de armas. Aunque casi se sitúa en la frontera entre unas y otras. El Norte venció por su más avanzada tecnología.
  • Es una guerra civil de la que ha pasado el suficiente tiempo como para no hablar de buenos y malos. El Sur era esclavista y separatista y aún asín El Sur no es el malo de la película.
  • Es una guerra de honor, dentro del honor que cabe en una guerra. La rendición del General Robert Lee y su aceptación por parte de Ulysses Grant es uno de los gestos más bellos de la Historia de la Humanidad. Quizás excesivamente romántico:

Lee preguntó si según los términos de la rendición se permitiría a sus hombres el conservar sus caballos, puesto que en el Ejército Confederado los soldados eran los dueños de sus monturas. Lee explicó que los hombres necesitarían esos animales para trabajar en sus granjas una vez volvieran a la vida civil. Grant respondió que no cambiaría los términos en que había redactado la propuesta de rendición (que no hablaba de permitir a los soldados el mantener sus monturas) pero que ordenaría a sus oficiales que dejaran que todo soldado confederado que reclamase la posesión de un caballo o una mula pudiera quedarse con él. El General Lee estuvo de acuerdo en que esa concesión ayudaba en mucho su decisión de firmar el acuerdo de rendición.

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Mashup

Algunas páginas de Internet ponen a disposición del público su información, bajo una serie de reglas. A esto se le llama «servicios», como por ejemplo los mapas de Google. Puedes recuperar información de los mapas no sólo conectándote a la página de maps.google.com sino directamente desde otra página web siempre y cuando accedas a la información siguiendo las normas que Google te imponga.
Cuando accedes a más de un servicio simultáneamente y combinas esta información lo que estás haciendo es crear un llamado Mashup. Por ejemplo, si junto a los mapas de Google muestras las casas que hay en venta, tomadas de la página trulia.com, estás creando un mashup.
Los mashup son la moda del Internet actual y parece como que si no has creado uno no eres nadie. Una página nueva que no incluyera mashups no merece ni ser visitada.
Cuando se populariza un mashup nuevo el comentario generalizado es «esto tiene buena pinta«, que traducido al lenguaje de fuera de Internet significaría «ahora mismo es una castaña pero si trabajan duro puede estar bien dentro de unos meses».
Lo habitual de los mashups es que tengan poca información. Por ejemplo, si mezclo la información de los mapas de Google con un listado de funerarias puedo dibujar un mapa donde se muestren con flechas las direcciones de dichas funerarias y cuando me acercara a ellas con el ratón podría ver la dirección completa del lugar y el teléfono de contacto. Si alguien creara un servicio asín lo normal sería que al principio sólo incluyera algunas direcciones, de su barrio o ciudad. Entonces pondría el servicio de cara al público. La página de acceso tendría un aspecto muy fresco y si consultamos justo la ciudad de muestra los resultados nos parecerían asombrosos. «Tiene buena pinta».
Lo que luego pasaría es lo que todos conocemos: nadie se va a preocupar de perder su valioso tiempo en teclear informaciones de funerarias en el ordenador. Ni siquiera las empresas de pompas fúnebres. Tras el éxito inicial e incluir miles de personas la página en su lista de «favoritos» llega el ocaso. Ni se incluyen direcciones ni nadie entra a buscarlas. La página tiene links por todas partes pero ya no interesa a nadie.
Por eso cuando se consultan los directorios de mashups uno tiene la sensación de estar paseando por un cementerio virtual. Todo está lleno de enlaces que ya no existen, de páginas que antes tenían un servicio «que tenía buena pinta» pero que ahora simplemente muestran publicidad por todas partes (para algo inventaron el pagerank) y ningún rastro del fallido mashup.
Los pocos servicios mixtos de información que aún se mantienen en pie dan pena. Si el exitoso servicio inicial que mostraba las funerarias del barrio de Lavapiés «tenía buena pinta», ahora, dos años después, con los mismos puntos señalados, ni uno más ni uno menos, es un servicio patético.
Además, las reglas para acceder a los servicios de datos suelen cambiar con el tiempo, y los servicios cutres suelen no preocuparse de actualizarlas, con lo que a lo mejor ves un mapa de Google y sobre él escrito un mensaje de error de Yahoo explicando que se ha producido un error. Estos mashups son los más abochornantes de todos, porque a veces llegas a ellos a través de un link que te vaticina una visita al paraíso.
La mayoría de estos servicios son un rotundo fracaso y acaban con un destino como los antes indicados. Si uno avisa de que en lugar de «buena pinta» apunta ser bien inútil, se te tiran al cuello por tu negatividad y falta de espíritu emprendedor. Pero la realidad es que ante un servicio nuevo tienes más probabilidades de acertar si lo tachas de basura que si le auguras un futuro prometedor, o al menos un futuro.
Cuando alguien planea una nueva utilidad suele demostrar una cortedad de luces preocupante. Al amigo que se le ocurriera mezclar las funerarias con los mapas se le podría tachar de haber tenido una idea divertida. Si sacamos esta idea fuera del mundo virtual nos damos cuenta de que es un verdadero pirado. Imaginad que visitáis la casa de un amigo y os encontráis con que en el patio ha colgado un mapa bien grande de la ciudad con las funerarias pinchadas con chinchetas. Lo primero que pensáis es que a ese tipo hay que internarlo.
Sin embargo en Internet esto no ocurre. Como todo es virtual el esfuerzo se oculta y el público final es hipotéticamente infinito; Un mapa con funerarias «lo he hecho en un par de tardes» o la mayor de las mentiras «en un par de horas muertas». La realidad es que esa persona ha perdido gran parte de su escaso tiempo libre en semejante subnormalidad.
Si lo hubiera hecho en el mundo real no nos tragaríamos el cuento de las dos horas. La visita al Centro Comercial para comprar el mapa grande ya es de pirado. El comprar las chinchetas de mongólico. El consultar las direcciones en cualquier parte e ir clavando las chinchetas, peor que creerse Napoleón.
Por eso cuando veo a uno de esos «cerebros» que pierden (o emplean) su tiempo en tareas inhumanas que, fuera del mundo real serían consideradas como propias de descerebrados, siento una doble pena, porque todo ese talento se está desperdiciando en trabajos peregrinos, de peón caminero. Y porque encima esa persona no se da cuenta de la pérdida de tiempo y de la sensación de ridículo que causa su manera de gastar «dos horas muertas» para cualquier persona que no conozca Internet, o sea, para una persona normal y corriente.

Publicidad no subliminal

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La parte de arriba:
Somos una gran empresa cuya marca conoces de haberla visto por todo España y anunciada en prensa y televisión. Puedes confiar plenamente en nuestra solidez y solvencia.
La parte de abajo:
Cada franquiciado es el único responsable de los negocios que haga o deje de hacer. Que quede bien claro que eso se te ha avisado. El franquiciado se aprovecha de la imagen de marca pero a efectos legales es como cualquier otra inmobiliaria que trabaje por libre.
La desfachatez de esa linea de abajo de su publicidad que hace presagiar todo tipo de problemas, me hace tirar el sobre a la basura sin siquiera tener que abrirlo.

Historia de los bucaneros

A mediados del siglo XVI, la isla de Santo Domingo o Hispaniola como se la conocía entonces, estaba habitada por una comunidad de hombres salvajes, rudos, fieros y desaseados. Estos colonialistas de origen francés reforzaban cada cierto tiempo su población con ciudadanos de los peores barrios de la Europa Continental. Vestían con ropas que ellos mismos se confeccionaban con las pieles de los animales que cazaban. Llevaban gorras y botas que usaban directamente sobre sus pies desnudos y cinturones bastos en que colgaban los sables y cuchillos. También se armaban con arcabuces rudimentarios capaces de disparar dos proyectiles.

El sitio donde secaban y salaban la carne se llamaba bucana y de ese término se hicieron llamar bucaneros. Eran cazadores y de hábitos bastante salvajes. Se dedicaban a la caza de jabalíes, cerdos y otros animales salvajes y con ella comerciaban con los viajeros holandeses. Comían y dormían en el suelo. Su mesa era una piedra, su almohada el tronco de un árbol. Su techo el cálido y brillante cielo de las Antillas.

Los españoles, a los que molestaba que cualquier otra nación pusiera un sólo pie en tierra americana, decidieron deshacerse de estos salvajes pero por otro lado inofensivos bucaneros. Para ello expulsaron a todos los cazadores de Hispaniola; y para asegurarse de que nunca volvieran, exterminaron los animales salvajes. Este fue el peor error que los españoles pudieron cometer, porque estos hombres salvajes se vieron forzados a buscarse otra forma de sustento. Fletaron sus propios barcos y así comenzó el gran periodo de piratería que fue la causa última del declive del poder español en las Indias Occidentales.

Hay que ser idiota. La guía de estilo de colonizadores se escribe con los sucesivos errores de los españoles, a cual peor. Estos hombres acumulaban todo lo que no quisieras encontrar en un enemigo: eran austeros, autosuficientes, fuertes, sin vínculos emocionales, acostumbrados a valerse por sí mismos. Con el ingenio que da la vida salvaje unido al odio que acumularon hacia los españoles y la temeridad del que no tiene nada que perder arrasaron el imperio español.
Y no lo hacían por avaricia, sino por pura y simple venganza. Los resultados los conocemos todos por los libros de Historia.