Como arruinar una reserva

Con la lectura de estas entradas anteriores:
Cosas que odio de los restaurantes
Pedir en el restaurante
se puede llegar a la afirmación de que tengo una relación de amor-odio con los restaurantes. Y es asín. Vamos a seguir ahondando en la herida. Hoy voy a hablar de las quedadas.
Hay una serie de personas que resultan tremendamente peligrosas a la hora de concertar una cita para comer. Es frecuente que te arruinen un plan impecable. Las más de las veces no lo hacen por maldad, sino por su forma de ser. Veamos algunas situaciones que provocan determinados tipos de personas que finalizan casi siempre en malas experiencias. Esta clasificación sólo se refiere a la forma de enfrentarse al hecho de reservar por parte de ciertas personas.
a) El multiplicador. Es aquella persona a la que llamas y propones un plan y si le gusta, lo hace extensivo a más amigos suyos, sin plantearse si eso te gustará o no. Por ejemplo, os vais a juntar los antiguos compañeros del instituto y llega uno que dice «me voy a llevar a unos amigos del gimnasio».
Este individuo es totalmente disruptivo: primero porque quita cohesión al grupo. Pero además porque te destroza las reservas. Tú a lo mejor tenías pensadas a unas diez personas pero ahora, sin saber el alcance de los amigos del gimnasio, no estás capacitado para cerrar la reserva sin consultar a esta persona.
b) El anulador. Muchas veces coincide con el anterior. Es el que ha provocado una serie de comensales en la cena y de repente realiza una gran anulación. Reservásteis para diez pero ahora resulta que sólo sois cuatro. Esto provoca un enorme malestar en el personal del restaurante. Mejor fallar a una reserva que convertir un grupo mediano en uno pequeño. Muchas veces tendrán que intentar reestructurar las mesas, a veces sin éxito. Y a menudo habrán perdido esas mesas, ese dinero, con el que al final todos pagas sus facturas. La situación crea tiranteces con los camareros que ya no os tratarán bien durante toda la cena.


c) El mago. Casi peor que el anterior, es aquel que sorprende con la ampliación de reserva. Como los restaurantes no suelen tener mesas grandes por defecto, el aumento de invitados se convierte en un parche. Donde comen cinco comen seis dice el refrán. Pero si donde iban a comer diez tienen que comer doce el resultado suele ser que la mayoría come apretada e incómoda, en unas condiciones que nadie aceptaría de un restaurante a priori. Si nos sentaran tan apretados nos plantaríamos y nos iríamos indignados. Pero gracias a este amigo capaz de sacarse dos o tres invitados de la manga, no hay problema en aceptar una cena apretada.
d) El ocupado. Es el que no puede llegar a la comida a tiempo. Nunca es consciente del daño que hace a los demás. Primero estos lo esperan unos minutos, por si tuviera opción de llegar con ellos. Pero este llega tarde casi a propósito y tras un par de llamadas se llega a la conclusión de que no estará a tiempo. Entonces toca pedir, a veces con prisas porque los restaurantes asocian un tiempo determinado para comer antes de que venga la gente del segundo turno, que también han reservado. El ocupado llega cuando todo el mundo está en el segundo plato y llega pidiendo con malos modos, tratando de alcanzar a los demás en los postres.
Siempre que hay un individuo así hay problemas al final para pagar la cuenta: no falla.
e) El cambiaplanes. A lo mejor te has puesto a llamar a unos amigos para quedar el sábado y te queda hacerlo con el cambiaplanes. Este de repente le da la vuelta a tu idea original. Has reservado en un italiano mesa para siete, el sábado a las 10 de la noche. El cambiaplanes propone mejor hacerlo el viernes a las 11:00 en un sitio que él conoce, de cocina creativa. Y de paso llevará a dos amigas. Ahora te toca volver a llamar a todo el mundo y tratar de cuadrar el resto de horarios.
f) El incierto. Se refiere a la persona que no te da la certeza de si vendrá o no. Por culpa de los teléfonos móviles creemos que cualquier situación se puede mantener en un estado de incertidumbre que gracias a una llamada mágica puede resolverse. Propones una cena de triples parejitas y una de esas parejas te dice que cree que sí pero que te lo confirmará ese mismo día. Le dices que entonces mejor se deja para otro día pero esta persona insiste en mantener la cita. Aunque también insiste en no confirmar. Llegas al restaurante con mesa para seis pero no sabes aún si la otra persona vendrá o no. Este tipo de individuos suelen jugar a dos bandas: mantienen varios planes abiertos en espera de ver si surge algo mejor para cancelarlos. Por ello lo menos que podemos esperar de ellos es que ardan en el fuego del Infierno, tal y como es descrito por Dante.
g) El exquisito. Es una persona que atiende a todo tipo de restricciones a la hora de elegir restaurante. Esto provoca que el grupo tenga que elegir el sitio casi por eliminación. «Me da igual el sitio pero que no sea de comida exótica». Tampoco me gustan los italianos ni los orientales. No quiero cenar muy tarde que luego duermo mal y paso de quedar muy lejos del centro. Y odio los sitios que tienen las mesas muy juntas».
h) El séquito. Hay gente a la que prefieres no llamar porque siempre va a hacer extensiva su invitación a una multitud de amigos. Fiel defensor de la regla del «cuantos más mejor». Tratas de no quedar con él, pero a veces es inevitable. Al final tu única duda es si vendrán 20 o 30 a comer ante un plan que trataba en un principio de ser íntimo.
i) El tirado. Auténtica rata de alcantarilla, este individuo no tiene mucho dinero para gastar y trata de orientar la reserva hacia un lugar más económico. Sin embargo, si ve que el grupo es bastante amplio, trata de pedir platos caros y vinos buenos esperando que en el reparto entre todos no tenga que pagar demasiado. Este individuo provoca que comas en un restaurante de calidad media/baja y pagues un precio medio/alto. Para él la jugada es redonda porque da la vuelta a esos parámetros. Para más recochineo, a veces esa persona paga de menos al final, amparado con la ineficiencia de la masa. Si el grupo es grande y la jeta del individuo es mucha, puede incluso salir comido gratis y llevarse algunos euros a casa (paga con 20 euros y se guarda un billete de 50 de las vueltas).
Si conoces más individuos de esta calaña ayúdanos a aumentar esta clasificación en los comentarios.

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11 comentarios sobre “Como arruinar una reserva”

  1. El «quejoso»?
    Aquel en que te preocupas de buscar un sitio y coordinar un grupo de personas (tarea de la cual todo el mundo trata de escaquearse) para luego quejarse por todo o por cualquier cosa, que en el fondo es lo mismo.
    El sujeto empieza a actuar no bien se sienta en la mesa, quejándose que el sitio tiene unos manteles horribles o que el conocía un sitio mucho más cómodo.
    Que la ensalada es ordinaria por no llevar tomates cherrys (ascoooo) y que no sabe por qué se ha pedido ese vino tan particular.
    Que la carne no está exactamente en su punto y que cómo demonios se puede permitir un servicio así, aparte del frío que hace por culpa del aire acondicionado. Vuelve a la carga con que conocía otro sitio (o tres o cuatro) mejores.
    Postres y etc. tampoco son de gusto. No hablemos de las copas.

  2. El generoso…
    Pero con el dinero de todos, ¡no faltaría mas!
    Pide tapas que a veces sólo quiere él, pero son para compartir claro, pide el plato que más le gusta sin mirar el precio, sin darse cuenta que lo suyo es lo mas caro de la carte mientras los demás no van de ese palo, a este no le basta con sangria de beber, tiene que ser vinito, y no el de la casa, postres, a veces los mas caros, y su café irlandes. Y por supuesto suele ser de los que más comen.
    Y lo mejor de todo, al final se paga a escote, ¡ole!
    Al final tenías previsto pagar 20€ por cada uno y por estos señores acabas en 25€ o 30€…

  3. El maniático-organizador: el plan va a salir tal y como yo tenía planeado y previamente preconcebido, si no, me enfado
    El impaciente: «son las diez y cinco, llevo 5 minutos esperando y no ha venido nadie. Me voy. La próxima vez el plan lo organiza otro»
    El cutre: aquel que currando desde hace una pila de años, siempre quiere seguir quedando en un chino o en una pizzería
    Saludos
    [Comentario zrubavel: He hecho lo que dices de «el impaciente». Me desespera la impuntualidad.]

  4. Este año estuve a punto de ser «el multiplicador» o «el séquito», con la diferencia de que sí que me preocupé por la situación en que dejaba al que organizaba la cena. En vista de la poca gracia que le hizo, monté mi cena separadamente :P.
    Y en mi opinión, los peores son los inciertos, sobre todo cuando aun no se alcanza una «masa crítica»: ese número de gente que una vez reunido ya anima a los demás a apuntarse a la cena, pero que, hasta conseguirlo, sólo provoca dudas («no sé si podré ir, la verdad»)

  5. creo que falta uno en el que seguramente encaje el autor de este post.
    el organizador finolis tiquismiquis que en lugar de quedar con sus amigos para echar unas risas y pasarlo bien se dedica a fijarse en todos los detalles estúpidos para luego quejarse y llorar por lo injusto que es el mundo ya que los planes que habia ideado durante el último mes para la cena no se han cumplido a rajatabla.
    menuda gilipollez de post. yo quedo con mis colegas a cenar y nos lo pasamos bien y punto. y si vienen mas colegas, pos «tus amigos son mis amigos». y si uno es un jeta se le dice a la cara o no se le vuelve a llamar. o si otro llega tarde allá eĺ, que venga cuando le de la gana. menudas ganas de ir preocupandose de lo que hace cada uno………

  6. NO me extraña zrubavel, lo veía venir… eres todo un raro
    señor, en la vida hay que dejar lugar a la improvisación. no todo va a salir siempre como quiere uno
    [Comentario zrubavel: No creas, soy menos raro de lo que crees.
    Me molesta quedar con gente y que tarden mucho en llegar, porque una de las cosas que más valoro es mi tiempo. Como sé que no se deja de ser impuntual con una regañina, a alguna de esas personas la he dejado tirada cual colilla, para que reflexione un poco sobre su comportamiento.
    Desde luego esto no se puede hacer por sistema. Pero cuando hay confianza uno se puede permitir este tipo de cosas.]

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