Cuentos de terror para pasapiseros

En nuestro pueblo vive un tal Shachno Beiles. Hemos sido vecinos durante muchos años. Las hijas de este pobre hombre son muy feas. La más joven había cumplido ya los treinta y aún estaba por casar. ¿Y cómo puede dar dote a sus hijas un hombre pobre? En resumen, prometió a un posible pretendiente mi casa como dote de su hija. Me enteré después de la boda. El novio vino a verme y me mostró las capitulaciones matrimoniales en las que se decía que mi casa era su casa. No quise poner en evidencia a Sachno Beiles, ni que sufriera la consiguiente vergüenza. No, porque, en cierto modo, es hombre docto en Escrituras, y lo hizo porque se encontraba en apuros. Si yo hubiera dicho al yerno de Sachno Beiles que su suegro le había engañado, igual abandonaba a su esposa. Pensé que ya soy vieja y que los recién casados comenzaban a vivir. ¿Cuánto tiempo podía yo vivir en aquella casa? No tengo herederos a quien dejarla, salvo tú, Pinchos Mendel, pero tú vives en Varsovia, por lo que para nada necesitas una casa en Tomashov. Además, tú no eres hombre de mundo. Para sacar algún provecho de aquella casa hay que ser astuto. Hay que arreglar el tejado y hacer muchas reparaciones. Los gastos de ir y venir se te comerían todos los beneficios. En fin, que renuncié a la casa. De todos modos, día llegará en que de todos modos tendremos que prescindir. Nada podemos llevarnos al cielo, salvo las buenas obras. En consecuencia hice mi hatillo y aquí estoy.

Isaac Bashevis Singer: polaco, judío, emigrante a los Estados Unidos, escritor, premio Nobel de Literatura en 1978. De su libro de relatos cortos, Un amigo de Kafka.

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