El casero

Cuando se busca el piso perfecto que alquilar(o comprar), hay cuatro factores fundamentales:

  • Localización
  • El piso
  • Precio
  • Casero (o vendedor)

Si ignoras alguno de los cuatro, o te obcecas en un único punto, el riesgo de que vivas una historia de terror es elevado.

Lo más frecuente es ignorar al casero, no darle la importancia que se merece, total, no vamos a vivir con él. Muchos, además, han tenido buenos caseros, y no son conscientes de lo mal que pueden ir las cosas cuando se tiene uno malo.

Los malos caseros no son excepcionales. La buena noticia es que se les reconoce a la milla. Ignora esas señales a la hora de firmar el contrato, tarde o temprano reaparecerán.

Un mal casero suele ser una persona que apura mucho el precio de su vivienda. No se preocupa tanto de tener buenos inquilinos – para malo ya está él – sino de que paguen lo estipulado. Gustosamente cambiaría un médico por un chatarrero si el segundo se compromete a pagar 10 euros más.

Los malos caseros suelen apurar los días de ocupación del anterior inquilino: publican anuncios antes de que éste se marche e incluso enseñan el piso mientras ves las cajas de mudanza. Como se realiza prácticamente un traspaso de llaves de un inquilino al siguiente, ni se plantea limpiar la vivienda, pintar paredes o realizar básicas reparaciones.

Esas pequeñas miserias se magnificarán cuando entres a vivir. Si se rompe algo, peleará hasta el último momento con tal de no pagar nada. Cuando digas de marcharte, serás tú el que tenga que convivir con visitantes anónimos. Y al final, si el nuevo inquilino se queja, quizás te toque pagar la pintura o la limpieza a ti.

He visto tantos pisos de alquiler a lo largo de mi existencia, que siento que de alguna forma he tenido que fracasar en mi modo de vida. Para mi una vivienda es como una película de las 15:30, sólo necesito ver dos o tres minutos para saber todo y entender el tipo de final que me espera. Algunas banderas rojas de alerta ante las que debes asustarte:

Acumulación de muebles viejos. No podrás tirarlos. Una conversación en que se discute el destino de un sofá con más de 20 años acorta tu vida en más de dos meses.

Acumulación de suciedad. Un piso sucio es un piso descuidado; seguramente haya infinidad de pequeñas cosas rotas o a punto de hacerlo: tuberías, azulejos, juntas, electrodomésticos, picaportes, ventanas.

Caseros con problemas de dinero. Si tu casero anda de dinero peor que tú, mala señal. A mi me preocupa que una persona necesite mi dinero para llegar a final de mes.

Caseros que no dan concesiones. Entrar un par de días antes de lo fijado, que calculan la fianza apurando al céntimo, que no te dejan ni una escoba en el piso. Todo eso habla de personas inflexibles.

Caseros difíciles de contactar. Si tuviste problemas para ver el piso, o para telefonear preguntando una duda sobre el contrato, si el casero sólo está localizable a determinadas horas del día, cuando necesites de él para algo que le va a costar dinero a él, lo más normal es que serás ignorado.

Mediadores. Cuando aparece una inmobiliaria de por medio, o el piso lo enseña el cuñado pero no el propietario, estamos ante un caso extremo de casero difícil de contactar. Problemas a la vista.

Voy a mi caso particular para que veáis qué actitudes tan diferentes puede tener un casero ante un problema casi idéntico.

Se rompe el calentador del agua. Llamo al casero y me dice que no es problema suyo. Se lo digo a mi compañero de piso y me dice que sí, pero él no vuelve a llamar al casero. Llevamos una semana sin agua, llamamos de nuevo, se vuelve a negar. Pedimos un presupuesto que resulta bastante caro. Nos plantamos pero el casero no hace nada. Los que no tenemos agua somos los inquilinos que entramos en una patética lucha: nos negamos a arreglarlo pero el casero ni se entera y los que no tienen agua caliente somos nosotros. Durante semanas me afeito en las duchas del gimnasio, como un mendigo. Hemos estado casi seis meses, se concierta una reunión. Negociamos durante más de una hora. En un gesto de enorme generosidad, el casero decide pagar una tercera parte de la reparación. Al final, aceptamos (mi compañero de piso tampoco era muy colaborador). El casero llama a un técnico amigo suyo y nos sale la reparación más barata que el presupuesto inicial. Conseguimos tener agua caliente, la resistencia pacífica ha demostrado su eficacia.

Otro casero, otro calentador, otra avería. Mejor casero, que decide pasarse por casa para ver si él puede arreglarlo. Ve que no puede, llama al técnico. Avería solucionada en tres días.

Mejor casero, nuevo calentador. Este casero pagaba un seguro de mantenimiento del calentador. Si algo le pasaba, estaba cubierto por ese seguro. Se rompe la lavadora. Le llamo. Llega al día siguiente con una lavadora que había comprado en el Corte Inglés (la más barata). Me dice que «sin lavadora no se puede estar».

En realidad en todos los casos fueron gastos de pacotilla. Pero el primer casero ocasionó un desgaste psicológico innecesario. Debates sobre la justicia de las reparaciones, amenazas de denuncia, horas perdidas navegando en páginas de afectados por caseros. Todo eso se debía haber evitado antes de empezar. Elegir mejor el casero.

Gracias a internet, la zona, el precio y la calidad de la vivienda se saben por adelantado. Cuando voy a ver un piso, lo único que realmente me interesa es conocer al casero. Haz lo mismo y te irá bien en la vida.

Compra mi libro en Amazon.es o Amazon.com.

5.99€ ebook, 14.99€ libro pasta blanda.

4 comentarios sobre “El casero”

  1. primer casero, se cambia/arregla calentador, se pide factura y se descuenta del alquiler a pagar, y pones denuncia en el juzgado para que conste el porque.

  2. Curioso. Desde 1992 acumulo 13 viviendas como arrendatario y jamás me he cruzado con «el siguiente inquilino». Es más, de haberme llevado mal con el casero, ahí no habría entrado ni Dios hasta que la última caja de cartón hubiese sido cargada en la furgoneta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *