El empleado del mes

No es infrecuente encontrar ofertas de empleo que solicitan personas con conocimientos muy elevados. Ingenieros que conozcan varios idiomas, con varios años de experiencia y que conozcan diversas tecnologías heterogéneas.
A veces, esas ofertas nos sorprenden por los sueldos tan bajos que ofrecen. Aún así, suelen encontrar a bastantes personas que encajan en los perfiles que socilitan y que están dispuestas a trabajar por ese dinero.
Cuando contratas a una persona, además de exigirle un determinado trabajo les estás dando una cierta confianza. Un restaurante da acceso a la caja registradora a un camarero. Un negocio de telefonía permite consultar información sensible a simples teleoperadores. Un becario de informática tiene la opción de llevarse una copia de la base de datos de clientes de una empresa. Una limpiadora puede entrar en el despacho de un consejero delegado de Telefónica.


Evidentemente, en la mayoría de los casos, estás personas no realizarán estas tareas delictivas. Sin embargo, cuando contratas a una persona, simplemente porque es barata, te arriesgas a dos cosas: por un lado, a que el que estés cogiendo no sea el mejor candidato de los posibles, simplemente el más necesitado. Por otro, que el empleado no tenga ningún tipo de fidelidad hacia la empresa y esté dispuesto a dejarla a la primera de cambio.
Otro punto a tener en cuenta es el conocimiento del empleo. Un teleoperador sabe las argucias de que se sirven las empresas del ramo y podrá darse de baja de Internet sin tantos problemas como un simple agricultor. Una azafata de vuelo sabe algún truco para volar en primera clase. Un becario que haya trabajado en un banco sabe qué papeles tiene que llevar al banco para agilizar una hipoteca y qué cara tiene que poner para que le den el tipo de interés adecuado. Pero también podrán darle la vuelta: el teleoperador sabe que los sistemas no cambiaron de contraseña desde que él se marchó. La azafata sabe que su tarjeta de empleada caducada aún sigue dejándole pasar a zonas restringidas. El becario del banco sabe dónde guardan el dinero en el banco y qué día vienen los del furgón blindado.
A veces, las personas hacen uso de estos conocimientos con fines fraudulentos. En casos contados, algunas personas sólo buscan un empleo como medio para delinquir. Otros, simplemente aprovechan las posibilidades que tienen para cometer el delito.
Un teleoperador de soporte aprovecha su información privilegiada sobre la empresa de telefonía para quitarle el servicio a una determinada línea telefónica. O consigue el listado de llamadas que ha hecho su novia, informaciones que sólo podrían conseguirse con un requerimiento judicial. Ese teleoperador, al ser descubierto, no es denunciado. Resulta que está subcontratado. La empresa subcontrata no quiere sacar a la luz un error que ha cometido su empleado ( contratado por cuatro duros y sin la cualificación que dijo tener en la entrevista ). El empleado no quiere problemas, se va a la calle y ya está.
Un antiguo director de sucursal lleva a cabo su sueño criminal: aprovechar todos sus conocimientos sobre el sistema bancario para, haciendo uso de los defectos del sistema, estafar varios millones de euros.
Un cartero, con el sueldo mínimo, no tendrá problemas en abrir cartas que, por el tacto, indudablemente contengan una tarjeta de crédito.
Un empleado de hotel puede desvalijar las habitaciones de los hoteles, sin apenas levantar sospechas.
El problema es simple: las empresas creen que pueden contratar a trabajadores de «usar y tirar», sin pensar que están dándole la llave de su negocio a perfectos desconocidos. Se paga mal a los empleados, aumenta la rotación y por tanto el número de empleados a contratar. Se coge a gente a la que no se conoce para tareas sensibles. Los riesgos, se acaban pagando.

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Un comentario sobre “El empleado del mes”

  1. Muy interesante esto que cuentas. Me ha hecho recordar además la conocida disculpa que se ofrece frecuentemente para subir los sueldos a políticos y jueces (que me parece muy bien, ojo, pero que sólo se aplica en esos ámbitos cuendo debería aplicarse en todos).
    Nos dicen que para evitar la corrupción es bueno que un juez tenga un sueldo bien alto, lo mismo para políticos. En teoría un buen sueldo hace más difícil que el político sucumba al canto de sirena de los posibles sobornos. Independientemente de que esto sea así (que habría que mirarlo con lupa, porque una vez que te acostumbras a un nivel de vida, parece que siempre se quiere subir al siguiente), si se acepta que es válido para políticos y jueces, también debería aplicarse a trabajadores de telepizza, cajeros, teleoperadores y un sinfín de empleos como los que mencionas.
    Un saludo.

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