El personaje

Las noticias sobre cine en los telediarios son una extraña forma de rellenar la programación. No llega a ser publicidad directa por la que tengan que pagar pero reciben extensísimas reseñas de los medios de comunicación.
Creo que el interés público no alcanza el despliegue de los medios que se realiza. Es como si los telediarios dedicaran diez minutos a los eventos de jazz, será todo lo cultural que quieras, pero a pocos les interesará. Pues hablar cada jueves y cada viernes de «los estrenos de la semana», cuando tan poca gente va al cine, es cuanto menos extraño. Habrá intereses que desconozco.
Lo que menos me gusta de estas promociones, que son todas casi iguales, son las entrevistas a los actores. Cierto es que son ellos las estrellas de Hollywood o de no tan lejos, los famosos de turno que atraen al público a los cines. Pero no tiene mucho sentido preguntarles a ellos por la película. Al fin y al cabo ellos no son más que simples empleados que han actuado por el excelente sueldo que iban a cobrar.
El primer tópico es decir «me ha encantado trabajar con el director de turno». Es una frase manida, no puede encantarte trabajar con todos los directores de cine del mundo. Unos te encantarán más que otros. Y para los que menos, el adjetivo encantado viene demasiado grande.
Si los actores son extranjeros, un tópico motivado por las rutinarias preguntas de los periodistas es decir «me encantaría trabajar con un director español» o directamente «con Pedro Almodóvar». Esa respuesta es de cortesía y no responde a ningún deseo explícito. De hecho esos grandes actores podrían trabajar con él si quisieran, sólo tendrían que mostrarse dispuestos a cobrar menos, llamar al director pidiéndoles un papel y tal vez aprender algo de español. No es mucho, pero seguro que no quieren llegar a tanto.
El segundo tópico es la defensa del personaje representado. El actor no sólo tiene que haber disfrutado rodando sino que le ha gustado el papel representado y la figura a la que ha dado vida con su representación.
Si el papel era de bueno, la personalidad se antoja casi heroica. Si es de villano, era una buena persona a la que las circunstancias empujaron a tan dramática situación. Si es un papel tonto de comedia, aún se le da un análisis psicológico que resultaría exagerado hasta para un thriller complejo. Este absurdo se supera sobre todo en los doblajes a películas de animación realizados por famosos. «El pez YYY es un emprendedor nato, siempre buscando formas de innovar y ofrecérselas a sus compañeros.»
En parte sobre esta línea, es irritante cuando se trata de establecer una similitud entre la personalidad del actor y el papel representado. Siempre cae la pregunta de «¿Te sientes representado con el personaje de ZZZ?».
Cuando son papeles floreros, de actrices de moda a las que se les contrata para atraer taquilla, con el reclamo de algún desnudo se cae siempre en el tópico de la mujer luchadora. Era la novia tonta que hace tres escenas de cama en la película pero ella «vivía a la sombra de KKK, aunque era también una mujer fuerte, en la que él siempre se apoyaba».
Y el tercer tópico es el de la pregunta al personaje. Es preguntarle algo a un actor pero esperando que responda como lo haría el actor al que representa. ¿Crees que WWW aprobaría las acciones emprendidas por el Gobierno Americano? ¿Te gustaría haber conocido a RRR en la vida real? ¿Qué crees que TTT hubiera hecho si no lo hubieran asesinado? Esto sencillamente es patético. Imaginad que os preguntara alguien «¿Qué habrías hecho el 11-S si fueras Batman?». Puedes responder y tal, pero que eso aparezca en cientos de periódicos impresos y en las noticias, es muy grave.
El cuarto tópico es el de la identificación con el personaje. Tan actores que son y luego resulta que para representar a un enfermo en estado vegetativo tienen que pasarse tres meses en un hospital viendo a otros enfermos «para hacerse la idea de cómo representar el papel». O el que hace una película bélica y luego se pasa tres meses haciendo un curso de tiro con ametralladoras, para que luego esas escenas las haga un doble.
Mención especial a aquellos papeles de transformación total. Eso ya es para mear y no echar gota. Necesito a un gordo negro de cuarenta años para el papel, pero como si no los hubiera a patadas, muchos de ellos famosos, tengo que contratar a una mujer joven de piel blanquísima para embarcarla en tres horas diarias de maquillaje y hacerla parecer una persona común y corriente. Vale que las sesiones de maquillaje dan para medio metraje del documental «Cómo se hizo CCCC», pero no creo que justifique esos cambios.
La moda principalmente se centra en hombres haciendo papeles de mujeres maduras (porque después de los treinta ya se les puede despedir a todas) y en mujeres atractivas haciendo papeles de monstruos o patitos feos.
El último tópico es el de la familia. Es decir en todo momento que para el actor lo más importante es su familia, que la apoya en todo. Que en cuanto termine el rodaje va a pasar unas semanas con su familia. O que no aceptó un papel por no separarse de su familia. Todo muy bonito y familiar, pero luego los casos de familias rotas por rodajes son casi infinitos.

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