Fotografía de aficionados

Uno de los temas menos recurrentes en esta página es la fotografía, de la que sabéis que no soy un gran aficionado. No obstante eso es un gran hándicap a la hora de mostrar publicidad. Así que hoy voy a escribir no sobre la Canon EOS Rebel T2i sino sobre los inicios de la fotografía.

En el anteriormente reseñado libro sobre la Exposición Universal de 1893 se expone de refilón la situación del mundo de la fotografía en aquella época, en que las primeras cámaras Kodak estaban recién inventadas y con las que ya «cualquiera» podía hacer una fotografía.

Como en cualquier cambio tecnológico, los grandes perdedores del invento fueron los fotógrafos profesionales, que lucharon por mantener su profesión como buenamente pudieron.

En la exposición de Chicago de 1893, el fotógrafo Charles Dudley Arnold consiguió un permiso en exclusiva para las fotografías que se realizaran de la exposición y su consiguiente comercialización. Con esto se consiguió gestionar la imagen internacional de la exposición, distribuyendo siempre fotografías de personas de clase alta, bien vestidos, como si fueran el asistente medio al evento. El problema de este monopolio lo percibimos hoy en día en que para un evento histórico de afluencia masiva apenas si han sobrevivido un puñado de testimonios gráficos, por culpa de una gestión cicatera de los derechos de imagen.

Sobre los orígenes de las cámaras, cito:

Un segundo contratista recibió los derechos en exclusiva para alquilar cámaras Kodak a los visitantes a la exposición, siendo las Kodak un nuevo tipo de cámaras portátiles que eliminaban la necesidad de lentes y ajustes del objetivo. En honor a la feria, Kodak denominó «the Columbus» a la versión portátil de su popular modelo nº4. Las fotografías creadas con esas nuevas cámaras muy pronto empezaron a llamarse «snap-shots», un término proveniente de los cazadores ingleses para describir un disparo rápido con una pistola. Quienquiera que llevara su propia cámara Kodak a la exposición tenía que pagar un permiso de dos dólares [la entrada a la exposición costaba un dólar para los adultos], un precio fuera del alcance de la mayoría de los visitantes; la Midway’s Street (calle Midway) impuso una tarifa adicional de otro dólar. Un fotógrafo aficionado que trajera su cámara convencional con el consiguiente trípode tenía que pagar diez dólares, aproximadamente lo que muchos visitantes de fuera de la ciudad pagaban por un día entero en la exposición, incluyendo alojamiento, comidas y entradas.

Con unos precios así, el pirateo estaba garantizado. No obstante:

Se impusieron treinta multas por llevar cámaras Kodak sin permiso, y treinta y siete por tomar fotografías sin la autorización correspondiente.

Un detalle interesante de estos inicios de la fotografía aficionada lo da la actitud de los hoteles ante una afición recién estrenada. Una forma de atraer clientes era ofrecer servicios de cámara oscura a estos fotógrafos noveles, casi desde el mismo momento en que se inventaron las cámaras portátiles.

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Un comentario sobre “Fotografía de aficionados”

  1. La lucha por los derechos a hacer fotos continua hoy en día. Multitud de museos o lugares turísticos no permiten hacer fotos para mantener su monopolio en la distribución de libros, postales, etc. En algunos casos son lugares privados, en otras llega a la ilegalidad cuando no te permiten hacer fotos de fachadas desde la vía pública.
    Lo peor es el desconocimiento de la legislación sobre estos temas. Soy fotógrafo profesional y estoy cansado de pelearme con guardias de seguridad que aún creen que te pueden prohibir hacer fotos en una estación de tren.

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