Gimnasios exclusivos

Siempre he sido de ejercicios en casa con métodos rudimentarios o de gimnasio municipal con poco glamour y escasa asistencia de público pero hace unos días estuve de acompañante en algunos de los gimnasios más elegantes y caros de Madrid.

Territorio tan desconocido como incómodo, estuve prestando la atención desde la distancia que da el visitarlos sin tener la más mínima intención de apuntarme.

Lo primero que sorprende es que los precios son altos, muy altos (más de 150 euros al mes) pero tampoco excesivos para los servicios que ofrecen. En alguno sólo por poder aparcar en pleno centro de Madrid sin tener que pagar nada más, ya se justifica gran parte de ese desembolso.

La matrícula de inscripción es una tomadura de pelo en que parecen caer todos. Se supone que es un precio exorbitante (300 euros, 500 euros) pero en todos los casos coincide que el día que te vas a apuntar hay una oferta especial (que sólo dura hasta el lunes siguiente) en que la matrícula te sale gratis o en apenas 50 euros. Esta forma de oferta permanente siempre me ha causado bastante repulsa porque es un engaño evidente (en el gimnasio ni siquiera intentan hacerte creer que estás de enhorabuena) y hace que el resto de la locución pierda validez para conseguir la venta.

A pesar de la exclusividad la realidad es que no hay gimnasio (o habrá pocos) lo suficientemente exclusivo como para poder vivir tan solo de los clientes que sean exclusivos. Como sucede en los restaurantes, lo ideal es ser distinguido sobre el papel pero tener un público lo más plural posible. De ahí que los precios sean asumibles incluso para empleados de clase media resultona. Obviamente no tiene sentido que un sitio de supuesta élite alcance a los mileuristas, pero sí que se pelea por atraer a los jefes de esos mileuristas que, sin ser nadie, se pueden permitir un gasto como ese.

El hecho de que sea un sitio exclusivo (o VIP para no repetir tanto el adjetivo pero que es un término penoso) sí pero no es una característica que me sorprendió. Se nota sobre todo a la hora de pagar, pues la forma de realizar el desembolso es más brusca que un eructo en un funeral. Normalmente en un gimnasio de barrio se paga por meses. Pero aquí no: se paga por domiciliación bancaria. Y ante la perspectiva de borrarte la cosa se pone complicada pues tienes que preavisar con muchos días (más de un mes) de antelación. Y eso seguro que da problemas pues te van a seguir queriendo cobrar mucho tiempo. El concepto de pagar mes a mes parece no existir.

Una vez dentro, aparece la figura del entrenador personal. El entrenador personal es un monitor de gimnasio que se te ofrece para que haga un seguimiento personalizado de tu trabajo. La idea obvia es cobrarte un montón de dinero más por tener a alguien encima de ti diciéndote los pesos que tienes que poner y el ejercicio que te toca practicar. Según se quejan en Internet, si decides no contratar al entrenador personal te tratan un poco mal. Siempre es triste cuando ves que tratan de sacarte los cuartos por varios frentes y que te toca proteger tu dinero.

Luego está la cuestión del personal que te atiende que son personas en una difícil situación social: la cola de león. Están tratando todo el tiempo con personas VIP y eso exige ir bien maquilladas o bien afeitados, con ropa que no sea de mercadillo ni trajes del C&A, aparentando estar en el mismo ajo que la persona a la que se está ayudando.

Por supuesto que trabajar en uno de estos sitios tiene un atractivo adicional que, paradójicamente, se descontará del sueldo. Muchos son los que querrán trabajar ahí, por lo que no hace falta ofrecer un sueldo muy elevado. Con lo que se crea una situación algo paradójica. Además, estas personas que atienden a los VIPs también se ven obligados a tratar con las cabezas de ratón que son las que realmente mantienen vivo ese negocio. Gente algo mejor que yo que puede llevar ropa de marca pero también algo de mercadillo o alguna camisa del C&A. Con lo que se crea un conflicto: la chica de Armani de oferta se cree que el que tiene ropa de la línea cara de C&A es un muerto de hambre. Cuando es el que puede pagar en el gimnasio que ella jamás podría alcanzar.

Este tipo de sitios la verdad es que desincentivan la clásica actitud de apuntarte al gimnasio y tardar una semana en medio abandonarlo y un mes en dejarlo oficiosamente. Son lugares a los que apetece ir. No hay tanto macarra ni tanta máquina oxidada y sudada. Los vestuarios no son un poema y uno se olvida de la eterna patata caliente de la toalla mojada, pues hay servicio de toallas gratuito. Todo son comodidades y atractivos para ir al gimnasio. Luego cada cual hará lo que le dicte su conciencia.

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3 comentarios en “Gimnasios exclusivos”

  1. Yo hace poco he estado mirando gimnasios normales por Madrid y nada bajaba de 60 euros, lo cual me parece abusivo. Y sí, el tema de las matrículas en eterna promoción parece la norma del negocio, igualmente que en las autoescuelas.

    Un dato importante, varios de los que miré exigían permanencias de un año bajo pérdida del mes de depósito o matrícula. Con lo que en uno de estos de 150 euros la cosa puede ser un palo muy interesante para cualquiera de estos venidos a más.

  2. mas trabajar y menos gimnasio, mi abuelo dice que no eso no existia hace 50 años y las depresiones tampoco.

  3. Vaya por delante que no soy una pija… voto a la izquierda, colaboro en mis ratos libres con una asociación, renuncié a un cómodo sueldo fijo a cambio de más libertad y trabajo totalmente por libre… Dicho ésto, me parece que tu apreciación “sociológica” está llena de prejuicios y que en lo que menos se centra es, precisamente, en el deporte, que es el motivo fundamental (digo yo!!!) para asistir a un gimnasio.

    No me imagino cómo en una simple visita has recibido información como para afirmar cosas como “Por supuesto que trabajar en uno de estos sitios tiene un atractivo adicional que, paradójicamente, se descontará del sueldo”. ¿Te dijeron los empleados del gimnasio cuánto ganaban? ¡Sorprendente!

    Yo ahora voy a un gimnasio “pijo” (si por ello se entiende un local limpio, que no está en un sótano lleno de humedades, con máquinas no oxidadas, amplia oferta de clases y, encima, muy agradable estéticamente). Es lo único decente que tengo cerca de casa y estoy encantada de que me hayan abierto un sitio así en el barrio. Yo voy a hacer deporte y me importa tres pitos si los que asisten son pijos o no (que, además, a mí me parece que la mayoría de la gente es muy normal, aunque es cierto que se ven pocas “maris” y “macarras” y se ve algún “repeinao de gomina”, aunque, en chándal, todos nos parecemos bastante (por cierto que hasta los de recepción van en chándal, por lo que no sé si en la calle visten de Armani o de mercadillo. A mí realmente me da igual.

    Como pago la cuota anual me sale a menos de 90 € al mes y puedo asistir incluso a clases caras como yoga, pilates, o utilizar el spa siempre que quiera. Antes de que abrieran iba a otro muy cutre, también porque me pillaba cerca de casa, y pagaba más o menos la mitad, pero tal asquerosidad que ni me duchaba allí, había tan pocas clases que, como se te complicara un poco el día, ya no hacías deporte…

    Resumiendo: que me parece estupendo que haya gimnasios para todos los precios y que cada cual pueda escoger lo que le guste o pueda permitirse. Y que, prejuicios aparte, al margen de ser más “bonitos”, los gimnasios “de lujo o pseudo lujo” están mejor equipados y ofrecen más servicios. Yo no tengo coche, pero si tuviera preferiría uno bueno y fiable (aunque me den “repelús” los coches de marca) a conducir un trasto que te pueda dejar tirado en cualquier momento. Y esto, en realidad, se parece bastante.

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