La crisis del langostino

Hubo un tiempo en que el langostino era un producto de lujo. Sólo se tomaba en contadas ocasiones: Navidad, bodas, bautizos, grandes banquetes.
Uno podía llegar a oír la pregunta: «¿Había langostinos?» U oir jactarse a alguien de que se hartó de langostinos.
En mi casa estos raros animales apenas si pasaron de puntillas. Sólo se comía la gamba, que es un pariente pobre y como a escala. El drama de la gamba es que cuesta lo mismo pelar una gamba que un langostino pero con la gamba apenas si te comes una cuarta o quinta parte, con lo que el esfuerzo parece mucho más inútil.
Sin embargo algo ocurrió. Aumentaron las exportaciones, los sistemas de congelado. Se encontraron nuevos caladeros. El caso es que ahora los langostinos están tirados de precio.
Por unos seis o siete euros puedes comprarte un kilo de langostinos. Apenas si cuesta el doble o el triple que un kilo de tomates, producto prosaico donde los haya. Y si quieres langostinos de calidad por poco más dinero tienes langostinos con pedigree.


La situación ha llegado al punto de que ya casi no se venden gambas. La diferencia de precio no es tan significativa. Me imagino que todas las gambas van directamente a las empresas que las pelan en forma automatizada para luego congelarlas o incluirlas en productos precocinados.
Hasta qué punto es irracional el gusto por un determinado producto: antes nos matábamos por comer langostinos y ahora que son asequibles se les ignora. Hoy en día, es un aderezo de la cena de Navidad, pero en modo alguno el plato principal. Se le toma como entrante o se deja una bandeja en el centro de la mesa pero sin recibir las atenciones del pasado. En los supermercados aún se nota cierta inercia: cuando llega la Navidad traen muchas más cajas de langostinos pero luego tienen problemas para darles salida a todas e incluso en fechas de máximas ventas no es raro encontrar ofertas que los abaratan aún más.
Lo curioso es que en los bares y restaurantes parecen haberse quedado en la Edad de Piedra con los langostinos. Aún ofrecen raciones a precios exorbitados. Es un producto bastante común en las cartas de los restaurantes pero el precio es sencillamente irracional teniendo en cuenta el costo del producto.
Pero si irracional es el precio más aún el comportamiento de la gente. Porque los siguen pidiendo con cierta alegría. Se desprecia el langostino de supermercado – o se le incluye en la dieta cotidiana sin ningún tipo de glamour – y en las cenas fuera de casa se vuelve al paletismo del un día es un día. Y por eso nos pedimos una de langostinos. Aunque sean caros, me voy a permitir el capricho.

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4 comentarios sobre “La crisis del langostino”

  1. A mí personalmente no me gustan ni las gambas ni los langostinas y sus superiores en la escala del marisco, léase bovagante, langosta y demás, han empezado a gustarme hace poco. Salvo en este apartado en que apunto a la cima de la jerarquía, soy más de gulas que de angulas y de mortadela que de jamón.
    Sin embargo sí que noto que hoy en día cualquiera come langostinos, hasta los ponen de tapa en algunos bares (no sé si gambas o langostinos, porque como no me gustan no sé diferenciarlos bien). En mi casa se compran a kilos meses antes de Navidad y mi madre los guarda como reserva en el arcón por si se agotan en el supermercado. Y cuando se come langostinos, como bien dices, no es plato principal, sino entrante (con el que se ceban bien los comensales, por cierto, ya comerá más de medio kilo cada uno).
    En fin, que desde mi punto de vista, tiene más glamour una barra de chorizo que un plato de langostinos. No tienen encanto.

  2. En mi casa por suerte siempre nos lo hemos podido permitir, aunque yo personalmente prefiero el bogavante.
    Y si, en los bares/restaurantes es muy tipico ver al tipico pijo de fin de semana pidiendo los langostinos como si de caviar se tratara…

  3. Desde hace tiempo, el langostino está prohibido en todo bodorrio que se precie: si dices que has comido langostinos en la última boda a la que has ido, la gente se descojona

  4. A día de hoy el marisco en general está tiradísimo de precio en comparación con otras cosas. El último filete de emperador que me comí me costó más de 3 euros, sin embargo el marisco que le puse a una paella para 2 personas (8 langostinos, 8 mejillones y 250g de chirlas) me costó menos de 3€, ¡todavía no me lo creo!
    En mi casa toda la vida se ha comido marisco por Navidad porque no se comía en todo el año, no había dinero, hoy día se come de un modo relativamente frecuente, y no ha tocado la primitiva ni se gana mas dinero….
    También es cierto que ya la gente lo come menos en restaurantes, tal vez porque lo comen en casa, ¿puede que sea el motivo para que siga siendo caro?

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