La desaparición del céntimo

Ahora surge un nuevo proceso que es el de la muerte del céntimo. Tras las primeras desconfianzas en que veías como la gente esperaba las vueltas de 1 céntimo de euro y jamás daba propina, tras volver a la situación normal, nos damos cuenta de que las monedas de un céntimo de poco sirven. Las máquinas expendedoras no las aceptan. Nada vale 1 céntimo, como antes le ocurría a la peseta. Los picos se han redondelizado, han buscado el número entero.
Personalmente tengo unos 20 céntimos en la cartera, entre monedas de 1 y 2 céntimos, desde hace tiempo, y sé que me va acostar darles salida.
Los finlandeses, que son uno de los pueblos más avanzados intelectualmente del mundo, de salida decidieron no preocuparse con esa minucia. Y no emitieron monedas de 1 y 2 céntimos. Se evitaron pasar por etapas estúpidas de evolución. Poco después los austríacos, que tienen un nivel de vida que te pasas(o al menos tienen unos precios desorbitados) hicieron por quitarse la moneda de encima. También los holandeses.
Ahora empiezan a oírse voces en el resto de la Unión Europea, España incluida. Me divierte que el principal argumento en contra ante esta simplificación del sistema monetario es el miedo al redondeo. Porque, dicen, «la población tiene la sensación de que han subido los precios». Los políticos parecen vivir en una urna de cristal. Desconocen el precio de las cosas. No es una sensación, es una realidad. Y no han subido algo, han crecido muchísimo.
El principal problema que yo encuentro a la desaparición del céntimo es que los precios deberán ajustarse de nuevo. Algo que ocurrió ya con el cambio de moneda. Y por eso he intentado recalcar el proceso subsiguiente, de redondelización de precios. Por supuesto, dado que los precios han alcanzado números redondos en los productos que parecían exigirlo, esta nueva apreciación, posterior al redondeo, será menor con el cambio de moneda, pero a buen seguro que se producirá.
Poco después de implantar el euro en Italia, el país de la zona euro que tenía la moneda más devaluada, surgieron problemas. Pasar de pagar cientos de miles de liras a unos pocos euros desembocó en que en este país los precios subieran más que en ningún otro lugar de la Unión. Porque estos procesos de subida descritos para España han tenido distintas e interesantes evoluciones en cada uno de sus países de origen, en función de los siguientes aspectos:
-Permisividad de los gobiernos.
-Precio medio de los productos antes del cambio de moneda.
-Constante de cambio de dicha moneda.
Por ejemplo, en Alemania, el cambio euro – marco alemán era inmensamente simple. Dos marcos eran un euro. Esto fomentó que apenas se pudieran engordar precios. Aún así la gente encontró maneras, pero nunca tan provechosas como en países como el nuestro.


Volviendo a Italia, asociaciones de consumidores sugirieron la aparición de billetes de 1 y 2 euros. La causa era que la gente, por la natural desacralización de lo que es moneda y no billete, tendía a pensar que cantidades de pocos euros – que se pagaban con monedas y no con billetes como antes – eran pequeñas. Y luego no llegaban a final de mes. Italianos y franceses estaban acostumbrados a la existencia de billetes de poca cantidad. Por el cine sé que en Estados Unidos hay billetes de un dólar, y son de uso común.
Ni que decir tiene que una medida así tiene que contar con el apoyo de muchas y muy importantes voces, dentro y fuera del país, para que tenga éxito. Y por lo tanto, no creo que acabe teniéndolo.

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