La historia de Nastagio degli Onesti

Las tres tablas que con el título genérico de «La historia de Nastagio degli Onesti» se exhiben en una de las salas de este Museo, formaron originariamente parte de una serie de cuatro pintadas por Botticelli para la ilustre familia florentina de los Pucci.

Entre los cuadros más admirados del Museo del Prado se encuentra esta serie de tres cuadros atribuidos a Botticelli.
La autoría de estas pinturas -que ya en el siglo XVI fue atribuída por Vasari a Botticelli- ha sido no obstante muy discutida por la crítica especializada, a la vista de las disparidades de ejecución que se aprecian en ellas y que revelan en algunas de sus partes la intervención de colaboradores. En la actualidad se tiende a admitir, a tenor del carácter unitario que presentan, que no toda la realización de las mismas es obra autógrafa de Botticelli, pero que sí lo fue su concepción global y la dirección de la composición.


Sandro Botticelli es un autor idolatrado en Italia, que apenas ha dejado escapar obras suyas. Baste como prueba el hecho de que un fragmento de «El nacimiento de Venus» de Botticelli figura en las monedas de diez céntimos de euro emitidas por Italia.
Lo que más me llama la atención es que la obra, que recrea una historia del Decamerón a través de cuatro cuadros, esté fragmentada. Y dado que el Museo del Prado tiene tres de esos cuadros, ¿Por qué no tiene el cuarto?
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(imagen tomada de la Wikipedia)
Según dice la página del Museo:

La cuarta tabla se encuentra en la actualidad en una colección privada norteamericana.

¿Quién ese coleccionista norteamericano? Para descubrirlo, habrá que viajar muchos kilómetros, para luego darnos cuenta de que no hacía falta ir tan lejos.
Podemos leer la historia de la obra en la página del Museo del Prado:
Los cuadros se realizaron en 1483 con motivo del enlace de dos miembros de las familias Pucci y Bini, cuyos escudos aparecen en los marcos y en alguna de las escenas.[…]
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(Imagen tomada de la Wikipedia.)
Las tablas permanecieron en Florencia, en manos de los Pucci, hasta 1868. Pasaron después por distintos propietarios hasta que, en 1929, don Francisco de Asís Cambó compró las tres primeras a los herederos de Joseph Spiridon. En 1941, el propio Cambó las donó al Museo del Prado.
Francisco Cambó, importante político español ( y catalán ), además de un notable empresario, era un fanático del arte. Tuvo una de las colecciones privadas españolas más valoradas de la época. En particular, tenía fascinación por Botticelli y, de no ser por él, España no tendría ahora ninguna obra de este autor.
No obstante, no deja de ser interesante reseñar las numerosas sombras que acechan sobre la colección de arte de Cambó. Porque aunque estos cuadros fueron comprados limpiamente, Cambó fue investigado por realizar posteriormente compras en la Galería Fischer, de Lucerna, obras que en gran parte habían sido «confiscadas» a sus propietarios judios, durante la Segunda Guerra Mundial.
La generosa donación de Cambó al Museo del Prado tampoco lo fue tanto. Tras finalizar la Guerra Civil, aún cuando había apoyado económicamente a Franco, decidió emigrar a Argentina ( para encargarse de la dirección de la empresa eléctrica nacional, Chade ). En esa marcha, tuvo que dejar algunos cuadros en España. Para poder llevarlos consigo, negoció con el gobierno la entrega de las piezas de Botticelli.

Yo entregaría al Museo del Prado mi cuadro de Giovanni del Ponte; mis tres grandes panneaux (pintura sobre tabla) de Botticelli; los primitivos, atribuidos generalmente a Tadeo Gaddi, de Pietro Nelli y el fresco de Melozzo da Forli. Los cuadros que yo solicitaría se me autorizase para enviarme a América del Sur serían los siguientes: el Tiziano, el Sebastián del Piombo, el Correggio, el pastel de Fantin Latour, un cuadrito de Luxes y los retratos por Rubens, Tintoretto y Gainsborough.

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(Imagen tomada de la Wikipedia).
A la muerte de Cambó, la viuda decidió devolver la colección a España. La forma en que se devolvieron los cuadros a España fue totalmente irregular, con la mediación del embajador de España en Buenos Aires, Manuel Aznar ( abuelo del ex-presidente del gobierno español ).
Así pues, Cambó compró a un coleccionista tres de las cuatro pinturas de Botticelli. La cuarta, sin embargo, permaneció durante mucho tiempo en manos desconocidas.
La convocatoria de una gran exposición sobre Botticelli, expuesta primero en Paris, en el Musee du Luxembourg (29 de Septiembre del 2003 ) y después en Florencia, en el Palazzo Strozzi (10 de Marzo de 2004 ), destapa todas las miserias de la historia.
Por un lado, la National Gallery de Londres, prestó a la exposición su obra maestra, «La adoración de los Magos», pero exigió que se asegurara el cuadro por 35 millones de libras ( una cifra inusitada ). No tenían muchas ganas de dejar el cuadro.
Por otro, el Museo del Prado pudo contemplar con rabia quien era el propietario del 4º cuadro: el desconocido coleccionista norteamericano no existía. El cuadro había sido subastado en 1960 y el Prado no había estado en la puja. El que sí había estado presente fue el diseñador Emilio Pucci, que pudo llevar de nuevo la obra, tras casi 500 años, a la familia que la había encargado.
Los Pucci no estaban tampoco dispuestos a prestarlo para la exposición, pero la presión de los medios de comunicación, ante un empresario que depende mucho de la imagen, les llevó a dejar la obra a la famosa exposición.
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(Imagen tomada de la Wikipedia.)
El Prado, en lo que a mi modo de ver no fue sino una rabieta, sólo prestó la tercera tabla, por más que insistieron los organizadores. Por lo que ni siquiera durante la exposición pudieron volver a unirse los cuatro cuadros.
En resumen, una historia muy interesante, la que puede verse dentro del cuadro, pero que también fuera de él han pasado cosas dignas de mención.

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