Las cinco comidas

Una de las máximas de toda dieta creíble, es aquella de que hay que comer con frecuencia, pero en poca cantidad. Es mejor no atracarse, comer muchos pocos es mejor que pocas veces mucho.
Lamentablemente, como en tantas otras cosas donde meten la zarpa los médicos, se les olvida ponderar. Cuando tienes problemas de estómago, el médico comenzará con la tijera. Nada de alcohol, ni de tabaco. Ni comidas picantes, ni alcohol. Ni bebidas gaseosas, ni café.
Al menos le dejan a uno el sexo. Sin embargo, el médico, al prohibirnos todo esto, aunque nos esté ayudando, nos está tratando como a idiotas. A un usuario al que acabemos de limpiar el ordenador de spyware y malware, le podemos contar cuál era su problema y la causa. Una solución para que al usuario no vuelva a ocurrirle lo mismo sería contarle: «no vuelvas a instalar nada, no navegues por Internet y no utilices la banca electrónica». Es demasiado drástico. ¿Para qué tiene el ordenador si no? Pues lo mismo me sucede con el estómago. Si el médico pensara que soy un paciente inteligente, tal vez podría hablarme de forma más razonada: el alcohol es malo porque daña al estómago; el picante porque irrita la mucosa; las bebidas gaseosas dificultan la digestión.
Incluso podría ir más lejos. Podría decirme, de entre todas esas cosas prohibidas, cuales son mejores y peores. Lo peor es el alcohol, luego el café, después el picante. Finalmente el tabaco y las bebidas con gas. Así, si quiero pegarme una alegría para el cuerpo, trataré de hacerlo con la menos gravosa.
Dentro de una dieta, el punto menos importante de todos es el que dice que hay que hacer cinco comidas (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena). Pero es en el que todo el mundo se fija, porque es el único positivo. El resto son puntos negativos, prohibir y quitar cosas. Pero ahora nos dicen que hay que comer más, Dios sabe que ese sí que lo voy a cumplir.


La base de todo plan de adelgazamiento debe estar en el control del hambre. Eso es todo. Ni dietas de Armignac, ni dieta de la sandía. Ni parches ni cirugías. Ni yoga ni feng-shui.
El control del hambre no debe entenderse como una forma de dominación. La chica guapa pisoteando al monstruo que simboliza el hambre. No es así. El hambre es como un hijo: hay que oírlo y darle lo que pide, cuando es justo. El control del hambre, mal entendido, desemboca en la anorexia, que es cuando se vence al hambre por completo, sólo para darse cuenta (el enfermo de anorexia, para entonces, no se da cuenta de nada) de que el hambre no es sino un aliado nuestro, al que no podemos matar. Hay que domesticar al hambre.
Otro de los errores de toda dieta es la profusión de productos light. Un bote de coca-cola light, contiene casi un tercio de litro de bebida, y ni una sola caloría. La coca-cola light, el reducto de las chicas que se cuidan. La coca-cola light ejerce un enorme mal sobre el cuerpo: no incluye ninguna caloría, pero acostumbra al estómago a comer a deshora. Las personas que beben coca-cola light no lo hacen siempre porque les guste la bebida en sí ( es uno de los productos elaborados más maravillosos jamás inventados), muchas suelen hacerlo porque tienen hambre. La bebida calma el hambre durante un momento, sólo para aumentarla tiempo después. Pan para hoy, hambre para mañana.
A media mañana no se debe tomar nada, ni un simple caramelo. El caramelo es una debilidad en la lucha contra el hambre. Se puede vivir sin caramelos y sin chicles.
Con los otros productos, ocurre algo similar. Si tu perdición es el chocolate, debes olvidarte de él, para siempre. Nunca más. Nada. Los sabores se olvidan, como las personas, por muy queridas que estas sean. Los productos light, con sabor a chocolate, no hacen sino aumentar el ansia intrínseca, el deseo hacia el chocolate real. Tal vez mencionar el chocolate pueda resultar muy duro; pero pensemos en las patatas fritas. Esos botes grasientos, se pueden eliminar de nuestra mente. Con el tiempo, el cuerpo no los echará de menos. Sabremos que es algo delicioso, pero podremos vivir sin ello.
Para concluir, nada de productos sustitutivos. Nada de «una vez a la semana, me merezco un premio». Se eliminan algunos productos muy perjudiciales de la dieta, y no se vuelven a tomar nunca más. Si el chocolate es tu vida, lo mantienes. Pero no cambies las patatas fritas por una doble ración de chocolate.
Un plan simple, de ejemplo, es el siguiente: a partir de ahora mismo, en adelante, sólo voy a hacer tres comidas, todos los días. Y nunca más voy a comer fritos. Esa es una forma simple y muy eficaz de adelgazar.
La base, por supuesto, está en el control del hambre. ¿Cómo se puede controlar el hambre? Muy sencillamente: pensando. Somos el animal más evolucionado que existe. Podemos y solemos racionalizar nuestros instintos. A mi me preocuparía no ser capaz de controlar el hambre, dos horas antes del almuerzo, sabiendo que, en la vida, tendré que enfrentarme a la muerte de mis padres, a un posible despido. A quedarme sin pareja, a que me atraquen tres veces, a estar en un país extranjero sin pasaporte, a que me acusen de malos tratos, a tener que trabajar en algo que no me gusta. Si no soy capaz de controlar un instinto tan sencillo como ese, ¿Qué clase de persona soy? ¿Cómo podré afrontar los problemas verdaderos que la vida me pondrá por delante?
Lo importante del control sobre el hambre estriba en el giro que damos a nuestra vida. Pasamos a tomar el control, no somos una marioneta en las manos del destino, estamos haciendo algo positivo, cambiando nuestro futuro para mejor. El control sobre el hambre es un primer paso hacia la superación personal. Julio César ayunaba una vez al mes. No lo hacía tanto por su salud sino por demostrarse a sí mismo que era aún una persona capaz de grandes cosas.
Nota: El autor de este texto no sólo no es médico, sino que no tiene conocimientos médicos de ningún tipo. Sus notas en las asignaturas de biología y ciencias siempre resultaron pobres. Tampoco tiene conocimientos de astrología, feng-shui, yoga o meditación. Apenas un poco de sentido común y aún esto podría dudarse. Piensa si lo que has leído es razonable, háblalo con un médico, echador de cartas o curandero y obra en consecuencia. La vida es breve. Muchas personas a las que asesinaron en los últimos quince días, estaban a dieta. Nunca volverán a disfrutar de los placeres de la fritanga y la pastelería. Los precios de los féretros no van en función del peso del cadáver, sino de la calidad de los materiales. Las personas con más peso suelen tener mejor humor, ser más razonables y practicar mejor sexo. Bajar de peso puede significar tener gastar un dineral en ropa nueva y que los tatuajes se deformen.

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3 comentarios sobre “Las cinco comidas”

  1. Pienso que la gente que opina que los gordos tienen mejor humor, son mas razonables y tienen mejor sexo lo hacen en base a que ellos tienen sobrepeso también.
    Yo soy delgado y considero que tengo buen humor, soy mas razonable y… bueno, que no creo que el caracter de las personas venga influenciado por el peso de su cuerpo.
    Alem disso, me ha encantado la frase «Los sabores se olvidan, como las personas, por muy queridas que estas sean».
    Nice to read you.

  2. A mí también me ha gustado mucho esa frase. Y quizá suene exageradamente austero o espartano, pero también creo que aprender a domesticar un instinto tan cotidiano como el hambre puede ayudar a controlar otros instintos, casi igual de primitivos pero más peligrosos.

  3. Sé que no es lo que se comenta en el tema, pero los productos «light» contienen sustitutos que dañan gravemente el sistema renal, al ser sustancias no asimilables ni desechables por el cuerpo, se alojan formando cálculos. Por otra parte una forma muy simple de disminuir el hambre es comer proteína, si el cuerpo se siente satisfecho por haber comindo un filete, raramente (en una persona normal) sentirá ansia por algún dulce. He estado estudiando algunas de las bases de la musculación y la mayoría de las personas que cambian su dieta para subir masa muscular, con el tiempo miran y se dan cuenta de que han pasado meses sin probar chocolate, no lo han ansiado.
    Coincido por completo en que el control del hambre es posible racionalizar, pero amentablemente en las personas con trastornos alimenticios, el control del hambre no puede reducirse tan fácilmente a un control mental, es uno de los instintos básicos, se necesita una gran fuerza de voluntad y las tentaciones están a la orden del día.

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