Los panes y los peces

Me sorprende lo cortos de miras que somos. Y la maldad de los políticos, que se aprovechan de nuestra ceguera sin piedad.
Cuando el alcalde de Madrid, Gallardón, anunció que realizaría en Madrid la obra pública más grande jamás llevada a cabo, tuvo la desfachatez de decir que para realizarla no subiría los impuestos.
Lo triste, es que muchos ciudadanos le creyeron.
Es evidente que si quiero hacer una reforma en mi casa, tengo que pagarla. Si me suben el sueldo lo suficiente, podré pagarla sin problemas. Pero si no lo hacen, tendré que usar dinero que tenía pensado emplear en otras cosas – comprar libros, irme a cenar, ir al cine, salir de copas.
No es distinto en el Ayuntamiento de Madrid. Si no ganan más dinero (más impuestos ) entonces tendrán que gastar menos en otras cosas. Y normalmente, el primer gran perjudicado es la cultura.
Menos subvenciones a películas españolas, menos dinero para espectáculos y ferias. Menos cuadros para los museos de la ciudad.
Otro gran perjudicado es el gasto social. Si no hay dinero, no se lo daremos a los más pobres. Eso significa que los mendigos lo pasan peor, pero también que habrá menos becas y que las matratadas no tendrán pisos esperándoles. Significa que habrá menos funcionarios atendiendo a la gente con problemas.
También pierde mucho el propio gasto en obras públicas. Si tu calle necesita que le renueven una acera, o que pinten de nuevo los pasos de cebra, probablemente tenga que esperar.
¿Cómo puede un político tener la desfachatez de decir «os doy más sin subir los impuestos»? ¿Es que ese dinero sale de la nada?


En otro orden, se cuentan los gastos del gobierno central. Cuando cede a las presiones de la huelga de transportistas, cobrándoles menos impuestos de la gasolina, el gobierno tiene que tomar ese dinero que deja de ingresar de alguna parte. Los gitanos realojados de Jun tendrán unos pisos que tendrán que pagarse con algún dinero. El inmigrante que se envía desde Canarias hasta Madrid, paga su billete de avión con dinero público.
Queremos que el gobierno haga más viviendas de protección oficial, pero se nos olvida que hacer pisos cuesta dinero, que de algún sitio tendrá que salir. Queremos que España gaste en I+D pero no sabemos que lo que se coja del cajón para pagar I+D se tendrá que descontar de alguna parte.
La solución fácil es decir «que paguen más los ricos» pero, desde luego, eso es más fácil de decir que de hacer. Las rentas más altan tributan a tipos superiores al 40%. Esto significa que un tenista que gane 1,5 millones de euros al año tendrá que dar al Estado más de 600.000 euros. A ese tenista, como a usted y como a mí, hacer la declaración de la renta le supone un mal trago. Y a diferencia de usted, el tiene la opción de irse a vivir a otro país, con lo que los ingresos del estado pasarían a ser de 0 euros. Quizás el tenista entienda que el 40% es mucho pero asumible. Y que el 45% es ya, simplemente, inaceptable.
Una empresa que pague muchos impuestos preferira tener su sede social en Gibraltar. Un millonario al que el Estado sablee demasiado preferirá llevarse su dinero fuera. Los economistas lo tienen muy claro, en cierto modo, a los más ricos hay que mimarlos un poco.

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