Múnich

Hace pocos días un loco de 18 años tiroteaba a un grupo de personas en un centro comercial en Múnich, asesinando a 9 personas, para acto seguido, suicidarse.

Sin embargo, las autoridades y la policía no sabían quién o quiénes eran los autores del tiroteo. Las primeras noticias hablaban de un ataque organizado por tres personas, algunas de las cuales se habían dado a la fuga. Se decidió declarar el estado de excepción en la ciudad. Se suspendieron todos los transportes y se pidió a la gente que no caminara por las calles, que se quedaran donde estuvieran.

Surgió entonces el típico hashtag de Twitter para alojar a las personas que no podían volver a sus casas. Solidaridad en los momentos más difíciles.

Personalmente me pareció más terrible que el ataque, el miedo repentino capaz de atemorizar a una ciudad entera. Que no se enfrentaba a un ejército o tan siquiera a unos terroristas preparados, sino ante un chico con problemas mentales que posiblemente nunca antes había disparado un arma real. Lo de ayudar a otros por Twitter, para dar una imagen de solidaridad y colaboración lo hacía todo aún más penoso, si cabe. Solidaridad sentado en la taza del váter.

Apenas unos días antes, tenemos el caso contrario: un país con uno de los mayores ejércitos del mundo sufre un golpe de Estado y el Presidente manda un mensaje por Twitter – o similar – pidiendo a la gente que salga a la calle a parar tanques y sean los mismos civiles los que detengan dicho golpe de Estado. Y aunque no lo hubieran conseguido – que es lo de menos – la gente salió a la calle y lo intentó.

Luego pasan unos días y empieza a hablarse de que el golpe de Estado igual fue provocado, o que el Presidente está aprovechando para expulsar a toda la gente que no le gusta. Medidas anti democráticas y bla,bla,bla de activismo de salón.

Tenemos dos países que toman sus respuestas de forma diametralmente opuesta. Alemania con miedo y desmoronándose con un aleteo de mariposa. Turquía con una población que demuestra un valor más allá de la temeridad. ¿Cómo pueden ser estos dos países tan distintos con la de kebabs que se venden en Berlín?

Precisamente porque Turquía es un país que responde de esa manera, la democracia de allí – o lo que sea – sólo se puede forjar con una mano de acero. O gobiernas de ese modo, o eres borrado del mapa, tú y la sociedad entera de tu país. Hemos visto ya demasiados casos: Siria, Túnez, Libia. La única forma de mantener con cierta estabilidad un país de ese tipo, es a hostia limpia y con una democracia de guante ensangrentado.

Tras la sucesión de ambas noticias, queda grotescamente retratada la diferencia entre ambos países o formas de vivir el mundo. Alemania – o España – predicando desde un mundo sin apenas problemas, donde un atentado de un loco aterroriza una ciudad entera. Mientras, Turquía es un vecino de ISIS. No estamos hablando de que hay un loco que ha visto vídeos en Youtube y se ha hecho de ISIS, es que está el jodido ejército de ISIS entero a pocos kilómetros de la frontera turca. ¿Quiénes creemos que somos para darles lecciones de como tienen que hacer las cosas?

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