Quiero una sopa

Traducido libremente de un comentario en Reddit a la pregunta, ¿Cuál es la obsesión más ridícula que has visto?

Hace tiempo trabajé en un buen restaurante dentro de una ciudad con una amplia proporción de ingenieros y trabajadores de empresas tecnológicas. No es que tenga nada contra ellos, pero qué duda cabe que algunos dentro de ese sector son bastante peculiares.

Uno de los pocos platos cutres que servíamos en el restaurante eran las sopas. Llegaban en bolsas industriales desde British Columbia y simplemente le añadíamos caldo, las calentábamos y las decorábamos un poco con pan tostado y tonterías similares. Nunca promocionábamos las sopas, simplemente era un plato que esperas encontrar en un restaurante grande como el nuestro.

Sin embargo teníamos un cliente habitual que estaba obsesionado con ellas. Venía varias veces a la semana y siempre pedía un filete con sopa. Depende de a qué camarero preguntaras, el tipo estaba en un punto entre síndrome de Asperger y un genio autista. Pero era muy generoso con las propinas y según veíamos no era más que un tío solitario que disfrutaba mucho con su solomillo al punto y su sopa (que venía de un paquete).

En uno de los cambios de nuestro menú, decidimos retirar las sopas de la carta. Como podéis imaginar, este cliente no lo tomó nada bien. Nos lo imaginábamos, así que pedimos un paquete extra de la sopa industrial sólo para él. Al fin y al cabo era un cliente habitual que dejaba buenas propinas.

Cuando la bolsa se acababa, empezó una cruzada personal para que las sopas volvieran al menú. Cartas escritas a mano dirigidas al Presidente de la cadena del restaurante, el Chef Ejecutivo, el Consejo de Administración y cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle. Se quejaba desaforadamente ante todos los encargados del restaurante, pidiendo que trajeran las sopas de vuelta. Tiempo más tarde me enteré de que la cuenta de Twitter de la empresa le había bloqueado. Escribió decenas de opiniones en Yelp quejándose de la desaparición de las sopas.

Antes de que se le vetara del restaurante llegó a arrinconar al jefe de cocina en el aparcamiento, exigiéndole la receta de su sopa favorita. Al final, el cocinero se lo contó: “tío, esas sopas son industriales, simplemente cómpralas tú mismo. Echarle el caldo a la sopa no cuesta nada”. El cocinero estaba tan asustado que hasta le dio los datos de contacto de la fábrica. Tiempo más tarde me enteré de que mandó emails al Presidente, Director Financiero y al Jefe de Ventas de la fábrica de sopa, implorando que recuperaran el contrato de distribución con nuestro restaurante.

Al final, se volvió demasiado agresivo hacia los camareros y un día le tiró un bol de sopa —uno de nuestros mejores intentos de recrear su favorita— a una de las camareras. Se cursó una orden de alejamiento contra él y jamás volvió por allí.

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