Variaciones históricas de la belleza

I
La corbata, otrora signo de distinción, al presuponer profesiones serias y mejor remuneradas, es hoy, en general, un símbolo de pobreza. Corbata lleva el Director General de Telefónica, pero también los comerciales de Tecnocasa, los vendedores de ADSL a domicilio y los informáticos que se hacinan en crucetas con horarios intempestivos y sueldos de muchos ceros y pocos unos. Los profesionales liberales y los directivos de nuevas empresas pueden llevar un buen traje, pero a su elección queda el ponerse la corbata o no. España, país de empresarios burdos, que firman sus contratos verbales en la barra de un bar o en un prostíbulo de carretera, es un país donde tener corbata es cada vez más, síntoma de sumisión a un sueldo escaso. Una clara muestra de penuria económica.


II
El bronceado de la piel es el ejemplo más claro de símbolo de estatus, y por lo tanto forma de atractivo, que ha evolucionado con el tiempo. Antes de la época industrial, tener la piel morena era síntoma de tener que trabajar al aire libre, para ganarse el sustento. Los trabajos exteriores no tenían ninguna ventaja: jornadas interminables, exposición a la intemperie, sueldos de miseria.
Tras la revolución industrial, se cambiaron las tornas: el color de piel blancuzco indicaba sin lugar a dudas que su poseedor estaba empleado en una fábrica: trabajo a turnos, jornadas extenuantes e insalubres, mucho peores que las de un trabajador del campo. Ahora tener un color de piel bronceado volvía a ser un síntoma de riqueza, de estatus, volvía a ser atractivo.
Posteriormente, el surgimiento del sector servicios, volvió a despertar el interés por las pieles blancas, los pobres oficinistas no tenían el castigo de la luz del sol, pero disponían de buenos sueldos y a ellos se les perdonaba la falta del bronceado.
La penúltima vuelta de tuerca la dió el turismo: el que podía permitirse unas vacaciones en la playa, volvía al trabajo con el color del éxito. Estar moreno, volvía a ser atractivo.
La época actual es compleja, pero cambiante. El que vuelve al trabajo en Septiembre, por muy moreno que esté, queda en perjuicio ante el verdadero potentado, que se ha permitido unas sugerentes vacaciones en la costa oeste de Canadá o que ha visitado los fiordos noruegos. Ahora que todos podemos acceder a los rayos UVA, ir a la playa por cuatro duros, ahora que el sol es también cancerígeno, estar moreno sigue siendo atractivo, pero no tanto.
III
Una forma de atractivo cambiante a lo largo de la historia, que desconocía por completo, es la del color de los dientes. Tener los dientes muy blancos siempre ha sido síntoma de buena salud y por lo tanto se ha asociado con el atractivo. El único caso que contradice esta situación fue la moda del Ohaguro, en Japón, que se estableció durante gran parte del periodo entre los siglos XI y XIX. En aquel entonces, teñirse los dientes de negro, estableciendo un contraste con el color claro de la piel, era considerado una forma de belleza. Cuanto más negros estuvieran los dientes, tanto mejor.
También en Occidente, hubo un periodo, breve y obtuso, en que el tener los dientes negros fue síntoma de opulencia. En el Renacimiento, el azúcar era un producto tremendamente caro que sólo los más ricos podían consumir en abundancia. Puesto que tomar mucho azúcar produce caries y el consiguiente ennegrecimiento de los dientes, entre algunas personas – especialmente las mujeres inglesas – estuvo de moda tintarse de negro los dientes, como síntoma de que se podía tomar mucho azúcar y que por lo tanto se era muy rico.
Gran parte de esta información se ha obtenido del artículo de la Wikipedia sobre las variaciones históricas del atractivo físico.

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2 comentarios sobre “Variaciones históricas de la belleza”

  1. Los tres casos que planteas vienen a demostrar lo idotas que somos las personas.
    Tratar de averiguar en base a un rasgo físico el nivel económico del que tenemos delante para en base a eso dispensarle un trato u otro.
    Lamentable pero cierto.

  2. Se podía incluir también la forma del bronceado, o más bien la de las zonas no bronceadas. Si uno presenta unas llamativas y bien marcadas zonas de transición en los brazos, significa dos cosas: o se es ciclista u obrero que trabaja en la calle (mi caso particular). Si se tiene el brazo izquierdo mucho más bronceado que el derecho, se es conductor profesional. Por último, si las zonas blancas son las que normalmente tapan tangas, bikinis o bañadores, estamos ante un estatus «superior» en la escala social.

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