El spammer

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Esta página ha estado suspendida durante unas 30 horas, de forma cautelar. Según parece, se ha estado enviando spam con links a mi página. Dada mi política blanda de promoción de la web, es cuanto menos sorprendente. Sirva esta entrada como aviso; si la próxima vez que pasáis por aquí no veis nada, es porque este sitio habrá dejado de existir para siempre.

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Al phising lo que es del phising

Estaba planchando y se me ha ocurrido eso que el gran Hugo llamaría una killer feature. En realidad es uno de esos inventos que podrían cambiar el curso de la Historia, etcétera, etcétera.
Todo aquel que tenga dos dedos de frente se ha enterado de cómo el spam y el phising (robo de datos bancarios por la red) han conseguido ese volumen de cuentas de email. Se apoderan de esos correos en cadena que la gente suele reenviar a todos los contactos y que van dejando una ristra interminable de listas de emails de usuarios de la informática no demasiado avezados. Esos son las mejores víctimas posibles para los intentos de estafa mediante el phising y el bombardeo de publicidad con el spam.
Y a todo esto, se me ha ocurrido una idea que bueno, tal vez no tenga nada de nueva. Y que paso a exponer:
Desafortunadamente, desde que tengo Gmail, no me llegan mensajes de phising a mi cuenta de correo. Siempre me han gustado, tienen su punto retro. Cuando antes me llegaban mensajes de phising, lo que hacía era lo que todo el mundo que controle un poco debe hacer, introducir mis datos en el formulario que ellos me piden, tal y como ellos solicitan. El problema está cuando te piden que rellenes tus datos para acceder al Santander Central Hispano y tú sólo tienes una cuenta de Caja Madrid. En ese caso, no te queda otra opción que inventártelos. Si tuvieras cuenta, la verdad es que también tendrías que inventarte los datos.
Tras tu introducción de datos, surge todo un proceso al otro lado de la línea. La empresa de phising se encarga de tomar esos datos, comprobarlos y tratar de sacar el máximo dinero posible. Tu acción servirá para tener entretenido durante unos segundos a un cabronazo que se dedica a estafar a la gente.
Pero el detalle que me se ha ocurrido mientras planchaba es el rizar el rizo: tomar a todos los contactos que tengas en tu lista de correo, aquellos que creas que tienen más o menos luces y saben por donde van los tiros, y reenviarles el email de phising. Con la consigna de que hagan lo mismo que tú: rellenar con datos inventados y reenviar a más gente.
Usando usuarios dispersos por todo el mundo, cada uno con una dirección IP, a distintas horas del día, los cabronazos del phising no podrán percibir qué mensajes son ciertos y cuales no. Pueden recibir un reguero de salvas falsas, de supuestas cuentas de banco que no se correspondan con la realidad. Si el mensaje corre lo suficiente, digamos que le llega a mil personas informadas que han seguido esta cadena de reenvíos, tener que comprobar mil veces si una cuenta es real o no, puede llevar la verdad mucho tiempo. No es el tipo de comprobaciones que se puedan automatizar con un robot (salvo que los sistemas de los bancos sean totalmente inseguros, algo tampoco descartable). Tiene que haber un tipo metiendo a mano usuarios y contraseñas inventados, totalmente machacado ante el continuo engaño.
Así, esa es la idea: la próxima vez que te llegue un mensaje de phising, rellena y reenvía explicando lo que hay que hacer. He dicho.

Regalando contraseñas

Caracteres en mayúsculas y en minúsculas, numéricos y especiales. Nos esforzamos en tener una contraseña lo suficientemente poderosa y potente como para liberarnos del ataque de los hackers.
Cuando nos damos de alta en Amazon, en Ebay, en petardas.com, en la página para descargar películas, en Flickr, en Delicious, en el foro de coches, en la lista de correo de la universidad, siempre nos piden lo mismo: una dirección de correo y una contraseña.
Un porcentaje nada despreciable de personas comete el error de usar la contraseña de la cuenta de correo para cualquiera de esos servicios. Así, al darte de alta en cualquier sitio estás enviando no sólo tu dirección, sino una llave de la puerta de tu casa.
No me preocuparía que los responsables de Amazon, o los de Ebay hicieran algo con esa información. Pero de petardas.com y el foro de coches, no sé si fiarme tanto.
Un hacker medio listo lo tendría muy fácil: crear un servicio medio tonto en la red; bien diseñado y que regale algo. Le lloverían direcciones con sus respectivas contraseñas. Eso sí que es Ingeniería Social.

Zero Effect

Hace un par de semanas, en los primeros puestos de del.icio.us, entre las páginas que más gente había guardado en sus favoritos, se encontraba una que me llamó la atención mucho: The best movies you have never seen ( las mejores películas que seguro que no has visto).
En ella, el autor da una selección personal de películas de habla inglesa – la mayoría son estadounidenses – que están bastante bien pero que, por una u otra razón, fracasaron estrepitosamente en taquilla y en los videoclubs. Es decir, películas que fracasaron porque tuvieron mala suerte.

I

De entre esa lista, sólo había visto una de ellas. Si no hubiera visto esa película, habría olvidado la entrada. La película en cuestión era Zero Effect, de 1998.
La sola presencia del actor Ben Stiller ya certifica que una película es basura. Si mal no recuerdo, vi esa película un domingo por la noche, una de esas películas de segunda sesión, de las que comienzan a las doce de la noche. ¿Cómo puede mantenerte ante el televisor una película desconocida hasta tan tarde, teniendo que madrugar al día siguiente? Zero Effect no es una gran película, es una película muy imperfecta. Está llena de errores, de tomas que se podían haber rodado un par de veces más, de deslices en el guión, aparecen algunos actores realmente mediocres. Pero es una película que, ya sea por la historia, o por el tratamiento que ha dado el director, tiene tantas cosas buenas que, por encima de todo eso, sobresale la calidad.
Zero Effect es una película que nunca meterías en la categoría de “digna de un Oscar” o de “obra maestra”, o quizás siquiera de “buena película”. No tiene ningún mensaje, pero es una película muy entretenida. El argumento es bizarro: una versión moderna de Sherlock Holmes, en que el detective tiene una cierta fobia al trato con las personas. Así que, en vez de entrevistar directamente a sus clientes, utiliza a su secretario, el actor Ben Stiller. Se monta una trama enredada pero coherente, sin los habituales giros de última hora de cualquier intriga americana, el argumento en sí ya es suficientemente interesante para retenerte hasta el final.
Así, estaba tentado de recomendar el resto de películas, sin más. Pero este blog tiene un compromiso con la calidad, y aunque no voy a llegar a los niveles del New Yorker, no me siento tan gurú ni tan vago como para recomendar películas que no he visto.
Así, he estado estos días viendo algunas de la lista, para poder contrastar.

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Se busca blogger

Muchas personas que tienen un blog corren raudas y veloces a dejar la dirección de su página web en el curriculum vitae. No deja de ser un valor añadido, como saber idiomas, tener un master o un curso profesional.
En mi opinión, como cualquier otra habilidad, sus ventajas dependerán del puesto al que se pretenda aspirar. Para recrutar escritores, creativos, periodistas o determinadas profesiones, puede resultar fantástico. Pero sólo en esos casos. Para la inmensa mayoría de las profesiones, jamás contrataría a un blogger.
¿Cómo dices eso, sacrílego dueño de un blog? Los bloggers son más creativos, tienen conocimientos más variados, están a la última de las nuevas tecnologías e Internet. Tienen gran conversación y son muy buenos buscando información en la red.
Si lo pensamos fríamente, casi ninguna de las cualidades antes citadas son necesarias para una profesión convencional. Si necesito a un administrativo que va a pasarse las ocho horas de la jornada laboral pasando datos de facturas impresas al sistema informático de la empresa, cuanto menos hable mejor. En la red no se le ha perdido nada y los textos de su blog me interesan tanto como el sexo de los caracoles.
Menudo trabajo, el de archivar facturas. Sin embargo, quizás hay diez o veinte veces más personas que se dedican a esto que a “crear nuevos productos de la última tecnología”. Por cada profesión del país de las maravillas, vedada a las personas mediocres y sin padrino, existen cien, mil o diez mil puestos de trabajo que requieren ciertos conocimientos mínimos de informatica, la paciencia de Job y el encefalograma más plano que sea posible.
Los bloggers son un cáncer para la productividad. El que no escribe entradas desde su puesto de trabajo, se dedica a leer otros blogs, de los que escribirá desde casa. O revisa los comentarios a sus entradas, o cambia la plantilla de su página. La inmensa mayoría de los bloggers más conocidos pasa horas enteras delante del ordenador, haciendo lo que en castellano se llama “sus labores”. Están resultando tan productivos para la empresa como si se sacaran cera de las orejas o jugasen a la Play Station.

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El peor ahorro del mundo

No hay cosa que me sorprenda más que las economías en el precio de la gasolina.
Si llenas un depósito de 50 litros, a 1.2 euros el litro, una diferencia de precio del 5% son la friolera de 3 euros.
Hay quien recorre kilómetros y kilómetros, soporta esperas, compra en supermercados abominables, sólo por conseguir algo menos de ese descuento.
A diario hay decenas de posibilidades para ahorrar tres euros, y parece que a nadie le interesan. Pero ahorrar en gasolina es casi cuestión de Estado, para muchos.

La anarquía de la ilusión

I

A mi hermano pequeño, cuando tenía siete u ocho años, le dió por los mapas. No me atrevería a decir la geografía, porque lo único que le interesaban eran los mapas propiamente dichos. Eran unos que habíamos encontrado en un contenedor de la basura, formaban parte de un atlas y ahora no eran sino páginas arrancadas.
Los mapas habían estado rondando por casa algún tiempo hasta que él los tomó. Resultó ser una excelente forma de tenerlo entretenido. Lo dejábamos allí, mirando el mapamundi, u observando las cordilleras de África y estaba quieto y callado.
Al cabo de unos días comenzó a hacer preguntas. Se refería a lugares que nunca antes había oído. Su forma de aproximarse a los mapas había sido totalmente autónoma, sin más criterio que las formas de los propios continentes. Así, le había llamado mucho la atención la Antártida. Se conocía la región como la palma de su mano, podía identificar cualquier lugar del continente. También podía dibujarlo de memoria con mucha precisión.
No era el único lugar que conocía, en realidad había acumulado un montón de conocimientos extraños: regiones del Congo, islas del Pacífico sur, las principales ciudades de Brasil.
Me resultaba divertido ver cómo conocía lugares tan inusuales pero no sabía ni cuáles eran las provincias de Cataluña o la capital de Francia. Un día le dije que debía centrarse en contenidos más prácticos: España y Europa, primero las capitales de los países, y luego si acaso entrar en conocimientos más profundos.
Poco tiempo después me di cuenta de que ya no pasaba tiempo con los mapas. Dejaron de interesarle y nunca volvió con ellos.

II

Una parte de mí se siente culpable por haberle tratado de sistematizar. La que era una afición pura se había convertido en una especie de profesión. El Mar de Ross y Dumont d’Urville eran sus descubrimientos y le parecieron más interesantes que el Mediterráneo o París. Seguramente, con el tiempo, si aquello hubiera perdurado, habría acabado acercándose, por la Costa Azul, poco a poco, a todos esos lugares más cotidianos.
Tal vez era cuestión de tiempo que lo acabara dejando, desde luego por culpa de ciudades como París, Berlín y Madrid perdió un poco de la ilusión de vivir.

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Mozart y los bebes

Un psicólogo con más conocimientos de marketing que de psicología publicó hace algún tiempo un estudio que demostraba que los niños puede oír dentro del vientre de la madre. Y que una excelente forma de hacer que el tránsito entre la vida dentro de la madre y la vida fuera de ella no resultara muy traumático, era gracias a la música.
Así, en los últimos meses del embarazo, recomendaba que los padres oyeran música de Mozart frecuentemente. Después de nacer, podían usar esas mismas piezas musicales para tranquilizar al bebe o para ponérsela antes de dormir.
Los beneficios eran infinitos: niños más inteligentes, más tranquilos, más educados, y todo el etcétera que uno quiera imaginarse. El libro en que se expresaba toda esta doctrina fue un superventas y aún hoy se sigue vendiendo con soltura, ese mismo libro o sus secuelas. También venden discos con música apropiada para los bebés.
¿Por qué música de Mozart?

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Héroe

Dice mi diccionario que un héroe es una:

Persona que realiza una acción admirable, famosa o extraordinaria por el valor que requiere o por sus méritos.

Suele decirse que los héroes mueren jóvenes, en parte por la envidia que despiertan en los dioses. Muchos de ellos se convierten en héroes en el momento de su muerte, actitud que me parece un tanto sospechosa.
Mientras se dudaba si las torres gemelas continuarían ardiendo o se vendrían abajo, los bomberos entraron en el edificio e intentaron salvar las máximas vidas posibles. Muchos de ellos morirían allí.
Después, se recalcó su actitud heroica en cada comparecencia del presidente americano. Pensándolo bien, su actitud tiene lo mismo de heroica que la del chico que murió por una imprudencia laboral en una obra. Tu jefe dicta las órdenes, tú te limitas a cumplirlas.
En la versión española, con la imprudencia laboral, el chico se quedó sin gloria y sin indemnización. Se ve que instancias superiores no encuentran este paralelismo.
Para mí, sin embargo, el 11-S destapó a un auténtico héroe: Pat Tillman.

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Llevate el pasaporte

Pobres muchachos nacidos al amparo de la Unión Europea! Cuantos de estos jóvenes ni se imaginan cómo era el mundo hace sólo veinte años.
Europa comienza a parecerse a un gran país, con enormes diferencias regionales. Estando en Europa ya no hay de qué preocuparse a la hora de viajar.
Cuantos problemas, sin embargo, ocurren a diario en los aeropuertos de todo el mundo. La sensación de comodidad, de facilidad, es tal, que cada día hay varias docenas de personas que se quedan en tierra porque no se les ha pasado por la cabeza que había que llevar un documento de identidad para viajar. Puede sonar exagerado pero es algo que veo constantemente. Quedarte tirado a la ida es una putada. Hacerlo en el regreso puede ser toda una pesadilla.
La creencia más o menos inconsciente de que Europa es una misma cosa también causa problemas a los extranjeros que viven en España. Que yo sea español y pueda viajar libremente a Inglaterra, Dinamarca o Grecia, no significa que un colombiano pueda hacerlo. Y no es sólo cuestión de pasaporte. Un amigo de ese país viajaba con su novia española a Polonia. Al llegar al aeropuerto de Varsovia, no antes ni después, se enteró de que los colombianos necesitan un visado de entrada. La solución fue drástica: la novia se tuvo que quedar en Varsovia y él se volvió en un avión, media hora después, de regreso a Madrid. Y menos mal que existía ese vuelo. Unas vacaciones tiradas al cubo de la basura, por culpa de un simple trámite.
En más de un caso me he encontrado hablando con una pareja de tortolitos que tenían todo preparado para su viaje de novios a todo trapo y se enteraban por mí de que para ir a México no basta con el DNI. El pasaporte, algo tan importante durante la guerra fría, algo que impedía que millones de personas pudieran abandonar sus países de origen, es hoy casi una reliquia del pasado. Me imagino que más de uno y más de dos se habrán quedado sin viajar por culpa de ese documento.
Cuando se viaja al extranjero, hay que hacerlo con pasaporte. Por ejemplo, si vas a Finlandia, país de la Unión Europea, tu DNI basta y sobra. Pero si te aburres en Helsinki puedes echar de menos el pasaporte por si te apeteciera hacer una excursión de un día a Estonia, o echarle valor para pisar la espléndida – y desconocida para mí – San Petersburgo.
También los aviones pueden verse obligados a cambiar de ruta; quién sabe si no acabarás pisando un país extraño en el que no te vendría de más tener un documento legal y no el DNI, que tiene el mismo valor que el carné del videoclub en otros países.

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