Seguro que habéis visto un montón de veces gráficos alabando las virtudes del ahorro empleando el interés compuesto. Son esas gráficas del tipo cuando Aaron tenía 20 años fue ahorrando 10 euros cada mes, reinvirtiendo los ingresos de los intereses devengados. A los 65 años tenía mil millones de euros en su cuenta.
Sin embargo no es oro todo lo que reluce. La historieta de maravilla de la fórmula del interés compuesto para convertir nuestros ahorros en millones es bastante poco sólida y contrariamente a lo que pudiera pensarse uno no encuentra en internet muchas refutaciones a algo tan sencillo.
Pero vamos, que si no conoces la fórmula del interés compuesto y cómo funciona a largo plazo mejor que no sigas leyendo, pues es como si tratas de entender la refutación del Ataque Traxler o los errores de la contabilidad del ayuntamiento de Atenas.
El interés compuesto se basa en que su fórmula se rige por un crecimiento exponencial. La función exponencial crece moderadamente al principio pero en poco tiempo su subida es de las más pronunciadas que se puedan esperar.
Así, si guardamos 10.000 euros para nuestro bebe recién nacido hoy y los invertimos en una cuenta al 5% de interés, y nuestro hijo no toca ese dinero hasta su jubilación, tendría pasados 65 años la friolera de 238.000 euros. Y si guardamos simplemente diez mil euros cada año, desde que nace hasta que llega a la mayoría de edad (18 años), tendríamos para él ahorrados nada más y nada menos que 47.760 euros.
Es decir, que si eres capaz de guardar diez mil euros para tu hijo, podrías darle para su jubilación casi tanto dinero como si le tocara la lotería de Navidad.
La historieta sobre todo se hace realizando cálculos de cara a la jubilación. Si ese hijo hipotético decide seguir ahorrando 10.000 euros al año hasta su jubilación, continuando con nuestras enseñanzas de padres ahorrativos, acabaría acumulando un patrimonio envidiable: 660.000 euros.
Según puede percibirse, cuanto antes se produzca ese ahorro, mayor es la repercusión a largo plazo.
Historias como esta inundan la red. Suena estupendamente y las matemáticas no fallan. O sí.
Partamos del supuesto anterior: 10.000 euros ahorrados cada año durante 65 años a interés compuesto se convierten en 660.140 euros.
El primer fallo de la fórmula de interés compuesto es el ignorar la existencia de impuestos. Estamos acostumbrados a declarar céntimos de euro de intereses sobre nuestras cuentas bancarias. Pensamos que es un dinero al que no se aplica Hacienda. Pero claro, eso ocurre con las cantidades pequeñas. Para nuestro hijo en pos de jubilación, a partir de ciertas cantidades cada año el Estado se llevaría un bocado de los beneficios obtenidos.
Digamos que Hacienda se queda un 15% del beneficio obtenido por los intereses de cada año. Eso supone tener que recortar a nuestra jubilación un 15% de los intereses de cada año. No hay que cometer el error de restar un 15% del total, sino de los supuestos intereses, pues Hacienda cobra anualmente. Eso convierte el tipo de interés del 5% en un mero 4,25% y los ahorros a final del último año caen hasta los 436.000 euros. ¡Hemos perdido casi 130.000 euros en impuestos!
El segundo fallo es el emplear intereses muy generosos. En la imagen que hay más arriba se compara a dos familias, los Zinns y los Wynns. Los primeros invierten al 4% y los segundos, que son más listos, al 5,13%. En la segunda imagen muestran los cálculos directamente con un 8% de interés.
Si volvemos a nuestro ejemplo, el hacer lo mismo con nuestro hijo, a un tipo de interés del 5% reporta 480.000 euros. Pero si en su lugar usamos un 8% ya nos vamos a casi millón y medio de euros.
¿Por qué se usan esos tipos de interés? Pues porque de forma lasa se recurre a dos datos del pasado: la media de retorno de la bolsa a muy largo plazo o los tipos de interés del pasado. Sin embargo si en lugar de recurrir a toda la historia reciente uno se limita a la última década puede afirmar que tanto unos como otros no han sido tan elevados. Si me voy a la página de ING, en su cuenta remunerada me están proponiendo por un depósito a 12 meses para cantidades superiores a 50.000 euros un 2,10%. ¡Oiga que yo lo que quiero es un 8% y de por vida! Y lo que ofrece ING es de lo mejor del mercado, a día de hoy.
La realidad es que conseguir rentabilidades estables superiores a ese 2% no es sencillamente posible. Los tipos de interés dependen de muchísimos factores y las épocas de tipos elevados se turnan con las de tipos más modestos. Los controles de los bancos centrales hacen pensar que a largo plazo los tipos no serán muy elevados y desde luego no del 8% anual de promedio. Cuando la gente se asfixiaba con los intereses de las hipotecas los tipos estaban al 5% y se hablaba de “máximos históricos”.
Es decir, que del 2% que puedo conseguir ahora al 8% que alegremente se rellena en las gráficas hay un salto increíble. Es cuatro veces más. O un 100% más si pensamos en un 4%. No es un poquito, es el doble, el triple o el cuádruple. Como son porcentajes pequeños normalmente transigimos con ellos. Ya lo he dicho otras veces, que estamos tan dispuesto a aceptar que hay un 8% de zurdos, de celíacos o de homosexuales como un 5% o un 3%. Son números bajos y psicológicamente permitimos unos rangos de fluctuación que en realidad son enormes.
El tercer fallo, y el mayor de todos, es que vemos euros del presente cuando en realidad son euros del futuro. Y eso se debe a que en toda esta operación estamos eliminando al más importante de todos los actores: la inflación. ¿Por qué un banco te daba un 10% de interés hace 20 años? Pues porque la inflación era del 9%. El tipo de interés que te ofrezcan siempre está en relación con la inflación y normalmente el margen entre uno y la otra es muy bajo. Si lo estimamos en un mero 2% (lo que me está ofreciendo ING en tiempos de inflación casi cero) entonces nuestros ahorros se van a cantidades de miseria.
El ahorro que a un 5% continuado, idílico y optimista se convierte en 480.000 euros, a un simple 2% no es más que 133.000 euros “de hoy”. Se puede soñar con que uno puede conseguir tipos de interés más altos (porque es muy listo y sabe invertir en bolsa) pero la realidad es tozuda. La proporción siempre va a ser del 1,5-3% en dinero del presente. En un futuro 480.000 euros pueden ser como las 480.000 pesetas de nuestro reciente pasado.
En resumen, que las tablas de interés compuesto son muy buenas para enseñar el concepto del ahorro. Pero la realidad es que la función exponencial no crece tan rápido cuando tenemos tantos enemigos en contra. Los impuestos, las rentabilidades reales y la inflación. Y porque con la Iglesia no hemos topado.





