El experto aficionado

I
Quizás me equivoque. Tres son las carreras más difíciles que existen en el mundo: medicina, arquitectura y la dirección de orquesta.
Por supuesto, hay países donde se puede ser médico con algún que otro curso bianual. Hay arquitectos que no hicieron estudios oficiales y a los que le fue bien. Y directores de orquesta que pasan a la historia por cualquier otra cosa.
No son carreras especialmente complejas, pero exigen un nivel de esfuerzo constante durante mucho tiempo. Son profesiones liberales que pueden ejercerse en cualquier parte del mundo. Y son creativas.
II
Gilbert Kaplan ganó mucho dinero en Wall Street entre los años 70 y 80. Fundó la revista Institutional Investor, algo así como la revista RollingStones, pero orientada a los banqueros. Y ganó, la verdad, algunos cientos de millones de dólares con ese y otros negocios. Sin embargo, si sólo fuera por esa actividad, Kaplan nunca tendría una página en la Wikipedia.
Y es que Kaplan se hizo famoso por una obsesión. Allá por 1965 asistió a un concierto, invitado por uno de sus amigos – la hija de éste tocaba en la orquesta-. Kaplan era un aficionado a la música clásica, pero nada más que eso. La pieza en concierto: la sinfonía nº2 de Mahler. La interpretación no era mala: no en vano la hija de su amigo tocaba en la American Symphony Orchestra y en la dirección estaba Leopold Stokowski.


Kaplan conocía la obra de Mahler. Por una razón u otra, sin embargo, nunca había tenido oportunidad de oír esta segunda sinfonía. Al salir del concierto, Kaplan estaba transformado. «Sentí como si una luz se hubiera encendido en mi interior».
Pasaron muchos años desde aquella representación. La fascinación le llevó a conocer todas las versiones discográficas de la pieza, a estudiarla. Sentía que había una especial conexión entre esa música de Mahler, y él.
Fueron 16 años hasta que finalmente decidió hablar con un amigo suyo. Había llegado a la conclusión de que tal vez, si dirigiera la obra, ante una orquesta, podría quitarse la obsesión de encima. La gente le tomó por loco, pero el siguió adelante. Fue a la escuela en que trabajaba su amigo. Le preguntó si tenía «algún estudiante de dirección de orquesta que estuviera dispuesto a pa$ar algún tiempo con él».
Es lo que tiene el dinero, su amigo sabía que podría encontrarle a muchos.
Kaplan pasó la mayor parte de 1981 estudiando música, los fundamentos de la dirección y, ante todo, la partitura de la sinfonía nº2 de Mahler. Sin embargo, una vez comenzó a familiarizarse con el lenguaje musical desde ese otro punto de vista, los matices que percibió en la obra fueron aumentando. Hasta llegar a darse cuenta de que percibia la obra de forma diferente a como otros directores de orquesta lo habían hecho.
Kaplan nunca quiso competir con Mahler. Para él, todo está escrito en la partitura. Y muchos directores han preferido no ver algunas cosas, o incluir detalles sobre los que Mahler nunca dijo nada. Kaplan tenía algo nuevo que decir.
Finalmente, Kaplan iba a acabar con sus fantasmas. En 1982 reservó un auditorio y contrató una orquesta para dirigir su premiere.
Aquello no sería más que un agasajo a algunos amigos suyos, en un pase privado. En cualquier caso, la orquesta que se dejó contratar había sido muy tajante: no estaba dispuesta a perder su prestigio siendo dirigida por un aficionado, por mucho dinero que este tuviera. Así, pusieron dos requisitos fundamentales: no podrían venderse entradas y tampoco podría escribirse una reseña por ningún crítico. En resumidas cuentas aquello no tendría que salir de allí.
III
La representación tuvo lugar. Kaplan estuvo de acuerdo con las condiciones, pero no alguno de los críticos que asistieron al concierto. Y acabaron escribiendo sobre el espectáculo. Sin embargo, sus reseñas no fueron muy duras, diciendo que habían asistido a una versión interesante.
¿Una orquesta dirigida por un aficionado? ¿Y que lo hace bien? A Kaplan le llegaron algunas ofertas por diferentes orquestas. Y continuó dirigiendo la Sinfonía nº2 de Mahler, incluso llegó a grabar un disco que vendió la nada despreciable cantidad de 175.000 unidades.
Kaplan podía ser un aficionado a la dirección pero su conocimiento de esa pieza musical iba más allá del que cualquier otro director de orquesta jamás hubiera tenido. Y tiene su lógica. Un cirujano puede ser el mejor del mundo en transplantes de corazón. Pero una persona constante con una adecuada preparación puede convertirse en el mejor del mundo en transplantes entre niños con más de 5 años y menos de 7. Por supuesto, este médico tendría mucho paro, pero sería el mejor en algo.
Fue pasando el tiempo. Kaplan pudo hablar con otros directores de orquesta sobre esa pieza en particular. En general, los directores no se han sentido ofendidos por la aparición de este intruso. Han reconocido el valor de sus interpretaciones, más allá del handicap de que sea un amateur. Son buenas, tanto como las suyas. La diferencia con ellos está en que Kaplan sólo puede dirigir la Segunda Sinfonía de Mahler.
Kaplan ha llegado a dirigir la orquesta más prestigiosa del mundo: La Orquesta Filarmónica de Berlín. Su versión de la segunda de Mahler es mundialmente famosa. Yo me la descargué de Internet hace unos días y la estoy oyendo, mientras escribo este post. Es muy buena.
Este post es una versión pobre de este otro, eso sí, en inglés.
Como tantos otros post, me enteré de esta historia por el mundo real. Tengo amigos que saben historias maravillosas.

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2 comentarios sobre “El experto aficionado”

  1. Cuando me presentas a algun amigo tuyo? Estoy harta de ridiculas conversaciones sobre temas banales. Un saludo y enhorabuena por tu blog

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