Las olas

No he leído ningún libro de Manuel Vicent, pero su columna dominical, en la última página del periódico el País, suele parecerme excelente.
No sé si es un buen escritor de novelas, lo que sí que tengo claro es que domina el género para el que escribe en el periódico como pocos en España.
Resalto aquí la que publicó hace casi dos años, el 28 de Marzo de 2004, que me causó tan honda impresión como para recordarla. Lo hago para que vosotros tengáis la oportunidad de leerla y como forma de tenerla a mano yo mismo.
Curiosamente la he encontrado a través de un blog de Spaces, pero no le pongo un link por la falta de ética de la persona que la transcribió, al no dignarse a indicar el autor del texto.


Manuel Vicent:
Las olas.

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas.
Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. En medio de un gran temporal, el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concentrada que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo.
Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado por el sol pero no vencido.
La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.

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12 comentarios sobre “Las olas”

  1. Toda una lección. Toda una visión difeferente…
    como siempre, me has puesto a pensar (lo cual obviamente se agradece!…)

  2. He llegado a tu blog porque usas mi nombre en un artículo sobre blogs que mencionan en e- Cuaderno y me quedé enganchada de este texto.
    Me gustan, como a ti, las columnas de Manuel Vicent, y tampoco he leído sus libros.
    Me ha hecho gracia leer de una forma tan bonita mi «truco» para disfrutar. Y es que la lo decía Fromm, parte del arte de amar está en la capacidad de concentración.

  3. Yo si he leído a Manuel Vicent y en efecto es un muy buen escritor de novelas, os lo recomiendo. «La Balada de Caín» es muy buena por ejemplo.

  4. Buenísima la columna. Siempre tuve la impresión -quizá prejuicio- de que las personas criadas junto al mar, que han crecido cara a cara frente a ese espectáculo de la naturaleza, eran por lo general, de cierta forma, un poco más sabias que los que hemos crecido en ciudades tierra adentro. No hay nada como pasar unas horas contemplando el oleaje para tomar constancia de nuestra pequeñez, y de la pequeñez de nuestros problemas. Ahora que vivo al lado de la playa, no hay preocupación que no se esfume en un paseo.

  5. Yo también me he quedado prendada leyendo esta columna de Manuel Vicent.Menos mal que contamos con estos genios de la palabra para expresar todo lo que nosostros no podríamos plasmar en un papel. Pero me conformo, feliz, con leerle en cada columna dominical y ver, mis sensaciones y emociones contenidas, reflejadas en sus textos.
    No sabía lo que era un blog hasta que, accidentalmente, llegué a éste.Muy interesante todo.¡Enhorabuena!.No me gustan demasiado los ordenadores pero al final voy a terminar enganchándome a este blog y no me va a quedar más remedio que pasar largos ratos en el ciber…¡¡¡NO!!!.
    [Comentario zrubavel: Muchas gracias, lamentablemente para mí, encontrarás blogs mejores que este si continúas navegando por Internet. Mucha suerte.]

  6. Yo también me he quedado prendada leyendo esta columna de Manuel Vicent.Menos mal que contamos con estos genios de la palabra para expresar todo lo que nosostros no podríamos plasmar en un papel. Pero me conformo, feliz, con leerle en cada columna dominical y ver, mis sensaciones y emociones contenidas, reflejadas en sus textos.
    No sabía lo que era un blog hasta que, accidentalmente, llegué a éste.Muy interesante todo.¡Enhorabuena!.No me gustan demasiado los ordenadores pero al final voy a terminar enganchándome a este blog y no me va a quedar más remedio que pasar largos ratos en el ciber…¡¡¡NO!!!.
    [Comentario zrubavel: Muchas gracias, lamentablemente para mí, encontrarás blogs mejores que este si continúas navegando por Internet. Mucha suerte.]

  7. Te he tomado la palabra y he seguido investigando por la red, ¡pero de momento me quedo contigo!, y más ahora que has respondido a mi comentario. [¡es que hace hasta ilusión!].

  8. Te he tomado la palabra y he seguido investigando por la red, ¡pero de momento me quedo contigo!, y más ahora que has respondido a mi comentario. [¡es que hace hasta ilusión!].

  9. Hacía tanto tiempo que la recordaba y no se por qué, hace unos días cuando estaba mirando el mar, la volví a recordar. Gracias por poner dicha columna, yo también recuerdo cuando la leí y como Manuel consiguió con tanta sencillez..emocionarme. La busqué más adelante, pero no la encontré. Desde entonces, desde que iba los domingos a por el periódico a devorar su columna, me enamoré de sus escritos, así que a parte de Son de mar (tb hay peli) que es la más conocida, os recomiendo un libro suyo: Nadie muere la víspera. Este libro es una colección de columnas suyas escritas en el país y cada una de ellas os encantará. Bueno, que gracias por ponerla. Un saludo

  10. Absoluta admiración a la pluma de Vicent cada domingo en El País. Ha conseguido la calidad máxima, un dominio absoluto, inteligente y poético de las palabras, al leerle percibimos la belleza y el poder de nuestra lengua para la evocación de imágenes, de recuerdos, de sentimientos.
    A veces, afortunadamente solo a veces, en plena creación se le dispara un fantasma antirreligioso que conserva en lo hondo y hiere los sentimientos de los creyentes que tan felices le estamos leyendo con algunos latigazos secos, duros, nada sutiles, ni originales por otra parte, un poco anacrónicos.
    Perdida momentáneamente la serenidad la recupera enseguida y reemprende su obra de arte de cada semana embelesándonos con su pluma magistral. Enhorabuena, maestro, por muchos años.

  11. Vicent es algo más que un hombre de litoral reinterpretando sus experiencias infantiles o un escritor de columnas bellas con intenso juego de imágenes -que ya es mucho-, es un escritor que consigue justificar la paradoja de vivir siquiera sea como causa para plantarle cara con otra vida paralela: la de sus textos. Es un monstruo.

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