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Al final en el artículo sobre "Versiones Comparadas" (Radio Clásica, Jueves de 13:00 a 14:00) apenas si hablé sobre el propio programa. He estado oyendo mucho el último que se emitió así que tengo ganas de comentar más al respecto.
Como ya dije anteriormente, es un programa que escoge una obra musical y en que el locutor, algo más que una voz que lee sino también el guionista y la persona que escoge las obras, se dedica a decidir cuáles son las mejores versiones que se han grabado sobre dicha pieza musical.

Inevitablemente este programa nos lleva a la comparación con el busque, escuche, compare... de Clásicos Populares (Radio Clásica y Radio 1, de lunes a viernes de 15:00 a 16:00). Clásicos Populares es un programa que puede describir despectivamente como de "Música para amas de casa". No se le puede descalificar sin más por cuanto lleva décadas en antena y ha hecho mucho bien por la difusión de la música clásica.

Pero la sección en que sen comparan versiones de Clásicos Populares es la antítesis del programa que presenta Ángel Carrascosa.

La primera es populista y democrática: el presentador, dicharachero hijo de un famoso director de orquesta, expone algunos fragmentos de las versiones más selectas que existen sobre una pieza musical. Luego los oyentes llaman al programa y votan sobre cuál es la versión que más les ha gustado. Al terminar se erige un vencedor y se lee quiénes eran los intérpretes de cada una de las versiones.
Muy social y "rollo 2.0" aunque llevan años haciendo lo mismo y lo cierto es que a la gente le encanta el formato.

La alternativa de Versiones Comparadas es absolutamente dictatorial: un tipo al que no conoces de nada ha decidido por ti qué es lo bueno y qué lo malo. La mejor versión la oirás entera. De las malas, ni una nota. De las interesantes, algunos fragmentos.

Los que se han criado en Internet pensarán que ese sistema es de otra época y no sirve de nada. Pero ahora viajemos en el tiempo, veamos lo que sucede entre bambalinas:

Fernando Argenta, para sus Clásicos Populares, va a la mediateca de Radio y Televisión Española. Escoge cuatro o cinco versiones que tengan buena pinta: Karajan, Carreras, Yo-Yo Ma, Martha Argerich, gente que suena bien.

Fernando no tiene que hacer más, las presenta al público y este decide. Luego lee los intérpretes. Eso es todo.

Ángel Carrascosa también se va a la mediateca. Pero antes ha pasado por la biblioteca y ha recopilado el listado completo de las versiones existentes en el mercado. Muchas son antiguas y puede que la calidad del sonido no sea óptima. Algunas serán difíciles de conseguir o directamente imposible. Va al archivo de Radio Nacional y se las lleva todas a casa.

Ahora le toca la difícil tarea de escucharlas una a una. Se sentará en el sofá del salón, si no hay niños correteando y tendrá que prestarles atención de principio a fin. Las versiones muy malas pueden cortarse tras cinco minutos de audición, pero normalmente los malos intérpretes no tienen opción de grabar discos (sólo en música clásica) así que a todos se les debe dar una oportunidad.

En el caso de la pieza que estuve oyendo, los Cuatro Últimos Lieder, de Richard Strauss (un músico tan grande que ni se le pudo echar en cara que fuera amiguete de Hitler), el futuro locutor ha tenido que oír más de veinte versiones. Si cada versión son 15 minutos y sólo se oye una vez eso ya son 5 horas de audición, con el detalle de que la fatiga de oír una y otra vez la misma pieza exige paradas frecuentes.

El veredicto de Ángel Carrascosa es implacable: la versión de cierto director famosísimo es anticuada, impropia de un músico de tanta categoría. Una soprano es demasiado estridente. Los violines de la orquesta un poco apresurados, a la otra cantante le falta talla.

En Versiones Comparadas se ha hecho un trabajo profesional. Puedes no estar de acuerdo con la decisión del realizador, pero aprecias mucho su trabajo. En Clásicos Populares tienes una cosa entretenida, pero de poco valor.

Después de oír todas las versiones, con espíritu crítico, puedes atreverte a desechar una en que el director es Herbert Von Karajan, o que la cantante es Monserrat Caballé. Y hay que tenerlos muy bien puestos para criticar la dirección de Karl Böhm: amigo personal de Richard Strauss, experto en la música del compositor alemán y encargado de muchos de sus estrenos. Si tomas un puñado de CDs de la videoteca esas tres versiones seguro que irían en el manojo.

Y luego, dar como la mejor versión a una en que tanto la orquesta, como el director, como la cantante, no son primerísimas figuras -aunque sí excelentes, la soprano Reneé Flemig, el director Christoph Eschenbach, la Orquesta Sinfónica de Houston - es una muestra de gran juicio. A mi eso me vale mucho más que los que recomiendan lo evidente y lo probable.

No todo son descalificaciones. Los adjetivos positivos son mayoría y son difíciles. Decir "es muy bonita esta versión" es simple pero destacar entre las de dos primeras espadas lo que hace resaltar a una de otra es tarea harto complicada. Me quedo con una valoración: admirablemente cantada y prodigiosamente dirigida.

Hacen falta más contenidos como estos. Tras un programa de hora escasa se ocultan muchas horas de trabajo de un profesional de gran valía. Luego puedes disentir de las valoraciones del presentador, pero entiendes su postura o tratas de entenderla, porque es una opinión que aprecias por todo lo que tiene detrás. A mi la anecdótica votación comandada por jubilados forofos de la zarzuela no me aporta nada.

Habrá quien piense que la democracia tiene que invadir todos los espacios de la humanidad y que todo mejorará gracias a ella. No siempre es asín. Si pensamos en el artículo de la Wikipedia sobre los Cuatro Últimos Lieder veremos que nunca podría darse una valoración sobre las distintas versiones grabadas. Eso no cumpliría los estándares de calidad y sería descartado. Pero esa sería la diferencia. Ese dato haría el artículo algo realmente valioso. La entrada sobre Renée Flemig indica en su discografía esa grabación de Strauss, pero la enumera en una lista sin decir que es portentosa, y primus inter pares, por el contexto sólo podría deducirse que es uno de los primeros discos que grabó.

De hecho el artículo alemán sobre esta pieza tiene la horrorosa sección de las "Grabaciones realizadas por Famosos" (Bekannte Aufnahmen) en la que se cita a la principal de Elisabeth Schwarzkopf, Radio-Symphonieorchester Berlin, George Szell (el año auténtico es el 1966 no el 1965) pero se ignora a los en su momento casi desconocidos Eschembach y Flemig.

La opinión de una persona a veces vale mucho más que las decisiones consensuadas de la masa. Y cada cosa en su contexto.

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Ya se había hablado aquí anteriormente sobre el programa de Radio Clásica El Mundo de la Fonografía.

Presentado por José Luis Pérez de Arteaga, se emite los sábados y domingos de 16:00 a 19:00 desde hace por lo menos 20 años. Es posiblemente el mejor programa de música clásica que se puede oír en español y salvo para los eremitas, el horario de emisión es harto complicado.

Para quien tenga la duda, la sintonía de inicio del programa El Mundo de la Fonografía es la banda sonora de la película Rebeca (dirigida por Alfred Hitchcock) compuesta por Franz Waxman.

Dado que Radio Nacional todavía no emite podcast, supongo que por cuestiones técnicas que no porque sientan que este formato no tiene futuro, una inmensa minoría de gente añorábamos poder cargar estos programas en el reproductor de mp3 y oírlos cuando nos diera la gana. Y como la música clásica es marginal, nadie parecía dispuesto a hacerlo.

Asín que me ha tocado a mi. El asunto es el siguiente: en la medida de lo posible, iré colgando los programas de sábados y domingos en el Emule. Cada vez que suba un nuevo programa, pondré un comentario en esta entrada con el link del Emule. Porque aunque los subiré casi todos, cuando tenga el ordenador apagado no será posible realizar la grabación, así que habrá algunos que se perderán.

Si quieres suscribirte a esta especie de podcast basta con que te suscribas a los comentarios de este artículo (envías un comentario cualquiera, rellenas con tu correo electrónico real y checkeas el campo "Quiero recibir un email cuando alguien incluya un nuevo comentario."). Con eso, cada vez que suba algo tendrás un email y con solo pinchar en el elink, teniendo el Emule abierto, comenzarás a descargarlo.

Tecnológicamente funciona del siguiente modo: uso el programa Replay AV 8, que casualmente encontré en el Emule. He estado comparando numerosas alternativas, empezando por las gratuitas y la mayoría no grababan bien, o tenían un funcionamiento complicadísimo. Este programa es muy natural: indicas qué emisoras quieres grabar, que días de la semana y a qué horas. Y ya está, si lo tienes abierto cuando llega esa hora, se pone a grabar sin más y cuando llega la hora de fin del programa, termina la grabación.

mundo-fonografia-configurar.jpg

El Replay AV 8 graba en un formato de sonido de Windows, pero el mismo programa viene con un conversor a mp3 (Replay Converter) que te permite realizar la conversión de forma automática, como una propiedad de la grabación. Así, tras configurar el programa, basta con tenerlo encendido y hace todo el trabajo sucio, sólo te queda subir los mp3 al reproductor.

mundo-fonografia.jpg

Cuento todo esto porque si alguien se anima a hacer lo mismo, habrán más episodios de El Mundo de la Fonografía disponibles para la gente. También para el que quiera aprovechar para grabar otras emisoras de radio y otros programas.

Para el que quiera configurar grabaciones automáticas de Radio Clásica, la url es: http://www.rtve.es/rne/audio/RNEclasica.asx


El podcast viene del siguiente modo: El programa dura 3 horas y me parece una barbaridad generar un fichero mp3 de tal duración. Tienes que oírlo todo seguido, no puedes alternar con otras músicas salvo que quieras volver a empezar desde el principio. Así, he decidido partirlo (con el mismo programa Replay AV 8) en pistas de 15 minutos cada una. El problema es que el programa no hila muy fino y algunos trozos de música se oyen al final de una pista y al comienzo de la siguiente.
Para quien lo prefiera, hoy he empezado a grabar el programa también en una única entrada. Total, es gratis.

Junto con el programa en mp3, incluyo el texto del boletín de programación de Radio Clásica con el contenido del mismo. Para los coleccionistas. Y como no me gusta anunciar cosas que luego no voy a ser capaz de continuar, primero me he grabado un mes de programas antes de hacer este anuncio de publicación.

Un pequeño problema: El programa suele ser de 16:00 a 19:00, pero es relativamente frecuente que vea acortada su duración por retrasmisiones especiales. Así, algunos de los podcast tendrán una hora o dos extra de el inicio de otro programa. Además, como no siempre empieza a las 16:00 en punto, también se oye el final del programa que le antecede. Si me dedicara a quitar esas partes perdería el tiempo suficiente como para aburrirme y no hacerlo habitualmente. A mi no me molestan estas pequeñas cosas.

Otra cosa: esto no es un thriller. Da igual oír los programas de hace diez años, son tan interesantes, o tal vez más, que los actuales. No importa lo que se oiga, cada programa es independiente de los otros.

Por favor, si no vas a oír el programa, algo más que razonable, te agradecería que te lo descargases igualmente del Emule. Esto no es Lost en inglés y Alta Definición y si se consigue que haya al menos dos fuentes de las que descargar ya será todo un récord. Total, no ocupa casi nada. Gracias.

Nota: Este no es un programa de iniciación a la música, normalmente las piezas serán muy modernas y a veces verdaderas matracas.

Cuestiones legales: No gano nada con esto. No hay publicidad ni mi nombre sale por ninguna parte. El programa de radio no tiene publicidad y no pierde audiencia. Lo emite la Radio Pública, que a su vez trasmite por streaming y P2P toda su programación. Esto tiene que ser 100% legal .

Mundo Fonografia Apr 26 2008.zip

Mundo Fonografia Apr 20 2008.zip

Mundo Fonografia Apr 13 2008.zip

Mundo Fonografia Apr 12 2008.zip

Mundo Fonografia Apr 06 2008.zip

Mundo Fonografia Apr 05 2008.zip

Mundo Fonografia Mar 30 2008.zip

Mundo Fonografia Mar 29 2008.zip

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Este viernes terminaba la temporada de conciertos de la Orquesta de Radio Televisión Española. Como para tanta otra gente, uno de mis propósitos habituales era "ir más al teatro". Pero por una cosa o por otra siempre se acaba dejando de lado, como para tantos otros propósitos.

Así, para forzarme un poco, me aboné el año pasado a los conciertos de la Orquesta de Radio Televisión Española (ORTVE). El abono no es más que una compra de todas las entradas para la temporada. Las entradas no tienen tu nombre así que se pueden revender o dar a un amigo. La compra de todas las entradas tiene la siguientes ventajas:


  • Sólo tienes que ir a taquilla una vez

  • Obtienes un descuento del precio de cada una de ellas por separado, como un 10%

  • Siempre te sientas en la misma silla (esto también puede ser una desventaja) eso te identifica con el territorio y te hace sentir más cómodo, como si estuvieras en tu casa

Aparte, los abonados tienen la opción de algunos conciertos gratuitos, para los que sólo hay que recoger la entrada en taquilla.

Los abonos de esta orquesta dividen la temporada en dos partes, conciertos "A" y "B". Se van dando en semanas sucesivas, por lo que el que se abone a uno de las dos series, sólo tiene que ir al teatro cada dos semanas. Creo que es una medida racional; si se va cada semana puede convertirse más en una obligación que en un placer.

A modo de resumen y para el que le pueda interesar, cuento la experiencia en general.

1) Público. Como ya expliqué en otro artículo, es gente entre mayor y muy mayor. No me gustan demasiado los abueletes y no abundaré más en el tema. Sin considerar la edad, la gente no es especialmente educada. He visto a gente cambiarse de sitio (algo muy habitual en cualquier espectáculo; compras la entrada barata y te mueves al asiento caro) una vez ha empezado la música. Esto puede ser de tener más o menos educación, pero en música clásica es una desfachatez. Hay que respetar a los músicos, más que al resto del público, pues están en un estado de concentración muy intenso y una distracción de ese tipo le puede descentrar por completo y eso puede significar que comentan errores y esto a su vez a que pierdan su puesto en la orquesta - y con él su trabajo.

Como sólo estoy abonado a la mitad de los conciertos, cuando tocaron la Sinfonía nº9 de Beethoven compré entrada aparte. Al hacerlo en el último momento me tocó en el "gallinero" (visibilidad reducida + de lejos + sillas apretadas + calor). Allí lo cierto es que la vergüenza estaba por completo olvidada. Hubo gente hasta a la que le sonó el móvil ¡Y respondió!

A los que les parezca que soy quisquilloso, que lo soy, deben entender que la música clásica no es como el cine. En el cine, muchas veces, vas a una película de estreno y quieres enterarte de lo que ocurre. En la música clásica vas a una película que ya has visto mil veces. Quieres oírla con calidad de sonido, pero también es sobre todo una experiencia. Es muy infrecuente eso de "escuchar música", normalmente se oye mientras se hace otra cosa. Pero estar simplemente escuchando es una experiencia gratificante que puede romperse con cualquier distracción.


2) Orquesta. La Orquesta de RTVE es una orquesta excelente. Son buenos músicos, la calidad de sonido del teatro es bastante buena. Traen a solistas de talla mundial. Los directores, Adrian Leaper es el titular, suelen ser de prestigio internacional. Sólo se puede hablar bien de los músicos de esta orquesta.

3) Taquilla. El personal de las taquillas del teatro es lo peor del funcionariado en España. Aplican el horario al milímetro, te pueden cerrar la taquilla a las 18:59:59 con un único cliente esperando ser atendido. Atienden de mala gana, hablan por teléfono en larguísimas llamadas personales y te tienen esperando. La gestión de la venta de abonos es del siglo XIX: casi todo se escribe en papel (me imagino que porque una empresa externa introducirá la información en el ordenador) se esperan colas absurdas de horas para atender a una docena de personas. No hay que despedir por edad, hay que despedir por ineficiencia.

4) Instalaciones. El Teatro Monumental es un poco antiguo, pero se han realizado algunas remodelaciones y no da la impresión de "esto se puede venir abajo en cualquier momento" que dan algunos cines "con solera". Las butacas son cómodas (el gallinero es otra cosa, allí demasiado es que se puede uno sentar) la temperatura es agradable. Hay suficientes acomodadores y son personas amables.

5) Trato al abonado. Una cosa que me molesta muchísimo es cuando te piden todos tus datos en un sitio, a veces con exagerado detalle, para luego no hacer uso de esa información -salvo para el envío de publicidad o venta a empresas de publicidad. El teatro estuvo cerrado en tres conciertos y ¡Nadie me llamó o me envió un email o me mandó una carta! ¿Para qué querían esos datos entonces? Cuando han habido conciertos especiales para abonados tampoco me han avisado de nada. Hoy en día se pide la información de forma rutinaria, como un robo que debes tolerar.

En los conciertos anulados te encontrabas bastante gente en tu misma situación: hecho un tonto, te tenías que volver a casa y preocuparte de recuperar el dinero de la entrada pasando otro día por taquilla (¡Porque las taquillas no admitían devoluciones hasta la semana siguiente!). Lamentable gestión.

6) Piezas musicales. En los conciertos a los que he ido se ha llegado a un razonable equilibrio entre piezas clásicas (siglo XIX para abajo), piezas "modernas" (1900-1960), estrenos (siglo XXI), música coral y aniversarios (este año era el del 75 cumpleaños de Anton García Abril).

Lo bueno de estos conciertos es la obligación. Si vas por gusto sólo lo haces a aquellos en que se tocan tus piezas favoritas, como la antes citada Sinfonía nº9 de Beethoven o el llenazo de Carmina Burana. Jamás iría por voluntad propia a un estreno de una obra de Antón García Abril. Y luego puede ser una agradable sorpresa - como sucedió con el concierto de cierre - o una enorme decepción, pero siempre es necesario situarse ante situaciones nuevas. De esta temporada salgo con una imagen mejorada de Schubert o Bruckner. El descubrir cosas nuevas a veces sólo se consigue mediante la obligación, como cuando se oye la radio.

7) Programa. El programa de mano de la ORTVE es quizás lo que más agradablemente me ha sorprendido de todo. Excelentes las introducciones de Pablo Larrañeta: eruditas e interesantes, dos adjetivos difíciles de compaginar. Es una pena que ese material no se publique aunque sea en un blog, y se quede en la lectura caprichosa del día del concierto.

Hay muchos Pablo Larrañeta en Internet, pero ninguno que parezca tener relación alguna con la música. ¿Cómo es esto posible? Su capacidad para encontrar paralelismos entre piezas que, a veces, carecen de toda relación. O para narrar el momento exacto en que se compuso una determinada obra. Su estilo recuerda al mejor Stefan Zweig (http://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig), informando, entreteniendo y sin perderse en divagaciones.

Aprovechando que esto es una página sin ánimo de lucro, voy a reproducir uno de sus programas. La descripción de la Sinfonía nº4 de Chaikovski, al tiempo que va desvelando la biografía del compositor es una verdadera maravilla, esbozada con gran precisión en muy pocas líneas. Se puede ver una imagen más grande con solo ir pinchando en cada una de ellas.

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Con la caída del Imperio Romano cambiaron mucho las cosas en el mundo. Uno de los grandes afectados fue el Teatro. El teatro romano no tenía tanta calidad como el griego pero era un espectáculo en el sentido moderno de la palabra.

El circo romano era algo tan maravilloso que si hoy en día se reabriera, y nos olvidáramos por un momento de nuestro moderno concepto de la ética, produciría unas taquillas más suculentas que cualquiera de los musicales de éxito. No habría que cambiar ni modernizar nada.
Las naumaquias o batallas navales, no tan conocidas por nosotros, han sido posiblemente el mayor espectáculo de la Historia de la Humanidad con unos presupuestos que dejarían en ridículo a cualquier superproducción de Hollywood. En las naumaquias se reproducían batallas navales famosas. En algunos casos las reproducciones eran versiones ampliadas de la batalla: si allí lucharon 100 barcos la naumaquia era de 200 y un volumen de actores colosal, muchos de los cuales morían en la fidedigna representación.

Con el fin del Imperio el Teatro (occidental se entiende) cayó en las manos de la Iglesia Católica. Por supuesto que siguieron existiendo gañanes que se disfrazaban y hacían reír a la gente con sus comedias aficionadas e itinerantes. Pero no dejaba de ser un Teatro de segunda categoría. Durante la Edad Media y el Renacimiento las mejores representaciones teatrales eran organizadas por la iglesia. La misma Misa Católica no deja de ser una obra teatral que se tenía lugar con periodicidad conocida y a la que el público llenaba casi todas las sesiones.

La Semana Santa siempre ha sido tiempo de grandes actos religiosos. Uno de los mayores eventos del año era el que ocurría en Roma, en la Capilla Sixtina. El Jueves y el Viernes Santo se celebraban unos oficios tenebrosos de enorme impacto emocional. El oficio se iniciaba a las tres de la mañana. La iglesia estaba iluminada con 27 velas que iban siendo apagadas sucesivamente.

Para tan importante celebración era fundamental una música de fondo. Ya en 1518 bajo el reinado del Papa León X (1513-1521) el compositor Constanzo Festa compuso en 1514 un canto que acompañase a la liturgia. La obra, llamada Miserere por el comienzo del texto cantado, era una obra para doble coro, de cuatro y cinco voces respectivamente, usando como letra el Salmo LI de la Biblia en latín (el L de acuerdo a la griega).

Dicho salmo reza así:


Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam.
Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dēlē iniquitatem meam.
Amplius lavā me ab iniquitate mea: et a peccato meo mundā me.
Quoniam iniquitatem meam ego cognōscō: et peccatum meum contra me est semper.
Tibi soli peccāvī, et malum coram te fēcī: ut justificeris in sermonibus tuis, et vincās cum judicaris.
Ecce enim in inquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.
Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi.
Asperges me, Domine, hyssopo, et mundābor: lavābis me, et super nivem dēalbābor.
Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exsultabunt ossa humiliata.
Averte faciem tuam a peccatis meis: et omnes iniquitates meas dele.
Cor mundum crea in me, Deus: et spiritum rectum innova in visceribus meis.
Ne projicias me a facie tua: et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.
Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me.
Docebo iniquos vias tuas: et impii ad te convertentur.
Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae: et exsultabit lingua mea justitiam tuam.
Domine, labia mea aperies: et os meum annuntiabit laudem tuam.
Quoniam si voluisses sacrificium, dedissem utique: holocaustis non delectaberis.
Sacrificium Deo spiritus contribulatus: cor contritum, et humiliatum, Deus, non despicies.
Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua Sion: ut aedificentur muri Jerusalem.
Tunc acceptabis sacrificium justitiae, oblationes, et holocausta: tunc imponent super altare tuum vitulos.

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La obra a cantar en el servicio de Semana Santa fue cambiando con el tiempo. Pero los sucesivos autores decidieron respetar la letra y el estilo originales de Constanzo Festa. Hasta diez compositores prestaron su música a la mágica celebración. Sin embargo en 1638 Gregorio Allegri realizó una versión musical del texto bíblico que tuvo tanto éxito que el entonces Papa Urbano VIII decidió que perdurara en el tiempo. Hasta hoy en día.

En la actualidad enciendes el televisor y tienes varias decenas de espectáculos a tu disposición. Internet es casi infinito. En el siglo XVII apenas si había sucesos más interesantes que ver como el caballo montaba a la yegua. Una obra musical que sólo se interpretaba dos veces al año, en la sala más majestuosa de la Cristiandad, con las mejores voces de Italia - o sea del mundo - asistiendo a la misa el propio Papa. Celebrándose a las tres de la mañana. Con el terrorífico juego de luces. Ni qué decir tiene que pasó a ser uno de los actos culturales más importantes del mundo.

Lo que en el pasado no era sino marketing es hoy recordado como censura. Ante el éxito del Miserere de Allegri el Papa dio un paso adelante para aumentar dramáticamente la fama de estas Misas de Semana Santa: prohibió la copia de las partituras de Allegri. Nadie podría salir de la Capilla Sixtina con alguna de ellas. So pena del castigo eterno: la temible excomunión.

El objetivo no era prohibir por prohibir. La idea era aumentar la mística que envolvía esta obra. Y desde luego que el Papa lo consiguió.

El Emperador de Austria Leopoldo I de Habsburgo (1640-1705) había oído hablar de la obra a algunos de sus dignatarios que habían estado en alguna visita a Roma. Le contaron maravillas del Miserere de Allegri. Hasta el punto de que el monarca solicitó al Papa una copia de la partitura para que pudiera ser representada en su capilla real.

El Papa no tuvo sino que aceptar, llegando por primera vez una copia legítima del Miserere fuera de Roma con dirección a la Librería Imperial de Viena. Pero tras la representación el Emperador quedó muy decepcionado con la pieza, hasta el punto de creer que el Papa le había engañado, enviándole una obra menor en lugar del auténtico Miserere del que tantas maravillas había escuchado. El Papa pidió explicaciones a su Maestro di Cappella y lo destituyó.

Este pobre hombre sin embargo solicitó dar una explicación al Papa en una audiencia. Y consiguió convencerle hasta el punto de recuperar su puesto: la partitura era lo de menos. La música de Allegri no tenía nada de extraordinario. Era el conjunto simbólico que conseguían formar en un día y un lugar tan especiales. Pero el Maestro de Capilla le habló al Papa de las improvisaciones. Porque a pesar de tener una partitura que cantar, el coro de la Capilla Sixtina disponía de unas técnicas especiales de improvisación basadas en el original que convertían la pieza en algo único cada vez que era representado y más allá de la mera partitura musical. Como director del coro, él sería capaz de trasmitir al menos esa música al Emperador de Viena. Tras dirigir al coro austríaco el Papa y el Emperador recuperaron la confianza mutua y el músico su puesto de trabajo.

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Esta historia no serviría sino para aumentar el prestigio del Miserere de la Semana Santa de Roma. Hacia 1770 se conocía que existían tres copias de la partitura de Allegri: la copia de la Librería Imperial de Viena, otra que tenía el rey de Portugal y una tercera en manos del renombrado pedagogo y compositor italiano Giovanni Battista Martini (1706-1784).

Y entonces apareció Mozart. Con trece años y acompañado de su padre Leopold, también compositor, el pequeño Mozart visitó durante 15 meses Italia, aprendiendo música de algunos de los mayores expertos de su tiempo y conociendo las bellas ciudades italianas. De tal suerte que el 11 de abril de 1770, jueves, Mozart tuvo la oportunidad de asistir a una de las interpretaciones del Miserere de Allegri en la Capilla Sixtina.

Al volver a su alojamiento el joven Mozart puso en práctica una de sus habilidades tan bien retratadas en la película Amadeus: recordar la música con sólo oírla una vez. Y se dispuso a trascribir la partitura completa del Miserere. Esta facultad extraordinaria no tenía sin embargo ninguna utilidad, salvo para ocasiones tan excepcionales como el Miserere de Allegri. Al día siguiente Mozart volvió a oír la pieza, para sólo realizar algunas correcciones menores a su texto inicial.

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Este es un punto delicado. La única información fiable de que se dispone es la que el propio padre de Mozart contó, en una carta que envió a Salzburgo, donde ambos vivían. En ella decía:

"Habrás oído hablar del famoso Miserere en Roma, que es tan apreciado que hasta los intérpretes tienen prohibido bajo pena de excomunión el llevarse aunque sólo sea una parte de él, copiarla o dejársela a nadie. ¡Pero nosotros ya lo tenemos! Wolfgang lo ha trascrito y lo enviaríamos a Salzburgo con esta carta si no fuera porque es totalmente imprescindible que nosotros estemos allí para la representación. La forma de interpretarlo contribuye mucho al efecto que produce la música más que la pieza en sí. En cualquier caso, siendo uno de los secretos de Roma, no queremos dejarlos caer en otras manos."

Este texto es fundamental para entender lo que estaba a punto de ocurrir. Porque tras dejar Roma, los Mozart viajaron a Bolonia, a encontrarse con el compositor Martini, antes citado. Quiso el destino que en ese momento y en ese lugar coincidieran las dos (tres contando a Leopold Mozart) únicas personas del mundo que tenían la partitura, fuera de Roma y de las bibliotecas de dos reyes. Allí había ido Mozart a aprender del maestro italiano.

Por otro lado, el musicólogo inglés Charles Burney había dejado Londres hacía varios meses. Su objetivo era escribir un libro sobre la música de Francia e Italia. Quiso el destino que llegase a Bolonia justo en el momento en que los Mozart estaban visitando a Martini. Y entonces hay una parte que nadie conoce ni probablemente conocerá jamás. Se sabe el resultado: que Burney volvió a Inglaterra y publicó la partitura del Miserere de Allegri. Y es que los ingleses hacía algunos años que no tenían ningún respeto o miedo a la Iglesia Católica.

La versión más extendida por Internet, Wikipedia inclusive, es la simple: Wolfgang Amadeus Mozart liberó la pieza musical y la puso al alcance de todo el mundo. Se convirtió así en un príncipe de los hackers del siglo XVIII. Esta historia sin embargo es quizás la menos probable de todas.

Por un lado, Mozart no era más que un niño. Genial y un músico de talla adulta pero a fin de cuentas un niño que jamás habría hecho algo así sin el consentimiento de su padre. Más sospechosos resultan Martini y Leopold Mozart. Mozart padre parecía dispuesto a distribuir la pieza si esta podía aportarle algún beneficio económico, pero siempre con el respeto máximo a la Iglesia y al Papa. Giovanni Battista Martini tenía también una copia de la partitura, obtenida por métodos desconocidos. Quizás todos se aprovecharon de la triple coincidencia. Burney desde luego, pues fue capaz de publicar la obra y ponerla al alcance de todo el mundo, hasta hacerla una de las piezas de música religiosa más populares de la actualidad. Quizás Martini obtuvo un beneficio económico y trató de aprovecharse de la oportunidad de culpar a los Mozart. Leopold disponía de una buena forma de congraciarse con el público inglés y de aumentar la popularidad de su hijo pero cuesta creer que eso valiera más que el presentarse en Salzburgo con la partitura.

Pudiera darse incluso el caso de que Burney robara la obra o la copiara aprovechando algún descuido del equipaje de los Mozart. Incluso se cree que Burney la pudo obtener algunos días antes en la misma Roma, del Maestro de Capilla Santarelli. No podemos saberlo. Lo que sí que es cierto es que nunca mencionó el nombre de Mozart. Aunque puede que tan sólo para protegerle de las iras de la Iglesia Católica y para salvar su alma.

Pero casi exculpa por completo a los Mozart la versión publicada por Burney. Si hubiera incluido las improvisaciones ajenas a la partitura original la hipótesis mozartiana ganaría mucho peso. Pero al haber ocurrido justo lo contrario todo apunta a que aún disponiendo de la partitura obtenida por Mozart no habría sido capaz de obtener "la original", sin las improvisaciones.

Lo cierto es que no se armó ningún alboroto con la publicación del Miserere. El Papa sabía que la música era lo de menos. Jueves Santo. Capilla Sixtina. Un coro a nueve voces. Tres de la mañana. ¿Quién necesita una partitura?


Fuentes:

Reparto:

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¿QUÉ ES P2P? [...] Hasta ahora, esta tecnología ha permitido a millones de usuarios de Internet de todo el mundo compartir todo tipo de archivos en la red. Si funcionaban con licencia o no, ha sido otra cuestión.

Si es indudable el éxito de dicha tecnología (más del 60 % del tráfico actual de Internet es tráfico P2P), por qué no plantearse, entonces, su uso lícitamente, como es este caso. Una de las primeras aplicaciones ha sido la telefonía (Skype), pero otras ya están tomando el relevo apuntando maneras. La distribución de vídeo y audio a través de esta tecnología permite, pues, distribuir contenidos de mejor calidad.

Radio (y Televisión) Española emite sus programas en P2P con calidad CD en Internet. Pero con los podcast (programas de radio grabados) va muy atrasada, apenas si hay programas disponibles.

Los jueves echan un programa en Radio Clásica "Versiones comparadas" que es un auténtico lujo para oír como podcast: toman una obra importante del repertorio clásico y junto con la historia de su composición van narrando las distintas versiones que se han grabado a lo largo de la Historia y cuales son las mejores.

Esto permite contar un montón de subtramas en torno a un hilo central, aderezado con música, lo cual es muy ameno. De paso te hace conocer una obra a la perfección. Ese es uno de los métodos más eficaces de aprendizaje que existen: saber mucho de poco para acabar sabiendo poco de mucho.

El programa de versiones comparadas lo radian los jueves de 13:00 a 14:00. Es un horario pésimo y por el tipo de programa es una pena perderse una edición.

El programa de hoy ha tratado sobre el Concierto para Orquesta de Bela Bartók. Bartók era un músico húngaro extraordinario de comienzos del siglo XX que tuvo que emigrar a Estados Unidos cuando la cosa se puso fea en Europa.

Estados Unidos se benefició de la fuga de cerebros masiva del periodo de las Guerras Mundiales. Muchos músicos consagrados se murieron de asco al llegar allí mientras que otros que no habían logrado nada en su país natal prosperaban en el país de las oportunidades. Bartók fue uno de los que no tuvo éxito y pasó penurias económicas en Estados Unidos.

Serguei Koussevitzky era un director de orquesta de origen ruso que había tenido mucho éxito a ambos lados del Atlántico y para hacerle un favor le solicitó un encargo a Bela Bartók. Este compuso su Concierto para orquesta y Koussevitzky tuvo la oportunidad de estrenar la obra.

Contaban en el programa que la versión que grabara Koussevitzky pocos días después del estreno (en 1944) es posiblemente la mejor versión grabada que aún existe de dicha obra. El Concierto para Orquesta es una obra majestuosa que ha sido interpretada y grabada miles de veces, pero aún la primera impresión es la mejor de todas. Esto desde luego no es nada frecuente en música.

Si lee uno la página de la Wikipedia sobre el Concierto para Orquesta uno no obtiene la información importante. No se suele decir mucho, pero la Wikipedia no es peor que la Enciclopedia Británica por la veracidad de los hechos ni por la cantidad de información, sino por la absoluta objetividad que trata de practicar, que la convierte en peor que una versión escrita por un ser humano, como el presentador de "Versiones Comparadas".

Hay una reseña muy interesante en esta página sobre el Concierto para Orquesta de Bela Bartók y sobre su vida en general en Estados Unidos.

Para los que suelen quejarse de las Sociedades de Autor, esta perla:

El diagnóstico era sombrío: Bartók tenía leucemia. La ASCAP (Sociedad Norteamericana de Compositores, Autores y Editores), sociedad que se encarga de los derechos de autor, asumió todos los gastos de su atención médica.

En ese estado, hundido moralmente por su incapacidad para adaptarse al país y con los días contados, Bartok compuso con un adelanto de 500 dólares del director Koussevitzky la que acabaría siendo su obra más conocida (que no la mejor pero sí una de las más asequibles).

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La imagen que uno tiene de los conciertos de música clásica es la de un espacio elitista de hombres encorbatados y mujeres en traje de noche. Puede ser asín en La Scala de Milán y en ciertos conciertos pero lo general es encontrar a gente vestida en ropa de calle de lo más normal.

En España lo habitual es que los conciertos estén atiborrados de abuelos y abuelas. No es exagerado decir que la media de edad del público debe estar en torno a los 60 años, a pesar de algunos padres demasiado comprometidos que llevan a sus hijos a empaparse de cultura y a salvar la media.

Es triste que la cultura sea un reducto de ancianos pero perfectamente comprensible. Si los responsables del Ministerio de Cultura tuvieran dos dedos de frente y observasen eso se darían cuenta de que algo no va bien y tal vez intentasen cambiarlo.

Lo habitual es la vía frívola: conciertos de Alejandro Sanz acompañado por una Orquesta Filarmónica. Conciertos con versiones para orquesta de piezas de Ragetón o bandas sonoras.

Digo yo que podría tratarse el tema con la seriedad que se merece. La música clásica es casi siempre subvencionada con lo que no veo problemático distribuir esas subvenciones de otra forma. Los abuelos van a los conciertos porque para ellos no resultan especialmente caros. Sin embargo sí lo son para los jóvenes, entendiendo por jóvenes esa categoría tan extensa y moderna de personas de menos de 35 años. 20 euros por un concierto puede resultar disuasorio cuando uno no es un maniático de la música.

Nunca hay descuentos para jóvenes en los conciertos. Con precios generales para todos no se puede. A veces descuentos pírricos como un 5% para quienes tengan el Carné Joven. Para una pareja joven que aún esté estudiando en la Universidad es sencillamente inviable o un malgasto absoluto.

Me gusta el modelo que tienen en Londres. Allí el teatro es caro, como todo, pero está tirado de precio para los jóvenes. Recuerdo que vi un Hamlet que costaba 60 libras (unos 90 euros) y resultaba totalmente inasequible a mi bolsillo pero que gracias a un carné de estudiante se redujo a 10 libras. Sí, eso son descuentos para jóvenes, no un 5% sino un descuento de más del 80% del precio.

Aquello no estaba abarrotado de jóvenes ni mucho menos pero tampoco parecía un viaje del IMSERSO. Era una muestra de población normal y corriente, con gente de todas las edades, como debiera ser. El joven que se aficione al teatro o la clásica no tendrá más narices que pasar por el aro de la cultura cara cuando tenga edad. Pero al menos llegará a ese momento. Aquí el joven hace lo que tiene que hacer: aquello que puede permitirse.

Sin embargo la directora de la institución, María José Prieto se jacta de que entre sus planes se encuentra:

Entre los próximos objetivos destacan reforzar el papel de la orquesta dentro de RTVE, potenciar el archivo sonoro y rejuvenecer el público que asiste a los conciertos.

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La música clásica, como el buen vino, es uno de los grandes placeres de la vida. Todos hemos bebido kalimotxos y cervezas, pero una buena botella de vino es simplemente otra cosa.

Con la música ocurre lo mismo: hay grandes músicos de rock y de pop, de flamenco y de hip-hop. Pero la música clásica está a otro nivel y todo el que se acerca a ella acaba cayendo en sus redes y lamentando no haberla conocido antes.

Hace tiempo que llevo pensando escribir alguna recomendación sobre como iniciarse en la música clásica. Sin embargo no dejo de ser un aficionado y la tarea me viene grande. Lo que sí que me atrevería a decir es cómo no hay que hacerlo.

El problema que tienen los expertos en un tema es que a veces les cuesta relativizar. Pocos expertos en vinos te dirán que un L'Ermita de Álvaro Palacios es un vino que no merece la pena. Pero para un aficionado tal vez los matices que tenga no compensen el excesivo precio o directamente no puedan ser percibidos por el iniciado.

Hay numerosas piezas de música clásica que son majestuosas, pero que para el oído poco entrenado pueden ser un infierno. Lo mejor para disfrutar de la música clásica es ir a un concierto en directo, donde se oye bien de verdad y uno no tiene la opción de escapar. No son caros. Pero mirad el programa antes de ir. Tened mucho cuidado con este tipo de piezas. Evitadlas siempre.

1) La tortura minimalista.

El minimalismo musical puede resumirse como "música muy repetitiva". Aunque a uno puede acabar enamorándole este tipo de composiciones, hay que entender que suelen resultar una pesadilla para el poco acostumbrado a esta economía de recursos:

Ese tipo de música suele referirse a composiciones de música clásica "actual" de finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo XX.

2) La matraca para viento.

No nos engañemos, los instrumentos de viento son una demo de los instrumentos de verdad. Lo bueno de un clarinete es que lo puedes llevar en el autobús. Un piano o un violonchelo es un trasto enorme difícil de transportar. La mayoría de la gente que estudia instrumentos de viento lo hace por economía de espacio y de dinero.

La música para instrumentos de viento se hace pesada muy pronto. Si además nos tropezamos con un grupo de cámara (pocos músicos), el mal rato está garantizado:

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A todos los que no tenemos familia en Radio y Televisión Española (RTVE), la noticia del plan de reestructuración (despidos masivos de empleados) nos llega casi con alivio. Como toda empresa pública que se precie, la cantidad de parásitos, vagazos y personal obsoleto del ente (ente es un término que sólo se aplica a RTVE ) adquiere dimensiones colosales.

La solución dada ha sido un tanto salomónica: se despide a todo el mundo a partir de cierta edad. Para mi este salomonismo es una confirmación de que el plan no se basa en ningún criterio lógico de reestructuración, como pudieran ser la eficiencia, la funcionalidad, la pertinencia de los puestos o la rentabilidad. Vamos, que se corta usando un método fácil de exponer pero difícil de justificar.

Algunos presentadores de televisión que tenían un pie en la tumba se han ido despidiendo, con mayor o menor alivio para la audiencia, que echaba de menos la posibilidad de una renovación. Cientos de administrativos sin conocimientos del encendido del ordenador se van a ir por fin a la calle. Pero qué duda cabe que gran parte de los despidos serán enormente injustos.

Desde luego la que peor parada queda es la división de radio. Y es injusto, porque Radio Nacional es una de las pocas que atisba un sentido de utilidad pública, el objetivo que debiera buscarse en la permanencia de un medio subvencionado por el Estado.

Para no extenderme mucho más, la reestructuración que se realizará en Radio Clásica, una de las que forma Radio Nacional, alcanza el nivel de genocicio cultural.

Radio Clásica es uno de los pocos bienes culturales que disponemos en España que despierta la envidia a nivel mundial. Ni los alemanes, con su pasión por la música, tienen una radio que se dedique 24 x 7 a la música clásica de verdad. En otros grandes países la diferencia es aún mayor. Apenas hay algunos programas sueltos diseminados en el espacio y el tiempo del dial.

Aunque siempre se dice que el canal de Televisión "La 2" es cultural, hay que bucear a menudo en su programación para encontrar productos verdaderamente culturales. Sin embargo, Radio Clásica es cultura pata negra las 24 horas del día. Mucha estupidez se dice a diario con facilitar el acceso a la cultura a todos. En realidad la cultura a veces resulta inaccesible o cara. Por eso el disponer de un medio tan asequible donde conseguirla es un lujo y a la vez algo necesario.

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El último CD de música que compré, antes de convertirme a la religión del buenrollismo y la compartición de copias de seguridad, fue Riot in An Empty Street, del grupo Kings of Convenience.

Era una época en que oía la radio en el trabajo, y estaban promocionando este disco. El single era Misread.

Como dicen los alemanes, tuve un Ohrwurm - gusano en la oreja - con ella y no conseguía quitármela de la cabeza.

Nunca compro discos, y menos de música pop, pero este lo hice por razones casi terapéuticas. El disco no está mal, el estilo de música de esta gentuza es muy especial; provocará grandes rechazos y quizás algún nuevo admirador. O quizás sean ya muy conocidos, en esto de la música pop no tengo mucha idea.


El caso es que pasó algún tiempo y me compré un aparato de mp3, para escuchar música por la calle, como un auténtico pirado. Lo malo que tienen estos aparatos es que acabas quemando la música que da gusto. Pones un disco y después de oírlo tres o cuatro veces en otros tantos días, lo acabas aborreciendo de por vida. El disco que tiene el récord de permanencia en mi aparato de mp3, sin embargo, es el disco de Kings of Convenience anterior al Riot in An Empty Street, Quiet Is the New Loud.

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I

Jean Mouton (1459-1522) fue un compositor francés del Renacimiento. De su obra destacaron especialmente sus motetes.

II

Alumno de Jean Mouton fue el flamenco Adrian Willaert (1490-1562), fundador de la escuela veneciana de música. Willaert fue uno de los músicos más influyentes de su época. De su labor compositiva destaca ante todo su versatilidad, abarcando muy diferentes géneros.

III

Cipriano de Rore (1515-1565) fue otro compositor flamenco, alumno de Jean Mouton. También es un músico fundamental en su época, destacando especialmente por los madrigales.

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Bela Bartok (1881-1945) fue un músico húngaro - el más grande que ha dado ese país - que se dedicaba en sus ratos libres a recorrer su país con un grabadora, para capturar las melodías tradicionales de los pueblos y salvarlas de la desaparición.

Fruto de uno de esos viajes surgió la que es una de sus obras más conocidas. Estas danzas provienen de una región de Hungría que, por los avatares del destino, ahora pertenecen a Rumanía. Así, el nombre que recibe es el de Danzas Rumanas.

(Ahora viene un video)


Cuentan que la melancolía y el elevado índice de suicidios de los húngaros se debe en gran medida a la nostalgia de un país que, tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, ha visto menguar sus fronteras de forma muy brusca, perdiendo las dos terceras partes de su territorio hace menos de un siglo, en uno de esos absurdos repartos de los aliados.

El gran beneficiado con el despiece de Hungría fue Rumanía, que a pesar de su testimonial participación en la Primera Guerra Mundial, consiguió aumentar su superficie en casi un 100%.




Música con mayúsculas para una historia agridulce.

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♦ Bela Bartok

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Con su oscuro y desesperado sonido, y el uso de sintetizadores e instrumentos electrónicos, Joy Division es considerada una de las bandas pioneras del movimiento post-punk de finales de los 70 y comienzos de los 80. A pesar de que sólo obtuvieron un éxito muy modesto durante su carrera, y sólo editaron dos discos, Joy Division ha sido desde entonces aclamado como uno de los más inventivos, evocativos e influyentes grupos de su época; Thom Jurek escribió "Ellos apenas si dejaron un poco de música y un eco que todavía se oye."

El vocalista del grupo, Ian Curtis, era epiléptico. En los conciertos de Joy Division, Curtis desarrolló un original forma de baile, que recordaba a las convulsiones que produce la enfermedad. A veces tenía ataques durante los conciertos. La similitud entre ambos sembraba la duda entre el público, que no sabía si estaba sufriendo un ataque o no era más que su forma de bailar. A veces sufría desmayos y tenía que ser tratado fuera del escenario. Su salud sufrió mucho como consecuencia de la intensa gira de Joy Division.

La banda se tomó dos semanas de descanso, antes de comenzar su primera gira norteamericana. En aquella época, la relación de Ian Curtis con su esposa, Deborah Curtis, estaba terminando a consecuencia de las infidelidades del cantante con una mujer belga, Annik Honoré, que había conocido en el tour. Solo en su casa de Macclesfield, el 18 de Mayo de 1980, Curtis vio la película Stroszek, de Werner Herzog - con la escena final en que el protagonista se suicida - escuchó el álbum de debut de Iggy Pop, The Idiot, y se ahorcó. Al día siguiente, su esposa encontró el cadáver de Curtis en la cocina.

La banda había decidido hacía tiempo que si alguno de los componentes la dejaba, o no podía seguir actuando por algún motivo, el grupo se disolvería.
Sin embargo, trataron de que la banda no desapareciera tras la muerte de Curtis. Fueron probando con cada miembro del grupo, cantando por turnos, hasta decidir que Sumner, el guitarrista, era el que lo tendría más fácil para cantar mientras tocaba. El grupo completó la gira.

Después, cambiaron el nombre del grupo, pasando a llamarse New Order.

New Order acabó convirtiéndose en un grupo de mucho éxito y conocido en todo el mundo. En el 2002, Q magazine incluyó a New Order dentro de la lista de los "50 Grupos Musicales que debes ver antes de morir".

Seguro que conoces la pieza Confusion de New Order. Se hizo mundialmente famosa tras la película Blade.
En realidad la pieza de New Order es horrorosa. En un estilo ochentero que sólo puede gustar a los entendidos en música, la canción original no se parece en nada a la versión que pudimos oír en Blade.

Aquí tienes el video de la canción original.

La versión que todos conocemos proviene del desconocido grupo Public Domain, que recibió el encargo de darle un lavado de cara, que no es sino una absoluta deconstrucción, que convierte una canción apestosa en un éxito de primera fila.

Aquí tienes el video conocido por todos (con molestos audios de la película de fondo).

Los nombres de ambos grupos parecen una parodia de lo sucedido en la realidad. Todo el mérito de la pieza pertenece a Public Domain, pero al tratarse de un grupo desconocido no tuvieron ni voz ni voto sobre los derechos musicales de la pieza, quedándose todos en manos de New Order.

El famoso trance de los vampiros, y el baño de sangre, inmortalizado con la pieza de Public Domain, tiene sus orígenes en la muerte de un cantante de los años 70, que se suicidó principalmente por sus incontrolables ataques epilépticos.


Referencias:
Joy Division en la Wikipedia (Inglés).
Ian Curtis en la Wikipedia (Inglés).
New Order en la Wikipedia (Inglés).

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Una de las piezas musicales más conocidas del siglo XX es la composición del inglés Gustav Holst, titulada Los Planetas.

Los Planetas, compuesta en 1916 es una suite orquestal, formada por distintas piezas que se refieren a cada uno de los planetas del Sistema Solar. Algunas de estas composiciones son increíblemente conocidas, como Marte o Júpiter y han sido utilizadas en cientos de anuncios y películas.
En la página de la Wikipedia puedes echarles un repaso y reconocer tan famosas melodías.

Musicalmente, Los Planetas es una obra intrascendente. No tiene el menor interés artístico. Sin embargo, adquiere una relevancia que la convierte en una pieza fundamental dentro de la creación humana.

El Jardín de las Delicias es una de las obras de arte más importantes del mundo, y en mi opinión el cuadro más valioso que existe en el Museo del Prado de Madrid y por ende en España ( bueno, quizás después de Las Meninas de Velázquez), al margen de su belleza intrínseca, se trata de un pilar en la historia humana, por cuanto El Bosco, además de pintar un cuadro hizo algo que muchos siglos de ciencia jamás conseguirán: inventó el Infierno. Es decir, la idea que tenemos hoy en día de cómo sería el infierno fue plasmada por primera vez en forma de imagen por este extraño pintor. Y si lo pensamos, tantas y tantas imágenes del cine y la televisión que ilustran el terror y lo más horrible que existe no hacen sino basarse o adaptar lo que por primera vez este pintor nos mostró.

Hay cientos de libros que hablan sobre la influencia de este cuadro en el mundo occidental. Algunos libros son realmente buenos y de lectura muy amena; un excelente regalo para personas con inquietudes intelectuales.

Un referente similar al de El Bosco es el de Holst con su Los Planetas. Holst inventó la música del espacio tal y como ahora la conocemos. Basta oír Marte para darnos cuenta de hasta que punto John Williams con su música de Star Wars se ha basado en el autor inglés. Y como él, todos los autores de música para historias de ciencia ficción. Lamentablemente, el tiempo desplazará a Gustav Holst y quizás en algunos siglos sea el compositor de bandas sonoras el recordado como una suerte de El Bosco, como el hombre que inventó la música espacial.

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Un psicólogo con más conocimientos de marketing que de psicología publicó hace algún tiempo un estudio que demostraba que los niños puede oír dentro del vientre de la madre. Y que una excelente forma de hacer que el tránsito entre la vida dentro de la madre y la vida fuera de ella no resultara muy traumático, era gracias a la música.
Así, en los últimos meses del embarazo, recomendaba que los padres oyeran música de Mozart frecuentemente. Después de nacer, podían usar esas mismas piezas musicales para tranquilizar al bebe o para ponérsela antes de dormir.

Los beneficios eran infinitos: niños más inteligentes, más tranquilos, más educados, y todo el etcétera que uno quiera imaginarse. El libro en que se expresaba toda esta doctrina fue un superventas y aún hoy se sigue vendiendo con soltura, ese mismo libro o sus secuelas. También venden discos con música apropiada para los bebés.

¿Por qué música de Mozart?

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En la película Shine mencionan que la pieza para piano más difícil que existe es el Concierto para piano y orquesta nº3 de Rachmaninov.

Para dilucidar la verdad, he encontrado un hilo de un foro de pianistas en el que justo debaten cuál es la pieza más difícil de todas.

Por un lado, hay que comenzar excluyendo la música rara del siglo XX y XXI. Algunas piezas se han compuesto simplemente por la dificultad, sin pensar en cuestiones estéticas o artísticas. Como alguno menciona, Rude Poem del brasileño Heitor Villa-Lobos es una pieza que dedicó al virtuoso pianista Arthur Rubinstein, pero parece ser que ni el mismo dedicatario llegó jamás a tocarla.
Entre las piezas contemporáneas raras destacan las de Kaikhosru Shapurji Sorabji, un compositor nacido en Inglaterra, cuya obra Opus Clavicembalisticum, de 1930, está considerada por la Wikipedia como la más difícil jamás escrita para el piano. Además, la obra completa tiene una duración de unas cuatro horas y media.

Este tipo de piezas tan complicadas suponen un esfuerzo para el intérprete que, las más de las veces, no merece la pena. Opus Clavicembalisticum fue tocado por primera vez por el propio Sorabji en 1930 y no sería hasta 1982 que el pianista autraliano Geoffrey Douglas Madge la tocó en concierto para posteriormente realizar una grabación de la pieza. Desde entonces hasta ahora la lista de personas que han sido capaces de tocarla ha aumentado hasta llegar a las cinco personas.

Leopold Godowsky, compositor nacido en Polonia, también realizó una obra de dificultad casi insuperable. Sus 53 estudios sobre los estudios de Chopin suponen unas dificultades insolubles para los pianistas. Teniendo en cuenta que los estudios de Chopin ya de por sí eran difíciles (los estudios son piezas musicales como forma de ejercicio, por su dificultad), Godowsky se atrevió a adaptarlos para que algunos de ellos fueran tocados con una sola mano. Sólo cinco personas se han atrevido a grabar estos estudios, entre ellos el antes citado Geoffrey Douglas Madge. También Marc-André Hamelin, pianista francés considerado uno de los mayores virtuosos del instrumento de la actualidad.

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Los que se cuenten como miembros de la generación i-pod no entenderán nada de lo que a continuación detallaré. Pues este texto se refiere a las cintas de casete, ese antepasado de los actuales formatos digitales.
Mucha de la gente de mi edad ha vivido su periodo de educación musical escuchando música de casetes. El poder grabar piezas de la radio o de otras cintas supuso todo un avance en la difusión de la música. Simplemente eran otros tiempos, ahora cualquiera tiene la discografía completa de los Beatles, antes conseguir un buen disco de un autor que nos gustaba era motivo de alegría para un par de semanas.

El proceso de grabación, sin embargo, generaba unos residuos. Si en una cinta tenías un disco de Michael Jackson que duraba 22 minutos, y grababas encima de él el Concierto de Aranjuez, de tan sólo veinte minutos, salvo que te pusieras a limpiar sobrantes - algo que poca gente hacía - te encontrabas al terminar la pieza del maestro Rodrigo, con un estridente grito de Michael Jackson: sonaba la mitad de la penúltima canción del disco anterior.

Los residuos a veces se anidaban y al final del disco de pop seguía un trozo de un programa de radio. Y a éste, un movimiento de una sinfonía de Mahler.

Los finales de cinta, cargados con músicas que se había preferido olvidar, podían conseguir, llegado su momento, mayor protagonismo que la propia música que contenía la cinta. Porque a veces ese fragmento desechado, acababa gustando. Y las más de las veces, al menos a mí, se me despertaba la duda por reconocer al autor o la pieza. Porque muchas veces, ni se recordaba qué era lo que había allí sobregrabado.

Con el tiempo, algunos de los finales de cinta se han convertido en mis piezas musicales favoritas, lo cual no deja de ser paradójico, por cuanto fueron músicas descartadas en un principio.

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Si nos preguntan por una gran persona de la Historia, solemos pensar en aquellos que la transformaron completamente. Jesucristo suele vencer en las encuestas al hombre más grande de la Historia. Quizás Alejandro Magno ocupe el segundo lugar.

Sin embargo, inconscientemente solemos asociar la grandeza con la bondad. Personas como Ghandi fueron más buenas que grandes. En mi opinión, muchas personalidades fundamentales de la Historia, grandísimos hombres, fueron auténticos indeseables.

El compositor Richard Wagner tiene una de las biografías más infames de entre todos los músicos de la historia. Pero hizo algo que ningún compositor importante soñó con hacer.
Mozart compuso sus primeras piezas con cinco años. Johannes Brahms aprendía a tocar el piano con tres años. Frederic Chopin había publicado sus dos primeras polonesas para piano con siete años.

Wagner, sin embargo, siempre quiso ser escritor dramático. Cuando cumplía los dieciocho años se dio cuenta de que el teatro que existía en su época era demasiado pequeño. La concepción del teatro que abarcaba su cabeza era muy superior a lo que el mundo le estaba ofreciendo.

Con dieciocho años, Wagner creó el concepto de la Gesamtkunstwerk (la obra de arte absoluta). Pensaba que había que fusionar todas las artes bajo un mismo espectáculo (música, teatro, efectos visuales, drama). La ópera del momento era el mejor espectáculo artístico de la época, pero el contenido dramático que se ofrecía era muy pobre. Las historias eran muy sencillas y hasta ridículas. Faltaba el pathos del teatro griego.

Lejos de tratar de convencer con sus escritos a que otros siguieran sus ideas, se puso el mono de trabajo y, con dieciocho años, se apuntó a la escuela de música. Este simple hecho, junto con su capacidad para llevar su determinación hasta las últimas consecuencias, lo convierte en el hombre que se dedicó a la música más grande de la Historia.

La producción musical de Wagner prácticamente se limita a las óperas, algo inaudito en la profesión de compositor. Su obstinación le llevó a crear en los últimos años de su vida la mítica tetralogía del Anillo del Nibelungo. Cuatro óperas (El crepúsculo de los dioses, Sigfrido, La Walkiria, El oro del Rin) soberbias, majestuosas, basadas en el poema épico alemán Das Nibelungenlied del siglo XII.
Cuatro óperas con argumentos complejos, con vestuarios de época extensísimos, ambientaciones majestuosas, música de primerísima calidad.
Las óperas de Wagner son muy largas, fácilmente pueden durar cinco y seis horas, contando los descansos. En vida de Wagner se inauguró para sus trabajos el teatro del Bayreuth, en Baviera, diseñado por el mismo Wagner. Entre sus peculiaridades se encuentra el hecho, ahora habitual, de que la orquesta queda totalmente invisible para el público, quedando todo el espacio escénico para los cantantes-actores.

Desde entonces esta pequeña ciudad del sur de Alemania acoge cada año un festival que suele coincidir con todo el mes de agosto. En mi modesta opinión, toda persona a la que le guste la música clásica debería realizar al menos tres cosas antes de morir:
La primera es oír una ópera de Wagner en Bayreuth, es caro, hay que planificarlo con meses de antelación, pero es algo que no se puede dejar pasar.
La segunda es oír la Novena sinfonía de Beethoven, la música más grande jamás compuesta, en una interpretación tan buena como resulte posible.
La tercera es asistir a una representación de una de las mejores orquestas del mundo - la Orquesta Filarmónica de Berlín es la mejor. Y si puede ser para una gran pieza para orquesta (una sinfonía de Mahler, la Turangalila de Messiaen, un concierto del siglo XIX, una sinfonía de Beethoven o Brahms).

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Qué queréis que os diga. Si no habéis oído el primer movimiento de la sinfonía nº2 de Mahler, en la interpretación de la Philarmónica de Viena, y dirigida por Gilbert Kaplan os estáis perdiendo uno de los mayores momentos musicales de la historia. Como vivir sin haber leído a Dostoyevski, como nunca haber bebido un buen champán, como nunca haber hecho el amor.
La sinfonía completa no me acaba de gustar. Pero el primer movimiento, que tiene la friolera de 23 minutos y 21 segundos es un todo, es como una obra completa, una música de una perfección y una belleza indescriptibles.

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♦ El experto aficionado
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La tercera sinfonía del compositor polaco Henryk Gorecki es una de las piezas musicales más bellas que jamás hayan sido compuestas. Especialmente famoso es su segundo movimiento, escrito para orquesta y soprano. Esta pieza, junto con el Adagio para cuerdas, de Samuel Barber, es la compañía de todos los reportajes catastróficos que suelen emitir en televisión. Si bien la tristeza del Adagio de Barber sugiere la contemplación de la barbarie, esta pieza de Gorecki evoca más bien a la pena posterior a una enorme desgracia.
Dos de cada tres reportajes sobre los atentados suicidas tenían una u otra pieza como música de fondo, así que aunque creas que nunca has oído el segundo movimiento de la tercera sinfonía de Gorecki, te aseguro que sí lo has hecho.

Cuando conoces lo que canta la soprano te resulta aún más triste la melodía. Se trata de un mensaje, escrito en 1944 por una joven prisionera polaca durante la Segunda Gerra Mundial en una cárcel de la Gestapo, dice algo así:

No, Madre, no llores,
La muy casta Reina de los Cielos
Siempre me ayudará.
Bendita María.

Compuesta en 1976, esta sinfonía, llamada Sinfonía de Las canciones tristes, tuvo cierto éxito, pero sería en 1993 cuando pasaría a entrar en la historia con mayúsculas de la música. Se grabó una versión, dirigida por David Zinman, con la soprano Dawn Upshaw y con la London Symphonietta.

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I

Quizás me equivoque. Tres son las carreras más difíciles que existen en el mundo: medicina, arquitectura y la dirección de orquesta.
Por supuesto, hay países donde se puede ser médico con algún que otro curso bianual. Hay arquitectos que no hicieron estudios oficiales y a los que le fue bien. Y directores de orquesta que pasan a la historia por cualquier otra cosa.

No son carreras especialmente complejas, pero exigen un nivel de esfuerzo constante durante mucho tiempo. Son profesiones liberales que pueden ejercerse en cualquier parte del mundo. Y son creativas.

II

Gilbert Kaplan ganó mucho dinero en Wall Street entre los años 70 y 80. Fundó la revista Institutional Investor, algo así como la revista RollingStones, pero orientada a los banqueros. Y ganó, la verdad, algunos cientos de millones de dólares con ese y otros negocios. Sin embargo, si sólo fuera por esa actividad, Kaplan nunca tendría una página en la Wikipedia.

Y es que Kaplan se hizo famoso por una obsesión. Allá por 1965 asistió a un concierto, invitado por uno de sus amigos - la hija de éste tocaba en la orquesta-. Kaplan era un aficionado a la música clásica, pero nada más que eso. La pieza en concierto: la sinfonía nº2 de Mahler. La interpretación no era mala: no en vano la hija de su amigo tocaba en la American Symphony Orchestra y en la dirección estaba Leopold Stokowski.

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Mahler es uno de los compositores que más pasiones levanta. Por un lado, es un compositor del siglo XX, por lo que algunos de sus devotos incluso lo llegaron a conocer en vida. Era un grandísimo director de orquesta y dejó algunas grabaciones de sus interpretaciones. No habría que dejar de indicar que su música es excelente.
Tuvo una vida muy interesante. Se dice que componía sus sinfonías con el amor que profesaba hacia su mujer - Alma Mahler - como fuente de energía. Así, hay quienes dicen que el suyo ha sido uno de los amores más fuertes que jamás hayan existido, y que su música desprende amor en cada una de sus notas. No un amor bucólico, sino uno puro, con mayúsculas.

Aparte de todo eso, la superstición inunda su biografía. Entre 1901 y 1904, compuso los Kindertotenlieder - canciones de los niños muertos. Para ello, puso música a algunos de los poemas que escribiera el poeta alemán Rückert en 1833, tras perder a dos de sus hijos en apenas dos semanas. Mahler dijo que para componerlas"se puso en la situación de que uno de sus hijos hubiera muerto".
Trágicamente, cuatro años después de componerlas, una de sus hijas moriría, dejando la obra como una especie de presagio póstumo, réquiem anticipado sobre el que al autor dijo "nunca podría haber compuesto una obra así después de la muerte de mi hija".

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Uno de los compositores más sorprendentes de la historia de la música es el norteamericano Charles Ives ( 1874 - 1954 ).

Hoy en día se le considera uno de los compositores fundadores de la música americana y uno de sus autores más internacionales. Sin embargo, Ives no fue un compositor profesional.

Ives trabajaba en una empresa de seguros. Tuvo una formación musical en la Universidad de Yale - junto con otras disciplinas. Poco a poco fue dejando en segundo plano su interés por la música - como forma de vida - y centrándose más y más en su carrera profesional. Consiguió independizarse y crear su propia firma de seguros junto a otro socio.

La mayoría de su obra tardó muchos años en tocarse. Resultaba demasiado revolucionaria para la época. Aquello no preocupaba demasiado a Ives, que como he indicado antes, tenía otra profesión.

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No todo es negativo en el comunismo. En el comunismo, un butanero y un arquitecto pueden ganar casi lo mismo. Esto es bueno y malo. Lo bueno es que hay más arquitectos vocacionales - el dinero no es un atractivo de la profesión.

Sin ser ni una cosa ni otra, la vida de Dimitri Shostakovich y su obra no habría sido la misma si hubiera nacido en un país capitalista.

Mucho se ha escrito sobre los problemas que tuvo este compositor ruso en la difícil época que le tocó vivir en Rusia. Hoy en día es, sin lugar a dudas, el mejor compositor ruso del siglo XX (y posiblemente de todos los tiempos) - Stravinsky fue un "ciudadano del mundo". Atravesó periodos de aclamación por parte del público y el Estado, como con su famosísima Sinfonía Leningrado (la nº7) que fue erigida como un símbolo de la resistencia rusa a la invasión alemana y periodos en que su obra fue repudiada por el Estado ( sin ir más lejos, la hoy famosísima Sinfonía Stalingrado (la nº8) fue prohibida por las autoridades ).

Al margen de todas estas disputas propias de un gobierno autoritario, el hecho indudable es que Shostakovich no era un músico megalómano con aspiraciones de obtener grandes éxitos de público, aclamaciones por parte de revistas o entrevistas en televisión. En un país comunista, no era más que un compositor. Esa libertad, le llevó a realizar obras realmente excepcionales, sobre todo por la valentía que demostró encarándolas.

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Mucho se hablará sobre Mozart este año, la mayoría tonterías. Si el aniversario del Quijote nos venía grande - la mayoría de la gente no ha leído el libro, pocos lo han disfrutado - qué decir ante el de un músico clásico y extranjero.

La mayoría de la gente no conoce la música de Mozart. Y de los otros, a muchos no les gustará la música que compuso. Soy uno de esos y por eso me voy a permitir criticarlo un poco.

¿Quién es el mejor escritor de la historia? Goethe, Dante, Cervantes, Shakespeare. ¿Quién es el mejor músico de la historia? Mozart.

Mucho se insiste sobre la genialidad de Mozart, su capacidad para componer música de gran calidad a toda velocidad. Fue uno de los mayores prodigios de todos los tiempos. Su melodías son de las más originales que jamás se hayan compuesto. Sus óperas son las más representadas a día de hoy, y las que mejores resultados de público obtienen. Sin embargo hay algo sorprendente en la música de Mozart: es totalmente prescindible en la Historia de la Música.

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Si se realizara una encuesta entre los mayores expertos de música clásica del siglo XX, y se les pidiera que indicaran las que son, a su juicio, las cinco principales piezas compuestas durante el siglo XX, pocos serían los que no indicaran entre ellas a la Sinfonía Turangalila del francés Olivier Messiaen.

Esta sinfonía catapultaría a la fama a su creador hasta considerarlo, de un plumazo, como el mejor compositor del momento. Estrenada en 1949, tuvo un éxito de crítica enorme.