Cook, Peary y Amundsen

Si la conquista del Polo Sur fue un ejemplo de honor y juego limpio, la del Polo Norte resultó todo lo contrario.
En Abril de 1908, Frederick Cook(1865-1940) descubrió el Polo Norte. O al menos eso fue lo que él dijo. Había realizado una expedición, casi por sorpresa. Según él, marchó en el invierno de 1907 al Ártico, en una expedición de caza. Estando allí, se planteó intentar llegar al Polo Norte. Para ello contó tan sólo con dos esquimales (inuits exactamente). Dado lo precipitado del asunto, no pudo llevarse los instrumentos astronómicos adecuados para precisar su posición, así, es posible que estuviera muy cerca del Polo Norte, o en el mismo Polo, pero su testimonio resultaba un tanto endeble.
El viaje de vuelta fue muy complicado y peligroso, hasta la primavera del año siguiente no estaban de vuelta en la civilización.
Mientras tanto, el también americano Robert Peary (1856-1920) había iniciado otra expedición, que también acabó con el descubrimiento del Polo Norte.
Como el primero en volver fue Cook, recibió el aplauso de la prensa. En ningún momento cuestionaron lo que decía, ¿Por qué habría de mentir?


Sin embargo, Robert Peary, enfadado al enterarse a la vuelta de que había quedado segundo, comenzó una brutal campaña de desgaste para la reputación de Cook. Todo lo que Peary pudo haber ganado en el hielo, lo perdió en el mundo civilizado.
En primer lugar, un acompañante de Cook – pagado por Peary casi con total seguridad – testificó en su contra al respecto de un viaje anterior que realizaron al Monte McKintley (el más alto de Norteamérica, situado en Alaska), diciendo que en realidad no subieron a dicho monte, sino a otro más pequeño que hay junto a él. Poco a poco empezaron a surgir voces que sembraban dudas sobre su conquista del Polo Norte. La influencia que tenía Peary, junto a la acritud con que se tomó la tarea de acabar con Cook, así como la ausencia de pruebas a favor de su llegada al Polo, acabaron con sus seguidores. Hasta llegar al punto de que fue condenado por fraude y acabó en la cárcel.
Sin embargo, casi los mismos argumentos que podían aplicarse contra Cook, servían para cuestionar el éxito de Peary. Una de las principales sombras que se ciernen sobre la hazaña de Peary es el hecho de que, según las cifras que aportó, el equipo final que se desplazó al Polo Norte, tuvo que viajar mucho más rápido que el equipo mayor que se quedó un poco antes. Más del doble de rápido, en unas condiciones cada vez peores, resulta poco creíble. Quizás posible, quien sabe.
Aunque en su caso sí que dispuso de instrumentos de medición, un margen para la sospecha daba el que en su equipo no hubiera otra persona que supiera manejar dichos instrumentos, de ahí que sólo se disponía de su palabra, y el testimonio de los que con él fueron. Qué tiempos aquellos en que la palabra de dos hombres hubieran bastado para demostrar una proeza tan grande.
Según modernas investigaciones, Peary quedó muy cerca del Polo Norte, a unos 9 kilómetros. Aún así, esta apreciación se basa en los datos de profundidad del agua que tomó así como de algunas borrosas fotografías. En cierto modo, parece como que resulta molesto que tuviéramos que vivir sin un nombre que poner al conquistador del Polo Norte.
Hoy en día, la imagen de Cook es la de un hombre que actúo honestamente. Pudo equivocarse en sus cálculos, de hecho es casi seguro que lo hizo, pero creía de corazón que había llegado al Polo Norte. Él mismo así lo expuso:

He contado mi caso, presentado mis pruebas. Póngalos junto a las del señor Peary, unas junto a las otras. Compárenlas. Quedaré satisfecho con la decisión que tomen.

La actitud beligerante de Peary es indigna de un hombre al que se le atribuye un mérito tan grande. Sus ataques constantes a Cook no hacen sino debilitar su convicción sobre la conquista. El fin de este explorador, en la cárcel, y sólo perdonado por el presidente Franklin Roosevelt pocos días después, es lamentable, y más aún si cabe que su nombre no haya quedado limpio del todo.
Mientras varios barcos de la armada estadounidense llevan el nombre de Peary, quizás a Cook no le haya quedado ni una triste calle en un marginal suburbio de los Estados Unidos.
Amundsen, tras desistir de su afán por descubrir el Polo Norte, aprendió la lección y evitó estos problemas. Casi la mayor preocupación de su expedición al Polo Sur, consistía en poder demostrar que habían llegado allí.
Para ello, dada la dificultad que existe en determinar la posición cuando se está tan cerca del Polo, donde las longitudes y latitudes convergen, estableció un sistema de convergencia. Determinó tan aproximadamente como pudo su posición con los aparatos. Y luego dibujó un círculo, de posiciones igualmente probables. Dentro del círculo, estaría seguro el polo Sur. Desde posiciones en los bordes del círculo fue afinando sus mediciones, hasta obtener un nuevo círculo, aún más pequeño. Así sucesivamente hasta que llegaron a un punto en el que, con la ciencia de la época, no se podía concretar más. Fue ahí donde estableció la famosa tienda con la bandera noruega y las cartas que acabaría cogiendo Scott, cartas que sirvieron para que Amundsen tuviera la prueba indudable de que había conquistado el polo Sur. Hoy en día se admira su precisión, por cuanto quedó a menos de 2.500 metros del punto exacto.
Mientras que Peary y Cook se disputaban un título dudoso en las revistas del corazón, y tras realizar todas las celebraciones posibles, Amundsen consideró el realizar una expedición al polo Norte, por si acaso todo eran mentiras. Lo intentó de diversas formas, algunas desde el aire. En una de ellas, se perdió su rastro, se piensa que en un accidente que debió sufrir su avión. El cuerpo del hombre que descubrió el Polo Sur, está en alguna parte, del Polo Norte. Ese si que, con seguridad aún no ha sido descubierto.
Artículos de la Wikipedia::


♦ Frederick Cook
♦ Robert Peary
♦ Roal Amundsen
♦ Poldheim. El campo de Amundsen sobre el Polo Sur

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Un comentario en “Cook, Peary y Amundsen”

  1. pienso que deberian ser mas especificos a la hora de publicar un registro o una investigacion

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