Datos sobre bolsas

En una entrevista al presidente del gobierno de España, un “ciudadano anónimo” le ha preguntado al dirigente si sabía el precio de un café en la calle.
La noticia del día, en un país como España, es que la respuesta del presidente fue que “Unos 80 céntimos”. Cuando todo el mundo sabe que hasta en el Mc Donald’s cuesta más (de hecho en el euroahorro, una campaña que lanza ofertas dentro de una compañía lowcost, el café cuesta un euro.)
Cuando se habla de las subidas de precios con el euro, uno de los comentarios que me pone la testosterona en niveles críticos es el del lumbreras que sostiene que un café antes costaba 100 pesetas y ahora cuesta un euro. Está por todas partes en la red.
I
Me imagino que se puede ser un poco más creativo poniendo ejemplos. Para mí la subida que más llamaba la atención fue la de las bolsas del LIDL.
En el pasado, costaban 3 pesetas. Al cambio, aún con un redondeo al alza bastante generoso, pasaban a valer 2 céntimos de euro. Sin embargo, el desglose de esos dos céntimos, al movernos en valores mínimos, era muy interesante. Porque de los dos céntimos, uno era el propio precio de la bolsa, y el otro era el IVA aplicado, según podía verse en el detalle de la factura de compra. Así, el gobierno estaba, en cierto modo, aplicando un IVA del 100%. Y LIDL, a pesar de estar redondeando al alza, pasaba a perder dinero, porque antes el IVA era de una peseta, y dos de bolsa. Ahora era un simple céntimo de euro, que es un poco menos que dos pesetas.
Luego llegó la subida de la bolsa a los tres céntimos. Es, ahí donde lo vemos, una de las subidas de bienes de consumo más brutales de la España de la Democracia. A todos los efectos, LIDL aumentó el precio de su bolsa en un 100%.


II
Hay bolsas que gustan y bolsas que no gustan. Las bolsas del DIA o las del LIDL, las que nos cobran, son unas bolsas estupendas. Son resistentes, discretas, amplias, y tienen el tamaño perfecto para ser reutilizadas como bolsas de basura. Por contra, el otro modelo estandar, el de bolsas pequeñas como las del Carrefour o el Mercadona, es una patata y todos los que las usen para basura saben el sufrimiento que pueden causar a un ser humano.
A pesar de la inmensidad de comercios que existen en España, los formatos para bolsa de supermercado se limitan a esos dos, quizás algunos pocos casos más. Huele a la milla a que el negocio de las bolsas lo mueven unas pocas empresas en régimen de pseudomonopolio.
A mi las bolsas que dan en algunos comercios, esas que se arrugan más que una camisa de seda, y que hacen mucho ruído cuando se doblan, me resultan odiosas. Son esas que son muy alargadas, en las que cuesta meter algo porque tienen la boca estrecha, son ideales para las cajas de zapatos. Hablando con un amigo me comentó que le pasaba exactamente lo mismo, quizás sea algo generalizado entre la población.
Cuando veo que me van a dar una de esas bolsas hago lo posible por prescindir de ellas. Si estuviera mal de la cabeza no dudaría en llevar una bolsa de plástico de emergencia para evitar esos problemas, afortunadamente no he de llegar a esos extremos.
Mi deseperación alcanza niveles estratosféricos en el IKEA, donde tienen algunas de esas bolsas y además las cobran a un precio prohibitivo. Tener que pagar por algo que odio, es algo que odio.
Por otro lado están las bolsas de las tiendas de “moda” como Zara, que son de papel grueso y tienen un diseño primoroso. Es muy común que la gente las guarde, hasta que se hartan de hacer el tonto y de tener bolsas criando polvo y las tiran. Algunas bolsas, sin embargo, pueden servir, por ejemplo para llevar la comida al trabajo cada día. En este caso las bolsas del Zara son perfectas, elegantes y cómodas. Si son de una tienda de más calidad, tanto mejor, porque das una imagen de prosperidad, que al fin y al cabo es lo más importante en nuestras vidas.
Para mi desconsuelo, en tareas cotidianas de transporte de productos, la gente tiene tendencia a llevar la primera bolsa que pilla. Y entonces se encuentra uno con el que lleva la bolsa del Media Market, esa que dice “un tonto no llevaría esta bolsa”. Personalmente, con el trato que dan en ese centro comercial, el mensaje de la bolsa me resulta una ironía demasiado gruesa. No voy a ser tan idiota para llevar una bolsa que cuestiona la idiotez de su dueño. Además, el diseño es horroroso, un tipo de esos modelos de segunda categoría, y un logotipo que parece diseñado en un todo a cien.
III
La bolsa grande se convierte en mochila. Hay quienes llevan mochila todos los días al trabajo. Cuando esto se hace estando vestido con chaqueta y corbata, el resultado es un look grotesco.
Las mochilas son una de las cosas que peor elegimos en el mundo. Uno tiene más o menos ideas sobre cómo se deben comprar la ropa y los complementos.
Pero con las mochilas todo son errores de bulto. Desde luego, el peor de todos los errores lo comete la gente que lleva las mochilas que regalan en las agencias de viajes. Estas mochilas son de un material a mitad de camino entre el plástico y el papel de fumar. Aparte de que tienen formatos poco prácticos, se ensucian con facilidad y van dando el cante con la publicidad. Es algo que no consigo entender, cuando veo a un “comercial de grandes cuentas” llevar una de esas mochilas, me pregunto cuán grandes pueden ser esas cuentas.
Parecido resultado se obtiene con las mochilas que se obtienen comprando cosas, ahora con el periódico siempre regalan algo. Las mochilas son algo muy barato y no merece la pena escatimar con ellas. Las mochilas de marca son otra supina estupidez, porque de nuevo pasan a tener modelos poco prácticos y a parte que son caras de narices, teniendo una calidad Made in China.
Las mejores mochilas se compran en tiendas especializadas en maletas y bolsas. Suelen estar tiradas de precio y podemos encontrar una que se ciña perfectamente a nuestras necesidades. La que llevo todos los días al trabajo me costó 6 euros y es sencillamente perfecta para mí, tanto en el color como en el diseño y funcionalidades. Me pareció tan barata que estuve tentado de dejar propina o comprarme un par de ellas, pero en las tiendas de mochilas dejar propina está mal visto.

Compra mi libro en Amazon.es o Amazon.com.

5.99€ ebook, 14.99€ libro pasta blanda.

3 comentarios en “Datos sobre bolsas”

  1. Pues ya somos dos los que no sabíamos lo que vale un café. Y conociendo su precio, no tengo la menor intención de averiguar lo que pueden cobrar en los bares por el resto del “género”.
    A mí un diseño de bolsa que siempre me ha aterrorizado es el americano típico de teleserie y película de los ochenta (desconozco si ya lo habrán cambiado). Ese típico marrón sin asas que hay que llevar cargando como si se transportara una caja. No comprendo cómo pudo imponerse en su día algo tan decididamente anti-ergonómico.

  2. Has pasado por alto mencionar la bolsa de plástico de “El Corte Inglés”, eso si que es una bolsa maldita sea, es de un plástico gruesito, al que se le puedes clavar las uñas y ver como se estira sin desgarrarse. Si es que hasta huelen bien joder.
    Creo que fue en un monólogo de “El Club de Aragón” donde alguien dijo que la bolsa de ECI dignificaba automáticamente lo que se metiera en su interior. Podrías entrar en el Ritz con un gato muerto, que si está dentro de una bolsa de ECI nadie te diría nada.

  3. El café, creo, no es un producto para hacer comparaciones con respecto al precio de la vida. El coste de un café al tio del bar serán como máximo 5 céntimos de euro. El resto va…pa la saca.
    Por cierto, en Valencia hubo una época en la que toda chica joven tenía que llevar a modo de bolso, una bolsa de la tienda Mango. Cuando salias a la calle parecia que todas iban, o venian, de comprar ropitas.
    Menudos tiempos en los que no existia lonchafinismo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *