La crisis web 2.0

Vaya por delante que el término web 2.0 es penoso.

Cuando comenzó la crisis económica del 2007, llamada crisis de la subprime, muchos de los que se dedican a negocios en Internet incluso se alegraron. La poco profesional economía del ladrillo se vendría abajo. Los que se habían jactado de ser triunfadores pagarían todos sus pecados. Y llegaría por fin el momento de que las nuevas tecnologías ocuparan un lugar de alguna importancia en la economía española.

Poco a poco la crisis se fue extendiendo y fueron más y más los sectores afectados por ella. Finalmente, como no podría ser de otra forma, la llamada web 2.0, la web social o como se la quiera llamar, acabó siendo una víctima más.

Al comienzo de la crisis uno podía encontrar las digresiones de supuestos expertos en tecnologías que explicaban que la crisis no podía afectar a las web 2.0. Es el tipo comentario en el que da igual si lo que dices tiene alguna base o no. Sabes que decenas de personas te van a enlazar, como si por eso hubiera más probabilidad de que fuera verdad lo que dices.

La reputación en estos casos se ha creado de forma antilógica. Uno dice algo que todo el mundo quiere oír. La gente enlaza a esa opinión y ya lo tienes: la opinión enlazada se convierte de repente en prestigiosa.

Repitiendo mucho el proceso uno se convierte en lo que se dice un gurú. Basta con decir lo que los demás quieren escuchar. Y los gurús lo demostraban: Internet saldría reforzado de la crisis.

El principal argumento era que en la crisis punto com no había nada de nada y era lógico que muchas empresas desaparecieran. Pero ahora se estaban cimentando servicios útiles, mantenidos por la comunidad. Y los costes eran muy bajos.

Desde luego, la crisis es mucho menor que la de las puntocom. Por aquel entonces todas las grandes empresas se habían gastado obscenas cantidades de dinero “para estar en Internet”. Para no quedarse atrás. Es lo que los gurús de aquel entonces le habían dicho que había que hacer.

Con la web 2.0 todo sale mucho más barato. Con poco dinero te montas una red social. Uno de los mayores malgastos en dinero de la web 2.0 es el proyecto de Keteke, de Telefónica. Y sólo ha costado unos diez millones de euros.

Pets.com, el paradigma de la crisis puntocom, causó pérdidas por valor de 300 millones de dólares. Más de veinte veces más. Y como ella hubo muchas otras. En la nueva web, los proyectos son más modestos y aunque pueden resultar mucho peores que los de los comienzos de Internet, lo malo si barato, no tan malo.

Y es que a fin de cuentas la llamada web 2.0 es un internet lowcost. Más que llamarla la web participativa, se la podía haber llamado la web barata.

En los orígenes de Internet, todo se hacía a base de tecnología y trabajo manual. Cientos de personas escribiendo el contenido de las páginas. Expertos esforzándose porque aquello se pudiera visualizar en las páginas de los navegadores. Había que pagar, y bien, para conseguir toda esa mano de obra.

Luego llegó lo de la web colaborativa. Y como las tecnologías se hicieron más sencillas, unido al aumento del ancho de banda, uno podía pasar a tener lo mismo que hacía muchos años por mucho menos dinero.

Empleados que rellenan los textos y suben las imágenes -> Usuarios.
Expertos en tecnología que hacen páginas web -> Software “gratis” que puede usar cualquiera.
Expertos en optimizar páginas web -> Mayor ancho de banda, para qué optimizar cuando puedes enviar 20 veces más información por el mismo dinero.

Desde luego, de toda la ecuación, la más importante es la primera, pues sin usuarios que rellenen los contenidos, no hay nada que hacer. De ahí el énfasis en lo de la Web social.

No quiere esto decir que desapareciera la mano de obra de los nuevos proyectos de Internet. Sólo que la necesidad era mucho menor. Un censor (o editor, o gestor de comunidad, según el aire que le quieras dar a tu trabajo) puede controlar lo que suben y editan más de 100 personas. Si para las penosas páginas de los años noventa, con cuatro noticias y tres vínculos, necesitabas cientos de empleados, ahora puedes tener una página 100 veces más rica con 10 veces menos empleados.

En fin, que se estaban creando cosas nuevas, más sencillas de crear y más útiles e interesantes. Pero ante todo, productos de bajo coste. En dos tardes te puedes crear un portal sobre pisado de uvas. Lo único difícil es conseguir llenarlo de personas dispuesta a escribir (gratis) sobre el pisado de uvas.

Al hilo de tanta baratura, surge el concepto del emprendedor web 2.0. Normalmente es una víctima de la crisis puntocom, pero con la lección aprendida. Es decir, que no aprendió nada.

Ve que no hace faltan muchos recursos para crear un portal. Luego todo depende de estar bien relacionado y conseguir llamar la atención. De ese modo se crea una comunidad que crea los contenidos. Y ya se tiene un negocio.

Y entonces estos emprendedores se convierten en empresarios. Crean una página, van a las reuniones de emprendedores, a los concursos de emprendedores, a los eventos de Twitter, de bloggers, de Facebook, de lo que haga falta. Se hacen “amigos” de los demás y se crea una relación circular tan grande que ni el mismísimo Google es capaz de intuirla.

Entre todos se enlazan, todos hablan bien de los proyectos de los demás. Todos tienen Twitter, todos tienen Facebook, todos tienen Iphone, todos son lo mismo.

Por supuesto, al margen de todo esto existe una economía de Internet real. Proyectos que llevan años, que tienen empleados, que ganan dinero. Hay muchos, como las agencias de viajes que llevan años en la red, o los portales de empleo líderes. O de venta de pisos. O de anuncios por palabras. Hay muchos negocios de verdad en Internet.

Pero la web 2.0 es más de un tipo que crea un proyecto de la nada, que no tiene nada y que acaba…en nada. ¿Dónde están los ingresos para una web 2.0? Normalmente se usan como ejemplo grandes páginas de economía real y se tratan de extrapolar a ejemplos de pacotilla. El Mundo está ganando mucho dinero con la publicidad, luego este, mi blog, debería tener también publicidad.

Al ser proyectos modestos, los ingresos por publicidad pueden ser suficientes para mantener una página web. Si sólo hay que darle de comer a uno o dos, y la página tiene muchas visitas, con tener adsense (la publicidad de Google) o contratada directamente, uno puede generar unos ingresos muy interesantes.

Luego es divertido. Uno crea una página de información sobre relojes antiguos. Y la llena de publicidad. Y vive de la publicidad. Pero internamente, piensa que él es un empresario de relojes antiguos. Y va a los congresos de relojeros y se empapa de la información que encuentra. Pero la realidad es que no es más que un empresario que vive de la publicidad. Y que los relojes son lo de menos. Debería saber más sobre publicidad, que es lo que le va a dar de comer.

Pues bien, como la economía no hacía más que subir, los gastos en publicidad no dejaban de crecer. Y el que tenía publicidad aunaba el aumento en número de visitantes con los mayores ingresos por publicidad. Y como Internet se supone que estará en perpetuo crecimiento, pues uno puede imaginar que eso sería así para siempre. No para siempre, en el futuro sería mejor aún.

¿Pero qué pasó? Pues que la economía se comenzó a resquebrajar. Y con ella, el mundo de la publicidad. Los ingresos cayeron en picado. Cuando digo en picado digo que el que ganaba antes 1.000 euros, ahora estaba ganando 500 o 350 euros. Las gráficas que acaban en el año 2050 con ingresos de 5.000 euros ya no sirven para nada. En cuestión de pocos meses había ocurrido lo imposible: no sólo no se subía sino que se bajaba. Y a velocidad de vértigo. Y sin frenos.

Y claro, llegó el tío Paco con las rebajas. La empresa que vivía de publicidad y que tenía cuatro empleados, dos de ellos “emprendedores”, se veía obligada a despedir a los otros dos. Y con el tiempo, desaparecían los ingresos. Y con ellos, la empresa.

Aunque gracias a la falsa economía de Internet, uno puede pasarse unos cuantos años con pérdidas, o sin ingresos, y decir que está en fase beta o que es una startup. Y hay quienes se atreven a decir que el Gobierno debería incentivar a estos emprendedores con ayudas y exenciones de impuestos. Para perpetuar la tontería.

En la web 2.0 se ha dado el extraño caso de que un proyecto estuviera en pérdidas (bestiales) se levantara hasta ganar dinero y luego volviera a perder mucho dinero. Cuando esto ocurre en la economía del ladrillo, lo primero que uno piensa es que lo irreal es el momento en que se ganó dinero. Que es un negocio cíclico y que tiene sus momentos de auge y de enorme caída. Pero no. Eso es para economías de pacotilla, para la tecnología esto no se cumple. Nos afectan y perjudican las crisis de los demás, pero son negocios siempre saneados. Y si un negocio sólo funciona en tiempos de gran crecimiento ya no es cíclico, ya es que ni es negocio ni es nada.

Pero no creo que sea siempre así. Aunque claro, en Internet todos somos arrieros y tenemos que hablar bien los unos de los otros. Pero si no se critican los negocios (cutres, inexistentes) de Internet, ¿Dónde se hará? Porque en la calle Internet no le interesa a nadie. Y pocos lo usan. Eso sí, si por error hago click en una página de una red de blogs (orientada a buscadores de forma descarada) resulta que paso a ser un usuario o “visitante único”. Y resulta que la mayoría de la gente que lee blogs no sabe que los lee. Es como si al sintonizar una emisora de radio, por el método antiguo del dial, si pasaras por encima de otra emisora contara como audiencia.

Cuando una de estas empresas ha quebrado o desaparecido, la culpa nunca fue del emprendedor. Normalmente fue el entorno el que no supo adaptarse a la empresa. Muchas empresas están cerrando porque los ingresos de publicidad ya no dan para casi nada. Me sorprende no leer en los “nuevos” medios de comunicación sobre esta debacle. Se leen opiniones aisladas, de casos concretos. Pero en los comentarios uno se da cuenta de que es algo generalizado. Que están cayendo las fichas como en un dominó, una tras otra.

No se quiere sembrar el miedo. La verdad se expone en tanto en cuanto sea agradable a nuestros oídos.

Otro de los motivos por los que están cerrando algunas de estas empresas es su falta de clientes. Algunas ofrecían servicios a empresas y estas, a la hora de recortar gastos, han empezado prescindiendo de estos servicios. A veces, dejando sin pagar algunas facturas.

Y este es un defecto más de la web 2.0. Muy colaborativa y social, pero absolutamente prescindible. En la economía de las tecnologías de la información “real” suele ocurrir lo contrario. Contratas algo con un proveedor (subcontratista) y cuando pasa un tiempo te das cuenta de que te tiene pillado (por los huevos). Que te ha creado un producto que funciona medianamente bien pero para el que dependes en exclusiva de ellos. Si te faltaran alguna vez, no podrías llevar a cabo una de las funcionalidades básicas de la empresa. Si una empresa te gestiona un sistema de nóminas online, y el sistema falla, tienes que recurrir a ellos. No puedes decir “adios, hasta siempre”, pues si aquello se rompe, hay que arreglarlo. Es algo imprescindible.

Con la web 2.0 no. Nada es imprescindible. Es más, casi todo es prescindible, porque suelen ser chorradas. Y lo mejor de todo es que si te crean algo de una empresa “2.0” y tienes necesidad de ello, con un poco que investigues te das cuenta de que está basado en software gratis (software privativo pirateado o software libre entendido como gratis). Con lo que le puedes dar la patada a esa empresa, copiar la funcionalidad que te habían creado, con gente de tu propia plantilla, y olvidarte de ellos para siempre.

Esta es la verdadera crisis de la web 2.0. Que muchos de sus productos son de bajísimo nivel añadido. Una hoja de estilos bonita. Un “experto en usabilidad” (normalmente es alguien con sentido común y conocimiento nulo de tecnología). Enlaces de tus amigos. Plugins renombrados y textos traducidos. Puedes subir videos con un script copiado de internet.

Los proyectos web 2.0 suelen ser batiburrillos (mashup) de códigos y funcionalidades creadas por otros. No se ha creado nada. No se ha inventado nada. No es tecnología. No es distinto de la economía del ladrillo: uno vende grifos, otro cemento, otro pone azulejos y luego rezar por vender el proyecto conjunto, la suma del trabajo de todos los demás, a otros. No hay valor añadido, ni algo que tenga un valor en sí mismo.

Una prueba de ello es ver como esos emprendedores luego no encuentran trabajo fácilmente. Si vivimos en la economía del conocimiento, ¿Por qué cuando cierras tu empresa tu conocimiento no sirve para casi nada? Pues porque tal vez no era de verdad. El que fabrica grifos los sabe fabricar aquí y en Pekín. El que sabe colocar alerones, más de lo mismo. O un profesor de matemáticas, podría trabajar de eso en cualquier país del mundo. Está todo dentro de su cabeza.

Un ex-emprendedor es alguien que sabe que para insertar videos hay un script por ahí. Y que hay que estar en Twitter y en Facebook. Y cosas por el estilo, ideas vacuas que se aprenden (si es que merece la pena aprenderlas) en dos lecturas a uno de esos blogs de gurús.

¿Pero a que viene todo esto? Pues muy sencillo. A que con la crisis subprime, la madre del cordero, se empezó a cuestionar la validez de las opiniones de las agencias de calificación, de los expertos en economía, de las inversiones de las grandes compañías. Porque muchos eran juez y parte.

Y a pesar de los pesares, los críticos con su forma de trabajar se quedaron en la calle, desempleados. Y de los otros, la mayoría ha aguantado el tirón y sigue aferrado al sillón. Sus errores no han pagado. Ni pagarán.

En la economía 2.0 muchos se embarcaron en proyectos suicidas por culpa de los gurús de las nuevas tecnologías, en muchos casos verdaderos charlatanes obsesionados con agradar a los oídos de los demás. Con criticar a la vieja economía. Con dar pésimos ejemplos de éxito. Ejemplos que ahora figuran en la lista de empresas en suspensión de pagos.

Todos estos embaucadores campean a sus anchas. Ellos salen indemnes de la crisis, igual que salieron libres de culpa en la crisis puntocom. Ellos defienden a capa y espada el espíritu emprendedor, pero no se atreven a iniciar nada por sí mismos. No se juegan ni un céntimo (bueno, algunos céntimos sí) de su propio dinero en estos proyectos que revolucionarán el mundo.

Habrá otra crisis y ellos seguirán allí, seguirán siendo los expertos en tecnología. Y los que avisaron de que esto no iba a ninguna parte seguirán fuera del círculo. Aquí o alimentas al monstruo, hasta que muera, o no tienes derecho a opinar.

Lo siento por vosotros os engañaron. La culpa no es de crisis de crédito, ni de los clientes que no os pagan. Es de aquellos que os vendieron un éxito y una realidad inexistente.

22 comentarios en “La crisis web 2.0”

  1. Hay tantas frases para enmarcar -“web 2.0 es un internet lowcost”, “experto en usabilidad” (normalmente es alguien con sentido común y conocimiento nulo de tecnología), “¿Dónde están los ingresos para una web 2.0?”- que no sabría quedarme con una.

    ¿Cómo es posible que después del hostiazo de las .com volvamos otra vez a las andadas, a vender humo a precio de oro? Ay, cuando daño ha hecho ese “beta” que se inventaron los zorros de Google en Gmail y que, con dos cojones, ahí sigue, después de tantos años.

    Para mí, la mejor idea de esta entrada es lo prescidible de la mayoría de esos servicios 2.0 que nos iban a solucionar la vida gratis pero de los que, a la hora de la verdad, podríamos desparecer de un plumazo y nadie, nadie!, los echaría realmente en falta.

    Sombrerazo para esta entrada que, como casi todo lo que aparece por aquí, leeremos cuatro gatos.

  2. Cuánta razón tienes. Nos están vendiendo una cancamusa tras otra: todos podemos ser escritores porque podemos subir gratis nuestra patética novela a un sitio como lulu.com, colaboramos subiendo fotos a Google Earth por la cara y creamos de la nada “think tanks” de chichinabo donde escriben visionarios que firman con pseudónimos, a veces diciendo cosas interesante y otras veces chorradas.

    Lo peor de todo es que muchos se lo creen, se tragan todos los mantras de los gurús de Internet y por si fuera poco luego se creen que son ideas originales suyas, porque no se acuerdan de dónde la sacaron o dónde la oyeron por primera vez.

  3. Grandioso post; ojalá más gente se quitase la venda de los ojos y dejasen de enriquecer a éstos expertos de pacotilla.

    Un saludo.

  4. ¡Lo que pasa es que tienes envidia!

    Al menos eso es lo que dice el manual del buen emprendedor 2.0 que hay que decir cuando alguien critica al “sector”.

  5. Había hecho un post bastante más escueto que este ( http://www.boriel.com/2009/07/05/la-2-0-esta-muerta/ ) que explicaba algunas de las cosas que comentas (chorradas, escaso valor añadido, “diseño” más que contenido)… pero tengo que reconocer que esta entrada supera con creces la mía y toca todos los puntos. :-)

    Enhorabuena.

    Voy a enlazarla desde mi entrada, para que la gente siga leyendo aquí, porque considero que este artículo es para hacernos reflexionar (sí, me incluyo).

  6. Hola

    Excelente post, me encanta el planteamiento y creo que dice cosas con una sentatez extrema.

    Ahora bien, para algunos sí que es un negocio cojonudo. Hablo de aquellos que han engordado la vaca y la han vendido para la matanza. Muchos de los grandes gurús se han dedicado a vender catedrales de aire y luego se han situado en la puerta a vender entradas. Si se cae, tan sólo pierden el emprelo de taquillero, lo cual, no es gran pérdida.

    El negocio ha existido, pero se ha extendido la imagen del manido sueño americano, donde todos podemos ser ricos y dar pelotazos. Y no es así. Unos pocos dan pelotazos y la mayoría se estampa en el camino.

    El negocio no ha sido la web 2.0, ha sido vender la web 2.0.

  7. Muy buen artículo.
    Si la gente quiere ganar dinero debería ofrecer un producto o servicio “de verdad” y no depender de la publicidad.
    Esa gente pretende ganar dinero a cambio de nada.

  8. Has dicho verdades como puños. Pocas entradas tan largas me he leído de principio a fin.

    Al final, las conclusiones las sacarán los mismos y de todo lo que has explicado poca gente aprehenderá.

  9. Hay mucho de cierto en lo que comentas, pero también es verdad que lo has exagerado mucho. Desde luego que hay muchos negocios de Web 2.0 que funcionan o van a funcionar muy bien. Sea con ingresos publicitarios o con ingresos por cuotas. En este último caso, te puedo citar entre otros a Linkedin o Xing, dos redes sociales que ganan bastante pasta.

  10. Pingback: La decadencia 2.0 « Lobosoft

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