La Legión Checa

La I Guerra Mundial enfrentó entre sí a todas las potencias económicas de Europa. Del lado de los vencedores estarían principalmente Francia, Inglaterra, Rusia e Italia. Del lado de los vencidos, Alemania, el Imperio Austrohúngaro y Turquía.

Desde luego que hubo muchos otros países combatientes, de dentro y fuera de Europa. Casi al final de la guerra llegarían los Estados Unidos y desequilibrarían por completo la contienda.

Al ser una guerra por equipos la relación entre los miembros de un mismo bando resultó casi tan importante como las capacidades de cada uno de los combatientes. En realidad las alianzas previas al enfrentamiento armado eran relativamente débiles. Austria-Hungría amenazó a Serbia y Rusia amenazó con defenderla. Entonces Alemania amenazó a Rusia. Y como aliado suyo, Francia amenazó a Alemania. Alemania amenazó con invadir Bélgica y entonces Inglaterra amenazó con impedirlo. Luego Turquía se sintió amenazada por todo lo que ocurría en sus fronteras.

De todos los combatientes, el más temible, de largo, era Alemania. Era la mayor potencia militar del mundo, y si no venció, fue porque no daba abasto ante tantos enemigos y apenas si podía confiar en la ayuda de sus aliados. El iniciador de todos los conflictos, el Imperio Austrohúngaro, demostró tener uno de los ejércitos más ficticios de la historia.

Sobre el papel el ejército Austrohúngaro era muy poderoso. Era el país más grande de Europa, un poco más que la actual Francia. Situado en el centro neurálgico de Europa. Comprendía gran parte del territorio de las actuales Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia y partes del que ahora poseen Italia, Rusia, Rumanía, Polonia y Ucrania.

El problema del Imperio Austrohúngaro era su extraña organización política. Era una doble monarquía: un rey que gobernaba en dos países diferentes, formando una unión artificial en la que lo único que tenían en común era el máximo dirigente. Por lo demás, Austria era un país y Hungría otro. Además, estaba el problema de las numerosas etnias dentro de su territorio. Aquello era un hervidero de naciones que no se acababan de sentir cómodas en el conjunto del país. Intenta imaginar un país que tenga tanto italianos como rusos, polacos y serbios.

Al iniciarse el conflicto bélico, el Imperio se encontró con numerosos problemas. Las unidades, agrupadas por soldados de orígenes similares, resultaban difíciles de dirigir. Los mandos militares solían ser todos austriacos o húngaros. Pero a veces se encontraban con una división entera de soldados checos o italianos que sólo hablaban su propio idioma.

Luego estaba el problema de las fronteras. el Imperio Austrohúngaro tenía un frente con Italia y otro con Rusia. Pero, claro está, también tenía en sus filas ciudadanos que vivían en regiones italianas y rusas, que hablaban esos idiomas y se sentían más identificados con sus enemigos que con un Imperio del que nada bueno habían recibido.

Es por eso que la organización, complicada de por sí, tenía que contar con factores como el barajar sus soldados, para evitar que los miembros de una región lucharan contra enemigos de la misma, para que no tuvieran un conflicto de intereses.

Conforme avanzaba el conflicto, uno de los puntos que fueron quedando más claros para los mandos militares era que los soldados checos no eran para nada fiables.

Hay que indicar que en casi todas las historias se habla de “los checos” cuando en realidad se está pensando en los checos y eslovacos juntos. Que es como mezclar el agua y el aceite, pues nunca se llevaron bien entre sí. El caso es que esta narración no es una excepción. Si mencionaré a los checos, lo correcto sería decir “los checos y eslovacos”, y es que decir checoslovacos es, en mi opinión, ridículo. Es como decir “hispanofranceses”. Cierto es que durante algunos periodos de la historia vivieron como un mismo país. Pero siempre estuvieron muy divididos, aunque sólo fuera por el idioma.

Los soldados checos eran muy malos combatiendo. Por un lado por los problemas del idioma, y por otro porque no se comprometían con el conflicto. La mayoría estaban ahí por fuerza: en caso de guerra el ejército recurre a los jóvenes nacidos en determinada fecha, quieran estos o no. Y así llegaban los soldados checos, a defender un país que nunca les gustó. Y claro está, lo hacían muy mal.

Uno de los hechos más comunes era el de las rendiciones masivas. Los rusos luchaban contra Austria-Hungría. La cosa se ponía un poco fea en un ala del Imperio. Y en lugar de seguir combatiendo, las divisiones checas entregaban las armas sin rechistar. Este hecho se ha llegado, con el paso del tiempo, a defender como un acto de heroicidad, de soldados que no estaban dispuestos a matar por unas ideas y un ejército en la que no creían. La realidad seguro que exige incluir una buena dosis de cobardía. Esos soldados no sabían lo que les esperaba una vez el ejército ruso los detuviera. Bien podría ser peor que la misma muerte. En muchos casos, el destino de los prisioneros no era otro que la gran cárcel rusa: Siberia.

Como antes indiqué, gran parte de la historia de la Primera Guerra Mundial la dictaron las relaciones entre los propios aliados. Uno de los primeros acuerdos que se firmaron en la guerra fue el Acuerdo de París, firmado el 4 de septiembre de 1914. Según dicho acuerdo, ninguno de los miembros de la alianza Francia-Inglaterra-Rusia firmaría un tratado de paz por separado contra las potencias centrales.

Este acuerdo era muy importante para el desenlace del conflicto, puesto que Alemania podía presionar a sus rivales, uno por uno, para ir aclarando los conflictos bélicos por separado. De esa forma sus opciones de victoria eran mucho mayores. Pero si los aliados decidían luchar coordinadamente y hasta el final, los alemanes nunca podrían parar de luchar. Tendrían que vencerles en todos los frentes para poder terminar la guerra.

Claro está, estos acuerdos tienen mucho de declaración de intenciones. Pero eso no significa que vayan a misa. De hecho, los alemanes entendieron la situación desde el principio y trataron de vencer a Rusia, por ser el más asequible de los grandes rivales (países menores como Serbia o Rumanía habían sido vencidos en un abrir y cerrar de ojos).

El combate contra Rusia fue complicado. De un lado porque los rusos tenían un ejército gigantesco en lo que a tropas se refiere. Podían perder un millón de soldados y poco tiempo después reemplazarlo por otro. Su territorio era muy extenso y se podían abrir frentes en una enorme extensión de terreno. Para Alemania un gran problema era la poca fiabilidad del ejército austrohúngaro. Los alemanes eran pura tecnología y organización y sabían vencer batallas por todo lo alto. Sus aliados parecían unos aficionados y siempre tenían problemas, a veces perdían de forma estrepitosa y siempre necesitaban de la ayuda alemana para volver a dejar las cosas en su sitio.

Con el paso de los años, la situación contra Rusia se fue dominando. Alemania los fue expulsando más y más y si no se lanzó a conquistar toda Rusia fue porque no le interesaba. Rusia era un rival menor, contra el que habría que firmar una paz lo antes posible. Una paz en condiciones muy favorables a Alemania, obviamente, pero al fin y al cabo era importante asegurar uno de los frentes. Olvidarse de un rival para siempre. Por eso, el sistema de ataque de Alemania en el este era el de apretar pero no ahogar. Y funcionó.

En febrero de 1917, en gran parte a causa de las enormes privaciones que estaba sufriendo la población debidas de la guerra, se produjo una revolución en Rusia. Se depuso al gobierno del Zar y con él, se sumió el país en una enorme desorganización y caos. Con tantos problemas internos, los rusos no estaban en condiciones de luchar. De hecho ni siquiera estaban seguros de si debían hacerlo.

Gradualmente la situación fue volviéndose más y más confusa. Diferentes grupos políticos luchaban por hacerse con el poder en el país. La guerra era una distracción demasiado importante. En todo ese tiempo, Alemania presionaba para terminar la guerra, no quiso aprovecharse para arrasar con un país dividido. Tampoco hubiera resultado sencillo, la verdad.

El caso es que los rusos seguían divididos en su idea de continuar o no la guerra. Y a cada día que pasaba, la situación era peor para ellos. Los alemanes les ofrecieron un acuerdo de paz en que los rusos perdían hasta la camisa. Estos se negaron y ante la incapacidad de luchar, decidieron dar una respuesta evasiva: nosotros dejamos de luchar, vosotros haced lo que queráis. Y entonces Alemania, que quería dejar este frente terminado, hizo lo que mejor sabía hacer: seguir conquistando territorio. Los rusos al final acordaron una paz, con el Tratado de Brest-Litovsk en que perdían la camisa y el pantalón: perdieron todas las repúblicas bálticas, su parte de Polonia, Bielorrusia y otros muchos territorios.

Además, los alemanes empezaron a hacerse buenos amigos de las nuevas repúblicas fronterizas: hasta los confines de Georgia empezaron a sentirse las influencias alemanas.

¿Qué había sido mientras tanto de los soldados checos prisioneros en Rusia? Pues una gran parte de ellos se había quedado cerca del frente de combate, en Ucrania. Pronto los rusos se dieron cuenta de que los checos estaban más de su parte que de la de los enemigos. Junto con los prisioneros se encontraron con grandes cantidades de desertores. Los rusos no eran muy amigos de la idea de incluir a estos soldados entre sus unidades, pero tras la caída del Zar, empezaron a ver la idea con mejores ojos. Crearon una legión de soldados checos, a la que armaron y prepararon para el combate contra Alemania y Austria-Hungría. Se encontraron con unos 40.000 checos dispuestos a combatir.

Pero nunca llegaron a luchar contra sus anteriores compañeros. Los problemas de organización en Rusia eran tan grandes, que al final apenas si eran capaces de oponer resistencia, menos aún ser capaces de planificar algo nuevo. Lo que sí que acordaron con Francia fue la entrega de estos soldados, que podían resultar muy útiles en el frente francés. 40.000 soldados extranjeros motivados valen mucho más que 400.000 soldados nacionales incluidos en el ejército a la fuerza.

Y ahora comienza a complicarse la historia. ¿Cómo pueden llevarse 40.000 personas de Ucrania a Francia en medio de una guerra mundial? El camino más corto habría de ser atravesando Hungría o Alemania y esto desde luego no era una opción viable. El camino más corto que no incluía territorio enemigo era un rodeo considerable: había que ir hasta Finlandia.

Los rusos acordaron entonces ayudar a los aliados en el transporte de esta delegación. Pero la realidad es que la situación era un caos absoluto y en tiempo de guerra de lo que menos se podía disponer era de trenes. Los trenes eran el mayor aliado para el transporte de comida, armas y aprovisionamiento de todo tipo y estaban dedicados a tiempo completo a cuestiones militares. Era bastante complicado permitir que un tren fuese empleado para labores que no resultaran estrictamente militares.

Así que con grandes problemas y poca ayuda por parte de los rusos, los checos se prepararon para su viaje hacia el norte, coordinados por telégrafo con la resistencia checa asentada en Francia. El objetivo sería la ciudad de Arkángel, desde la que tomar un barco que les llevara a territorio civilizado.

Pero el bando aliado no se atrevía a llevar a un barco (y en este caso serían necesarios varios) tan lejos. Esos mares eran muy peligrosos, a merced de los submarinos alemanes. La idea pronto tuvo que ser desechada. Eran útiles pero no eran tan importantes como para arriesgar una misión de rescate. Esa vía quedó cerrada y finalmente, por cuestiones puramente geométricas, hubo que recurrir al único camino posible: atravesar todo Rusia y acabar en los confines de Siberia.

Pero como he indicado anteriormente, Siberia era la gran prisión rusa. Y junto con la entrega de grandes territorios a los alemanes, los rusos se comprometieron a devolver a sus prisioneros de guerra. Estos se contaban por cientos de miles y suponían un importante problema logístico.

Los checos pronto se encontraron tirados en medio de Rusia, a miles de kilómetros de su país, sin ayuda de ningún tipo por parte de los rusos. Antes bien, empezaban a estar molestos por tener una pequeña armada extranjera viajando por todo su territorio. Pronto se llegaría al punto de no retorno. Los checos llegaron hasta Chelyabinsk, una población tan alejada de su territorio, que basta con saber que está a 1.500 kilómetros al este de Moscú.

En Chelyabinsk se armó un conflicto entre los checos y el ejército ruso bolchevique. La conclusión de este fue bastante extraña: los checos se hicieron con el control de la ciudad. Y en menos de un mes se adueñaron de toda la línea férrea del tren transiberiano.

Incluso se hicieron con el gobierno de la ciudad de Samara. Si Rusia era un descontrol administrativo, el peregrinaje de los checos lo había convertido en un circo. La principal artería de comunicación entre el este y el oeste del país, había quedado en manos de estos.

Cuando esto llegó a oídos de los europeos, al margen de la consiguiente sorpresa, empezaron a acogerlo con gran interés. Rusia había abandonado a los aliados y había pactado con Alemania una deshonrosa paz. A nadie le gustaba el gobierno que se estaba formando en Rusia. La presencia checa era una buena noticia. Se podría iniciar un nuevo frente en el este de Alemania, aprovechando esta avanzadilla. Incluso se podría luchar contra Rusia y tratar de restablecer un gobierno que los europeos consideraran adecuado.

Los checos exiliados en países aliados trataban de presionar de la mejor manera que podían para que, en caso de derrota austrohúngara, se pudiera independizar su país de Austria. Pero no dejaban de ser un cero a la izquierda en lo que a su aportación a la victoria se refiere. Sin embargo, la noticia de que un contingente checo estaba haciendo estragos en Rusia daba un vuelco muy positivo a sus expectativas. Por primera vez estaban realmente aportando algo y muy significativo.

Pero los checos lo estaban pasando realmente mal. Luchaban en un país gigantesco, totalmente desconocido, con un clima atroz. Y para colmo de males, estalló una guerra civil en Rusia, quedando atrapados en medio. Se pusieron del lado de los defensores del zar (los que acabarían perdiendo la guerra civil). Los checos defendían muy bien sus posiciones, y a pesar de ser desertores y soldados de fácil rendición, siempre mantuvieron la línea férrea bajo su control.

La Legión Checa se había ido fortaleciendo, obteniendo soldados a lo largo y ancho de todo Rusia. Al controlar el tráfico de prisioneros desde Siberia, pudieron reagrupar sus propias tropas y dificultar la vuelta de prisioneros alemanes y austrohúngaros a sus países (no volverían sino para continuar luchando). La Legión llegó a contar con unos 100.000 soldados y estuvo al mando en una línea de más de 4.000 kilómetros durante más de un año, desde la primavera de 1918 hasta abril de 1919.

Aunque los aliados pretendían aprovechar la presencia checa para abrir un nuevo frente, se encontraban con considerables problemas logísticos. Para ellos era complicado y costoso llevar un destacamento militar hasta Siberia, sabiendo que tendría que volver a cruzar todo el territorio ruso. La idea era buena, pero impracticable. Los checos se encontraron totalmente abandonados a su suerte.

Y mientras sus infortunios parecían no tener fin, se llegó al final de la Primera Guerra Mundial. Se firmaron los acuerdos de paz y nació un nuevo país: Checoslovaquia. En gran parte, por no decir principalmente, gracias a la aportación de la Legión Checa en Siberia, que dio alas a un país inexistente. Los rusos terminaron su guerra civil con la victoria bolchevique. Y mientras tanto, los checos seguían en Siberia.

Y si no habíamos tenido suficientes sobresaltos, los checos se encontraron combatiendo por un tren cargado con ocho vagones llenos de oro, de la reserva de Kazakstán, que en plena guerra civil había acabado en el ferrocarril transiberiano. Como no podía ser de otra forma, los checos se acabaron quedando con todo ese oro.

Así, en abril de 1919, se llegaría a un acuerdo bien extraño. Los checos devolverían el oro a los rusos si estos les dejaban marchar tranquilamente. Y es que estaban en la típica situación en que podían ir zarpando lentamente en barcos, pero los últimos que se quedaran corrían el riesgo de ser masacrados por los rusos. Además de que en alta mar, estaban a expensas de que nadie quisiera atacarles.

Con ese oro compraron barcos y pactaron con el gobierno bolchevique su tranquila vuelta a Europa. Cuando los checos llegaron, su país ya estaba funcionando desde hacía muchos meses y la guerra empezaba a caer en el olvido.

Un leyenda, no exenta de motivos para ser cierta, argumenta que los checos no devolvieron todo el oro que capturaron. La historia cuenta que se quedaron con uno de los vagones para formar el que luego sería el Banco de la Legión Checa (Legiobanka). Aunque según el acuerdo firmado con el gobierno ruso, se devolvió todo el oro, y los rusos nunca levantaron ninguna protesta de que faltase oro, lo cierto es que los checos no volvieron con las manos vacías. La presencia de sospechoso dinero negro la prueba el que más de 50.000 soldados checos fueran capaces de ahorrar todo su salario durante más de dos años, e incluso aportaran algo de dinero a sus saneadas cuentas bancarias.

Creo que, sin lugar a dudas, la historia de la Legión Checa es la historia más extraña de toda la Primera Guerra Mundial.

Fuentes:
Para ver fotografías de tan extraño ejército, en sus trenes y protegidos del frío siberiano, nada como esta fuente.
En esta página narran la historia de los checos desde el punto de vista filatélico. Pasaron tanto tiempo en Rusia que incluso les dio tiempo de emitir un sello propio, que es una de estas joyas de coleccionista: un sello checo emitido en Rusia. También dan una visión general muy buena de su evolución por territorio enemigo.
La Wikipedia es la que nos informa sobre el trasiego de oro y el extraño banco Legiobanka.

Compra mi libro en Amazon.es o Amazon.com.

5.99€ ebook, 14.99€ libro pasta blanda.

8 comentarios en “La Legión Checa”

  1. Aunque no siendo fiel a la historia real la trama de Corto Maltés en Siberia se basó en todo esto, un tren cargado de oro atravesando Rusia. También lo hicieron película de dibujos hace pocos años.

    He visitado tanto la República Checa como Eslovaquia y ahora mimo no tienen nada que ver. Reconocen que han empezado a despertar hace relativamente poco, desde la caída de los sistemas comunistas. Hay que reconocer que la Revolución de Terciopelo les salió muy bien. El idioma se da la mano pese a todo, pero las checas son más guapas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *