Meucci, Bell y Gray

Cuanto más lee uno de la historia del teléfono, más se enfanga. Llega un momento en que se da cuenta de que no entiende nada, y que la historia es tan compleja, que cualquier aproximación debe ser provisional. Sirva este post para que personas más inteligentes se acerquen a tan sensacional historia.
I
Históricamente, el descubrimiento del teléfono es uno de los avances más importantes de la ciencia. Y uno de los más rentables, ya que ha generado ingresos cuantiosos para su descubridor, así como para las primeras empresas que lo pusieron al alcance del público a lo largo del siglo XX.
Así, es todo un orgullo para un país el identificar a ese inventor, Alexander Graham Bell (1847-1922), como ciudadano suyo.
Escocia, y en particular Edimburgo, fueron quienes le vieron nacer. Allí se formó y pasó sus primeros años. Abandonó su país para marchar a Canadá cuando tenía 23 años. Los canadienses no tienen reparos en reconocer a tan importante inventor como ciudadano suyo, aunque sólo pasó unos pocos años en dicho país. En 1882 obtuvo la nacionalidad norteamericana. Para estos, la última opinión es la que cuenta, y les resulta indudable que Graham Bell era estadounidense.
Así, absurdamente es considerado, simultáneamente, uno de los 100 británicos más importantes de la Historia, pero también uno de los 100 norteamericanos más importantes de la historia y uno de los 100 canadienses más importantes. Cada uno de los tres países rinde tributo a tan insigne inventor, con lo que su memoria es una de las ensalzadas del mundo.


II
El invento de Bell se patentó el 14 de febrero de 1876. Sin embargo, desde el primer día, la patente tuvo serios problemas. En realidad, el invento del teléfono era algo que «estaba en el aire». A poco que se comenzó a investigar la electricidad, no había que ser genio para darse cuenta de que el sonido se trasmitía a través del cable con cierta facilidad. Bueno, había que ser un verdadero genio para darle forma a algo así. Y el que indudablemente primero lo hizo fue el italiano Antonio Meucci.
Trágica resulta la historia de Meucci, de principio a fin. Nacido en Florencia en 1808, acabó emigrando a Cuba, donde desarrolló unos interesantes artilugios eléctricos que tenían aplicaciones médicas muy novedosas. Fue en su estancia en Cuba cuando descubrió, por casualidad, que el sonido se trasmitía a través del cable eléctrico. Y ahí comenzaron sus investigaciones y el desarrollo del que sería un precursor del actual teléfono.
Meucci tuvo que emigrar a Estados Unidos, por un lado para poder comercializar su teléfono, por otro por las presiones que los médicos cubanos estaban realizando sobre su novedosos sistemas médicos, de los que desconfiaban como ante cualquier amenaza que pusiera en entredicho su sustento y su fama.
Desde su llegada a los Estados Unidos, en 1850 – por aquel entonces Alexander Graham Bell tenía 3 años de edad – Meucci se afanó por encontrar inversores interesados en comercializar su nuevo invento. Sin embargo, la predisposición hacia ese italiano que no hablaba inglés era muy negativa y los inversores, a pesar de las reiteradas muestras de que el invento funcionaba, no se decidieron a sustentarlo. Y él no tenía dinero suficiente para desarrollar el producto. La búsqueda de apoyos entre la comunidad italiana existente en Estados Unidos tropezó con la Guerra de la Independencia de su país, que absorbió cualquier fuente solvente de dinero. Mala suerte.
En vista del riesgo que corría su invención, y ante la imposibilidad de costear los gastos que suponían adquirir una patente – unos 250 dólares, Meucci adquirió una prepatente (caveat) – algo así como el aviso de que se estaba desarrollando algo, aún no terminado, pero sobre lo que se exigía la autoría – que sólo costaba 20 dólares. La prepatente era mucho más barata, y simplemente servía para que, si alguien se presentaba en la oficina de patentes, con un invento similar al consignado en la prepatente, aquel que lo había prerregistrado era avisado y disponía de un tiempo suficiente para formalizar la patente en cuestión. La prepatente se registró en 1872.
La prepatente podía renovarse anualmente, al costo de 10 dólares. Mientras se cumplimentaban los formulismos legales, Meucci luchaba por formalizar una compañía que pudiera comercializar el producto. En 1874, sin embargo, se encontró con el problema de no poder renovar la prepatente. Al parecer, algo se había traspapelado, y no quedaba constancia de su anterior prepatente. Según parece el encargado de la renovación se estaba intentando apoderar de la patente.
Cuando el teléfono de Graham Bell salió a la luz, Meucci llevaba años intentando darle una salida, y se encontraba sin un soporte legal que defendiera su causa. Aún así, se produjo un importante juicio para determinar la verdadera autoría del invento. Sin embargo, el juicio duró demasiado tiempo. Tanto, que Meucci acabó muriendo antes de que se dictaminara una sentencia, con lo que el caso quedó sobreseído y Graham Bell pasó a ser, sin duda alguna, el inventor del teléfono.
III
Sin embargo, la historia del teléfono es mucho más compleja. En Europa, un inventor alemán, Johann Philipp Reis, había desarrollado un artilugio, en 1860, que trasmitía música y frases sencillas. Sin embargo, su funcionamiento era demasiado complicado y la transmisión del sonido muy pobre. Su puesta en escena fue la antítesis de la presentación perfecta. A un lado del hilo, se situó un oyente, y el encargado de trasmitir la primera frase fue el propio Reis. No tuvo mejor idea que tomar frases sin sentido de un libro de lectura. Así, la primera frase que se envió a través de su teléfono, fue «Das Pferd frisst keinen Gurkensalat», algo así como «el caballo no come ensalada de pepinillo». Ante el confuso texto, unido a la poca calidad del sonido, el oyente no estuvo seguro del mensaje, «algo que come un caballo», por lo que aunque la prueba se dio por buena, dio una muy pobre impresión.
Junto a Reis y Meucci, muchos otros inventores habían desarrollado productos que podrían servir como precursores del teléfono. Otro italiano, Innocenzo Manzetti, tuvo la amarga sensación de que su invento fue robado por el propio Graham Bell. Manzetti intentó obtener la patente en 1864, pero los técnicos encargados de la supervisión no se la concedieron. Según su opinión, entre estos técnicos se encontraban familiares de Graham Bell, que no dudó en tomar nota de sus indicaciones.
A día de hoy, el reconocimiento a la autoría del teléfono es aún disputado. Para Italia, no cabe duda de que el inventor fue Meucci. Para Canadá, de que lo fue Graham Bell. En 2002, una muy controvertida resolución de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, reconocía a Antonio Meucci como el primer inventor del teléfono, aunque de forma poco clara. En cualquier caso, reconocía su importancia en el desarrollo del mismo.
La Wikipedia está llena de contradicciones al respecto. En unos sitios indica que Meucci inventó el teléfono – así como Graham Bell, en otras partes indica que Graham Bell es el inventor, pero que esto aún está en disputa. Si cambiamos al italiano no hay duda, Meucci es el inventor.
IV
Sin embargo, aún queda por añadir una vuelta de tuerca a esta historia. Y es que la autoría del teléfono queda ex-aequo entre Alexander Graham Bell, Antonio Meucci y Elisha Gray.
Elisha Gray (nacido en 1835) también inventó el teléfono de forma independiente. Aunque su historia es, si cabe, más trágica y surrealista. En una de las más curiosas coincidencias de la historia, registró su invento el mismo día que Graham Bell, el 14 de febrero de 1876. Mientras Bell se había presentado en la oficina de patentes a las 11:30 am, para registrar una patente, Elisha Gray lo había hecho dos horas antes, a las 9:30 am, para registrar una prepatente. Sin embargo, Graham Bell insistió para que su solicitud se cursara de inmediato, por lo que fue procesada mientras que la de Elisha Gray, que estaría tomando café, se quedó en el montón de peticiones pendientes de procesar, quizás la primera.
Hubo un disputado juicio entre ambos, y es un hecho probado que Graham Bell pudo modificar su patente a posteriori – algo totalmente irregular – gracias a sus contactos dentro de la Oficina de Patentes, con lo que consiguió anular los argumentos de Elisha Gray, por lo que acabó ganando el juicio y salvando, a duras penas, su condición de inventor del teléfono.
Interesantes referencias:
Controversia en la invención del teléfono (Wikipedia inglés).
Evolución histórica en la invención del teléfono (Wikipedia inglés).
FAQ sobre Antonio Meucci.
Biografía, quizás demasiado parcial, de Antonio Meucci, en español.

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4 comentarios sobre “Meucci, Bell y Gray”

  1. Muy interesante el artículo, conocía la controversia de Meucci pero la historia de Elisha Gray (que tiene nombre de nena, por cierto) me ha dejado flipado.
    Es el clásico ejemplo de administración ineficaz y corrupta que aún tenemos más de un siglo después.

  2. Tal vez se debe hacer los tramites o las patentes con dedicación y rapidez si otros te lo pueden quitar o ganar y pasa lo que paso pero que bueno que fueron varias personas en este mismo invento y por esto ahora puedo escribirles.

  3. considero que los tres meucci,gray y graham bell deben ser considerado en forma conjunta los que descubrieron el telefono y que da zanjado es te gran problema s soy un hombre de mas de 65 años amis hijos y nietos siempre le decia que bell eran el descubidor del telefono pero la historia me westa diciendo que no es asi.parece que esa epoca tambien existia el don del poder del dinero.

  4. Conocía la Disputa entre Bell y Meucci ..no la Gray..al Igual que Guillermo (somos abuelos de misma edad..) considero que los tres deberían ser considerados cod-inventores… ya entonces era evidente que el avance en un campo era más bien debido a algo que ya estaba en el aire y dando vueltas en muchas mentes….

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