Rothschild y la información

La familia Rothschild (descendientes de Mayer Amschel Rothschild) fue la más rica del mundo durante el siglo XIX y nadie sabe qué parte del XX. Mientras John D. Rockefeller era el hombre más rico del mundo – y de todos los tiempos – con sus empresas petrolíferas – la riqueza de esta familia siempre estuvo repartida entre todos sus miembros. Conforme pasaba el tiempo la familia Rothschild se hacía más y más grande, con lo que, aunque aumentaba la riqueza conjunta de la familia, disminuía la personal de cada uno de sus integrantes.
Ninguno de sus miembros actuales se cuenta entre las 400 personas más ricas del mundo, según la lista que publica Forbes. Sin embargo, siempre ha existido un gran secreto sobre las pertenencias de dicha familia, inculcado por el padre de tan vasta familia desde su mismo testamento, en que prohibió que jamás se divulgara el total de sus riquezas. Los descendientes han sabido disimular y ocultar a los ojos de miradas indiscretas su patrimonio.

I

Los Rothschild están detrás de cada avance tecnológico, de cada necesidad de dinero en cantidades infinitas, de cada infraestructura gigantesca del siglo XIX en Europa. Los Rothschild aportaron dinero para la construcción del Canal de Suez, para la fundación de Israel, para el desarrollo de todas las infraestructuras ferroviarias europeas. Las guerras de ese siglo se hicieron con dinero prestado por los Rothschild. Su apellido es sinónimo de dinero y enormes riquezas.
Un extracto tomado de la Wikipedia:
Su éxito comenzó con Mayer Amschel Rothschild (1744-1812). Nacido en un ghetto de Frankfurt, montó una empresa financiera y extendió su imperio instalando a cada uno de sus hijos en distintas ciudades europeas, para que dirigieran desde allí sus negocios. Una parte esencial del éxito de la estrategia de Mayer Rothschild fue mantener el control de sus negocios en manos de los miembros de la familia, lo que permitía mantener con total discreción datos como la extensión de su riqueza y los éxitos de sus negocios. Mayer Rothschild mantuvo con éxito la fortuna familiar seleccionando cuidadosamente matrimonios de conveniencia entre miembros de la misma familia. Sus hijos fueron:

  • Amschel Mayer Rothschild (1773-1855) – Frankfurt
  • Salomon Mayer Rothschild (1774-1855) – Viena
  • Nathan Mayer Rothschild (1777-1836) – Londres
  • Calmann Mayer Rothschild (1788-1855) – Nápoles
  • James Mayer Rothschild (1792-1868) – Paris

Sin embargo, las bases de la fortuna de los Rothschild se establecieron durante el fin de las guerras napoleónicas. Entre 1813 y 1815 la familia Rothschild fue una de las que financió a la Armada Británica, en todos los pagos que tuvo que afrontar al fin de la guerra. A través de las comisiones que ganaban con cada transacción, la fortuna de los Rothschild creció enormemente.

II

La riqueza de los Rothschild, más que monetaria, estaba en la infraestructura que habían establecido para el desarrollo de sus negocios. No sólo fundaron el que sería el primer banco internacional, en cierto modo su forma de operar recuerda a las actuales multinacionales. Con la extensión de la familia por toda Europa, trabajando de forma conjunta mientras el resto de negocios eran locales o a lo sumo nacionales, la suya fue la primera piedra que se puso en la era de la globalización.

No importaba en qué lugar de Europa surgiera una oportunidad de negocio. Si era buena, los Rothschild serían los primeros en acudir a ella. Su sistema de información no tenía parangón. Habían desarrollado una red de correos por toda Europa, que distribuían la información entre los hermanos Rothschild, a una velocidad que desbordaba. Sus agentes se enteraban de todo y lo trasmitían a una velocidad que desbordaba a quién quisiera hacer de competencia. También usaban palomas mensajeras, en su afán por agilizar el manejo de la información.

Los carros de los Rothschild cruzaban las carreteras a toda velocidad; los barcos de Rothschild navegaban por el Canal de la Mancha; los agentes de Rothschild eran rápidas sombras que cruzaban las calles. Transportaban dinero, documentos, cartas y noticias. Sobre todo, noticias – las noticias más exclusivas que afectaban a la Bolsa y a los mercados de bienes.

El 18 de junio de 1815, en Waterloo, en la batalla que decidiría el futuro de Europa, combatían los ejércitos de Inglaterra y Prusia – dirigidas por Wellington y von Blücher – contra el francés de Napoleón. Era el combate definitivo; quien venciera, sería el país más poderoso de Europa, quizás para siempre. Al otro lado del Canal de la Mancha, en la Bolsa de Londres, los especuladores y los inversores se devanaban los sesos tratando de averiguar el resultado del combate. Y es que una derrota de Inglaterra convertiría sus acciones en el exterior en papel mojado. En cierto modo, no les importaba tanto el resultado como ingleses que eran, sino por la incertidumbre de saber que no podrían convertir sus acciones en bienes más fiables, como metales preciosos.

La misma noche que terminara el combate, un barco especial zarpaba de la costa belga, rumbo a Inglaterra. Su objetivo: informar a Nathan Rothschild del resultado lo antes posible.

Al amanecer del siguiente día, llegaba al puerto de Folkstone, donde lo estaba esperando el mismo Nathan. Y es que tan valiosa información lo merecía. Inmediatamente pusieron dirección a la capital, hacia la Bolsa de Londres.
La histeria de saber que algo importante estaba sucediendo al otro lado del charco y que muchas fortunas se iban a ganar o perder según cómo se actuara, invadía el ambiente de la sala. La llegada de Nathan Rothschild puso los nervios a flor de piel a los que aún mantuvieran un poco de calma. Nadie dudaba que si alguien se debía enterar el primero de lo que en el continente había ocurrido, tenía que ser Nathan Rothschild. Todos los ojos se posaban en él, esperando un gesto que denotara el resultado del combate.

Pero una de las principales características de Nathan, recibida con el ADN de los Rothschild, era su opacidad. Su capacidad para no trasmitir ni una pizca de información, ya fuera positiva o negativa, sobre lo que sabía. Se sentó en su esquina favorita y dejó a sus operadores hacer. Y lo que hicieron sus operadores, que no eran más que las órdenes que Nathan Rothschild les había dado, era vender. Empezaron a vender todas las acciones en bienes extranjeros de Inglaterra. Una tras otra. El precio, comenzó a bajar, primero lentamente, después sin control. Poco a poco los demás inversores habían llegado a la conclusión de que Rothschild sabía el resultado. Y era que Inglaterra había perdido la batalla. Había que vender las acciones, por lo que fuera, para tratar de salvar un poco de dinero. Las acciones cayeron en picado.

En un momento dado, una señal imperceptible de Nathan despertó un cambio de actitud entre sus operadores. Ahora había que comprar. Compraron en un suspiro todas las acciones que pudieron, a precios ridículos comparados con los que tenían antes del comienzo de la sesión.
Como guinda al pelotazo más grande de la Historia, justo en ese momento en que comenzaban a recomprar los agentes de Nathan Rothschild, llegaron los primeros mensajeros informando de la victoria de Wellington, para Inglaterra.

Las acciones empezaron no sólo a recuperar su valor inicial, sino a superarlo. Al final del día, los Rothschild eran veinte veces más ricos que cuando se levantaron de la cama, por la mañana.

III

Mucho odio se cierne sobre los Rothschild. Porque el dinero ganado por la banca nunca es del todo limpio. Por la oscuridad con que siempre se ha movido la familia. Por no saber hasta qué punto son de ricos. Porque tienen poder y dinero suficiente como para tal vez formar parte del G8. Porque son judíos. Porque ganaron dinero cuando muchos otros se arruinaban.
Existe una conspiranoia que defiende que los Rothschild, junto a otras familias de multimillonarios, dirigen el mundo.
Los nazis se cebaron contra ellos, filmando una película (link del Emule) en que se narra la forma en que se enriqueció el padre al comienzo de las invasiones napoleónicas y al final de la guerra, con la batalla de Waterloo.

Tanto la película – en que sólo le falta a los Rothschild salir con un rabo de diablos, de lo manipuladora y mentirosa que resulta – como la teoría de la conspiración (sobre la que hay muchas páginas en Internet y libros publicados ) merecen poco crédito, aun cuando son las únicas que arrojan alguna información sobre esta historia de la Bolsa de Londres. La Wikipedia habla de ella como de una leyenda.

Me quedo con la referencia que desencadenó este post, el libro Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig. En él el autor, que era judío, menciona la historia de pasada, como conocida y cierta. Si algo que ocurrió hace apenas doscientos años, hoy se entiende como una leyenda, tal vez nunca podamos volver a saber la verdad.

Fuentes:
Biblebelievers.org (Extracto del libro defensor de la conspiración «Descent into Slavery»).
Entrada de la Wikipedia sobre los Rothschild.
Película del III Reich ( + 18 años, + 2 dedos de frente ) Die Rothschild (1941). (link de Emule)
Libro Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig.

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5 comentarios sobre “Rothschild y la información”

  1. Si es que los Rotschild eran y son unos «angelitos» … judios o no, importa poco, pero en este caso son judios, y como algo «típico» de judios dominan la banca, cine de Hollywood (falta saber Bombay), la prensa, y mas cosas que no se saben ya que pueden tener capital metido encualqueir sitio de manera anónima con acciones o algo de ese estilo … así que nada de «conspiraciones» … las cosas son como son …

  2. ¿Judíos? Cuestionable…. Lo son por religión, más no confundir con «raza». El 90% de los judíos europeos no descienden de judíos palestinos, sino de judíos jásaros o Khazares. Para más información busque Khazaria.

  3. Claro,claro son hermanitas de la caridad sin apenas poder ni nada, pobres ellos. Por mi que mueran todos, no sería una pérdida.

  4. no todos los judios somos iguales ok mi flia no es rica ni esta cerca de serlo entonces no todos somos iguales

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