Tlön

Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedia (Nueva York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902.

Así comienza, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, del libro de relatos Ficciones, publicado en 1944, de Jorge Luis Borges. El relato completo puede, por ejemplo, leerse aquí.
Dicho relato es, en mi opinión, uno de los mejores de Borges, y por añadidura de toda la literatura en castellano.
La narración Tlön, sin embargo, pudiera constituirse como un relato en sí mismo. El propio Borges realizó una acotación en la historia, separando el relato en dos partes y una posdata.
Las 1.326 palabras que componen el relato de Tlön, son quizás, las más perfectas de la literatura en castellano. Incluye un comienzo sorprendente, alguna frase en inglés, la cita de varios libros y enciclopedias en su idioma original.
Los personajes del relato – Borges, Bioy Casares, Carlos Mastronardi – son escritores reales. Se menciona a De Quincey, el escritor que mayor influencia tuvo en la escritura de Borges. Algunos de los autores cuya bibliografía se cita son exactos, algunos de los libros están mal atribuidos y otros sencillamente son inventados.
La forma de moverse entre realidad y ficción de este relato es, sin dudarlo, la más perfecta que jamás se haya conseguido. La historia de la búsqueda de Tlön, detectivesca, recuerda a las búsquedas actuales a través de Internet. El resultado final, estremecedor e inquietante.
La lectura del relato de Tlön no debe realizarse frente a la pantalla de un ordenador o en el autobús, camino del trabajo. Debe hacerse en casa. A ser posible en soledad y bajo un silencio absoluto. Deteniéndose en cada palabra. La escritura de Borges se caracteriza por lo concreto de su lenguaje, la densidad del texto es máxima. Sólo hay que pensar que la historia más larga que Borges escribiera es el relato de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Unas escasas 20 páginas. El relato de Tlön no son más que dos páginas en formato Word. La cita de libros cultos ,una constante en la escritura borgiana, puede resultar molesta o innecesaria. En este caso, es totalmente pertinente.
Estructuralmente la forma de escribir de Borges es suprema. Su capacidad para llevar una historia, partiendo de un hecho trivial, hasta lo más sublime, aún no ha sido igualada. Tras leer Tlön, más de una vez si se considera necesario, se puede uno detener en el proceso creador del escritor, desde delante hacia atrás. Comienza hablando de un espejo y termina descubriendo otro mundo.


La verdadera ficción, la escritura imaginativa, no requiere de naves espaciales o robots. Borges es su máxima expresión. Puede decirse que este escritor argentino fue una de las personas más inteligentes de todos los tiempos. Cuando se realizan rankings de genios de la historia, los primeros puestos suelen adjudicarse a científicos o militares, obviando en muchos casos a las gentes de letras. El lenguaje es el hombre mismo, no hay conocimiento más difícil y complejo que el que pueda obtenerse de su estudio. Inventar el teléfono o la energía nuclear no dejan de ser formas elaboradas poco más meritorias que el simiesco tallado del silex.
Borges eran bilingüe – en su casa se hablaban indistintamente castellano e inglés – y conocía bastante bien el alemán y el francés. Aun cuando suele referirse a sus conocimientos de latín y griego como “propios de un aficionado”, probablemente los conocía tan bien como un recién licenciado actual en cualquiera de estas filologías.
Su capacidad para leer a los mejores autores de todos los tiempos, en sus propios idiomas, le acompañó en su obra, con las referencias a libros extraños.
Aunque su poesía está muy bien considerada, sus libros de relatos Ficciones y El Aleph son el mayor legado de su autor. Si hubieran formado parte de un único libro bien pudiera considerarse este el más grande de todo el siglo XX, y fuera de los localismos literarios – El Quijote, Hamlet, La Divina Comedia, Fausto…- la mayor aportación a la literatura mundial de todos los tiempos.
La inteligencia suprema de Borges le llevaba a tratar una historia con la técnica de un crítico literario, el conocimiento de la lengua de un académico, la cultura de un bibliófilo. Pero por encima de todo eso, afloran temas supremos: El infinito, el todo, lo único – Dios, al fin y al cabo.
Su obra de ficción fue tan corta que no tuvo tiempo a triunfar internacionalmente tanto como mereció. En los años 60, cuando ya casi había terminado de escribir, alcanzó el reconocimiento fuera de su país. Al no escribir nuevas obras, no pudo ganar premios literarios de renombre.
En mi opinión, Borges estuvo muy cerca del absoluto, por su inteligencia y su capacidad de expresión. Bien pudo haber escrito cientos de libros soberbios, merecedores de premios Nobel consecutivos.
Sin embargo, como pueda ocurrirle a cualquier persona, se esforzaba por escribir sobre el límite de sus capacidades. Había llegado más lejos en el conocimiento humano que ninguna otra persona, pero sentía la frustración del que quiere ir un poco más allá y ve como no es posible. Como muchos de los personajes de sus obras, esperaba encontrar el infinito, quizás plasmarlo en el Gran Libro. Tal vez para bien, no llegó tan lejos.
Resulta complicado seleccionar algo de entre una obra que ya de por sí es selecta. Ficciones y El Aleph son dos libros de los que casi cada relato es magnífico. Quizás su obra más perfecta sea el relato El Aleph.
En mi opinión – como en todo lo hasta aquí escrito – Borges no es una cuestión de gustos. Su grandeza es como las matemáticas, no admite opiniones. Si su obra te resulta difícil o no tan buena quizás deberías esperar a una relectura. No es literatura de entretenimiento, es auténtico pata negra y debe leerse como tal: sin atracones, en el estado de ánimo adecuado, y dispuesto a saborear.

2 comentarios en “Tlön”

  1. El buen zrubavel tratando de dar cátedra, como siempre. :-)
    curiosamente ahora mismo acabo de leer Ficciones, y sí la historia de Tlön es todo un logro, supongo que la mejor de todo el libro (y de El Aleph difiero, yo considero “el zahir” como una obra maestra).
    Borges es un autor que no es complicado, como muchos lo tildan; la fluidez de sus palabras es poco equiparable con la de cualquier otro autor. not even los considerados “grandes” -considerados así por su lejanía de la compresión popular- lograron transmitir sensaciones, que no sentimientos, a traves de las letras. La grandeza de Borges tal vez pertenece justamente a sus circuitos poco reconocidos en la calle; mientras que todos presumen haber leído algo de shakespeare o Gabo, pocos admiten haber leído Borges. esa facilidad tan compleja, ese dualismo puede llevarlo a los anales de la historia, pero creo yo que no a los del nobel, precupado más por “new waves” del “statement” que por proposiciones tipo matemáticas.
    Además creo que Borges no es para leerlo en silencio; el ensimismamento es casi inmediato, los escritos son completamente urbanos, llevando una burbuja de… algo (ok, no puedo definirlo, pero “algo”) justo al corazón del caos citadino; Borges nos recuerda que aún puede haber un Tlön incluso dentro de la seguridad de nuestras vidas estandarizadas; nos previene de encontrarnos un Zahir para no romper las vanas prioridades que nos ocupan; lugares y objetos de tiempos inmemorables que coexisten con nosotros, aquí, ahora.
    Y ese es el mérito de Borges; que él es el Zahir.

  2. Hace mucho que no releo El Aleph, pero tengo muy reciente Ficciones, y el Libro de Arena, que no es una recopilación menor, aunque lo has dejado fuera.
    De Ficciones, le tengo especial cariño a Funes el Memorioso, aunque no esté considerado como su relato cumbre.
    De el Libro de Arena, me apasiona El otro, su encuentro con su yo desdoblado y anciano, el Congreso o El espejo y la máscara (al modo de los cuentos escandinavos).

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