Abono de la Orquesta ORTVE

Este viernes terminaba la temporada de conciertos de la Orquesta de Radio Televisión Española. Como para tanta otra gente, uno de mis propósitos habituales era «ir más al teatro». Pero por una cosa o por otra siempre se acaba dejando de lado, como para tantos otros propósitos.
Así, para forzarme un poco, me aboné el año pasado a los conciertos de la Orquesta de Radio Televisión Española (ORTVE). El abono no es más que una compra de todas las entradas para la temporada. Las entradas no tienen tu nombre así que se pueden revender o dar a un amigo. La compra de todas las entradas tiene la siguientes ventajas:

  • Sólo tienes que ir a taquilla una vez
  • Obtienes un descuento del precio de cada una de ellas por separado, como un 10%
  • Siempre te sientas en la misma silla (esto también puede ser una desventaja) eso te identifica con el territorio y te hace sentir más cómodo, como si estuvieras en tu casa

Aparte, los abonados tienen la opción de algunos conciertos gratuitos, para los que sólo hay que recoger la entrada en taquilla.
Los abonos de esta orquesta dividen la temporada en dos partes, conciertos «A» y «B». Se van dando en semanas sucesivas, por lo que el que se abone a uno de las dos series, sólo tiene que ir al teatro cada dos semanas. Creo que es una medida racional; si se va cada semana puede convertirse más en una obligación que en un placer.
A modo de resumen y para el que le pueda interesar, cuento la experiencia en general.
1) Público. Como ya expliqué en otro artículo, es gente entre mayor y muy mayor. No me gustan demasiado los abueletes y no abundaré más en el tema. Sin considerar la edad, la gente no es especialmente educada. He visto a gente cambiarse de sitio (algo muy habitual en cualquier espectáculo; compras la entrada barata y te mueves al asiento caro) una vez ha empezado la música. Esto puede ser de tener más o menos educación, pero en música clásica es una desfachatez. Hay que respetar a los músicos, más que al resto del público, pues están en un estado de concentración muy intenso y una distracción de ese tipo le puede descentrar por completo y eso puede significar que comentan errores y esto a su vez a que pierdan su puesto en la orquesta – y con él su trabajo.
Como sólo estoy abonado a la mitad de los conciertos, cuando tocaron la Sinfonía nº9 de Beethoven compré entrada aparte. Al hacerlo en el último momento me tocó en el «gallinero» (visibilidad reducida + de lejos + sillas apretadas + calor). Allí lo cierto es que la vergüenza estaba por completo olvidada. Hubo gente hasta a la que le sonó el móvil ¡Y respondió!
A los que les parezca que soy quisquilloso, que lo soy, deben entender que la música clásica no es como el cine. En el cine, muchas veces, vas a una película de estreno y quieres enterarte de lo que ocurre. En la música clásica vas a una película que ya has visto mil veces. Quieres oírla con calidad de sonido, pero también es sobre todo una experiencia. Es muy infrecuente eso de «escuchar música», normalmente se oye mientras se hace otra cosa. Pero estar simplemente escuchando es una experiencia gratificante que puede romperse con cualquier distracción.
2) Orquesta. La Orquesta de RTVE es una orquesta excelente. Son buenos músicos, la calidad de sonido del teatro es bastante buena. Traen a solistas de talla mundial. Los directores, Adrian Leaper es el titular, suelen ser de prestigio internacional. Sólo se puede hablar bien de los músicos de esta orquesta.
3) Taquilla. El personal de las taquillas del teatro es lo peor del funcionariado en España. Aplican el horario al milímetro, te pueden cerrar la taquilla a las 18:59:59 con un único cliente esperando ser atendido. Atienden de mala gana, hablan por teléfono en larguísimas llamadas personales y te tienen esperando. La gestión de la venta de abonos es del siglo XIX: casi todo se escribe en papel (me imagino que porque una empresa externa introducirá la información en el ordenador) se esperan colas absurdas de horas para atender a una docena de personas. No hay que despedir por edad, hay que despedir por ineficiencia.
4) Instalaciones. El Teatro Monumental es un poco antiguo, pero se han realizado algunas remodelaciones y no da la impresión de «esto se puede venir abajo en cualquier momento» que dan algunos cines «con solera». Las butacas son cómodas (el gallinero es otra cosa, allí demasiado es que se puede uno sentar) la temperatura es agradable. Hay suficientes acomodadores y son personas amables.
5) Trato al abonado. Una cosa que me molesta muchísimo es cuando te piden todos tus datos en un sitio, a veces con exagerado detalle, para luego no hacer uso de esa información -salvo para el envío de publicidad o venta a empresas de publicidad. El teatro estuvo cerrado en tres conciertos y ¡Nadie me llamó o me envió un email o me mandó una carta! ¿Para qué querían esos datos entonces? Cuando ha habido conciertos especiales para abonados tampoco me han avisado de nada. Hoy en día se pide la información de forma rutinaria, como un robo que debes tolerar.
En los conciertos anulados te encontrabas bastante gente en tu misma situación: hecho un tonto, te tenías que volver a casa y preocuparte de recuperar el dinero de la entrada pasando otro día por taquilla (¡Porque las taquillas no admitían devoluciones hasta la semana siguiente!). Lamentable gestión.
6) Piezas musicales. En los conciertos a los que he ido se ha llegado a un razonable equilibrio entre piezas clásicas (siglo XIX para abajo), piezas «modernas» (1900-1960), estrenos (siglo XXI), música coral y aniversarios (este año era el del 75 cumpleaños de Anton García Abril).
Lo bueno de estos conciertos es la obligación. Si vas por gusto sólo lo haces a aquellos en que se tocan tus piezas favoritas, como la antes citada Sinfonía nº9 de Beethoven o el llenazo de Carmina Burana. Jamás iría por voluntad propia a un estreno de una obra de Antón García Abril. Y luego puede ser una agradable sorpresa – como sucedió con el concierto de cierre – o una enorme decepción, pero siempre es necesario situarse ante situaciones nuevas. De esta temporada salgo con una imagen mejorada de Schubert o Bruckner. El descubrir cosas nuevas a veces sólo se consigue mediante la obligación, como cuando se oye la radio.
7) Programa. El programa de mano de la ORTVE es quizás lo que más agradablemente me ha sorprendido de todo. Excelentes las introducciones de Pablo Larrañeta: eruditas e interesantes, dos adjetivos difíciles de compaginar. Es una pena que ese material no se publique aunque sea en un blog, y se quede en la lectura caprichosa del día del concierto.
Hay muchos Pablo Larrañeta en Internet, pero ninguno que parezca tener relación alguna con la música. ¿Cómo es esto posible? Su capacidad para encontrar paralelismos entre piezas que, a veces, carecen de toda relación. O para narrar el momento exacto en que se compuso una determinada obra. Su estilo recuerda al mejor Stefan Zweig (http://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig), informando, entreteniendo y sin perderse en divagaciones.
Aprovechando que esto es una página sin ánimo de lucro, voy a reproducir uno de sus programas. La descripción de la Sinfonía nº4 de Chaikovski, al tiempo que va desvelando la biografía del compositor es una verdadera maravilla, esbozada con gran precisión en muy pocas líneas. Se puede ver una imagen más grande con solo ir pinchando en cada una de ellas.
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