El quinito

El juego del quinito es más bien simple. Se juega entre varias personas. Una de ellas comienza lanzando dos dados y dice, sin mostrar, la puntuación obtenida. El siguiente jugador debe elegir entre afirmar que el jugador anterior mentía ( y mostrar su jugada ) o tirar a su vez para tratar de mejorar la jugada.
Pierde el jugador que no supere la tirada de su rival, ya sea porque mintiera en su resultado y el siguiente jugador levante su tirada, descubriendo la mentira , o porque levante la tirada del rival y se demuestre que aquel había dicho la verdad.
El juego es sencillo y más bien aburrido. Pero gusta mucho a la gente, sobre todo porque a veces se utiliza para los consabidos juegos de botellón en el que pierde, tiene que beber una copa.
La dinámica del juego me recuerda al comportamiento de los inversores en un mercado regulado y especulativo, como el de la vivienda en España.
El primer jugador tiene una casa que, digamos, le costó barata a 100.000 euros. Para obtener algún beneficio, decide venderla por 110.000 euros.
El siguiente jugador tiene que pronunciarse sobre esa casa. Puede comprarla al precio que oferta su compañero, o decidir que es demasiado cara y, apostar a que su rival ha pedido un precio muy alto y no comprar.
En la siguiente transacción, por fuerza hay que poner un precio más alto. Digamos ahora que la casa se vende por 130.000 euros. El próximo jugador lo tiene más difícil como para pensar que podrá comprar por ese precio y vender en el futuro por una plusvalía. La actitud equivalente a «tirar los dados de nuevo» sería comprar esperando vender por más. La actitud de «levantar la tirada» sería esperar sin comprar y demostrar que, con el paso del tiempo, el ahorro podría ser mayor.
Por supuesto, llega un momento en que la casa que, inicialmente costó 100.000 euros, ahora cuesta 250.000 euros. Resulta impensable que alguien pueda comprarla por ese precio y venderla obteniendo algún beneficio, pero que se lo digan al segundo jugador, que ya tuvo sus dudas a la hora de comprarla por 110.000 euros y se ha demostrado que optó por la decisión correcta.


La actitud de los jugadores es la misma que la de la ciudadanía en el mercado inmobiliario en España. La mayoría culpa al gobierno por tener una normativa blanda que facilita el intercambio de viviendas, que permite especular con terrenos y que, en gran medida, es el culpable de los precios del suelo.
ESTADO = REGLAS DEL JUEGO
Otros más avezados se enfandan ante el jugador que compra a 130.000 euros para después vender por bastante más.
ESPECULADORES = JUGADORES MENTIROSOS
Sin embargo, cuando juego al quinito, a quien considero el principal culpable de su mala suerte es a aquel que compra ese piso a 130.000 euros, sin entender si el precio es alto o bajo. Ese jugador es el que, con su siguiente tirada, le pondrá las cosas más difíciles al siguiente tirador.
COMPRADOR = JUGADOR CRÉDULO
En el juego del quinito, no nos molesta la gente que siempre miente, lejos de eso, nos resulta patética la figura del jugador que siempre cree a su rival, por exagerada que sea la puntuación que le cuela el mentiroso. A veces, estos jugadores tienen la suerte de superar la ya inflada puntuación que su predecesor ofreció. Eso nunca justificará su error. Quizás provocará que el siguiente jugador tenga que superar lo imposible, tenga que verse obligado a perder.
En el mercado inmobiliario español, el principal culpable de los precios es «el españolito de a pie». Es el jugador crédulo de quinito que perjudica a sus semejantes, al creerse la mentira del rival que le precede. Y es el que se lo pone difícil al que le sigue. Como dijera Escolapius en el foro de Idealista:
El que realmente sostiene todo el tinglado especulativo que se ha montado con la vivienda en este país es el último eslabón de la cadena: el pringado que se compromete a pagar una hipoteca de treinta años, por un piso que no lo vale, pero lo cuesta. Este se compromete a trabajar el resto de sus días, privándose de cosas esenciales (libros, viajes, comida, cultura) para devolver la deuda lo antes posible. Deuda que alimenta los bolsillos del que le ha pasado el piso, de la inmobiliaria, del heredero, del promotor, del banco, de hacienda, todos ellos han podido comprar su 4×4, su otro piso, su otra finca, su otro banco, su superávit gracias al hipotecado. Dios (mercado) le bendiga.

4 comments

  1. Mira que el tema inmobiliario me la suda bastante, básicamente porque no tengo capacidad de acción y, generalmente, las cosas en las que ni pincho ni corto no me suelen interesar mucho.
    Pero ciertamente, esta explicación me ha gustado mucho, también le vería cierto símil con el llamado «Juego de la cerveza» en el que una subida de demanda provoca una serie de bandazos de locura que terminan con stocks sobredimensionados.
    Tal vez la entrada de tanta gente en el país podría verse un poco por ahí, un exceso de demanda seguido de una rotura de stock y finalmente en una inundación de la oferta, no se, te lo dejo como idea por si le quieres dar una vuelta.

  2. Hola, aquí en valencia el juego del quinito que describes se llama «mentiroso». Mentiroso porque solamente mintiendo es como puedes llegar a ganar la partida. Si logras mentir y colarle una tirada alta al siguiente jugador, este lo tendrá mas dificil para colarsela al siguiente y puede que pierda.
    En todo este juego, los especuladores (los autenticos y buenos especuladores) son los que han ganado la partida ya. Todos los que especularon en su momento, ganaron chorropotocientos millones de pesetas y se retiraron a tiempo son los ganadores.

  3. Lamentable, pero cierto, entre todos hemos colaborado para llegar a esta situación de no retorno, en cuanto a los precios me refiero. Levantar cabeza va a costar toda una vida de privaciones en un sociedad que potencia todo lo contrario: ARRIBA EL CONSUMISMO

  4. Pero qué artículo más genial. Mis felicitaciones. Has mostrado en una metáfora perfecta la tan discutida situación de la vivienda en España.

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