El robo de obras de arte

El robo de arte se cuenta según Interpol entre los delitos más lucrativos, junto con el narcotráfico y el tráfico de personas.

De los delitos contra obras de arte se sabe más bien poco, si acaso la manida frase que he citado más arriba. Por eso me decidí a leer un libro sobre el tema, y ahora voy a destrozarlo por completo, resumiendo todo lo que tiene de interesante para quitaros las pocas ganas de leerlo que pudierais tener.
Para vuestra tranquilidad no está traducido al español y probablemente nunca lo estará, por cuanto no ha sido un gran éxito de ventas: Stolen Masterpiece Tracker, escrito por Thomas McShane y Dary Matera.
Os recomiendo su lectura. Si no, seguid leyendo esto.


Thomas McShane fue el mayor especialista en robos de arte de Estados Unidos en las décadas de los 70 y 80, trabajando para el FBI. Ahora es un agente retirado y puede contar muchos de los casos a los que se enfrentó en su carrera profesional. No es uno que habló con uno que vio algo. Es alguien que estaba allí cuando las cosas sucedieron. Dary Matera es un escritor profesional que se ha encargado de escribir el libro en sí. En España Dary no aparecería por ninguna parte, sería un «negro», el escritor en la sombra.
Sobre los robos de arte
Robar un cuadro es realmente sencillo. Las medidas de seguridad de un museo o galería son casi siempre muy superficiales, a veces rozando lo grotesco. Desde luego, robar Las Meninas del Museo del Prado son palabras mayores, pero robar algún Velázquez de Madrid debería resultar asequible.
En el libro se cuentan algunos casos de robos que se realizaron casi a desgana, porque era tan fácil hacerlo que el ladrón se sintió casi obligado.
Vender un cuadro robado es lo complicado. En realidad es algo prácticamente imposible. No hay una gran demanda de cuadros famosos robados. El que tiene el suficiente dinero para comprar un Renoir robado prefiere buscar una forma honrada de conseguirlo.
Además, los delincuentes están totalmente alejados del mundo de personas interesadas en arte. Esto les obliga a contactar a numerosos intermediarios «¿Tú sabes de alguien interesado en un Van Gogh?» que acaban comprometiendo la posible venta hasta hacerla imposible.
Es por eso que se recuperan tantas obras de arte famosas. El ladrón tiene algo invendible que sólo puede causarle problemas. Lo triste es que no sabe la dificultad de su venta hasta que trata de llevarla a cabo. Si se hubiera informado en Internet antes, habría buscado algo más sencillo de vender. Así, si eres un ladrón que plantea robar una obra de arte y has llegado hasta aquí por un buscador: mejor que no lo hagas.
Los cuadros se venden a precio de saldo. Un 10% del precio de mercado es lo habitual. Así dicho no suena mal, pero vender un cuadro de 5 millones de euros por tan solo 500.000 euros, es una enorme pérdida de rentabilidad. Así, cuando se habla de que es un delito muy lucrativo se incurre en un error. El dueño del cuadro ha perdido 5 millones de euros, pero el que lo ha robado sólo ha conseguido 500.000, luego el lucro es mucho menor a lo que se mide en las estadísticas oficiales.
Los cuadros sufren mucho con los robos. Quitarles el marco de forma brusca y precipitada, enrollar las telas, suelen ser prácticas habituales de los delincuentes. Y unas costumbres que literalmente destrozan el trabajo del artista, a veces hasta dejarlas casi irrecuperables.
El volumen de cuadros robados es gigantesco. Se lleva robando arte desde hace siglos. Durante las guerras se roba arte a gran escala, museos enteros son expoliados. Se habla mucho de los robos de arte de Hitler pero no se dice que poco después casi todo el arte que pertenecía a Alemania lo robaron los rusos y los aliados. Las mejores pinacotecas de autores alemanes están en manos de coleccionistas rusos. En muchos casos, ni siquiera el Gobierno Alemán es consciente de que se haya producido ese robo, al no existir catálogos de lo que existía antes de la guerra.
En Irak se expolió, en cualquier país que se produzca un golpe de estado se roba masivamente. Todo esto facilita la existencia de un enorme mercado negro.
Los cuadros robados los compran los árabes. Seguidos por los asiáticos, que encuentran difícil conseguir obras de pintores importantes a precios razonables. En los países occidentales es muy peligroso tener obras de arte robadas, aunque sólo sea por el desprestigio hacia sus compradores.
Sobre las obras de arte robadas
El seguro de las obras de arte es muy bajo. Normalmente una galería o un museo no puede permitirse pagar el seguro acorde a las riquezas que posee y al riesgo de perderlas.
El precio justo del seguro del cuadro «El Grito» de Munch, de gran valor económico y objetivo de los ladrones en más de una ocasión, puede ser de un cuarto de millón de euros anual. Sólo con ese dinero se podría pagar los gastos de casi todo el museo durante un año. Por eso el museo prefiere asegurar la obra por un precio muy inferior a su valor de mercado.
El robo revaloriza la obra. A diferencia de casi cualquier otra propiedad, el hecho de que un cuadro haya sido robado, hace que su precio se multiplique, a veces de forma exhuberante. Ojalá te roben un cuadro y lo recuperes, podría ser una bendición gitana.
Hay numerosos cuadros famosos simplemente por haber sido robados. Otros son de los más famosos del mundo por haber sido sustraídos, no por méritos propios.
La paradoja del seguro. Una situación habitual y un tanto paradójica es la que se produce cuando un cuadro es perdido para siempre. El seguro paga la cuantía correspondiente cuando ha pasado un determinado tiempo sin que este haya aparecido. Pero si trascurrido ese tiempo, el cuadro reaparece, el seguro se queda como dueño de la obra de arte.
Lo cual es como si te toca la lotería: normalmente el cuadro estaba asegurado por mucho menos de su valor real y además se revaloriza por haber sido robado. Una aseguradora puede pagar 100.000 euros por un cuadro que cuando es recuperado vale 2.000.000 de euros.
Los robos los investigan las aseguradoras. Como es fácil robar un cuadro, si no se captura de inmediato a los ladrones, la policía poco puede hacer. Además estos delitos suelen ser a nivel internacional: se roba la obra en un país y se vende en otro. Muy pronto no hay nada que pueda llevar a detener a los autores del robo.
Pero las aseguradoras tienen un aliciente económico enorme como para intentar recuperar el cuadro. Normalmente sus detectives son los que consiguen mejores resultados, al margen de la propia policía.
En una situación win-win, lo ideal es pactar con el ladrón la devolución de la obra a cambio de un dinero. La aseguradora se queda con el cuadro por poco dinero y de manera legal. El ladrón consigue lo mismo que le esperaba en el mercado negro (en torno a un 10% de su valor). Y el mundo recupera un buen cuadro.
Artistas más valorados. Unos autores son más cotizados que otros en el mundo del robo de arte. En especial aquellos con producciones escasas, como el pintor Veermer o Leonardo Da Vinci. O aquellos cuya obra está muy atomizada, en manos de unos pocos, como puede ser el caso de Rafael o El Greco.
Estos autores normalmente están fuera del mercado convencional. Nadie en su sano juicio vendería uno de los pocos Da Vinci que existen. Por eso a veces se recurre al robo a la carta. Y estos autores son los principales objetivos de los ladrones muy profesionales.
Aunque otros autores aparezcan como los más cotizados, es ficticio. Nuestro admirado Picasso es un pintor que ha dejado miles de cuadros, lo que hace que cambien de dueño con facilidad. Y también que sean robados con frecuencia. Pero el sueño de un ladrón nunca será un Picasso, al menos no «un Picasso del montón».
Sobre los métodos policiales
La habitación pinchada. Cuentan en el libro que los sistemas que existían ya en 1980 para llenar una habitación de micrófonos eran tan eficaces que aunque uno los buscara, no era capaz de encontrarlos.
Salvo los detectives que se dedican a eso, el resto del personal del FBI no conoce el sistema, que es un secreto muy bien guardado. Así, si un delincuente quiere encontrar los micrófonos en una habitación, primero tiene que haber torturado a alguna de las pocas personas que poseen la información. Y luego le tocará buscarlos. Me imagino que hoy en día, con Internet, todo será más sencillo.
La operación encubierta. Aunque en las películas suela ser de otra forma, en una operación encubierta los policías disfrazados suelen llegar varias horas antes de que suceda la operación. Y sobre todo, se tienen que quedar muchas horas después para seguir guardando las apariencias.
Por eso, si un delincuente se cita en un hotel con el agente encubierto, se prepara todo el sistema de vigilancia, y luego el criminal anula la cita, los agentes se ven obligados a pasar horas actuando para nada. Sirviendo copas en el bar, limpiando habitaciones de hotel, fregando escaleras. Eso suele resultar muy molesto, por lo que el agente que concerta la cita trata de mantenerla todo lo posible, para evitar que el resto de compañeros lo abronquen. Esto por supuesto puede dificultar la captura, pero al final lo más importante es no arruinarle la noche a todos tus compañeros de trabajo.
El dinero. Uno de los principales quebraderos de cabeza para este agente encubierto del FBI, encargado de recuperar obras de arte, era la escasez de dinero. Normalmente atraía a los ladrones haciéndose pasar por un comprador interesado. Era realmente sencillo atraparlos, salvo por el detalle de que normalmente no llevaba el dinero suficiente para pagar el cuadro, algo que ponía a menudo su vida en peligro.
El modus operandi estándar era quedar con los ladrones, llevando el dinero prometido. Estos muestran la obra que es examinada para comprobar que no se trata de una falsificación. Esto es algo que el propio agente aprendió a hacer, lo que lo convertía en una de esas personas con una profesión única en el mundo: nadie tiene tales conocimientos de arte y además una placa del FBI.
Tras realizar la verificación de la autenticidad, que podía llevar horas, se procedía a la detención de los ladrones. Pero claro, todo el tiempo se ha estado trabajando sin el dinero por delante. Y a veces los ladrones querían un show me the money (enséñame el dinero) y claro, eso los ponía nerviosos y agresivos.
Los medios. El FBI tenía una política muy agresiva de control de dinero para evitar fraudes por parte de los empleados. Sin embargo, para los medios físicos temporales, no había límites. De ahí que el agente encubierto pudiera presentarse en un jet privado (estamos hablando de hace 30 años) o en las habitaciones más lujosas de los mejores hoteles. Eso sí, sin tener 15.000 dólares para pagar un adelanto a los ladrones.
A veces este agente conseguía para su caracterización piezas increíbles, como un reloj de oro propiedad del Presidente de los Estados Unidos. Y de nuevo sólo unos cuantos dólares en el bolsillo.
Las operaciones. Aunque en televisión todas las operaciones parezcan calculadas al milímetro, la realidad es que no es asín. Muchas veces el agente encubierto hablaba sólo un par de horas antes con el resto del equipo. La improvisación es fuente de problemas.
Por ejemplo, en muchas operaciones el infiltrado estaba en una habitación con los ladrones mientras que el resto de compañeros oían todo gracias a los micrófonos. Para provocar la detención, el infiltrado tenía que decir una palabra clave, normalmente algún guiño entre los compañeros. Pero en alguna ocasión, por falta de previsión, el agente decía esa palabra pero los otros no se daban cuenta y lo dejaban pasar, complicando mucho la detención y la seguridad de ese compañero.
La detención. Para que el agente secreto mantenga su personalidad ficticia, es imprescindible que no se le descubra ante los ladrones. Por ello, cuando entran el resto de policías a detenerlos, es tratado como un criminal más.
Pero claro, esto puede significar llevarse un puñetazo en el estómago que te deje semiinconsciente, o recibir directamente una paliza. O pasar más tiempo del necesario en la cárcel porque a alguien se le ha olvidado sacarte de allí. Y si la operación ocurre en el extranjero, la situación se puede volver aún más complicada.
A pesar de estas penurias, el escritor del libro nos revela su pasión por una profesión maravillosa, que no cambiaría por nada del mundo. El contacto directo con arte de primerísima fila, el reconocimiento a su trabajo, el no sólo salvar a una ancianita sino al mismísimo Patrimonio de la Humanidad, es algo que pocos tienen a su alcance.
Además, con el libro se aprenden muchas cosas sobre el arte, detalles y anécdotas curiosas. Pero ya es demasiado tarde: Os he destrozado el libro.

11 comments

  1. No sé, me parece un poco inverosímil el hecho de que hubiera tanta camaradería entre los agentes en el momento en que uno se preocupaba de que la cita se mantuviera a la hora adecuada para no «destrozarles la noche» a los demás y que luego fueran capaces de olvidarse a un compañero detenido en la cárcel.

  2. Hace algunos años visité Oxford con una amiga. No teníamos ni un duro y para pasar el rato nos colamos en una abadía mezclados con unos turistas y un guía.
    Al rato nos aburrimos y nos despegamos de nuestro grupo. Entonces nos quedamos solos en una sala en la que había varios cuadros. Yo identifiqué uno pintado por El Greco.
    La verdad es que reconozco que mi observación era sólo para impresionar un poco a la chica. Ella era polaca y no conocía al pintor. Yo le expliqué quién era «El Greco».
    Ella se acercó al cuadro lo miró, tocó el marco y estaba medio suelto. Lo levantó y lo descolgó (sería más o menos del tamaño de un DIN-A 3). Un escalofrío me recorrió el cuerpo, estábamos cerca de la entrada, no había guardas, la puerta la había abierto el mismo guía con una llave.
    Colgó de nuevo el cuadro y nos fuimos tranquilamente por la puerta principal. De vez en cuando pienso en ese momento y fantaseo con la posibilidad de que me hubiese llevado el cuadro.
    Es una de las cosas más raras que me han pasado.
    [Comentario zrubavel: Reconoce que te remuerde la conciencia por no habértelo llevado a casa. La obsesión por una obra de arte suele comenzar con historias como la que cuentas.]

  3. He pasado de tu recomendación y he leído el post completo. Muy interesante al menos para mí que no tengo ni idea de pintura.

  4. Ya me han contado decenas de libros y no por eso dejé de leerlos, así que gracias por la recomendación :)

  5. Sé que es una opinión personal, pero ¿podrías mantener la entrada completa por feed? Comprendo que el «Continuar leyendo» tenga sentido en la portada para no colapsar todo lo visible con un único post, pero al seguirlo desde un lector se hace más incómodo. Bueno, como tú veas.
    [Comentario zrubavel: En este caso lo del continuar leyendo tenía sentido para evitar destrozar el libro.
    En general también sufro por los feed parciales de otros, pero como argumentaban en Freakonomics: «Si no estás dispuesto a hacer un click para leer la información completa, es que no estás demasiado interesado en ella.»
    Creo que la principal justificación para de vez en cuando colar un feed cortado es evitar que el robo de contenidos no sea tarea trivial.]

  6. «En una situación win-win, lo ideal es pactar con el ladrón la devolución de la obra a cambio de un dinero.»
    Realmente es una situacion win(aseguradora)-win(ladron)-loose(museo o sala de arte que recomprara), de hecho si yo fuera una aseguradora poco respetuosa de la ley (cosa que por supuesto ninguna aseguradora es) contrataria al ladron directamente para el robo.
    me estoy leyendo Catch-22, gracias por cada recomendacion y por el blog, siempre que puedo lo leo.
    PD: te recomiendo la lectura de «Economia en una leccion», tanto si tu postura es liberal, social democrata, y todos esos epitetos que usan los politicos para repartirse la tarta. Mas que nada por percibir como el mundo y las crisis son siempre unicas? y se tratan de manera igual?
    «Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.» sabeis de cuando es esta frase?

  7. Buen artículo, pero lo de que la aseguradora se quede en propiedad el cuadro pasado un tiempo suena bastante extraño, como que imposible. Supogno que en algunos países funcionará de esta manera peor en España con las leyes de patrimonio sería ilegal, ya que se trataría de un bien colectivo.
    Y aún así, no suena muy lógico que los museos accedan a esa especie de pactos en el que si yo recupero la pieza entra en mi propiedad. A lo mejor me equivoco y lo he entendido a mal pero por lo que yo he entendido resulta harto extraño.
    [Comentario zrubavel: En el libro aclaran que si la obra se recupera después de mucho tiempo (fácilmente pueden pasar lustros hasta que se recupere un cuadro robado) por derecho la obra pertenece a la aseguradora. Aunque también indican que normalmente las aseguradoras trataban de devolver la obra a sus dueños originales, más que nada para no perder un buen cliente o tener mala imagen, pero que puede que recuperaran el cuadro y algo tuvieran que pagar; Eso también.]

  8. Quisiera saber si puedises valuar un cuadro de 1442, para lo cual quisiera un correo electronico para enviar fotos, gracias

  9. En 1946 desaparició en un incendio producido en el Ministerio de Marina de Madrid el cuadro propiedad del Museo del Prado ¡Se aguó la fiesta! de Enrique Mélida.. 70 años más tarde, proveniente de Méjico se subastó en la Sala Durán de Madrid un cuadro del mismo autor, idéntico al desaparecido.
    Existen datos que me hacen pensar que fue el mismo que desapreció en el Ministerio de Marina
    http://torodemelida.blogspot.com.es/
    Toro de Mélida

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