Pajaros

Los que se cuenten como miembros de la generación i-pod no entenderán nada de lo que a continuación detallaré. Pues este texto se refiere a las cintas de casete, ese antepasado de los actuales formatos digitales.
Mucha de la gente de mi edad ha vivido su periodo de educación musical escuchando música de casetes. El poder grabar piezas de la radio o de otras cintas supuso todo un avance en la difusión de la música. Simplemente eran otros tiempos, ahora cualquiera tiene la discografía completa de los Beatles, antes conseguir un buen disco de un autor que nos gustaba era motivo de alegría para un par de semanas.
El proceso de grabación, sin embargo, generaba unos residuos. Si en una cinta tenías un disco de Michael Jackson que duraba 22 minutos, y grababas encima de él el Concierto de Aranjuez, de tan sólo veinte minutos, salvo que te pusieras a limpiar sobrantes – algo que poca gente hacía – te encontrabas al terminar la pieza del maestro Rodrigo, con un estridente grito de Michael Jackson: sonaba la mitad de la penúltima canción del disco anterior.
Los residuos a veces se anidaban y al final del disco de pop seguía un trozo de un programa de radio. Y a éste, un movimiento de una sinfonía de Mahler.
Los finales de cinta, cargados con músicas que se había preferido olvidar, podían conseguir, llegado su momento, mayor protagonismo que la propia música que contenía la cinta. Porque a veces ese fragmento desechado, acababa gustando. Y las más de las veces, al menos a mí, se me despertaba la duda por reconocer al autor o la pieza. Porque muchas veces, ni se recordaba qué era lo que había allí sobregrabado.
Con el tiempo, algunos de los finales de cinta se han convertido en mis piezas musicales favoritas, lo cual no deja de ser paradójico, por cuanto fueron músicas descartadas en un principio.


Una de las cintas que tuve, terminaba con los pájaros tristes de Ravel. Oiseaux tristes, un nombre precioso en francés. La palabra oiseaux es una de las panvocálicas más bellas de todos los idiomas del mundo.
Tras mucho oír el final de estos pájaros, acabaron ocupando un lugar de privilegio. Mucho tiempo pasé tratando de localizar la pieza completa. Y es que si encontrar los pájaros tristes de Ravel era complicado, me martilleaba la duda de si realmente sería esa la obra.
Por el estilo, no cabía duda que debía ser Ravel – o similar. El título encajaba con la melodía, y recordaba haber grabado alguna vez esa pieza. Más ambicionaba quitarme la espina de saber el nombre, que conseguir la canción completa. Fueron años detrás de los pájaros. Quiso el destino que fuera en otro país donde acabara dando con un doble CD con la obra completa para piano de Ravel. Había pasado tanto tiempo que hasta existía un nuevo formato musical.
La sensación con los finales de cinta que acaban gustando era amarga, como cuando abandonas a un animal o das un hijo en adopción, pero a pequeña escala. Sabes que has obrado mal, y el destino te lo paga con remordimientos y búsquedas infructuosas.
A mí me maldijo con los pájaros. Y eso que nunca fui especial fan de sus trinos. Pero otro final de cinta, tuvo la desgracia de ser el Cantus Articus, de Einojuhani Rautavaara (un músico finlandés del siglo pasado). Mágicamente, el nombre de este compositor agrupa cinco aes, en su breve apellido, no tan infrecuente entre las imposibles palabras de ese idioma. Más por lo anecdótico que por otra cosa, grabé esta pieza, que se caracteriza por incluir grabaciones de cantos de pájaros del Ártico con la música de la orquesta.
Es una pieza bella, muy tranquila, que merece ser oída – no es comparable con la anterior de Ravel, que es una obra maestra – el comienzo del breve segundo movimiento es especialmente remarcable.
Muchos años después, me encontré con el sonido de uno de esos pájaros. Tuvo que ser fuera de mi país, en las enigmáticas islas Orcadas, de Escocia. Para todo el mundo ese canto era el de un pájaro más. Pero lo recordaba perfectamente, como uno de los pájaros del Ártico del bizarro Rautavaara.
Las islas Orcadas son famosas por sus variedades de pájaros que, al no haber árboles en las islas, viven directamente sobre el suelo.
Cada vez que oía el canto de este pájaro, algo se revolvía dentro de mi estómago, quizás la sensación del que se encuentra el espectro del autoestopista que atropelló, pero atenuada.

3 comments

  1. Joder tío, te lo tengo que decir aunque se que te da palo, «escribes como un maldito genio», así de simple. Nos metes lo de las panvocálicas (de la que yo sólo conocía «murciélago») y no queda pedante en absoluto. Puede que sea el mejor post que he leído hasta la fecha y eso que últimamente me estoy volviendo de lo más selecto.
    Me siento completamente identificado con lo de las cintas. Aunque tengo 21 años he tirado de cintas hasta que pasé al MP3 (primero en el PC y luego en el ZEN) hace ya unos cuantos años. Conservo montones de cintas de las que tu mencionas (nunca las tiraré), con cortes finales de calidad o enganchones de final de cinta y con los que antes me tiraba una hora escuchando una y otra vez para tratar de sacar algo de la letra y poder lanzarme a Google + «lyrics». Así obtuve mucha de mi discografía actual.
    Me sucedió eso mismo con el grupo «Shakatak» (uno de mis preferidos) y su tema «Night Birds» y con el «Thats Just The Way It Is» de «Bruce Hornsby». Los llevaba en mi walkman (Sanyo, cutre) desde hacía un montón de años y siempre me habían encantado aunque sólo tenía como un minuto grabado y con muchísimo ruido. Es música casi enteramente instrumental y aún no me explico como fui capaz de entender algo de la poca letra de una cinta ya gastada (sumado a mi nivel de inglés) y encontrarlas finalmente después de años.
    Cocretamente cuando bajé «Nightbirds» en MP3 completo y vi que era «mi canción» sin que al final de la pieza se escuchase la voz del pinchadiscos idiota de turno (que ya tenía asumido como parte de la pieza) fue un momento de felicidad absoluta. Como si hubiera reencontrado una joya. Fue muy especial.
    Finalmente, para quien tenga canciones grabadas y no sepa los títulos le invito a probar el recomendable y gratuito software Tunatic, siempre que lo he usado he tenido excelentes resultados.
    [Comentario zrubavel:
    Gracias.
    Lo de que la única panvocálica es murciélago le supuso un amargo trago a la persona que escribe libros Lucía Echavarría, a la que un abuelete, en una carta al director, dejó en un ridículo famoso.
    Irónico que el caso que usas como ejemplo se trate de una canción llamada Night Birds]

  2. Me uno a las felicitaciones del anterior comentario.
    Estamos en una edad en la que comenzamos a ser peligrosos a la hora de contar batallitas. Lo de las cintas de cassette daría para que está página tuviera nueve o diez AvPag de longitud, sólo en comentarios.
    Me limitaré a un solo hecho curioso: en una grabación en cinta procedente de un vinilo, se me coló en una canción instrumental un defecto: parecía una especie de torbellino de viento y duraba sólo un par de segundos, pero sorprendentemente encajaba muy bien en la pieza. De hecho, siempre que escucho el «limpio» sonido original, echo de menos ese torbellino. Creo que la canción pierde algo sin él.
    Night Birds… ese inolvidable piano…

  3. Yo a mis 26 también conocí ampliamente los casetes, nunca me he sentido especialmente atraído por la música clásica o instrumental, aunque lentamente le he ido tomando el gusto. Recuerdo hace años grabando canciones del radio, antes de empezar la canción la locutora tiraba una sonora carcajada, que también iba muy bien con el inicio de la música, cuando posteriormente conseguí el original, me pasó lo mismo, extraño esa risa. También en alguna ocasión dejé grabando sin darme cuenta y quedó una canción con Celine Dion (All by my self) y aunque al principio no me gustó mucho, luego me fue agradando, decidí comprar el disco (Falling in to you) y a pesar de que sé que no es compositora ni una cantante de mucha altura, es una de mis voces favoritas, y he adquirido todos los discos que he podido consegir, todo por esa grabación «fortuita»

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