22962

Un lunes me levanté de la cama debiéndole 22962 dólares a Amazon. O como exageraría Enrique Dans, veintidós mil novecientos sesenta y dos dólares.
La historia comienza hace casi un año. En una reunión de aspirantes a emprendedores, llegamos a la conclusión de que en lugar de pagar un alojamiento web barato que daba mal servicio, contratar los servicios en la nube de Amazon podría ser una buena idea.

Tras perder una buena mañana, que bien podría haber empleado en verme una temporada entera de Breaking Bad, llegamos a la conclusión de que configurar un servidor web de Amazon era una pesadilla. En lugar de utilizar la terminología habitual, daban un nombre específico a cada uno de los componentes de dicho proceso de configuración. Todo tenía que buscarse en Internet porque ni una sola palabra resultaba conocida. Tras unas cuantas horas de frustración, se abandonó la idea, dejando un servidor a medio configurar.

Lo que sí había resultado una gran idea, hasta entonces, era contratar los servicios en la nube de Amazon para alojar la base de datos. Mucho más sencillo – aunque no trivial – y ofreciendo un rendimiento espectacular a un precio razonable. Un problema de los servicios de Amazon es que no te permiten contrataciones parciales. O te das de alta en “servicios en la nube” o no, no es posible hacer como en nuestro caso, en que sólo nos interesaba dar de alta el servicio de base de datos (RDS).

Así, seguía con una cuenta de EC2 (alojamiento de servidores web) con un servidor a medio configurar por el que estaba pagando unos 10 euros al mes. Un servidor que básicamente no hacía nada. Pero es como si alquilas un coche y te vas a casa con la llave nada más. Te toca pagar por él, aunque ni te hayas subido al vehículo.

Pasaron los meses, un año entero. Un sábado por la noche estaba cenando en un restaurante con amigos- esta parte es mentira, porque no tengo amigos- cuando recibí un email de Amazon, seguido de una llamada que, al no entenderse, no pude atender. En el email alertaban de movimientos sospechosos en mi cuenta y posibilidad de suspensión de la misma. Me dio mal rollo, pero mis páginas estaban funcionando correctamente, con lo que no parecía que ocurriera nada extraño. Ya lo miraría en casa.

Al llegar a casa revisé la cuenta y todo parecía en orden, por lo que me acosté y dormí tan bien como casi siempre. A la mañana siguiente, al revisar el saldo de mi cuenta, vi que había pasado a deber más de 6.000 dólares, cuando en un mes malo tenía que pagar unos 150 dólares. Inmediatamente empecé a mirar todo con más cuidado, y recibí una llamada de un indio explicándome en inglés que parecía que algo raro estaba pasando en mi cuenta.

Amazon había actuado muy bien, detectando el problema, incluso llamando por teléfono ante la gravedad de la situación. Pero había tenido cierta pachorra, porque en unas 8 horas, el problema se había convertido en una deuda de más de 6.000 dólares. Y estaba claro que, esta cifra subía por minutos.

En un email detallado trataban de explicarme lo que debía hacer para solucionar el problema, cada uno de los pasos a seguir. Lo absurdo es que yo no conocía nada de este servicio (EC2), como había demostrado en su momento llegando a no ser capaz ni de crear un servidor. Y ahora me encontraba con un embolado tremendo que tenía que desmantelar por mi mismo, porque Amazon no era capaz de procesar la orden que daría una persona con sentido común: elimínenlo todo porque yo no necesito nada de todo eso.

Alguien había contratado con mi cuenta algo así como 800 o 900 servidores de última tecnología. Seguramente para generar bitcoins, el nuevo dinero virtual. Es absurdo que alguien tan hoygan como yo tenía contratada una infraestructura más avanzada que las más potentes empresas españolas de Internet.

La gente de Amazon se mostró muy atenta, pero también lenta. Al tener una cuenta sin soporte – la que tiene todo hijo de vecino, el servicio de atención es deliberadamente lento. Me imagino que cuando yo les escribo un mensaje, ellos no tienen opción de empezar a trabajar en él hasta al menos 4 u 8 horas. Para mi, cada hora, eran más de 500 dólares en que se incrementaba mi deuda.

Al final conseguí eliminar todos los servicios extra que habían contratado con mi cuenta, y recibir la confirmación de Amazon. Cuando esto ocurrió, mi deuda había alcanzado los míticos 22962 dólares.

¿Cómo se había llegado a un problema de semejante magnitud?

Está claro que la responsabilidad legal era toda mía. Al marcar ese cuadro donde dices que te lees las condiciones legales, estás confirmando que eres responsable de todo lo que pase con tu cuenta, lo bueno, pero sobre todo lo malo. En particular, uno debe tener muchísimo cuidado con las contraseñas, pues son las llaves de casa. En muchos casos, el problema suele estar en que hay personas que publican el código de acceso a sus servidores, sin darse cuenta de que ese código es público y en él, a veces, están mostrando dichas contraseñas. El software libre está guay, pero cuando eres un programador que tiene más prisas que tiempo para hacer las cosas bien, eso suele ocurrir.

No había sido este mi caso, porque mi cuenta de Amazon EC2 no estaba en uso. Así, aunque había creado credenciales de acceso, no las había usado nunca. El único posible sospechoso es mi contraseña de Amazon.com, que sí que era relativamente cutre. La había creado hace más de diez años, sin cambiarla jamás.

Una de las medidas que me indicó Amazon para evitar este tipo de problemas era que creara alertas para excesivo uso de servicios. Pero en mi caso era absurdo, porque era un servicio que simplemente no estaba usando. Para el que sí hago, RDS, sí que tengo varias alertas. Tener alertas de un servicio que no se usa es tener una precaución excesiva.

Creo que Amazon, a pesar de hacer muchas cosas bien, también hizo unas cuantas muy mal.

La primera fue obligarme a contratar todos los servicios de la nube, por defecto, cuando en realidad sólo quería uno.

La segunda fue no suspender el servicio, o no disponer de un mecanismo para hacerlo. En mi caso, el daño de tener todas las páginas de mi imperio en Internet paradas es minúsculo comparado con el daño que causa tener que pagar 500 dólares la hora.

La tercera fue darme el servicio de atención al cliente ‘de pobres’. Por aquello de que cuando debes un dólar al banco tienes un problema, pero si debes un millón, el problema lo tiene el banco. Está claro que yo estaba mal, pero esto estaba perjudicando también a Amazon, porque seguramente el cliente o la empresa nunca podría pagar semejante cantidad de dinero. Tardar seis horas en responder mi email, en algo que no requería ningún tipo de análisis por su parte, supuso aumentar la deuda en mucho dinero.

Finalmente se cortó la hemorragia y el médico y yo nos quedamos mirando la tremenda cicatriz, pensando. ¿Y ahora que hacemos? Desde Amazon movieron la solicitud de retirada de los cargos. Pero era algo esotérico e incierto, cada día me levantaba confirmando que la cuenta seguía igual, que no había recibido ningún email. Aunque me tranquilizaron, y la consulta en Internet de otros casos, no tan graves, indicaba que Amazon, como siempre, responde ante el cliente, no dejaba de estar bastante inquieto con este asunto.

La vida sin Amazon

Como cualquier persona que se haya criado entre gitanos haría, tomé unas cuantas medidas de seguridad personales. La más fácil, fue asegurarme de que en mi cuenta no hubieran 22962 dólares. La segunda, eliminar cualquier medio de pago de Amazon, para que así no pudieran ni intentar cargarme la deuda. Tercera: llamar al banco y preguntar si era posible bloquear a un potencial deudor, antes de que emitiera un cargo. La respuesta: no.

Así, mientras Amazon trabajaba en el problema con toda la diplomacia del mundo, yo ya planeaba la lucha de un marginal ante una injusticia. Pero de repente surgió un nuevo problema: no podía comprar nada en Amazon.

Pocas empresas han abaratado tantos los costes de venta por internet como Amazon. El precio ha sido dejar por el camino a miles de empresas de la competencia, hasta llegar al punto de que tener una tienda en internet es casi una temeridad y casi siempre, un error.

Pero como consumidor, me encontraba ante un panorama desolador. Prácticamente todo lo que compro en Internet lo hago a través de Amazon. El televisor, los libros, el ordenador, el móvil, todo lo he comprado ahí y ni me preocupo de comparar, porque aunque en otro sitio sea marginalmente más barato, me fio más de Amazon. Hasta tenía la cuenta de Amazon Prime para poder comprar compulsivamente al tiempo que tener la sensación de ser un consumidor inteligente.

En Internet uno siempre tiene la impresión de que si te cierran una cuenta, te creas otra y ya está. Pero con Amazon sería diferente: muy trapero tendría que ser crear una personalidad falsa a la que asociar una tarjeta de crédito verdadera. Ante mí se abría un panorama de abuelo de Internet: de los que piden a otros que le compren las cosas y luego van a su casa a recogerlas.

La solución

Poco a poco se fue acercando la fecha de pago y Amazon me tranquilizaba pero nada cambiaba. Por lo visto el departamento financiero es el verdadero elefante de la compañía, el que tarda más en tomar las decisiones. Estuve casi un mes en vilo, hasta que llegó el día de emisión de la factura: 22962 dólares.

Más lloriqueos al servicio de atención al cliente y al final una solución bajo cuerda: en mi panel de control tengo una factura por ese importe, pero el cargo que me han realizado ha sido de unos 50 dólares, menos de lo que debería haber pagado en un mes normal. Una solución muy buena y ante la que estoy muy agradecido, pero que deja el sabor agridulce del que es condenado a dos años menos un día de cárcel: no ingresas en prisión, pero sabes que algo ha quedado sin resolver. Amazon no ha cancelado la deuda, la ha perdonado, que no deja de ser un favor.

El día después

Siempre he tenido mentalidad de pobre, más preocupado en no perder que en ganar: coche un tanto puerco de segunda mano, piso de alquiler, muebles de Ikea. Pagar a plazos ni se me pasa por la cabeza. Y de repente me encuentro en una ratonera de deuda propia de un hipotecado, de un descerebrado o simplemente de alguien con mala suerte en la vida. Nunca había visto los servicios en la nube así; pero en cierto modo son como una de esas inversiones ruinosas en que potencialmente las pérdidas pueden ser infinitas. Si Amazon no me hubiera alertado a tiempo, ahora podría tener una delirante deuda planetaria, de casi millones de euros.

Tras llevar tiempo encontrando que los sistema de autentificación en dos pasos son un coñazo, no me quedó otra que aplicarlos de inmediato en mi cuenta de Amazon (Amazon normal no admite autentificación en dos pasos, sus servicios en la nube sí) y de Gmail.

Y sigo con una cuenta de Amazon EC2 abierta. Porque la única forma de cerrarla sería cancelando el servicio de bases de datos también – opción que no he descartado. Tengo alertas por si de repente se generan gastos en ella. Pero sigo incómodo porque no me gusta que me perdonen la vida. Está claro que Amazon sigue estando en mi top de empresas MILF, que siempre te tratan mejor a como te mereces. Y que su sistema de atención al cliente me ha dado un trato de primera. Pero sirva esto como una voz de alerta ante los riesgos de contratar servicios en la nube.

13 comentarios en “22962”

  1. Y yo que me agobié sobremanera ante una deuda fantasma de 4000 euros nada más entrar en un piso de alquiler, porque inquilinos anteriores no habían pasado ninguna lectura de gas. Tus veintitres mil me ganan de largo.

    Para estos casos, recomiendo el “método Meetic”: siempre contratar el servicio con una tarjeta prepago. Tiene el inconveniente de que hay que estar atento a recargarla cada mes. Pero otorga infinita tranquilidad.

  2. Hola, para vuestra informacion, en contra de lo que parece, algunas tarjetas de prepago admiten quedarte “en negativo” en vez de rechazar un cargo que haga que te quedes “en negativo”.

    Eso si, una vez en negativo, las siguientes peticiones de cargo ya se rechazan.

    Por otro lado, la deuda es un concepto diferente del pago, puedes evitar pagar, pero la deuda puede quedarse ahi, cual huevo de alien esperando el momento adecuado.

  3. Mi recomendación es que pagues los 22912 euros restantes a Amazon y asi te quedes tranquilo en tu conciencia. Yo lo haría así, SI ESTUVIERA EN TU SITUACIÓN. Ya veras qué bien te tratan. No hacerlo sería pecado. Piénsalo, ya veras qué bien duermes, ya que por la extensión del artículo sopecho que el temita te tiene preocupadillo. Si no tienes líquido pide un préstamo a un banco.

  4. No sé como lo habrás planteado con tu banco, pero sí se puede dar orden de que no paguen recibos de un determinado emisor.

    En mi caso di orden al banco Santander de que no pagase ninguna factura proviniente de Movistar, Telefónica ni nada medio similar y no hubo ningún problema (un caso de esos de discrepancias sobre sanciones al rescindir un contrato).

  5. Al aparecer la palabra violación, tu servidor se ha asustado y ha procedido a la castración preventiva; eso es porque tienes un ordenador moderno; si tuvieras uno de los años 80 no te pasaba, Naide. Búscalo por la red y lo eliges en la propia búsqueda. Pero no vale nada, no salen mujeres desnudas, ni hay violencia ni nada.

  6. Muy interesante volver a leer tu blog, hacia meses que no lo hacía (google reader hizo mucho daño) y como siempre me encuentro con post muy interesantes y bien escritos.

    Me pregunto si el diagnóstico final aclara que el único problema aquí fue la contraseña fácil o hubo algo más. Me resulta extraño que simplemente adivinaran la contraseña y ya está! En ese caso, ¿qué les impide adivinar, por ejemplo, mi contraseña de amazon y ponerse a comprar compulsivamente?

  7. Me pregunto si los estudios (0 o 1) entre los 16 y 24 años moldean el cerebro de tal modo que afectan al carácter individual y a la relación social.
    Lo digo porque sólo con un gesto se cuando estoy delante de un informático, un físico, un comercial, un tal, un cual,… La ropa que se elige viene determinada por los estudios que se realizan. Lo digo porque huelo a informático por aquí.

  8. Es un caso parecido. Aunque en el mío no hubo forma de acceder a las claves públicas/privadas porque no se habían publicado en ninguna parte.

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