Artículos en la categoría ajedrez

Hoy ha muerto Robert "Bobby" Fischer, el que fuera campeón del mundo de ajedrez, el primero que interrumpió la interminable serie de campeones mundiales soviéticos.

Fue uno de los jugadores más carismáticos del siglo XX y por ello su defunción será recogida por numerosos medios. Como pequeño homenaje quiero recordar una posición que nadie recalcará en sus resúmenes de partidas memorables. De Fischer se conocen muchas combinaciones y sacrificios asombrosos pero para alguna gente como yo su jugada más extraordinaria es la que muestro en el siguiente diagrama.

fischer-rh1.jpg

La posición pertenece a la partida Fischer-Andersson, jugada en Sieguen en 1970. La posición blanca es propia de una defensa siciliana pero con colores cambiados. Las blancas tienen un juego sólido mientras que las negras disponen de ventaja de espacio pero no de un objetivo claro de ataque. Es lo que se llama un equilibrio dinámico. Es como si un tigre estuviera asediando a una tortuga. Mientras esta no salga de su caparazón, no tiene nada que perder. Y el tigre no puede esperar eternamente. Hoy en día esa posición se llama de erizo por haberse demostrado que la posición tranquila puede hacer mucho más daño de lo que se piensa, como si de las púas de un erizo se tratase.

En la posición del diagrama anterior, siendo el turno de Fischer, hizo la jugada 13.Rh1 (puso su rey en la esquina del tablero).

En el ajedrez, se trata de averiguar lo que tu rival planea antes de que lo lleve a cabo, evitarlo o anteponerse o dejarle hacer si creemos que tenemos mejores opciones que él. Esta técnica de anticipación está llena de sorpresas y jarros de agua fría.

Pero la jugada de Fischer 13.Rh1 forma parte de un plan. Y lo que la convierte en mágica y digna de entrar en la historia es que no tiene nada de sutil. Es como si en una partida de poker muestras una de tus cartas voluntariamente o le prestas a los ingenieros de McLaren los planos de tu coche antes de la salida. Pero en este caso el plan fue tan retorcidamente claro que muchos de los que observaban la partida no fueron capaces de percibirlo. Como un mago que practicara trucos de carta vestido con manga corta.

¿Una jugada de espera? ¿Profilaxis? ¿Quiere esperar a su rival? El propio Ulf Andersson, uno de los jugadores más astutos para los matices posicionales, dudó ante la jugada de Fischer.

La siguiente jugada de Fischer fue un bombazo. Colocó su torre en el sitio que había dejado el rey. Y de repente todo estaba claro: iba a avanzar el peón de delante de la torre e ir a por el cuello de su rival. Tres jugadas después la posición era totalmente diferente.

fischer-g4.jpg

Las blancas estaban atacando, a pesar de tener menos espacio. El ataque fue propio de un libro, cada pieza logró su objetivo llevando a una sonora victoria del americano, precisamente a través de la columna que ocupó con sus torres.

Esa partida tuvo una repercusión mayor de lo que se cree, a pesar de que permanece un tanto en la sombra. El sistema erizo se hizo enormemente popular en los años setenta, siendo difícilisimo acabar con las púas defensivas. Mucha gente evitaba la ventaja de espacio para no sufrir las humillantes derrotas del animal que se revolvía.

Andersson, quien había sido la primera víctima del erizo, pasó a convertirse en el mayor experto mundial del sistema que demostró unos matices que hasta entonces no se conocían del juego.

La maniobra de Fischer pasó a ser un procedimiento rutinario dentro de dicha apertura. Yo mismo la he empleado alguna vez. Desde luego, por mucho que lo nieguen, hay cosas que pueden ser imitadas por todo un pueblo. Pero el crear, el inventar, eso ya es otra cosa. ¿Las ideas no tienen valor? El Rey h1 de Fischer cambió la forma de entender el ajedrez.

Quien quiera ver la partida completa puede hacerlo desde el navegador en la página de ChessGames.

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Muy conocidos son los mal llamados troles que inundan los blogs con comentarios ofensivos, la chusma que escribe con abundantes faltas de ortografía, los que usan el lenguaje de los móviles. Un mundo no tan conocido pero no menos infame es el de los portales para jugar al ajedrez On-line.

Ajedrez en blanco y negro

Todo comenzó en la prehistoria de Internet. Un grupo de aficionados se las ingenió para diseñar un sistema para jugar al ajedrez a través de la red. El interfaz gráfico era ASCII y se podían hacer jugadas ilegales. Gracias a la contribución desinteresada de mucha gente aquel grupo, denominado ICS (Internet Chess Server) fue desarrollando un producto cada vez más interesante.

Llegó el listo de turno - Daniel Sleator - que tomó la dirección del proyecto, para poco después patentarlo a su nombre. Y pocos años después, hizo que el servicio fuera de pago. A su nuevo portal lo llamó ICC (Internet Chess Club) y poseía el prestigioso dominio www.icc.com, dejando a algún ex-banco irlandés (el ICC) con la necesidad de comprar un dominio de Geocities. Todo mucho antes de que subastaran el dominio al mejor postor. Hoy en día la pagina es la de Chessclub.com.

Los voluntarios, como chusma tumultuosa y no exentos de razón, se enfadaron porque otros se aprovecharan de su trabajo, algo que es normal cuando trabajas gratis y das plenos derechos a todo el mundo. Hicieron lo que pudieron por boicotear el proyecto de ICC, y formaron un portal paralelo, el FICS (Free Internet Chess Server) donde se pudiera jugar gratis.

Pero por mucho que disguste, a veces es mejor pagar por un servicio equivalente. Hoy el FICS sobrevive con los accesos de despistadas amas de casa y el ICC es el portal para jugar al ajedrez por excelencia. Hay una gran diferencia entre el servicio de Answers de Yahoo y la opción refinada de Metafilter, que exige ser socio de pago para poder dejar un mensaje.

En el servidor gratuito, cualquier pregunta recibe cientos de respuestas, cuando no miles; La inmensa mayoría son pura basura. En el otro suelen ser unas pocas decenas cuanto más y están redactadas en perfecto inglés, muy razonadas y con links a páginas de referencia.

Los servidores gratuitos se llenan de mala gente que hace uso de nicks que, tras conseguir una pésima reputación, se ven obligados a cambiar. En el servidor de pago sólo puedes tener un nick (por cada vez que pagues) lo que hace que la gente siga unos estándares de educación más elevados.

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Ajedrez a la ciega es la modalidad del ajedrez en que al menos uno de los jugadores no puede ver - ni tocar - las piezas del tablero. El jugador que no ve, en lugar de efectuar un movimiento, tiene que decir de viva voz qué movimiento hace (Caballo -a4) y su rival debe indicarle a su vez qué jugada ha efectuado.

En principio, es como si uno de los jugadores fuera ciego y tuviera que imaginarse en su cabeza en todo momento la posición de las piezas. Sin embargo, hay una notable diferencia entre el ajedrez que juegan los ciegos. Los ciegos juegan con un tablero especial, en el que tienen la posibilidad de tocar las piezas tanto como quieran antes de mover. Esto supone una ventaja sobre el ajedrez a la ciega: si se pierde la concentración o se duda de la secuencia de los movimientos realizada en cualquier momento se puede hacer una comprobación in situ.

Así, el ajedrez a la ciega es más complicado todavía que el ajedrez que practican los ciegos. Aún asín, no hay que ser un genio para poder jugar una partida a la ciega de forma más o menos aceptable. Para un jugador aficionado, a medida que va trascurriendo la partida la situación de las piezas se va haciendo menos clara y hay veces que se producen auténticos lapsus mentales en los finales de juego.

Hay una regla sobre el ajedrez a la ciega: el que no ve las piezas puede cometer tres jugadas ilegales, esto es, decir tres jugadas que luego se vea sobre el tablero que no son posibles. De todas formas, decir una jugada ilegal es muestra de que en cierto modo se ha perdido el norte por completo.

Jugar a la ciega es posible para cualquier fuerte aficionado. Pero otra cosa es ganar a la ciega. Para que esto ocurra, por lo general debe haber una notable diferencia de nivel respecto del rival, de lo contrario, la desventaja de no poder ver las piezas es demasiado grande y el jugador que esté delante del tablero lo tendrá muy fácil para ganar.

Records de partidas simultáneas a la ciega

El juego a la ciega ha existido como forma de exhibición desde los propios orígenes del juego. Hay referencias que indican que el autor árabe Sa'id bin Jubair (665-714) ya jugó alguna partida a la ciega. Mucho más tarde, en el siglo XVIII, el brillante jugador francés Philidor era capaz de jugar tres partidas simultáneas a la ciega, esto es, jugar contra tres personas tres partidas distintas y sin ver el tablero en ninguna de ellas.

François-André Danican Philidor (1726 - 1795) es un caso excepcional en la historia del ajedrez. Su supremacía sobre el resto de jugadores de su época fue tal que apenas si jugaba al ajedrez convencional. Nadie podía aspirar a ganarle ni una sola partida. Por ello fue el campeón del mundo oficioso hasta que se murió, durante más de 50 años. Philidor tuvo que idear nuevas formas de handicap con que jugar al ajedrez. Era habitual que diera a sus rivales alguna ventaja material - él comenzaba la partida con algunas piezas o peones ya fuera del tablero - así que la opción de jugar a la ciega era una forma más de perder parte de su ventaja.

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Cuando me señalaron a Alexander Riazantsev en la sala de juego, me dijeron que era The next big thing. Muchos peces gordos habían hablado de él como un posible futuro campeón del mundo de ajedrez. Kasparov que no prodiga los halagos, estuvo entre ellos.

En aquella época él no tendría más de quince años, y era el favorito en el campeonato del mundo de menores de dieciocho años - existe un campeonato del mundo para menores de dieciséis años pero Riazantsev no quiso jugarlo porque ya lo había ganado el año anterior, teniendo una edad muy inferior a la máxima aceptada para la categoría.

Riazantsev comenzó bien el torneo, pero cuando empezaron los encuentros duros afloraron las tablas y las derrotas, para al final perderse en las profundidades de la clasificación.

Los campeonatos del mundo de ajedrez para jóvenes son un mundillo ignoto. Un jugador con una puntuación de rating muy elevada puede perder ante un perfecto desconocido de Cuba o de India, que en realidad lleva más de diez años estudiando ajedrez sin parar, alquien que por primera vez tiene la oportunidad de jugar un torneo realmente importante.

Cuenta Riazantsev que, con tan sólo 13 años de edad, se retiró del ajedrez serio. Él habla de que se trató de una decisión meditada, de la que no se arrepiente. Si Alexander Riazantsev hubiera sido campeón del mundo de ajedrez se habría hecho millonario. Pero si se hubiera quedado en el camino, como el otro 99,99% de la gente, apenas habría podido ganar un sueldo superior al de un funcionario modesto y con una vida muy estresante y de difícil conciliación con la creación de una familia o el yugo de una hipoteca.

Cuando veo los campeonatos que se celebran en el mundo, frecuentemente me tropiezo con el nombre de Riazantsev, en la parte media-alta de la clasificación. Porque él nunca dejó de jugar al ajedrez, aunque desde luego poco a poco fue perdiendo el tren. Los que antes perdían con él, ahora son jugadores de la superélite. Alguno incluso ya ha sido campeón del mundo. Su caso es el de alguien que estuvo a punto de ser un Dios, pero no quiso serlo.

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Desde que las azafatas de avión no necesariamente tienen bonitas piernas y la bebida hay que pagarla, viajar en avión sólo tiene la ventaja del ahorro de tiempo respecto de otros medios de transporte. A mediados del siglo pasado los desplazamientos aún se solían hacer en barco. Lo que puede parecer un medio romántico de viajar no deja de ser una enorme incomodidad. Los deportistas de élite que tenían que celebrar competiciones mundiales se veían obligados a pedir largos permisos en sus respectivos trabajos, que podían significar estar hasta tres meses fuera de casa.
En el verano de 1955 una expedición de cuatro jugadores argentinos había tomado rumbo a las lejanas tierras de Suecia. Allí participarían en Gotebörg en el Torneo Interzonal. Este tipo de torneos, que estuvieron vigentes hasta casi 1970, servían para elegir al candidato al título mundial. El vencedor del Interzonal tenía la oportunidad de jugar en un encuentro particular a varias partidas contra el vigente Campeón del Mundo. El vencedor de ese encuentro sería el nuevo Campeón del Mundo. Así, el Interzonal era el torneo más importante que se celebraba en cuatro años.

Los cuatro jugadores argentinos eran Miguel Najdorf, Carlos Gimard, Herman Pilnik y Oscar Panno. En el larguísimo viaje hacia Suecia, tuvieron oportunidad de jugar muchas partidas amistosas entre ellos. Pero también se ayudaron mutuamente, preparando variantes de aperturas en común. Se presume que en ese viaje fue donde nació la variante Goteborg.

Los jugadores arribaron al famoso puerto sueco y el 15 de Agosto comenzaron tan importante torneo. Debían ser 24 jugadores, pero los representantes de Canadá (Yanovsky) y de Estados Unidos (Reshevsky y Evans) no se presentaron. De los 21 participantes restantes, había una clara supremacía de soviéticos, con cinco jugadores, y argentinos, con cuatro.
Fueron sucediéndose las rondas, hasta llegar a la decimocuarta. En esta ocurrió una increíble coincidencia: los cuatro maestros argentinos tenían que enfrentarse a cuatro maestros rusos. Además, los cuatro jugadores argentinos debían jugar con las piezas negras.

Los encuentros fueron Keres-Najdorf, Spassky-Pilnik, Geller-Panno y Petrosian-Gimard.

Después de cinco jugadas, había surgido otra curiosa coincidencia. Mientras Petrosian había planteado un aburrido gambito de dama, sus compatriotas habían iniciado la partida con el peón de rey. Tres de los tableros ofrecían la misma posición.

goteborg1.jpg

Esta posición recibe hoy en día el nombre de variante Najdorf de la defensa siciliana. El nombre lo recibe de uno de estos jugadores argentinos y da muestra de que no eran estos unos corderitos en manos de los rusos. Los rusos fueron haciendo las mismas jugadas mientras que los argentinos hacían otro tanto. Sin darse cuenta, los rusos se encontraban frente a una de las preparaciones del viaje en barco. Con un avance de peón en el flanco de rey y una posterior retirada de caballo, las negras enfrentaban a sus rivales a una posición del todo desconocida.

goteborg2.jpg

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Todo el mundo tiene muy claro que el mejor jugador estadounidense de ajedrez ha sido Bobby Fischer. Aclamado por los fanáticos como el mejor jugador de la historia, consiguió acabar con el reinado indiscutible de los jugadores soviéticos, como perpetuos campeones mundiales.

El segundo mejor jugador de los Estados Unidos es, sin embargo, un título incierto. Desde la época de la Guerra Fría, Estados Unidos se ha ido nutriendo de jugadores formados en la Unión Soviética, que escapaban de su país y eran acogidos en la república de las barras y estrellas.

En las Olimpiadas de Ajedrez siempre ha resultado irónico ver el listado de nombres de los jugadores de Estados Unidos. Con jugadores como Boris Gulko, Alexander Shabalov, Roman Dzindzichashvili, Gregory Kaidanov o Alex Yermolinsky no era de extrañar que a la selección norteamericana se la suela llamar Rusia B.

De entre todos esos rusos, sólo Gata Kamsky apuntó posibilidades de alcanzar el título mundial. La historia de Gata Kamsky puede leerse aquí (en español). Les aseguro que no tiene desperdicio.

Anterior al propio Fischer, Samuel Reshevsky estuvo mucho más cerca de conseguir el título mundial, justo antes de que los jugadores rusos eclipsaran al resto del mundo. Reshevsky comparte con Kasmky el haber sido un niño prodigio y el haber dejado el ajedrez profesional en algún momento de su vida.

Si medimos la importancia de una persona por el tamaño de su página en la Wikipedia, el segundo jugador norteamericano más famoso no es ninguno de los hasta aquí citados. Tal vez fuera Claude Bloodgood.

Nacido en 1937 como Klaus Frizzel Bluttgutt III, su origen no es del todo claro. Hijo de emigrantes alemanes, no es seguro si nació en México o directamente en Alemania. Lo que se sabe de él comienza con su participación en la Federación de Virginia de ajedrez, a finales de los 50. En aquella época pudo conocer de primera mano el funcionamiento del sistema de rating del ajedrez, el ELO, que acababa de ser instaurado. Hoy en día, más de cuarenta años después, el sistema sigue usándose de forma más o menos idéntica a como Claude Bloodgood lo encontró. El primer rating que se adjudicó a este jugador fue el de 1656, propio de un aficionado.

Mientras se entretenía con el ajedrez, y a pesar de su buena sangre Bloodgood comenzó a tener problemas con la justicia. Uno detrás de otro, lo que le llevó a la cárcel allá por 1960. Recién salido de ella, en 1969, asesinó a su madre. Fue condenado a Pena de Muerte.

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Lo primero que le sorprende a los novatos en el ajedrez es ver la cantidad de impresentables que hay en el mundo del ajedrez. Uno espera que los jugadores más tramposos, con peores formas, ocupen los escalones más bajos del ranking. Sin embargo, para su sorpresa, una parte considerable de los mejores jugadores está formada por personas zafias, miserables y en algunos casos con comportamientos casi criminales.

De entre todos estos personajes, que no dejan de ser una minoría, hay uno que, en mi opinión, sobresale lo suficiente como para ocupar el puesto del peor jugador de la historia. Su nombre no es nada fácil de recordar: Zurab Azmaiparashvili.

La lista de escándalos en que se ha visto implicado, dentro y fuera de los tableros de ajedrez, es interminable. Sin embargo, parece como si ello no hubiera afectado a su reputación personal: no en vano es uno de los Vicepresidentes de la Federación Internacional de Ajedrez, y el presidente de la Federación de Ajedrez de Georgia.

De las muchas historias que sobre él pueden contarse, sin lugar a dudas la más sorprendente es la de cómo llegó a la élite del juego de ajedrez.

El sistema ELO

Las categorías del ajedrez internacional son dos: Maestro Internacional y Gran Maestro. Maestro Internacional puede ser hoy en día, con esfuerzo, tiempo y con bastante dinero, cualquier persona de inteligencia media que se lo proponga. No es tarea trivial, pero muchas personas de escasas cualidades han conseguido dicho título. A día de hoy hay 2.686 Maestros Internacionales en el mundo.

Llegar a Gran Maestro es mucho más complicado. Hace falta una parte de talento, mucho más esfuerzo y no todos los que lo intentan lo consiguen. Aún así hay bastantes que acaban alcanzando ese título. Hoy en día existen 1.025 Grandes Maestros.

En otra época, el título de Gran Maestro era una garantía de que se formaba parte de la élite mundial. Apenas había un par de decenas de Grandes Maestros; con el tiempo, al aumentar el número de jugadores y el de encuentros válidos para el ranking mundial, muchos más se han ido subiendo a la categoría. Hoy en día, dado el volumen de Grandes Maestros, ser uno de ellos no significa nada.

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Las reglas fundamentales del ajedrez

El juego está lleno de reglas que son totalmente lógicas y comprensibles. Las cuatro reglas fundamentales del ajedrez son las siguientes:

La seguridad del rey. El rey es la pieza fundamental del ajedrez, perdiendo este, se acaba la partida. El rey nos simboliza a nosotros mismos. El resto de piezas son nuestas habilidades y nuestros bienes materiales. De nada han de servir estos si perdemos la vida.
El centro. El control por el centro del tablero de ajedrez es fundamental. Como dirían los americanos, Location, location, location. El centro del tablero es como el de las grandes ciudades, puedes tener un bloque de edificios en la periferia, pero si tienes un buen apartamento en el centro del tablero, tienes algo de más valor.
El desarrollo. Hay que tener a todas las piezas de ajedrez jugando lo antes posible. Las piezas de ajedrez son como tiendas, si no están trabajando, es como si no las tuvieras, es más, sólo producen pérdidas.
La iniciativa. Hay que tratar de atacar. Hay que intentar que las jugadas de nuestro rival sean defensas contra nuestras amenazas. Tener que pensar qué hacer para vencer a nuestro rival, no qué estará haciendo nuestro rival para vencernos. Como en cualquier mercado, hay que tratar de innovar, de tener la iniciativa, de pensar qué producto nuevo podemos crear, no estar esperando a ver qué sacan los demás para tratar de copiarlos.

La utilidad de los libros de ajedrez.

Sólo siguiendo estas reglas del ajedrez, nuestros resultados ya pueden mejorar mucho. Sin embargo, para avanzar realmente en este juego, hay que estudiar. Es increíble lo que hacen los libros de ajedrez por las personas. Toda la gente que conozco que ha estudiado alguna vez un libro de ajedrez es capaz de ganar a todos sus amigos y familiares. Ese es un placer que cualquier persona aficionada al ajedrez merece conocer.

A pesar de ello, cuando una persona, recién iniciada en el juego de ajedrez trata de comprar un libro con que iniciarse, carece de referencias válidas. Casi todos realizan compras pésimas. Como ante cualquier otra compra, se dejan guiar por el título - cuanto más llamativo mejor -o por el autor - cuanto más afamado mejor. En ambos casos, se está incurriendo en un grave error.

Los mejores libros de ajedrez suelen tener títulos modestos. Uno de los más reconocidos se llama El ajedrez de torneo, escrito por el ruso David Bronstein. Otro muy bueno es Mi sistema, del también ruso Aaron Nimzowich. Sólo en casos excepcionales surgen títulos grandilocuentes. Como el Piense como un gran maestro de Alexander Kotov. Que no podía sino ser ruso.

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Hombres contra máquinas.

En 1994, quien tenía un ordenador, alardeaba gustosamente de ello. Cuando uno de mis compañeros de clase se enteró de que me gustaba jugar al ajedrez, me comentó que él tenía un juego de ajedrez en su ordenador, y que era muy bueno.

A mi amigo le sorprendió que le dijera, con una absoluta indiferencia, que yo era mucho mejor que su juego de ajedrez. En realidad, nunca había jugado contra un ordenador, pero eran conocidos los muchos defectos que tenían las máquinas jugando al ajedrez. En especial, se hablaba mucho del efecto horizonte.

Aún cuando el ordenador es capaz de calcular muchas más jugadas que una persona, en algún momento del proceso debe detener sus cálculos. Ahí, es donde el ordenador actúa mucho peor que una persona y pierde su ventaja.
El efecto horizonte puede entenderse con este ejemplo: supongamos un hombre y una máquina que se encuentran en la ventana de un rascacielos, digamos en el piso 46. Una persona, podría considerar el tirarse por dicha ventana. Sus cálculos serían muy simples: al principio caería a la altura del piso 45. Eso no sería grave. Pero a partir de ahí, dada la altura a la que se encuentra, y la presumible aceleración, el resultado apunta a que sería muy doloroso.
El ordenador iría más lejos en sus cálculos. Consideraría la situación de caída, a la altura del piso 45. No le parecería preocupante. Luego vería que se llegaría a la altura del piso 44. Y luego al 43. En principio, calcularía la velocidad creciente de caída, pero no detectaría ningún peligro. El ordenador podría continuar sus cálculos hasta llegar al piso 20, o al piso 10 y ahí detener sus cálculos. Su conclusión final sería: una sensación muy fresca, del viento en la cara. Y saltaría.

Así, en el juego de ajedrez ocurre lo mismo. El ordenador calcula muchas jugadas - pero matemáticamente es imposible calcular hasta el final. En algún momento detiene su cálculo y se pone a mirar. Y ahí, los ordenadores eran muy malos, a decir verdad, ridículos. Mi amigo no pareció entender eso y se ofendió ante mi actitud chulesca. Durante mucho tiempo me insistió con apostar a ver quién ganaba. Finalmente, fui un día a su casa a jugar esa partida.

Aunque mi historia sucedió en 1994, una apuesta similar, a nivel más académico, había tenido lugar en 1968, entre David Levy, un maestro de ajedrez, y John McCarthy, un eminente investigador en Inteligencia Artificial de la prestigiosa Universidad de Stanford. Fueron 3.000 dólares, que era bastante dinero en la época. En este caso, la apuesta se hizo a largo plazo. Levy afirmó que nadie en el mundo sería capaz de tener una máquina que pudiera ganarle en diez años. Para un investigador, parecía plazo suficiente.

No recuerdo muy bien como fue mi partida contra el ordenador. Jugó la apertura con mucha corrección, hasta el punto de preocuparme por primera vez. Sin embargo, en cuanto salimos de la teoría de aperturas, comenzó a jugar como un niño pequeño, y le gané con suma facilidad. Más que lo mal que jugó, me sorprendió lo sorprendido que estaba muy amigo. Al fin y al cabo no tendría más que un costosísimo 486, con una potencia de cálculo similar a la de mi lavadora.

Mayor decepción debió sentir John McCarthy cuando, diez años después, tuvo que presentarse a jugar contra Levy. Él sabía que el programa que habían desarrollado no era lo suficientemente bueno. Efectivamente, Levy ganó con suma facilidad y se embolsó los 3.000 dólares.
La actitud de Levy también había parecido chulesca. Tras su victoria, la revista científica Omni ofreció un premio de 5.000 dólares al primer programa que fuera capaz de ganar a Levy. Hicieron bien en no establecer otro plazo de diez años, porque fueron exactamente once los años necesarios para que Deep Thought, el primer programa de ajedrez potente, le venciera en 1989.

Mientras los programadores informáticos se afanaban en pulir sus algoritmos de juego al milímetro, bebían la triste decepción de que sus resultados sólo mejoraban conforme la industria del hardware iba sacando mejores productos.
Al fin y al cabo, la dificultad mayor para un ordenador es saber cuando hay que dejar de calcular.
Para un hombre, es relativamente sencillo, pero para uno ordenador es algo demasiado complejo. Pensemos en que tenemos 20 euros que gastar en las rebajas. Hay para comprar una prenda. El ordenador tendría tiempo físico de mirar todas las prendas de la tienda, cosa que las personas no podemos - algunas mujeres sí podrían. Sin embargo, el ordenador tendría problemas para saber cual le queda bien. Tendría que probárselas todas. Hacer combinaciones con diversos pantalones y camisas, mirar los zapatos. Al final, elegiría sin mucha seguridad, por falta de tiempo. Los humanos no compraríamos la prenda idónea pero nos calentaríamos la cabeza mucho menos y elegiríamos mejor que el ordenador.
El trabajo de los programadores era inculcarle un gusto al ordenador. Sin embargo, cuando el hardware se mejoraba, esto no hacía tanta falta. Antes el programador ahorraba tarea suponiendo que los zapatos eran negros. Con procesadores más potentes, se podía probar con todos los modelos de zapatos del mundo y combinarlos con calcetines en el mismo tiempo que antes con los zapatos negros. Realmente frustrante.

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¿El genio nace o se hace?
Laszlo Polgar, un pedagogo húngaro, tenía muy clara su postura: se hace. Y en consecuencia, orientó toda su vida, y la de su familia, a demostrar que es así.

Este pedagogo escribió un libro, "¡Cría un genio!", en el que exponía su teoría: cualquier niño, con una adecuada educación podría llegar a ser un genio en lo que se le enseñara. Y dejó abierta una puerta a una mujer que estuviera dispuesta a tener hijos con él, para demostrarlo.

Así es como Laszlo Polgar acabó casándose con una ucraniana, que se mostró muy interesada en su método, a la que llevó de vuelta a su país, Hungría. El experimento acababa de comenzar.

Por razones de peso Laszlo decidió aplicar su teoría al juego de ajedrez. Por un lado, era un fuerte aficionado, así que podría hacer él sólo gran parte del trabajo. Por otro, es una de las ocupaciones más baratas que existen: basta con un tablero, unas piezas, algún que otro libro, y tiempo para pensar.

La primera hija que tuvieron, Susan, pronto se convirtió en una figura prominente del mundo del ajedrez. Los padres se centraron en su idea de forma obsesiva; la chica no fue al colegio, su educación se limitó casi exclusivamente al ajedrez y los idiomas, que iba a necesitar en su carrera itinerante por todo el mundo. Con una educación extraña, falta del contacto con otros niños, los Polgar nunca se ganaron las simpatías de la gente.
Sin embargo, los resultados estaban demostrando que el sistema funcionaba. Susan Polgar fue pronto la primera mujer del mundo, según la clasificación de ELO (equivalente a los puntos ATP). Y sólo tenía 15 años. En realidad era la única mujer que podía enfrentarse con los hombres de tú a tú. El historial de sus méritos es muy largo, aunque casi todos sus títulos van precedidos de "la primera". Por ejemplo, fue la primera mujer en conseguir el título de Gran Maestro de ajedrez por méritos propios. Las anteriores mujeres, aún cuando hubieran podido conseguir el título con su juego, lo consiguieron por haber sido campeonas del mundo.

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Una de las aperturas más populares en el ajedrez son las denominadas "aperturas indias". Son aperturas cerradas, o sea, en la que las blancas comienzan el juego con el peón de dama. El artículo de Wikipedia sobre ellas es bastante orientativo.

El término "apertura india" comenzó a emplearse a partir de 1920. Sin embargo, es sorprendente que una expresión tan reciente y bien documentada haya borrado su pista etimológica tan eficazmente.

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Me fascinan los términos concretos.

4. adj. Preciso, determinado, sin vaguedad.

Muchos términos concretos provienen de idiomas extranjeros. En otras lenguas se pueden expresar a la perfección ideas abstractas como el deja vu francés, o el glasnot ruso que, en la lengua propia, sólo pueden expresarse tan correctamente usando una frase completa.

Uno de ellos, mucho menos conocido, es el alemán zugzwang. Se aplica al juego de ajedrez en aquellas situaciones en que un jugador pierde la partida - o una ventaja - porque está obligado a mover. El término proviene de la unión de las palabras Zug ( movimiento ) y Zwang ( obligación de ). La gramática alemana, que construye los complementos del nombre formando una única palabra, crea esta que es única y bella.

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Sobre el juego de ajedrez hay cientos de variaciones. Dada la complejidad del mismo(muchas piezas distintas, tablero grande con casillas de distintos colores) el total de cambios en las reglas que determinan un juego muy diferente es casi infinito.
En mi vida he jugado a muchas de ellas. Unas son divertidas, otras angustiosas. Pero hay una variación de ajedrez, que fuertemente destaca entre las demás: el "suicide chess".

Las normas son las mismas que en el juego normal, salvo las siguientes:
a) El rey es una pieza como cualquier otra: puede capturarse, puede coronarse un peón y solicitar un rey y no está permitido enrocar.
b) Capturar es obligatorio. En caso de poder realizar varias capturas, el jugador puede elegir.
c) Gana quien se queda sin piezas.

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Un curioso aspecto de la vida del Papa es su faceta como jugador de ajedrez. Se le atribuyen numerosas partidas que aparecen en los libros técnicos del juego. Sin embargo, tiene que sufrir el oprobio de tantas otras personalidades a las que se le han atribuido partidas que, en realidad, jamás jugaron.

Una de ellas fue investigada por un periodista polaco, y narra sus pesquisas en esta interesante página(en inglés o polaco). Hago un resumen de su historia.
Encontró la citada partida en un artículo de un periódico, escrita por el Gran Maestro norteamericano Larry Evans. De salida le chocó el estrambótico nombre de su atribuido rival, Wanda Zartobliwy, y es que en polaco, Zartobliwy vendría a significar algo así como jocoso o de broma. Por otro lado, la fecha de la partida - 1946, época en que Karol debía estar en el seminario y era un total desconocido - y el hecho de que la rival fuese embajadora despertaron sus sospechas.

La falta de cosas mejores que hacer le llevó a investigar si era o no verdad que Karol Wojtyla había jugado dicha partida. Tenía la ventaja de ser polaco y periodista. Pudo preguntar a mucha gente que conoció al Papa en sus tiempos de estudiante. En principio, nadie pudo confirmar la falsedad de la citada partida.

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