Buen jugador de futbol

Leer un artículo de Malcolm Gladwell en el que realiza una reseña sobre el libro The Wages of Wins – por cierto, el artículo es una obra maestra del devaluado género de las recensiones periodísticas – me ha recordado que tenía pendiente escribir sobre el éxito en fútbol.
El libro The Wages of Wins(Los méritos de la victoria) trata sobre la forma en que se evalúa la calidad y el rendimiento de los jugadores de baloncesto. Según expresan y fundamentan los autores, valorar exclusivamente quién anota más puntos en un partido, o quien recoge más rebotes es una forma bastante ineficiente de medición de la calidad de un jugador.
El ejemplo más claro, en nuestro país, puede ser el jugador yugoslavo Drazen Petrovic, famosísimo en España. Su calidad era indudable. Raro era el partido en que no acababa como máximo anotador. Pero no todo en él era perfecto. Como indica el artículo de la Wikipedia, era bastante malo como defensor.
Petrovic me lleva a pensar en el brasileño Oscar Schmidt, que ostenta récords de anotación mucho mayores. Según el artículo indicado, fue el máximo anotador en tres de las cinco olimpiadas en que participó, y eso que su equipo nunca llegaba más allá de los cuartos de final.
Dondequiera que se busque por Internet se deshacen en halagos hacia estos dos jugadores. Pero tenían un terrible defecto: lo tiraban todo. Un porcentaje terriblemente elevado de los balones que llegaban a sus manos acababan camino de la canasta. En muchos casos, la bola acababa entrando, tal vez en demasiados esto no ocurría.
A nadie parece importarle ese pequeño defecto, lo que cuenta es que metían muchos puntos.
Lo que en baloncesto puede llamar la atención de unos pocos observadores, en fútbol es flagrante. En el fútbol español, el éxito se mide en goles marcados o en goles no recibidos, todo lo demás, son estadísticas para enmarañar.
El caso de Torres es uno de los más llamativos. Convertido en un genio antes de serlo, se espera de él lo mejor en todo momento. Sin embargo, sus resultados son muy pobres. Las estadísticas de balones perdidos, disparos fallados, pases no recibidos, balones no luchados, presiones al defensor no hechas deberían ser auténticamente desmoralizantes. Al final sin embargo, un balance con el número de goles basta para justificar una temporada como buena o mala.
El mejor portero no es necesariamente el que ha recibido menos goles durante la temporada. Puede ser el que ha campeado aceptablemente un temporal de oportunidades constantes de gol por parte de los superiores equipos rivales.


Es triste pero en España somos unos paletos hasta gestionando las pocas empresas en que somos una potencia mundial. No hay criterio a la hora de fichar a jugadores – olvidemos al caso aparte del Real Madrid – todo depende de unos ojeadores que como su propia profesión indica tienen unos conocimientos a ojo.
Un adecuado método estadístico reportaría muy buenos resultados a los equipos que quisieran aprovecharse de las matemáticas – que no entienden de amigos.
Pero si hay algo que me sorprenda en el mundo del fútbol son las tarjetas amarillas y rojas. Las tarjetas rojas casi sólo se juzgan como muestras de carácter de un jugador. A veces se las justifica. Parece que nadie quiere ver el daño que hacen al equipo que las recibe.
Pongamos el caso de David Beckham. Durante la última temporada de liga recibió dos tarjetas rojas jugando con el Real Madrid. En el momento en que su equipo recibió dichas tarjetas tuvo que cambiar inmediatamente de táctica. Al jugar con diez, la actitud tiene que ser mucho más conservadora. Esto lleva a que se marquen menos goles y a que sea más probable que el equipo rival los marque. Y si esto ocurre, gran parte de la responsabilidad es del jugador expulsado.
Resulta divertido ver como sancionan a algunos jugadores por llegar tarde a un entrenamiento, pero el club no hace nada cuando el mismo jugador, por una actitud totalmente antideportiva, provoca su expulsión del campo.
Algunos jugadores pierden la oportunidad de jugar partidos importantes por acumulación de tarjetas amarillas. En algunos casos, la tarjeta puede entenderse – evitar una jugada manifiesta de gol, incordiar a un jugador importante del equipo rival – pero por lo general suelen ser gratuitas. Una causa frecuente es protestar al árbitro. Ante la pérdida del jugador para el partido crítico, entrenadores y compañeros de equipo hablan como si de un drama humano se tratase. Sin embargo no es más que incompetencia y falta de profesionalidad, que en fútbol se tolera sin dudar.
Mucho se habló en Inglaterra por el partido de la Copa del Mundo 2006 de su selección contra la de Portugal. En ella se produjo la expulsión del inglés Rooney, por tarjeta roja directa, tras pisar a un jugador portugués. Esta expulsión sería una de las principales causantes de la eliminación de Inglaterra del mundial.
Sin embargo, los medios se centraron en juzgar la actuación del portugués Cristiano Ronaldo, que reclamó al árbitro que sacara la tarjeta roja – que probablemente la acción merecía. Les resultó poco ético, ya que tanto Ronaldo como Rooney son compañeros de filas en el equipo del Manchester United.
La situación no deja de ser grotesca. Un equipo pierde porque uno de sus jugadores no es capaz de permanecer sobre el campo. Y las iras se centran en un jugador rival que lo único que hizo fue aplaudir la decisión arbitral. Recuerda esos comportamientos de machotes, muy militares, basados en el poco sentido común y mucho en la brutalidad, pero envueltos en la palabra honor.

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2 comentarios en “Buen jugador de futbol”

  1. Por fin alguien que se da cuenta de lo de Torres, como buen atlético te aseguro que “el niño” está a años luz de ser un crack. No es mal jugador pero relegándole a un papel secundario. Ha hecho mal el atleti en no venderlo ahora.
    Respecto a lo de las expulsiones tienes toda la razón y los atléticos lo sabemos gracias a jugadores como Petrov, Luccin o el gañán de Ibagaza. Como Caminero en sus buenos tiempos, que siempre le expulsaban antes de los derbys.
    [Comentario zrubavel: Lo de Torres es Vox Populi, se oye con frecuencia a pie de calle. Cualquiera que lo haya pensado un poco se da cuenta de que es pura ficción mediática.]

  2. “Un adecuado método estadístico reportaría muy buenos resultados a los equipos que quisieran aprovecharse de las matemáticas – que no entienden de amigos”
    Ese tipo de empresas existen. Seguro que hay muchas otras, pero en concreto yo conocí por dentro una llamada “Galanis Sports Data”, localizada en Atenas, que toma todo tipo de registros para asesorar a los entrenadores de los grandes clubes que tienen como clientes. No sólo la relación “minutos jugados/goles marcados (o encajados)”, sino el tipo de cosas que dices, como porcentaje de balones perdidos, de controles de balón mal efectuados, de pases al hueco que hayan funcionado, etc. Algo realmente sofisticado. Y venden sus informes a precio de oro.
    [Comentario zrubavel: Es lógico que existan empresas así, lo que no me cuadra es que decisiones de algunos millones de euros no se tomen siempre sobre una base estadística.
    La acumulación de datos estadísticos es un trabajo de becarios, la lectura de los mismos y la inferencia estadística, que permitan sacar conclusiones, son trabajos de profesional que absurdamente no se están realizando lo suficiente.]

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