Evolucion

Fas est et ab hoste doceri.

Ovidio, Metamorfosis, IV 428.
Es lícito aprender hasta del enemigo, una grandísima frase, que con frecuencia se le atribuye al Evangelio de San Mateo, lo cual es un error, pues como puede comprobarse esa frase no aparece por ninguna parte.

I

Muchas sentencias memorables pertenecen a la Biblia, el libro entre los libros. Con el paso del tiempo, su prestigio ha decaído hasta ponerse en entredicho cada una de sus palabras.
Resulta cómica la situación actual, en que los libros que defienden teorías de conspiración por parte de la Iglesia católica tienen tanto éxito. Muchas de esas teorías se basan en los llamados Evangelios Apócrifos. Estos textos, posteriores en su mayoría a lo escrito en la Biblia, son interpretados al pie de la letra. En base a dichos textos, se refutan numerosos contenidos de la Biblia.
Si tenemos en cuenta que, históricamente, dichos textos fueron rechazados sistemáticamente por la Iglesia, nos encontramos con la curiosa situación de que, a día de hoy, se da más crédito a unos textos más modernos – que fueron escritos bajo el conocimiento de lo que figura en la Biblia – y que nunca antes habían sido reconocidos como de valor, salvo por el puramente histórico.
Es como si dentro de dos mil años, un blog que tratara sobre el cine de Amenábar alcanzara más prestigio que el propio director de cine. Y que se cuestionen los argumentos de sus películas basándonos en comentarios y entradas de dicho blog.
La forma de refutación es divertida. Se parte de una condicional (si el Evangelio de Judas es cierto, entonces…) para sacar una serie de conclusiones – Judas no fue un traidor, Judas fue el verdadero Mesías, Adán nunca existió – y luego, se olvida que estábamos ante una condicional, y que todo esto no deja de ser una suposición, quedándonos tan sólo con las conclusiones obtenidas.


[Matemáticamente, la verosimilitud de estas conclusiones podría medirse con el uso de probabilidades condicionadas.
Llamando A al suceso «la Biblia tiene ciertas mentiras» y B al suceso «el evangelio apócrifo XXX es cierto», se tiende a confundir el hecho de que la probabilidad de A, condicionada a la ocurrencia de B, p(A dado que B), con el suceso p(A). Este razonamiento sucede porque, inconscientemente, nuestra mente indentifica el suceso p(A) como de alta probabilidad – creemos que la Biblia está llena de mentiras y que es un cuento para niños – y estamos dispuestos a aceptar cualquier suceso que defienda nuestra teoría como muy probable.
Así, se establece la fórmula p(B) = p(A) * p(A dado que B), fórmula que habría revuelto el estómago de Bayes, pero que psicológicamente tiene un valor digno de estudio, en casos como este en que el suceso que se pretende probar se utiliza como parte de la propia prueba.]

II

Actualmente recibe severos ataques la doctrina del Creacionismo. Opuesta al Evolucionismo, defiende que el hombre fue creado por Dios, más o menos en los términos enunciados por la Biblia. La doctrina evolucionista defiende la doctrina de la evolución, enunciada por Darwin, aquello de que el hombre desciende del mono.
El tiempo ha dado mejores cartas a los defensores del Evolucionismo, cuyas hipótesis de partida son las más probables. Sin embargo, la actitud con la que atacan a los creacionistas, recuerda los tiempos en que ellos tuvieron que defenderse con menos medios. Ahora se ridiculiza sin más la postura creacionista, quien afirme que cree la historia del jardín del Edén, es tachado de ignorante y digno de pena.
Hoy en día la Ciencia, en muchos casos, se comporta como la religión hiciera en el pasado. Sólo le interesa su propio ombligo y no está dispuesta a escuchar a voces de otros ámbitos – filosofía, religión, historia, las ciencias bastardas.
Entre los evolucionistas se encuentran muchas de las personas más incultas que poseen un título universitario. Creen que su título universitario les hace ser los poseedores de la verdad.
Para ellos la voz del Papa, un tipo que dirige una de las organizaciones más poderosas y prestigiosas del mundo, que sabe seis idiomas y tiene unos conocimientos teológicos admirables, es comparada con la del típico familiar borracho que se nos acerca en una boda a darnos su particular visión del mundo.
La inmensa mayoría de estos evolucionistas iletrados se dejan guiar por la historia que llevan años oyendo – el hombre desciende del mono. No se han preocupado de leer El origen de las especies, de estudiar las crisis de dicha teoría y su necesidad de redefinición actual. Su comportamiento es el mismo que el de la Iglesia en la Edad Media: la versión que llevas toda tu vida oyendo, resulta la más probable.
Si ni siquiera se han preocupado de estudiar su alegato, el de la competencia bien poco les interesa. Una discusión que en su momento supuso el punto de inflexión en la lucha entre razón y religión, quizás la más interesante de todas las cuestiones científicas, rechazada con un es de cajón que el hombre desciende del mono.
Como evolucionista y ateo, lejos de tratar de ganar una batalla, me interesa conocer los argumentos del enemigo. Más que vencerle, me interesa aprender de él. Cuestiones sobre las que la humanidad lleva siglos estudiando, son descartadas, tiradas al cubo de la basura, porque la hipótesis inicial (Dios creó a Adán a su imagen y semejanza) no era válida.
Si antes, partiendo de las conclusiones a que queríamos llegar, aumentábamos la verosimilitud de algunas de sus hipótesis, ahora, dada la poca verosimilitud de las hipótesis, rechazamos cualquier conclusión.
[Volviendo a los términos matemáticos, si llamamos al suceso A como «Dios creó a Adán» y como B dado que A a «el conocimiento obtenido de esta premisa», ahora decimos que puesto que A no sucede ( p(A) = 0) entonces p(B/A) es también = 0. Otra patada a las leyes de la lógica formal.]
Es triste tener que rechazar los estudios de personas que dedicaron sus vidas enteras a tratar de ahondar en el conocimiento de las cosas. ¿No se puede sacar nada bueno de todo eso? ¿Todo lo que se dijo carece de valor?

III

Una postura interesante del Creacionismo es la que se refiere a la propia naturaleza del hombre. Según la doctrina católica, puesto que todos los hombres descienden de Adán, y según la Maldición de que habla la Biblia, todos sus descendientes quedaron contagiados con el Pecado Original, todos nosotros estamos infectados con la Maldición.
En los orígenes, todos los hombres y mujeres fueron hijos de Adán y Eva. Los hermanos se casaban entre sí, teniendo más y más hijos. La genética – ciencia aceptada por la Iglesia – afirma que los cruces entre individuos con una gran consanguinidad tienen grandes probabilidades de que sus descendientes nazcan con malformaciones. Sin embargo, en los orígenes de la Humanidad bíblica, esto no ocurrió. Para los creacionistas, la causa se debe a que la dotación genética de los primeros hombres era superior a la que tenemos en la actualidad. La Maldición del Pecado Original provoca que cada generación de hombres sea inferior a la anterior, hasta llegar al punto actual en que casarse con un primo puede ser motivo de que te nazcan niños con rabo.
Esta degeneración de la raza (¡Lo que ha dicho!) justifica la llegada de un Juicio Final, cuando las generaciones venideras sean lo peor de lo peor.
La postura evolucionista es clara: sobrevive el más apto, el mono se convirtió en un animal más listo, y este en un hombre que, si se lo montaba bien, podría vivir sin dar un palo al agua, y sin tener que ser más fuerte que los demás. Un animal capaz de ir al espacio y fabricar ordenadores con el sistema operativo Linux. El evolucionismo sostiene que cada hombre actual – siempre hablando en promedio – es mejor que los anteriores.
Aunque la anterior discusión puede parecer ridícula para alguno de los bandos, la pregunta a la que se llega no puede serlo en modo alguno. ¿Es el hombre de hoy mejor que el de hace 500 años? ¿O que el de hace 2.000 años?
Para realizar la comparación hay que entender situaciones más o menos similares. No podemos comprar a un niño de Madrid, que ha tenido atención médica desde el primer día y que se ha alimentado de la leche de una madre sana, que se alimentaba correctamente desde el embarazo, con un niño medieval, cuya mayor suerte puede ser la de estar vivo.
Tratemos de imaginar condiciones iniciales similares. Por ejemplo, nos traemos a una pareja de la época de los faraones, les enseñamos de qué va la dieta mediterránea, y les dejamos tener un niño, criado con Seguridad Social, papillas y juguetes Disney. Pensando siempre en un niño promedio, ¿Sería este más o menos inteligente que uno actual?
En mi opinión esa pregunta, bien merece unos minutos de reflexión.
Referencias: Christian Answers. (Ver el apartado Biological Deformities ).

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3 comentarios sobre “Evolucion”

  1. Yo, observando todos esos fenómenos de masas que son las teorías confabulacionistas de cualquier tipo, llego a la conclusión de que los seres humanos tenemos una gran necesidad de explicar nuestro mundo, nuestras vidas, o nuestra historia, de algún modo distinto al comunmente aceptado. Y no importa el razonamiento o la verosimilitud de la interpretación, lo que importa es «cambiarlo» de algún modo. Seguramete fruto de nuestra inconformidad con el mundo que nos rodea o la vida que tenemos. Y esto lleva a que estemos predispuestos a convencernos más fácilmente de todo ese tipo de historias, sin que nos sea necesario contrastarlas. Basta con que no haya manera de demostrar su falsedad al 100%.
    Saludos!

  2. La postura evolucionista es clara: sobrevive el más apto: Falso
    El evolucionismo sostiene que cada hombre actual – siempre hablando en promedio – es mejor que los anteriores.: Falso
    Con respecto a los apócrifos, no veo la distinción tan clara que haces tu. Es cierto que muchos son posteriores, pero otros son contemporaneos de los escritos canónigos y fueron rechazados simplemente para que cuadrara mejor. Yo considero invenciones, literatura y leyenda a ambos y coincido contigo que es absurdo considerar verdaderos a los apócrifos para desmentir los canónigos.
    Con el resto del artículo estoy parcialmente conforme. Posiblemente se puedan aprovechar bastantes cosas de los pensadores cristianos. Pero la demostrada falsa de sus premisas por parte de la ciencia hace muy difícil concederles credibilidad.

  3. La cuestión de la inteligencia no merece unos minutos de reflexión, sino bastantes más. Yo no tengo una postura clara, así que escucharé los argumentos de ambas partes.
    Con respecto a si somos «mejores», siento tirar al rollo relativista, pero primero tendríamos que definir qué consideramos como mejor o peor, y qué idea tiene la naturaleza de eso mismo (que frecuentemente no suele coincidir con nuestro concepto). Por ejemplo, hoy en día con nuestros trabajos sedentarios y las tareas del hogar cada vez más automatizadas, se puede decir que la masa muscular es muy poco útil. De ahí que un obeso pueda adaptarse perfectamente al medio y ser, no lo «mejor», pero sí adecuado. Sin embargo, cuando dentro de un siglo la Tierra sea un planeta desértico y arrasado, quizá los más aptos sean los que llevan muchos años sobreviviendo con lo poco que extraen de la tierra. Eso será entonces lo «mejor».

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