La batalla del láser

Leía en la edición impresa de “El país” del 07-10-2005 que había muerto Gordon Gould. En la nota necrológica desglosaban una vida sorprendentemente dramática.
Gould era un físico estadounidense que trabajó en diversas universidades del país. Su mujer era una activista comunista, y eso le trajo numerosas complicaciones, teniendo en cuenta el rechazo que el gobierno de su país tenía hacia el comunismo. Así, perdió alguna plaza en la universidad por sus implicaciones políticas.
Gould descubrió el láser en 1957. Maravillado ante la trascendencia del invento, bajó a la tienda de comestibles de su barrio a contar lo que había descubierto.
Habló con un abogado sobre si debía patentar la idea, pero este le dio uno de los peores consejos de la historia: “Espera a desarrollar algo práctico, te será más fácil patentarlo y obtendrás mayores beneficios”
Luego decidió llevarlo a la práctica, para ello contactó con empresas a las que pudiera interesarle y se puso, con una de ellas, manos a la obra.


Dado que las aplicaciones del láser eran útiles sobre todo para aplicaciones militares, un comité del Ejército era el encargado de realizar los trabajos. De nuevo las tendencias políticas de su mujer le gastarían una mala pasada: fue sacado del proyecto que él mismo había fundado.
Así, en las primeras utilidades prácticas del láser, su nombre no aparecía por ninguna parte. Para colmo de males, dos científicos ganarían el premio Nobel por el invento. Su rabia debía ser indescriptible.
Planteó un juicio para conseguir los derechos sobre la autoría. Un juicio complejísimo, pues la patente estaba en manos de empresas gubernamentales, amén del reconocimiento del Nobel a otras personas. Se reían de él. La dificultad del juicio obligó a utilizar a un potente equipo de abogados que, ante su falta de recursos, fue exigiendo un mayor porcentaje de los posibles beneficios de la patente.
Gould ganó su primera patente en 1977. A partir de ahí, hasta la victoria final en 1988 en que consiguió el definitivo reconocimiento, habían transcurrido más de 30 años. Los abogados ya eran beneficiarios del 80% de los derechos y aún así, con ese 20%, se convirtió en un hombre considerablemente rico. El láser se había expandido mucho y estaba por todas partes(por ejemplo en los lectores de CD o los escáners de los supermercados).

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