La fábrica de ilusiones

Aterrador me ha resultado no que Madrid no gane la elección a la sede olímpica de 2016 sino el ver en directo el cambio informativo de periódicos, radio y televisión. Dos minutos antes de la votación: Madrid es la favorita. Dos después: Todo el mundo sabía que la favorita era Río. Los informadores se trastabillan en su incoherente discurso, tenían razones para cualquier ganador y justificaciones decisivas a favor y en contra de cada sede. Madrid pierde 32 a 66 y resulta que es una derrota por la mínima.

Nos venden ilusiones, no noticias. Esta, intrascendente, las otras, las que te crees, tal vez no. Si la función de la prensa es informar, ¿Por qué tengo que recurrir a la extranjera para al menos sospechar las opciones de victoria de cada cual?

Gracias a Dios, las casas de apuestas no fallan. Unibet daba 1.85 a 1 por Chicago, 2.5 a 1 por Rio y 18 a 1 por Madrid. Así, no hay quien se crea lo de favoritos.

¿Cuál es el tamaño de esta mentira? Bastante grande, pues pagan 15 a 1 por el que se atreva a apostar que el Atlético de Madrid ganará al Real Madrid tanto en casa como en el Bernabeu. Es decir, que un periodista dice en titulares algo tan improbable como lo anterior, y encima espera que te lo creas como si su ilusión o sus corazonadas fueran un argumento irrefutable.

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4 comentarios sobre “La fábrica de ilusiones”

  1. Lo vergonzoso ha sido comprobar el «enorme espíritu olímpico» de los ciudadanos de Madrid que, una vez conocida la designación de Río han coreado «¡tongo, tongo!», y al ser entrevistados unos brasileños que celebraban la victoria solo hemos podido oír el clásico chovinista «yo soy ehpañol, ehpañol ehpañol» de la multitud que los rodeaba.
    Pues eso, deportivamente.

  2. Por eso los que escribimos los posts antes de la elección diciendo que nuestra favorita era Río nos llevamos palos por todos lados.
    Si es que este es un país de enterados.

  3. ¿Cómo iban la prensa y el paleto promedio españoles a perder tamaña oportunidad de revolcarse en el fango? Nada nuevo bajo el sol.

    Mi enhorabuena o mi pésame (táchese lo que no proceda) a Río de Janeiro.

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