Ante notario

Desde mis orígenes como telespectador, cuando maravillado veía el Un, dos, tres, la presentación de un sorteo siempre la he asociado con la muletilla «ante notario». Estos añadidos, a los que acaba uno tan acostumbrado, terminan no diciéndonos nada. Otro por el estilo es el de «más gastos de envío», o el ahora ideado por las empresas de telefonía de «impuestos indirectos no incluidos».
La presencia de un notario en un concurso da una imagen de seriedad y formalidad, de que las cosas están bien hechas. Pero por encima de todo, de que el ganador es elegido democráticamente y va a recibir su premio.
Antes, los concursos daban unos premios estupendos. Solo de pensar en los monótonos pisos en Torrevieja del antes citado concurso, nos hacemos una idea del dineral que se podía soltar. El dinero, poco a poco, fue desapareciendo. Con las nuevas cadenas privadas, incluso hubo rumores y noticias acerca de impagos de premios en muchos concursos.
Esto hace que el interés del concursante decaiga. Ahora el negocio ha derivado hacia otro tipo de sorteos, pero a mí la presencia notarial me da un margen de seguridad. Aunque claro, me hace pensar en todos esos otros concursos en los que no hay notario. Supongo que en ellos el trapicheo y la irregularidad priman sobre todas las cosas.

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