Efecto placebo

Para medir la fiabilidad de cualquier nuevo tratamiento médico o de un fármaco en estudio los investigadores parten de una base muestral: una serie de pacientes que acceden a intentar ese nuevo método. En algunos casos, como los cánceres más complejos, los pacientes no tienen nada que perder.

Si queremos medir cómo funciona nuestro experimento no administramos el medicamento a los pacientes y medimos sus resultados comparados con los que presentaban antes del experimento. El simple hecho de tratar a un paciente ya forma parte de la curación. Es el llamado efecto placebo. El efecto placebo tiende a ridiculizarse: las desgraciadas amas de casa que usan las pinzas antidolor Lasvi son víctimas de ese efecto.

El efecto placebo sin embargo es tan eficaz que los investigadores se ven forzados a contrastar sus métodos no contra la ausencia de tratamiento sino contra lo que se obtendría usando un placebo.

Imaginemos que tener dolor de espalda son diez puntos. Un medicamento que no haga nada aporta cero puntos. Por ejemplo una caja de pastillas que se quede en la farmacia aporta una curación de cero puntos. Los placebos tal vez puntuarían entre uno y tres, dependiendo de la capacidad de sugestión de la persona. Un investigador sabe que tiene que sacar al mercado un producto que, como poco, suponga una mejora de cuatro puntos.
Ahí nos encontramos con un punto curioso. Para conseguir una mejora de cuatro o cinco puntos necesitamos en muchos casos millones de euros en investigación. Pero para conseguir una mejora parcial pero mensurable sólo hace falta un curandero, un sacerdote, un farmacéutico, un masaje, unas pastillas inocuas, una crema natural.

La sociedad en general tiende a ridiculizar al paciente que afirma que nota una mejoría con los placebos. Como las pulseras de cuarzo, muy de moda en los años ochenta, los filtros de agua, los suplementos de vitaminas. Los que se creen que mejoran con eso son unos idiotas.
Por un lado bienaventurados los crédulos porque gastarán poco en medicinas. Aunque las pulseras de cuarzo no valían para nada no eran tan caras y durante algún tiempo la gente que las usaba afirmaba sentirse mejor.

Por otro el efecto placebo funciona hasta el punto de que el método científico lo incorpora en sus procedimientos rutinarios de test de experimentos psicológicos o médicos.

En resumen, el método placebo funciona y cuanto más bien te haga, mejor para ti. En gran medida dependerá de tu capacidad de sugestión. Aunque hay casos extremos como los de personas que caen en manos de desalmados santeros o magos, los que se dejan guiar por inocentes pamplinas acaban obteniendo una barata forma de curación parcial que tiene la ventaja añadida de que puede cambiarse con regularidad. Por ejemplo el que después de un año entierre la pulsera de cuarzo puede probar con enorme satisfacción las grandes ventajas del agua filtrada o desionizada.

El efecto placebo está tan desprestigiado que nadie se atreve a emplear ni un segundo de su tiempo en él. Podría investigarse qué hace que un método placebo sea más efectivo que otro. Las mejores formas para potenciar estas formas alternativas de curación parcial. Usando el ejemplo anterior, habría que saber al menos qué sistemas nos permitirían una puntuación de tres sobre diez, descartando los sistemas de un solo punto.

La gente se rasga las vestiduras cuando en África no hay para pagar tratamientos del Sida. Pero podría hacerse mucho bien en dolencias menores más cotidianas con ayuda de placebos de laboratorio. Cierto es que los chamanes y médicos de tribu ya hacen eso pero algunas veces podrían mejorarse sus resultados. Y sería muy barato. Parece como si las únicas enfermedades importantes fueran las mortales. Hay que erradicar la malaria porque es mortal, pero los que tengan úlcera o gastroenteritis crónica en África que se den con un canto en los dientes por su buena suerte.

II

Volvamos al comienzo. Seamos drásticos. Pensemos en un cáncer complejo, como el de páncreas. Casi nada funciona y los médicos te convocan para probar un nuevo medicamento que ha funcionado bastante bien en las pruebas clínicas pero que aún no está aprobado. Sabes que es eso o morir en un par de meses. Así que dices que sí sin pestañear. Y entonces los médicos tiran una moneda. Si sale cruz, irás al grupo de control y tomarás uno de los placebos durante varias semanas. Y por mucho que los haya defendido no nos engañemos: los placebos palían pero raramente curan. Por el bien de la medicina morirás y creerás que tu última opción no funcionó. En los casos más macabros, gracias a tu muerte se habrá demostrado que ciertos medicamentos funcionan. Y después, se habrá generalizado su uso y salvado muchas vidas. Puedes pensar que fuiste un héroe pero en este caso fuiste un conejillo de Indias por el que ni los ecologistas se preocuparon.
La idea de que los placebos están infravalorados la aprendí de Seth Roberts.

One comment

  1. Pero hombre, si los dobles ciegos y los chequeos con placebos se usan para medicamentos comerciales no para tratamientos complejos como el cáncer.
    [Comentario zrubavel: Me corrijo. Tienes razón Álvaro:

    Why does this myth persist. It has been pointed out repeatedly that nobody with
    active cancer receives a placebo in the sense that you are thinking of.
    NEVER!!!!! The control group to which the new treatement is compared receive
    the standard treatment which in this case would be the «placebo» group. There
    are generally no control groups in phase I and II trials.

    En cualquier caso el paciente que reciba el tratamiento estándar tendrá todas las de perder, por algo se está tratando de sacar un procedimiento nuevo, porque aquel con el que será tratado se ha demostrado como insuficiente.
    ]

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