El tramposo empedernido

Lo primero que le sorprende a los novatos en el ajedrez es ver la cantidad de impresentables que hay en el mundo del ajedrez. Uno espera que los jugadores más tramposos, con peores formas, ocupen los escalones más bajos del ranking. Sin embargo, para su sorpresa, una parte considerable de los mejores jugadores está formada por personas zafias, miserables y en algunos casos con comportamientos casi criminales.
De entre todos estos personajes, que no dejan de ser una minoría, hay uno que, en mi opinión, sobresale lo suficiente como para ocupar el puesto del peor jugador de la historia. Su nombre no es nada fácil de recordar: Zurab Azmaiparashvili.
La lista de escándalos en que se ha visto implicado, dentro y fuera de los tableros de ajedrez, es interminable. Sin embargo, parece como si ello no hubiera afectado a su reputación personal: no en vano es uno de los Vicepresidentes de la Federación Internacional de Ajedrez, y el presidente de la Federación de Ajedrez de Georgia.
De las muchas historias que sobre él pueden contarse, sin lugar a dudas la más sorprendente es la de cómo llegó a la élite del juego de ajedrez.

El sistema ELO

Las categorías del ajedrez internacional son dos: Maestro Internacional y Gran Maestro. Maestro Internacional puede ser hoy en día, con esfuerzo, tiempo y con bastante dinero, cualquier persona de inteligencia media que se lo proponga. No es tarea trivial, pero muchas personas de escasas cualidades han conseguido dicho título. A día de hoy hay 2.686 Maestros Internacionales en el mundo.
Llegar a Gran Maestro es mucho más complicado. Hace falta una parte de talento, mucho más esfuerzo y no todos los que lo intentan lo consiguen. Aún así hay bastantes que acaban alcanzando ese título. Hoy en día existen 1.025 Grandes Maestros.
En otra época, el título de Gran Maestro era una garantía de que se formaba parte de la élite mundial. Apenas había un par de decenas de Grandes Maestros; con el tiempo, al aumentar el número de jugadores y el de encuentros válidos para el ranking mundial, muchos más se han ido subiendo a la categoría. Hoy en día, dado el volumen de Grandes Maestros, ser uno de ellos no significa nada.


Así, la única opción para medir la fuerza de un jugador son sus puntos de ELO. Los puntos de ELO son un ranking que se obtiene en función de los encuentros realizados con jugadores que también tienen esos puntos de ELO. El sistema de puntos impera en muchos deportes individuales, como el billar o el tenis.
El sistema ELO, en ajedrez, asigna los puntos según una distribución normal: antes de una partida a un jugador se le espera una determinada puntuación, que debe cumplir. Si supera las expectativas, gana puntos. Si no las alcanza, los pierde. Cuanta mayor diferencia de puntos haya entre los rivales, menos puntos ganará el rival más fuerte – caso de que venza – y más podrá ganar el rival más débil – de obtener la victoria.
Sólo unas pocas personas del mundo han conseguido más de 2.800 puntos de ELO en su vida: Garry Kasparov, Bobby Fischer, Viswanathan Anand, Vladimir Kramnik y Veselin Topalov. Todos ellos han sido Campeones del Mundo en alguna ocasión.
Superar los 2.700 puntos de ELO es tarea complicada. Sólo una docena de personas suele estar por encima de esa puntuación. Son estos los que representan la superélite. Simbolizan a lo que eran los antiguos Grandes Maestros. Son a los que se les paga sólo por participar, los que tienen habitaciones en buenos hoteles para ellos y para sus acompañantes. A los que hay que invitar con mucha antelación, si se quiere que participen. Y los que sólo juegan torneos importantes.
Por debajo de estos, con más de 2.650 puntos de ELO, hay un nutrido grupo de jugadores. No muy abundante, pero lo suficientemente amplio para no ocupar puestos de privilegio. Estos jugadores están a un tiro de piedra de la superélite y les basta un par de buenos resultados seguidos en torneos importantes para saltar al grupo de los de más de 2.700 puntos. Miden mucho los torneos donde juegan, porque si participaran en torneos de poca monta podrían perder muchos puntos de ELO, y aspiran a ganar pocos.
Finalmente, está el submundo. Superando los 2.500 puntos de ELO, pero sin ser nadie especial hay mucha gente. La idea es que todos los Grandes Maestros tuvieran un ELO superior a esa cantidad, pero, al tratarse de un título vitalicio, hay de todo, incluso personas que han sufrido una enfermedad mental y han perdido su capacidad de jugar bien al juego, pero que aún así detentan el título.
Con más de 2.500 puntos de ELO hay mucha gente. Más de 700 personas. Ni que decir tiene, que son unos Don Nadie.

Hackeando el sistema de ELO

Zurab Azmaiparashvili era uno de tantos jugadores con más de 2.500 puntos de ELO, pero con menos de 2.600. Alejado de los torneos importantes, no le quedaba otra sino jugar los campeonatos Open. En estos torneos puede participar cualquiera que esté dispuesto a pagar el dinero de la inscripción. Ni siquiera se exige saber las reglas del ajedrez. Existen unos premios para los primeros clasificados, que siempre van a manos de los profesionales del juego. Estos tienen que comenzar jugando partidas contra jugadores aficionados, para luego luchar por los primeros puestos, jugando contra otros Maestros Internacionales y Grandes Maestros.
El riesgo de jugar contra un aficionado es elevado. Si se vence, no se ganan apenas puntos de ELO, quizás medio punto todo lo más. Si se pierde, por contra, se pueden perder hasta diez puntos de ELO.
Para un Gran Maestro, vencer a un Maestro Internacional es lo normal, pero no tan frecuentemente. Y una derrota supone un buen bocado de puntos de ELO. Los Grandes Maestros que juegan torneos Open apenas tienen oportunidades de subir su puntuación, por lo que nunca consiguen salir de ese circuito de tercera categoría. Una notable excepción es la del Gran Maestro Veselin Topalov, que acabó llegando a Campeón del Mundo. Siendo búlgaro, necesitaba ganar dinero mientras se preparaba y tuvo que pasar por esta dura forma de educación.
Así, Zurab Azmaiparashvili tenía que sobrevivir jugando este tipo de torneos. A él, como a tantos otros, le resultaba muy duro saber que los jugadores con 2.660 puntos de ELO no eran apenas mejores que él, con sus 2.540 puntos de ELO. Sin embargo, llegar tan arriba es casi imposible. La diferencia de 120 puntos de ELO sólo puede alcanzarse subiendo sin parar durante dos o tres años buenos y seguidos.
Hay que reconocer que nuestro antihéroe tiene también muchas cualidades positivas. Una de ellas, su determinación, fue la que le llevó a salir del pozo. En vez de resignarse, como hacen los cientos de jugadores que no pueden llegar a las altas categorías, Azmaiparashvili decidió llegar haciendo lo que hiciera falta.
En aquel momento había llegado a una de sus cotas superiores, los 2610 puntos, pero sabía que no podrían durar demasiado. Entonces convocó a tres amigos suyos, dos yugoslavos y uno ruso (Azmaiparashvili es georgiano) . Uno de ellos, Bogdan Kurajica, era un Gran Maestro de fuerza similar a la de Azmaiparashvili y una puntuación de ELO casi igual, si no ligeramente superior. Los otros dos eran el Maestro Internacional Kutirov – con casi 200 puntos de ELO menos que Azmaiparashvili y Kurajica – y el Gran Maestro ruso Rashkovsky, que tenía unos 50 puntos menos que ellos en aquella época.
Decidieron jugar un torneo cuadrangular, en el que todo el mundo se enfrentaría con sus rivales seis veces, con lo que cada cual jugaría un total de 18 partidas, en Strumica(antigua Yugoslavia), en 1995.
Un torneo cuadrangular con seis encuentros por rival es un torneo verdaderamente inusual, es más, puede que en los últimos cien años sea el único de estas características que se haya jugado.
El resultado normal habría sido la victoria de Zurab Azmaiparashvili, quizás con unos 11 ó 12 puntos (cada victoria vale un punto, y el empate medio). Sin embargo, acabó venciendo por 16 puntos, ganando 15 partidas, empatando dos y perdiendo sólo una.
Obtener 16 puntos sobre 18 posibles era un resultado inimaginable y muy positivo para el georgiano. Sólo con un torneo, tan favorable, había conseguido subir más de 50 puntos de ELO. De repente estaba en el prestigioso grupo de los jugadores con más de 2.650 puntos de ELO.
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Las sospechas eran más que evidentes entre el resto de Grandes Maestros. Muchos sugirieron que, era extraño que no se conociera ninguna de estas partidas. Y es que habían sido muy burdos en su manipulación. No se limitaron a subir descaradamente la puntuación de Azmaiparashvili, sino que también el resultado de Kutirov (el peor jugador de los cuatro, con mucha diferencia) era sorprendente. Él a su vez había ganado 63 puntos de ELO.
Para evitar que se destapara lo que era un evidente amaño, los jugadores mostraron las partidas que supuestamente se habían jugado. Alguna incluso fue especialmente bella.
La Federación Internacional de Ajedrez nunca se ha caracterizado por su transparencia y legalidad. Nadie hizo una investigación oficial sobre lo ocurrido y Zurab pudo pasar a recibir invitaciones a torneos importantes, con habitaciones en hoteles que no hacía falta compartir y con un sueldo fijo independientemente del resultado obtenido.
Preguntando posteriormente a Kurajica, este contaba que para él, que había sido el gran damnificado, recuperar los 60 ó 70 puntos de ELO perdido no iba a suponer gran problema por cuanto seguiría jugando el mismo tipo de torneos. Era bastante mayor y sus ambiciones en el juego hace tiempo que habían desaparecido. Sin embargo, el dejarse perder le afectó; nunca volvió a ser el gran jugador de antes. Éticamente se había comportado mal y algo dentro de él se rompió para siempre. Nunca recuperaría todos los puntos de ELO perdidos con el gran amaño.
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La llegada a la élite.

Entre los jugadores de élite, la acogida hacia este desconocido fue muy fría. El letón nacionalizado español Alexei Shirov se negaba a darle la mano cuando se enfrentaban juntos. Con el tiempo, todo se acabaría olvidando.
Azmaiparashvili sin embargo no desentonó. Se podía permitir muchos empates con rivales que eran tan fuertes como él. De hecho, es famoso por su capacidad para empatar. A pesar de haber llegado de forma ilegal a donde estaba, nadie pudo demostrar que no tenía la fuerza suficiente. El sistema de puntos ELO tenía algunos defectos importantes.
Desde su puesto de élite, Azmaiparashvili consiguió algunos resultados importantes, como el título de Campeón de Europa de ajedrez. Este es un título muy nuevo, bastante complicado de obtener teniendo en cuenta que casi todas las ex-repúblicas soviéticas son consideradas europeas. La consecución de este campeonato no vendría exenta de la polémica.
En la última partida se enfrentaba a Malakhov, un fuerte Gran Maestro ruso. A Azmaiparashvili le bastaba con el empate para ganar el campeonato. En un momento dado, cogió una pieza, con intención de moverla a una casilla, pero antes de hacerlo, se dio cuenta de que era un error fatal. En ajedrez, existe la obligación de mover la pieza que se ha tocado. Pero Azmaiparashvili, en un torneo de semejante categoría, le preguntó a su rival si le importaba que moviera otra pieza. Y este le dijo que no, permitiéndole salvarse para acabar empatando la partida.
Este georgiano no tiene cara de santo y la verdad es que debe asustar bastante tropezarse con él en una calle solitaria. Los georgianos siempre han tenido fama de ser gente muy dura y violenta.
Los escándalos que tratan sobre él darían para escribir un libro entero. Algunos incluso han llegado a las páginas de los periódicos españoles:
Detienen a un ajedrecista de Georgia por agredir a un Guardia Civil.
Aunque para mí, este engaño al sistema de ELO, por ser el único de guante blanco, siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón.

8 comments

  1. Un post realmente interesante y muy bien llevado.
    Por cierto, la última vez que jugué al ajedrez unas cuantas partidas seguidas (con el Chessmaster) fue hace cosa de un año y el sistema me asignaba unos 1500 puntos (y eso que fijo que los infla para hacer sentir mejor al jugadorzuelo de turno).
    Vergonzoso, por mi parte, claro está.
    [Comentario zrubavel: Tengo que investigar los motivos exactos (la entrada ELO de la Wikipedia es bastante extensa y completa) pero la lista prácticamente comienza en 1.000. Justo después de aprender las reglas, tienes una fuerza de 1.000 puntos.
    Una tabla podría ser la siguiente:
    1.000 Sabes mover las piezas.
    1.200 Has jugado varias partidas sin aprender nada concreto.
    1.300 Eres malo de solemnidad.
    1.400 Puedes ganar a gente que es más mala que tú casi siempre.
    1.500 Tienes cierta soltura con el juego y ganas a tus familiares y amigos.
    1.600 Alguna vez has jugado con alguien bueno y tienes ciertas ideas y trucos.
    1.700 Conoces los principios elementales del juego, algunas aperturas y finales.
    1.800 Eres bastante peleón, has competido en torneos e incluso has estado federado. Nadie de tu familia puede ganarte.
    1.900 Has dedicado tiempo al ajedrez. Resuelves todos los problemas de los periódicos y has leído algunos libros.
    2.000 Fanático del juego. Incapaz de ganar a un profesional pero con la posibilidad de dar un susto a un jugador bueno. Capaz de calcular mentalmente combinaciones más o menos sencillas.
    2.100 Buen jugador, posible campeón de tu pueblo. Has estudiado bastantes libros y conoces las aperturas y principios estratégicos. Calculas bastante bien.
    2.200 Jugador peligroso, con todas las habilidades de un profesional, salvo la de serlo. Puedes ganar con un día inspirado a cualquiera que se dedique al ajedrez y no sea una figura.
    2.300 Pseudoprofesional. Campeón provincial. Acostumbrado a empatar con Maestros Internacionales.
    2.400 Profesional. Pero de pacotilla. Ganas a los malos, empatas con algunos buenos y pierdes con los muy buenos.
    2.500 Gran Maestro. Profesional del juego que ha ganado alguna vez un torneo importante.]

  2. Si bueno, pero aquí falta que te mojes y nos digas por donde andas tú. ¿Llegas a ser campeón de tu pueblo?, cuéntanos un poco, majete.
    [Comentario zrubavel: Este blog no es para contar mi vida, sino para sentar cátedra. Teniendo en cuenta que la lista anterior es como un horóscopo, es lógico pensar que habré sido benévolo con mi categoría y la habré descrito más positivamente que las otras.]

  3. La verdad es que el artículo es de lo peor que he leído sobre ajedrez en bastante tiempo, aunque al ser de hace año y medio se puede dejar pasar. Generalizas con una facilidad pasmosa. ¿Los georgianos gente violenta? Se nota que no conoces a muchos.
    Azmaiparashvili no es santo de mi devoción desde luego, pero hablas de él como si fuese un paquete. Será tramposo, agresivo y lo que quieras, pero es un jugador muy fuerte.
    La partida que dices con Malakhov no fue en la última ronda.
    Y lo de que cualquiera que se lo proponga puede ser Maestro Internacional es como decir que cualquiera puede ser futbolista profesional si te dedicas a darle patadas a un balón desde pequeño.
    Te sugiero que mejor escribas sobre un mundillo que conozcas mejor.

  4. Cuanto ajedrecista pedanton dando vuelta por aquí. No te preocupes zrubavel la nota está perfecta, para los que no somos aficionados al ajedrez (y creo que es a quienes está dedicada la nota) nos pinta muy bien la competencia y celos internos que hay dentro de este deporte (y afianzados aún más a partir de algunos comentarios)

  5. No parece que fuese una casualidad que el gran ajedrecista georgiano ganase con una gran Pirc a Karpov en el campeonato soviético de 1983 creo.

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