Gracias

Cuando alguien nos beneficia en alguna forma, lo normal es responder dando las gracias. La expresión «gracias» tiene la doble función de hacer entender al benefactor que hemos entendido el suyo como un gesto amable y la de recompensar a esa persona, aun cuando no sea más que con palabras.
Con el tiempo y las convenciones sociales, dar las gracias se ha convertido en parte de la rutina de todo diálogo cotidiano entre personas. – ¿Me pasas la sal? – Gracias. – Me pasas el pan – Gracias. En una simple comida de trabajo pueden darse las gracias 20 veces sin problemas.
En su novela «Los asesinos», Hemingway indica que existen tres niveles de agradecimiento: «gracias», «muchas gracias» y «mil gracias». Esto permite precisiones, así, cuando, por convencionalismos nos vemos obligados a agradecer algo, usamos la primera, la más simple. Cuando realmente alguien nos está aportando algo, podemos utilizar, a libre disposición, cualquiera de las otras dos.
Un problema que surge es el de las personas que no dan las gracias. En casos como el de pasar el pan puede tratarse de mala educación o desprecio por manidos convencionalismos. Sin embargo, en otras muchas ocasiones es toda una grosería. Si le cedo mi asiento a una anciana y no me da las gracias me sentiré ofendido. No olvidemos que el agradecimiento forma parte de un quid pro quo, espero mi parte tras la buena acción, quiero las palabras mágicas. Algo tan simple como una reiterada negación por los demás a soltar la frasecita tiene consecuencias realmente negativas pues redunda en que la gente disminuya el número de favores que hace. Así, si frecuentemente no escucho respuesta ante insistentes cesiones de asientos acabaré optando por no dejarlo más. Pensaré que si la gente no entiende que le estoy haciendo un favor en realidad no lo estoy realizando y, puestos así, no haciendo nada, mi sitación personal mejora. Me quedo en el asiento.
Otras personas, peores si cabe, son las que apenas aciertan a agradecer del todo. Por un lado saben que tienen que decirlo pero por otro no querrían hacerlo. Ahora encuentran la salida del inglés. Vengo observando que en un amplísimo porcentaje la gente opta por decir Thank you o similares cuando en realidad querrían no decir nada. Es una vergüenza como se ha llegado, desde la época de Hemingway de las mil gracias a media o, las más de las veces, a ninguna.

2 comments

  1. La actitud ante la falta continua de agradecimiento que comentas tiene su razón más o menos de ser, pero…

    por otro lado, las buenas acciones no deberían esperar agradecimiento ¿no?.

    Esto es, si hago algo malo, sí que puedo esperar enojo de la otra persona (enojo o la devolución del acto en cuestión…), pero si hago algo bueno, o amable, no debería enojarme si no recibo un agradecimiento.

    Me explico, me puedo alegrar si me lo agradecen, pero no enfadarme si no me lo agradecen, ya que para la otra persona ha sido un acto gratuito por mi parte, y no debería obligarle a demostrar un agradedimiento que no tiene por qué hacerlo, ya que esa persona no pidió el buen acto mío.

    Y para uno mismo, un buen acto debería ser altruista, o al menos sería «mejor» acto que un «buen» acto en el que se espera un agradecimiento que considero que no debería estar estrictamente obligada la otra persona a hacerlo…

    No se, yo lo veo así…

    Saludos.
    Buen blog.
    :o)

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *