El infierno de Airbnb

I

Airbnb, el servicio de alquiler de apartamentos, se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores gigantes de Internet. Prácticamente todo el mundo que haya viajado a alguna parte ha usado, o considerado usar, sus servicios.

La aparición de un monopolio así suele asustar, por las consecuencias económicas de la falta de competencia real. Amazon es un claro ejemplo de una compañía que se dedica a destruir a los rivales, mercado tras mercado, hasta quedarse con prácticamente la totalidad de los consumidores.

En el lado positivo, Amazon tiene una especie de efecto regulador. Todo el que quiera comprar o vender, debe hacerlo a través de su página, con lo que se erige como una especie de árbitro y obliga, tanto unos como a otros, a comportarse adecuadamente. El que venda con Amazon, debe hacerlo con sus condiciones y garantías. Y el que sea expulsado de Amazon como consumidor, no podrá comprar en ninguno de sus negocios. Esto ha profesionalizado la experiencia de compra y venta. Devoluciones accesibles y baratas, envíos inmediatos, facilidad de comunicación y pagos seguros a ambos lados de la transacción.

Pero Airbnb es muy diferente, a pesar de su ubicuidad y su abrumadora cuota de mercado, fracasa estrepitosamente en su papel de mediador. Y no solo eso, sino que a veces se erige como un problema añadido en la interacción entre caseros e inquilinos. Así, aunque la página ha facilitado la resolución de un problema, es quizás el único caso en que un gigante de Internet ha dinamitado por igual los dos lados de un mercado.

En el pasado se reservaban apartamentos por teléfono y por Internet. Uno pagaba una fianza por transferencia bancaria y a veces llegaba al destino turístico encontrándose que el tal apartamento no existía. Era tal la suspicacia que esto provocaba, que muchos apartamentos eran inalquilables, simplemente porque era imposible poner en contacto a comprador y vendedor en unas condiciones mínimas de seguridad jurídica. El casero de Fuengirola no se iba a desplazar a Madrid a entregar las llaves de su apartamento en la playa y el futuro inquilino sólo pretende ir a Fuengirola el día que empiecen las vacaciones. Ni el primero puede fiarse de que el otro aparezca el día convenido, ni el segundo puede arriesgarse a pagar una fianza sin tan siquiera tener unas llaves.

Así, parte de las viviendas estaban fuera del mercado. En España, por ejemplo, muchas de las viviendas propiedad de extranjeros. Pero al mismo tiempo era un mercado que existía y funcionaba, siempre bajo riesgos y elevados grados de desconfianza por ambas partes. Recordaba un poco al mercado de la multipropiedad, tan propenso a los engaños, que mucha gente desconocía que incluso podía ser un negocio legítimo.

Airbnb aparece como el intermediario necesario para poder solucionar los problemas. La empresa toma el dinero del futuro inquilino y se lo entrega al casero, una vez comprobado que todo está en orden por ambas partes. Es cierto que soluciona muchas de las dificultades anteriores, pero crea nuevas, al asumir un papel de coordinador que es incapaz de cumplir.

II

Durante meses he estado revisando las historias que se van contando, con periodicidad diaria, en el blog Airbnb Hell (El Infierno de Airbnb). El blog se nutre de historias – presumiblemente ciertas – de viajeros y caseros que han tenido experiencias desagradables, a veces traumáticas, a través de esta página. Cierto es que son los casos extremos, pero sirven para perfilar los problemas del mercado de alquiler de apartamentos por Internet.

Como he repetido ya varias veces, la empresa toma un rol de coordinador. No tiene ninguna relación ni con los inquilinos ni con los caseros. Es una especie de mercado, que cobra un porcentaje, pero sin tener nada que ver. Pero con esta política, generaría una desconfianza total, despertando la típica respuesta absurda del “están ahí cobrando una comisión sin hacer nada”. No les queda otra que intentar aparentar ante ambas partes que está regulando todos los aspectos de la transacción. Pero no lo hace.

Como inquilino, el proceso parte de la búsqueda de un apartamento en una determinada ciudad. A partir de ahí, se filtra por imágenes, precios, opiniones. En todo esto, Airbnb ofrece una gran experiencia de uso. Los problemas, de haberlos, empiezan a partir de ahí.

Lo primero es el registro. Se te solicita alguna prueba de identidad. Tienes que subir alguna fotografía de tu Documento Nacional o tu pasaporte. Esta imagen es validada mediante algoritmos de inteligencia artificial, o lo que es lo mismo, por un software. Son muchos los que se quedan en esta parte del proceso, que no funciona del todo bien según subas la imagen con el móvil o con el ordenador, o dependiendo del país del que vengas. Hay quienes señalan haber perdido horas, a lo largo de varios días, antes de abandonar la tarea por imposible.

Desde el otro lado, la validación es arbitraria. Cualquiera puede registrar a una persona falsa, con solo disponer de una foto de su pasaporte. Así, el inquilino se puede volver loco intentando conseguir la identificación, mientras que el casero no conseguirá más que una garantía ante burdos estafadores, pero seguirá expuesto al resto de delincuentes.

III

Tras el registro, se realiza la reserva del apartamento. Pero aquí está el talón de Aquiles de todo el proceso. El casero no tiene una relación de exclusividad con Airbnb – algo que quizás cambie en el futuro una vez posean todo el mercado – con lo que no puede garantizar la reserva al 100%. Quizás haya conseguido alquilar el piso a través de un cartel que tiene puesto en la terraza, por familiares o simplemente otro portal competencia de Airbnb.

Hay una parte muy limitada (quizás inferior al 10% del total de las casas ofertadas) donde es posible hacer una reserva automática como en un hotel. Pero por lo general, el inquilino solicita una reserva, que tiene que ser considerada por parte del casero. Esta parte del proceso resulta extraña a quienes nunca antes han reservado un apartamento. ¿Desde cuándo tienes que contarle tu vida al dueño de un apartamento para irte de vacaciones? A la gente le gusta el anonimato y la total flexibilidad en sus planes. Pero si quieres tener alguna esperanza de que el casero te acepte, debes detallar tus planes, por qué vas a la ciudad, qué pretendes hacer.

Y claro está, puedes ser descartado por mil razones, la mayoría de las veces simplemente porque el piso estará ocupado por otro lado. Pero el rechazo hace sentir como que tus planes vacacionales no gustan, como si prefirieran alojar a otras personas con estándares de viajero más altos que los tuyos. Esta aceptación o rechazo puede tomar varias horas y durante ese tiempo no tienes opción de enviar propuestas a otros caseros. Así, reservar un apartamento por primera vez – al no tener referencias previas los caseros siempre van a mostrarse mucho más cautos – puede tomar muchos días y varios rechazos que van bajando tu autoestima y tus estándares.

En esta problemática ante los nuevos clientes, Airbnb más que como mediador, toma una clara postura coaccionadora hacia los caseros. En cuanto un inquilino te manda un mensaje, ellos te alertan por SMS, para que lo recibas de inmediato. Tienes la obligación de responder en menos de 24 horas – y cuanto antes lo hagas, mejor para tu posicionamiento. Si rechazas a ese inquilino – y siempre hay muchos motivos para hacerlo – tienes que explicar por qué. No puedes descartar a nadie por motivos discriminatorios, es decir, no puedes preferir a mujeres sobre hombres, nórdicos sobre subsaharianos, mayores sobre jóvenes, familias sobre parejas de homosexuales. No puedes tener una opinión al respecto, no deberías comportarte como un nazi, o un machista, o un racista, o un sexista, o un homófobo.

Una de las historias más divertidas de Airbnb Hell es la de una pareja muy progre que había alojado a cientos de personas de todo tipo de raza y condición, pero que fueron acusados de comportamiento discriminatorio por rechazar a una persona con la que no conseguían comprender la comunicación – típico caso de asiáticos usando un traductor automático. Según la normativa de Airbnb, se les bloqueó la posibilidad de alojar a otra persona durante todo el tiempo de la solicitud de la reserva que ellos cancelaron. Lección aprendida: nunca se es lo suficientemente progre.

Pero por mucho que lo intente, Airbnb no debe forzar a un casero a aceptar un inquilino que no le llama la atención. Esta comunicación previa obligatoria, despierta además a otro monstruo: la opción de que casero e inquilino decidan salirse del mediador y llegar a un acuerdo entre ellos.

¿Por qué hacer algo así? Pues simplemente porque las comisiones que cobra Airbnb son muy altas. En torno a un 9% al inquilino y otro 9% al casero. A poco que estos se ponen a conversar se dan cuenta de que el precio fijado en la página es muy inferior – en casi un 20% – al que realmente le aparece al cliente final en el total. La página incluye métodos automáticos para evitar que se envíen emails o números de teléfono, pero todo el mundo encuentra la forma de saltarse esa norma.

Cuando cliente y casero deciden llegar a un acuerdo fuera de Airbnb, se vuelve al modelo antiguo sin garantías. Los clientes listillos suelen perfilarse con su actitud como firmes candidatos a ser estafados. Uno de los modelos de negocio fraudulentos que más crecen hoy en día es el de falsos listados de alquiler de apartamentos en Airbnb. Puedes tener fotos profesionales de un apartamento estupendo, sólo necesitas una foto de un pasaporte para hacer un registro falso y cuando lleguen las decenas de potenciales clientes, aceptar sólo a aquellos que se presten a acuerdos fuera de la página. Estas estafas, por la propia forma del negocio, no pueden sino seguir creciendo. Cada vez más personas “normales” con poca cultura de Internet, deciden alquilar apartamentos. El mercado se hace más y más grande, y encima crece en el segmento de pardillos. Si antes lo normal era clonar páginas de bancos, ahora hay un engaño generalizado en duplicar páginas, o la sección de pago con tarjeta, de Airbnb.

Luego esos clientes se quejan de Airbnb, por listar apartamentos fraudulentos sin ningún tipo de filtro. Una denuncia totalmente injustificada, por cuanto Airbnb se erige como mediador para evitar este tipo de fraudes, y se encuentra con que la gente se pasa de lista y decide salir de su corral, al que sólo vuelven para poner una reclamación.

IV

Cuando se produce una ansiada transacción legal entre casero e inquilino, Airbnb aplica uno de sus más despiadados brazos en su codicioso modelo de negocio: retiene el 100% del dinero del inquilino, que no entrega al casero hasta un día después de que este vaya al apartamento. Si alquilas un apartamento en enero para tus vacaciones de agosto, Airbnb tendrá en su banco y cobrará los intereses de ese dinero durante medio año largo. Además, con un periodo tan largo de tiempo, puede jugar con las conversiones en divisas a su favor. No sabes si te aplicará el tipo de cambio de cuando pagaste o el de cuando entraste en la casa. Lo más probable es que Airbnb elija el que más les conviene a ellos.

Esta parte entra dentro de los gajes del oficio, si no fuera porque, a diferencia de las reservas con hoteles, la reserva con Airbnb no suele tener ningún tipo de garantía de cara al inquilino. Una de las quejas que más se repiten, y suficiente como para cuestionar el modelo de este tipo de páginas intermediarias, es que los caseros a veces suspenden unilateralmente la reserva a pocos días, o incluso horas, de que esta tenga efecto. Al fin y al cabo, el casero aún no ha cobrado ni un solo euro de la reserva. Puede elegir entre mantener el anuncio en otros portales, a un precio superior, y cancelar la reserva inicial por una superior. O simplemente cancelarla porque le apetece, no deja de ser un aficionado que a veces alquila un apartamento o una habitación de su casa.

El cancelar una reserva por parte del casero es algo que no se suele pensar que pueda ocurrir, pero son docenas las historias de Airbnb Hell que así lo narran. Desde el punto de vista legal, en la relación entre el casero y Airbnb, está totalmente permitido. Trascurridos unos días, el inquilino debería recuperar todo su dinero, pero en una situación incompatible con la mayoría de las vacaciones.

Si alquilas con mucha antelación para una celebración complicada: Final de la Champions League, Fallas de Valencia, Orgullo Gay en Madrid, Mobile World Congress en Barcelona, y te quedas sin tu reserva el día antes, no estamos hablando de que vas a tener que pagar más por conseguir otra, sino de que no vas a poder conseguir otra. El riesgo de que se produzca una cancelación, riesgo que Airbnb no puede gestionar, convierte la transacción en amateur, un acuerdo burdo que no puede servir para clientes VIP que exigen un compromiso serio. En los hoteles la situación es justamente la opuesta: el cliente suele tener la opción de cancelar unilateralmente hasta 48 horas antes del viaje, sin tener que dar explicaciones.

V

Finalmente llega el momento en que, a pesar de todos los riesgos, se completa la transacción. Para muchos inquilinos puede resultar frustrante encontrarse con problemas importantes en el check-in, en que el apartamento sea mucho peor que en las fotografías o que sea muy sucio o inseguro. Luego llega el momento de las quejas, en que siempre aparece la misma expresión “no esperaba algo así de un apartamento de Airbnb”. No, no son apartamentos de Airbnb, son apartamentos de particulares: taxistas, bomberos, cajeros de supermercado, mujeres piloto de Fórmula 1, parados, ex-violadores, políticos, influencers. En el fondo es una transacción entre particulares, pero muchos fantasean con que está dentro del paraguas de una gran compañía que se pasa por cada apartamento para comprobar que no haya una capa de polvo encima de los muebles. Y no, eso no sucede.

Si el inquilino se arriesga a encontrar lo que no espera, a veces con expectativas de gran hotel con botecitos de champú y animales de toalla, el casero es el que se puede llevar las sorpresas más desagradables. Pueden destrozar su casa, en mayor o menor medida. Airbnb calma a los caseros con la tranquilidad de un seguro que cubre desperfectos por hasta un millón de dólares.

El Seguro de protección para el anfitrión ofrece una cobertura de hasta 1 000 000 $ por incidente y alojamiento frente a reclamaciones por lesiones o daños en la propiedad derivados de una estancia con Airbnb realizadas por terceros. Esta póliza actúa como protección principal.

Pero en este caso Airbnb vuelve a ser nada más que un mediador, entre el cliente y la compañía de seguros. Cualquier tipo de reclamación tendrá que estar bien documentada, fundada y explicada para tener alguna esperanza de éxito. Las reclamaciones al seguro por daños en las viviendas no son fáciles de llevar a buen puerto, salvo que la aseguradora tenga un buen pardillo al que derivar el pago. Airbnb no asegura los gastos en caso de que algo pase, simplemente te indica que hay un seguro, por el que tendrás que luchar. Las quejas en Airbnb Hell sobre clientes que no han podido recuperar casi nada de los gastos – por haber puesto la denuncia demasiado tarde, por no poder probar que el piso estaba bien antes del inquilino, por tratarse de averías no cubiertas – son las más preocupantes de todas.

En caso de que haya algún problema entre casero e inquilino siempre queda el soporte telefónico de Airbnb, que todos califican como terrorífico. Te atienden personas en call centers de otros países, con acentos incomprensibles – para los americanos – y en horarios del país que toma las llamadas. Airbnb raras veces llama de vuelta para ayudar en el caso, pero a veces lo hace de madrugada. Puede tenerte literalmente varias horas al teléfono, sin llegar a ninguna solución. A veces prometen cosas al teléfono que luego, por email, indican que no pueden cumplir. Un auténtico despropósito.

El caso más extremo debe ser tratar al teléfono un problema con el seguro. Alquilaste tu apartamento en Benidorm, que fue destrozado por unos inquilinos de Estados Unidos. Llamas a Airbnb y te comunicas con una persona de Perú que trata de ponerse en contacto con el seguro de Lloyds of London, en Reino Unido – si es que sigue unido cuando leas esto – pero claro está, en Lloys atienden desde un call center en la India, que intentará contactar con el inquilino americano, o el proveedor de su tarjeta de crédito, que a su vez se relaciona a través de otro call center, esta vez en Ámsterdam. Medio mundo se está moviendo para no solucionar un problema que tuviste en tu apartamento en la ciudad donde veranea Belén Esteban.

Problemas de España

cis

Con motivo de la presentación del último ‘Barómetro del CIS’ (Centro de Investigaciones Sociológicas) me dio por buscar el estudio completo en su página web. En televisión siempre se filtran las secciones más importantes, las respuestas más votadas, pero leyendo los datos de Noviembre 2016, es interesante revisar un poco las secciones que nunca aparecen en televisión.

Al margen de las preguntas sobre intención de voto se hacen dos, sobre los problemas de la gente:

¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?
¿Y cuál es el problema que a Ud., personalmente, le afecta más? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?

La imagen de más arriba muestra los porcentajes de algunos aspectos interesantes que puntúan muy bajo. Nada de la corrupción, el paro, los políticos, la Sanidad, que siempre están en los primeros lugares.

Tres aspectos que están continuamente en los medios de comunicación, como son ‘Los refugiados’, ‘La violencia contra la mujer’ o ‘Los desahucios’, apenas son mencionados por la gente. La violencia contra la mujer en particular, se considera como un problema mucho más importante para España (1,1%) que para las personas en particular (0,2%). Con números tan pequeños, parece que son diferencias de décimas, pero estamos hablando de que es un problema más de 5 veces más grave para España, que para las personas en particular.

He destacado esos tres problemas en particular porque están continuamente en los medios de comunicación, dando la impresión de que no sucede otra cosa. A pesar de la continua exposición mediática, a la hora de la verdad, la gente entiende que los verdaderos problemas, son otros. Incluso con el enorme desgaste psicológico que supone oír una y otra vez las mismas opiniones, no se consigue lavar el cerebro de la gente y hacerles pensar que son lo único en que deben pensar.

Totalmente ignorado en el estudio, aparece un interesante epígrafe: ‘Falta de inversión en industrias e I+D’ (con un 0,7% y 0,3% de respuestas), frente a un 72,9% de gente que considera que su problema es ‘El paro’. Posiblemente el anterior sea el mayor problema de España, pues es estructural. Con una sólida industria agro-alimentaria y turística, el gran cáncer económico de España es no tener suficiente industria ‘de verdad’. Los polígonos industriales de muchas ciudades dan pena, con empresas que se limitan a solicitar productos por Internet (a industrias reales) y distribuirlos por España.

Mientras no tengamos industria real, dependeremos del turismo – y la construcción que está relacionada con éste – que son sectores cíclicos que se mueven por burbujas. La gente que vive de profesiones en burbujas no puede tener una vida de verdadera clase media, moviéndose entre la más absoluta miseria en los años malos, y la ostentación de los nuevos ricos en los buenos.

La deriva de Tripadvisor

El excelente libro ‘Founders at Work: Stories of Startups’ Early Days‘ tiene un capítulo en el que narra el origen de Tripadvisor como empresa. Se convirtieron en el producto que ahora todos conocemos porque tanto la idea inicial, como las variaciones que intentaron, se mostraron fallidas.

Then we hired people to read every single travel article we could find on the Net, and classify that article into our database, and write a one-line summary. It’s a fairly significant effort, and people that we talked to said, “You’re nuts. You’ll never finish.”

TripAdvisor antiguo

Casi sin quererlo, Tripadvisor se quedaría con el negocio mundial de las opiniones sobre hoteles, un pastel en el que nadie se fijó pero que con el tiempo se mostraría como uno de los más valiosos de toda la red.

Sin embargo, la guinda del pastel eran las opiniones de restaurantes. Uno de los negocios online más divertidos de crear, a diferencia de otros productos con menos glamour como las tiendas de productos de segunda mano o páginas de gestión para negocios. Al tratarse de un sector tan atractivo, decenas de empresas han volcado muchos recursos en conseguir hacerse con el control de las opiniones de restaurantes, durante años. Yelp, Google (robando contenido a otras páginas), Facebook han sido alguno de los principales competidores de Tripadvisor. En España 11870.com tenía un producto muy digno, pero parece atrapado en el tiempo, con el mismo contenido y diseño que hace 6 años.

En cierto modo Tripadvisor también consiguió triunfar en tan complicado sector. Mucha gente consulta sus rankings o busca en la aplicación restaurantes cerca de acuerdo a sus sugerencias. Sin embargo, cuando se consiguieron relajar y empezaron a pensar en monetizar su éxito, se dieron cuenta de que a pesar de ser uno de los sectores más populares de internet, es muy complicado ganar dinero con él.

Las ideas que se les ocurren giran en torno a realizar reservas desde su página, con algún tipo de descuento. Si el dinero pasa por su cuenta corriente antes que por la del restaurante, pueden llevarse un buen pellizco, algo que Airbnb ha explotado hasta las últimas consecuencias de una forma deleznable.

Pero ir a un restaurante no es como reservar un hotel. A veces es una decisión impulsiva, de pocos minutos antes. Y los márgenes son pequeños. Para un restaurante, admitirlos como intermediarios puede ser una complicación innecesaria, además con el problema de que esos clientes darán menos beneficio que los normales.

Esto no deja de ser una opinión vista desde fuera, pero veo ese negocio como un subconjunto del de los cupones de descuento – tipo Groupon – lo cual es lamentable: crear un negocio bastante grande y duro para luego darte cuenta de que tu único modelo de negocio viable es una fracción del de otro sector mucho más sencillo.

Por eso se nota que Tripadvisor ha intentado pivotar para conseguir más y más vías de ingresos, de una forma bastante poco agraciada en muchos casos. Ahora insisten en que te registres en su página para poder paginar y leer más opiniones(pero es un requisito falso, porque si insistes, te acaban dejando pasar página sin registrarte, lo cual te deja un amargo sabor de boca). También desesperan por conseguir que instales su aplicación móvil, con la que al menos tienen un seguimiento intensivo de tus movimientos por la ciudad. Pero no queda claro cómo van a conseguir ganar algo más de dinero con eso. Cierto es que cualquier negocio podría vivir muy bien con una fracción del tráfico o las acciones de usuarios en Tripadvisor. Pero una página tan grande que consume tantos recursos espera algo más que unos cuantos cheques gordos de Adsense a final de mes.

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En resumen, me llama la atención que un sector tan importante del Internet no sea rentable de forma clara, aún hoy en día. Eso debe servir como una alerta a emprendedores conservadores: millones de visitas diarias, usuarios registrados y usuarios de móvil, pero unos ingresos muy moderados. En la gráfica de más arriba puede verse también cómo los ingresos fuera de la parte de hoteles son mucho más bajos, pero además son dinero más difícil de ganar (se ingresa la tercera parte que con los hoteles, pero el beneficio real es una sexta parte que con los hoteles).

Revisando esas cifras en perspectiva, podría darse que haya un restaurante del mundo que gane más dinero que todo Tripadvisor, que gestiona casi todo el tráfico de Internet sobre restaurantes. Una paradójica regresión sobre la nueva economía.

Una deriva natural, muy al estilo de Google, consiste en manipular el ranking de resultados. ¿Quieres ser el #1 de Nueva York, multiplicando tus clientela hasta diez veces más? Paga.

Los restaurantes que admiten reserva a través de Tripadvisor aparecen en los resultados, arriba del todo, entre los más populares. En ciudades de tamaño medio, la “manipulación” es muy obvia.

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El listado de arriba es para Málaga (600.000 habitantes), simplemente los mejores. Incluye dos restaurantes que han pagado por salir ahí y uno que, el mismo Tripadvisor, cataloga como el #28, en el segundo lugar.

Con el tiempo, al igual que ha ido haciendo Google, los resultados de pago irán siendo menos claros y más abundantes. Es una deriva natural en un negocio que tiene que ganar dinero.

Aunque toda esta disertación se me ha ido de las manos un poco. Pues yo venía a hablar de otra cosa totalmente distinta. Puesto que Tripadvisor se ha apoderado del sector más peleado pero donde más opiniones se generan, ahora se encuentra con la responsabilidad y el problema de cómo ordenar los resultados.

El ranking tiene que tener en cuenta mil factores: no solo las notas, sino también el precio, la frecuencia de las opiniones y la nacionalidad de los que las escriben. En el pasado era imposible comparar restaurantes por la escasez de valoraciones. Ahora surge un problema totalmente distinto: es casi más difícil hacerlo cuando todos tienen cientos de opiniones. Por supuesto que los gurús dirán que con la inteligencia artificial que está a la vuelta de la esquina esto cada vez será más fácil pero tengo serias dudas al respecto.

Cuando miro el ranking de mi ciudad, simplemente me veo perdido: ignorando los lugares patrocinados, hay un montón de restaurantes que no conozco pero que tampoco quiero conocer. Málaga es una ciudad grande pero manejable, no da pie a que haya joyas que nadie conoce. Revisando sus listados me doy cuenta de las carencias que encuentro en Tripadvisor cuando viajo a otras ciudades.

Un problema mayor es el de las valoraciones: los restaurantes más baratos suelen tener mejores valoraciones. Pueden darte pan algo manido, raciones congeladas, productos del supermercado abiertos y puestos en un plato: el nivel de exigencia es mínimo y uno se siente contento a poco que no acabe con una gastroenteritis.

Los restaurantes caros suelen obtener algunas opiniones vengativas con el ánimo de hacer daño. Diverxo, El famosísimo tres estrellas Michelin de Madrid, tiene un 2.5% de valoraciones como ‘pésimo’. Estamos hablando de un restaurante en que hay que reservar con meses de antelación y también pagando por dicha reserva. O visto de otra forma, sólo el 71% de los que lo visitan, lo consideran ‘excelente’. En ambos casos – y se trata de un restaurante que no he visitado – me parecen cifras muy pobres. Puede decirse que ese caso es extremo y que la nueva cocina ‘no llena el estómago’, pero cifras similares pueden verse en restaurantes de alto nivel. A mayores expectativas, mayor nivel de exigencia y más facilidad para obtener un voto de venganza.

El sueño de todo cliente es encontrar un sitio relativamente barato, no muy lleno y con altísima calidad. Son esos los restaurantes que suelen arrasar en las métricas de Tripadvisor. Esto, sin embargo, sólo se puede producir cuando el lugar es relativamente poco conocido. Es cuestión de tiempo que se produzca una deriva: o bien estará siempre lleno, o bien los precios subirán o bajará la calidad.

El ranking se vuelve loco: tiene que intentar distinguir a los elegantes, descubrir a las estrellas emergentes y no sobrevalorar a los baratos que arrasan. Sería fácil si incluyeran filtros extra en sus búsquedas. Pero no pueden hacerlo, porque impactaría a cualquiera de sus modelos de negocio. Y es que con el tiempo, cuando se es grande, para ganar dinero hay que empezar a empeorar el contenido que se ofrece. Google sabe cómo obtener los mejores resultados a tu búsqueda, pero se ve obligado a enterrarlos entre sus cada vez menos claros resultados de publicidad.

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Lo que veis ahí son resultados delante del ordenador, bajando una pantalla entera hasta encontrar algo que no sea publicidad (y casi al final de la segunda pantalla). En móvil, los resultados estarán simplemente demasiado abajo.

Otro factor importante a la hora de valorar el ranking de restaurantes son la nacionalidad de los que opinan sobre ellos. Si voy a Pekín, me encontraré con rankings totalmente diferentes dependiendo de si soy chino, inglés o español. Tripadvisor da preferencia a aquellos negocios que tengan opiniones que el cliente pueda leer. Es una decisión razonable pero que falla en el extranjero: muchos de los restaurantes más auténticos son aquellos que no tienen carta en inglés – no te digo ya en español. Es más, muchos de los mejores restaurantes ni siquiera tienen carta, y se especializan en una sola cosa.

La necesidad de tratarme como un hombre de entre 30-50 años de España, con un móvil android y unos ingresos estimados superiores a 20.000 euros anuales – los típicos datos que consiguen a través de analizar y compartir mis comportamientos de uso de internet, les hace sugerirme restaurantes de la misma forma robotizada y simplificada. Todos conocemos el patrón medio del turista español en el extranjero: lagartos sin cabeza, obsesivos visitantes de museos que racanean en comida como si no hubiera mañana.

En Tripadvisor se forma un círculo vicioso: en el extranjero me sugieren restaurantes que han visitado otros españoles. Los cuales, en su mayoría, serán restaurantes con carta en inglés – ¡O incluso en español! Y un restaurante así, enfocado hacia los turistas, no siempre es un sitio de calidad. Pero de nuevo no hay forma de filtrar dichas opiniones. No puedes buscar sitios populares pero donde no vayan españoles.

Para terminar, esta no trata de ser una opinión negativa sobre Tripadvisor. Ni una sugerencia de cuñado sobre lo que deberían hacer para mejorar. Ni mucho menos una recomendación de modelo de negocio para hacerle la competencia, en un sector que ya está cerrado. Lo que he intentado contar es lo complicado de dicho mercado, tanto desde el punto de vista de obtener un beneficio como el de ofrecer un servicio adecuado. Y lo peculiar del Internet de hoy en día. La opción de buscar restaurantes decentes que estén cerca, cuando estás viajando en el extranjero, no tiene precio. Pero es al mismo tiempo casi imposible dar buenas sugerencias, o mucho mejores, que hace ya 10 años.

Scrabble

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Scrabble, el juego de formar palabras, fue inventado por Alfred Mosher Butts en 1938. La idea de crear un juego de mesa le llegó a este arquitecto cuando se quedó en paro en el año 1931, por la Gran Depresión. En un tiempo sin smartphones, tablets o tan siquiera televisión, un buen juego de mesa podía ocupar cientos de horas del ocio familiar.

Las reglas del juego cambiaron mucho durante los primeros años, así como el nombre del juego. Lexico, Criss-Cross Words, para al final llegar al definitivo de Scrabble, siete años después.

Butts trató sin éxito de comercializar su juego durante años. Las ventas eran insignificantes. Uno de los pocos que compró su juego fue su amigo James Brunot, con quien solía jugar al Scrabble junto con su mujer. A pesar de la patética acogida del publico, Brunot pensaba que el juego era muy bueno y acabó comprando los derechos del mismo a su amigo, encargándose de replantear las ventas. Sería Brunot el que daría el nombre definitivo de Scrabble, así como simplificó un poco las reglas, aunque manteniendo casi intacto el original.

Durante el primer año de ventas, Brunot consiguió vender apenas 2.500 ejemplares del juego. No obstante, su fortuna pronto empezaría a cambiar.

Es fascinante cómo fue formándose el efecto bola de nieve con este juego. Butts lo creó y apenas si lo conocía alguien más que su familia y amigos. No obstante, uno de sus amigos, que disfrutaba mucho jugando, vio potencial en él. Con 2.500 ejemplares por todo Estados Unidos, el juego estaba más expuesto al público. Sería la Universidad femenina Smith College donde se convertiría en un auténtico fenómeno. Una estudiante se llevó una copia del juego y poco a poco fue apoderándose de todo el campus.

De una forma similar a como Facebook trató de popularizarse en sus orígenes como una página web solo para los estudiantes de la prestigiosa universidad de Harvard, Scrabble se presentó de forma totalmente espontánea como un juego para personas inteligentes con estudios universitarios.

El golpe de gracia lo daría un ejecutivo de Macy’s – los grandes almacenes americanos en que están inspiradas cadenas como El Corte Inglés – y que en el siglo XXI tiene menos glamour que ponerse a regatear en una churrería. Este ejecutivo conoció el juego por casualidad durante sus vacaciones de verano. Le gustó y se propuso comprarlo en la tienda. Cuando vio que no se vendía en los grandes almacenes le pareció sencillamente imposible. Mientras los Brunot se movían en ventas anuales de 2.500 ejemplares, él solo hizo una orden de comprar 60.000 juegos.

Y el resto, es historia.

Fuentes:
The People’s Almanac Presents The 20th Century: History With The Boring Parts Left Out (un libro).
Scrabble, en la Wikipedia.

Mi compra en Elcorteingles.es

Fueron una mezcla de pereza, optimismo e instinto de investigación las que me llevaron a realizar mi primera compra en la página web de El Corte Inglés.

Me habían enviado un enlace directo a dos de sus productos, como sugerencia de regalo – viva el factor sorpresa. Me gustó la presentación de la web, nada que ver con el antiguo diseño ochentero que tuvo durante décadas. El precio parecía razonable, no había gastos de envío y se podía recoger en la misma tienda. Incluso contaban la posibilidad de entrega en dos horas.

Personalmente nunca he sido centimero en las compras online. Si lo tiene Amazon, asumo que su precio es competitivo y lo compro. Es una empresa que me ha devuelto productos sin rechistar, y que me ha perdonado una deuda de un fraude con la magnanimidad de un Emperador. La experiencia de compra siempre ha sido excelente, es un sueño hecho realidad.

Pero al mismo tiempo Amazon es una empresa monstruosa. Lleva décadas ignorando ganancias con el simple objetivo de crecer y crecer. Ha llegado a un punto en que es una auténtica temeridad abrir una tienda online. De lo que sea. Incluso para gigantes como MediaMarkt, Carrefour o El Corte Inglés, las opciones de no ganar nada de dinero con su negocio online son enormes. Muchos gurús de la época dorada de los blogs dirán “que aprendan de Amazon”. Pero hay un problema muy grave: ni siquiera Amazon está ganando dinero. Personalmente me gustaría vivir en el mundo donde Amazon – o su equivalente chino – no existieran. Seria todo algo más caro, pero también más interesante.

No soy quién para dar lecciones a El Corte Inglés, cuando me cuesta mantener mi casa ordenada, pero si tengo un blog, es para dar mi opinión. Como empresa, me parece más que respetable. Ha conseguido un nicho único, donde equivalentes de otros países han ido desapareciendo, sobreviviendo durante décadas a los vaivenes financieros. Respetan a sus trabajadores – hay gente que ha envejecido trabajando en sus tiendas. No trasmiten imagen de cutrerío a pesar de ser una empresa que no puede expandirse internacionalmente – por su tan específico modelo de negocio.

La idea de competir con Amazon en lugar de con el precio con otros servicios, como la entrega casi inmediata, o la recogida en tienda sin las traumáticas entregas de mensajería, suenan muy bien y son un factor diferenciador. La opción de pagar con Paypal también me pareció espectacular. El problema es cuando tienes una web muy bonita pero todo se quedan en palabras vacías.

Mi compra de dos pequeños electrodomésticos no me corría ninguna prisa. Según la web, podría tenerlos en casa en dos horas, pero prefería ir a por ellos a la tienda más tarde. Al poco rato de tramitar el pedido me llama una señora para decirme que uno de los productos lo tienen en tienda y el otro no, que ya me avisarán cuando esté.

Ese fue el primer error, gravísimo: mentir con la disponibilidad del producto para conseguir una compra impulsiva. Como cliente ya te da la impresión de que estás en un mercadillo, donde todo vale. Y genera mucha desconfianza.

No obstante lo dejé estar. Pasaron varios días y nadie me llamaba para avisar del pedido. Llamé al Corte Inglés y tras algunos interlocutores me dijeron que el producto tenía que venir de otra tienda. De la espera, la conversación y los hechos subsiguientes pude ver que la transferencia de productos entre tiendas de El Corte Inglés no es ineficiente, sino lo siguiente. Posiblemente no haya protocolos para organizar el paso de productos entre tiendas sin pasar por la Central. Y aun pasando por ellas, el proceso debería ser ágil. Más de 48 horas es una barbaridad. En mi caso, llegamos a la semana.

Tras pasar diez días, tiempo suficiente para que me hubiera llegado el producto directamente de China con Aliexpress, decidí llamar al Corte Inglés para cancelar uno de los productos y comprar el otro, que llevaba en el almacén desde el primer minuto. No estaba nada enfadado, más apenado por saber que comprar a través de la web de El Corte Inglés jamás sería una opción en el futuro.

La recogida tampoco mejoró mi experiencia de compra lo más mínimo. Literalmente tuve que pasar por el aparcamiento para ir a una oficina donde parece que tramitaban las devoluciones de IVA a extranjeros y las grandes facturas. Todo el espacio detrás del mostrador estaba lleno de máquinas defectuosas con folios pegados donde se explicaba la tara o cómo había que usarlas para que funcionaran.

Me atendió una señora muy cordial que, sin embargo, necesitó la ayuda de una tercera persona para asesorarle con la transacción. Había que realizar una cancelación parcial, entregar un producto, dar un ticket enmendado. De la máquina registradora salían más papeles que de la mochila de un buzoneador. Unos cuantos se los quedaron ellos, otros me los dieron, otros los tiraron.

Como había comprado con Paypal y no había recibido un email inmediato alertando de la devolución sabía que algo iba mal. Les pedí uno de los papeles donde se indicaba dicha cancelación, ya arrugado y rescatado de la basura.

Efectivamente, no se había producido la cancelación parcial del ticket. Tuve que pedir una devolución a través de Paypal – algo típico de empresas fraudulentas que venden servicios online. En este caso no culpo a El Corte Inglés, simplemente estaban pagando el precio de usar este medio de pago: perder mi confianza en su garantía de devolución sin preguntas. El proceso de devolución fue lento, desesperanzador y cutre. Básicamente tuve que escribir las razones por la que quería que me devolvieran mi dinero. El Corte Inglés tardó en responder casi una semana. Y luego Paypal se sentó en ese dinero tanto como pudo – argumentando que estaban ‘estudiando el caso’ tienen la potestad de tardar un mes en responder, cuando está claro que El Corte Inglés aceptó mis explicaciones.

A las dos semanas largas, tuve buenas noticias: habían decidido pagarme la parte correspondiente al producto no entregado. Quedando mal conmigo y con El Corte Inglés.

En resumen, mi experiencia de compra con El Corte Inglés online ha sido bastante mala. No he encontrado ninguna ventaja y todos los problemas. Me han engañado, mareado y hecho perder el tiempo.

Luego el añadido de que se suponía que todo eso era para un regalo. El regalo llegó un mes después, e incompleto. Cuando se serenó todo y recuperé mi dinero en Paypal – decidí comprarlo ‘en la tienda de toda la vida’. Más barato, más rápido, más fiable. Me dicen que lo tienen el próximo martes. Luego más tarde tengo un email diciendo que será el lunes. Esa es toda la diferencia: en lugar de 2 horas, me dijeron 4 días y me pareció bien. Luego lo cambian a 3, y quedan como Dios. Nada de falsas promesas, que ya no estamos de elecciones.

Economía colaborativa

Se ha sugerido, por ejemplo, que un gran desarrollo de las industrias de servicios puede dar trabajo a los seres humanos. Así, la gente pasaría su tiempo limpiándose los zapatos unos a otros, llevándose unos a otros en taxi, haciéndose artesanía, esperando en la mesa de otros, etc.

Casi todas las citas acertadas sobre cómo será el futuro, de escritores de ciencia ficción y científicos, están totalmente sacadas de contexto. Dos párrafos más abajo de aquel en el que se vaticinaba la creación de Internet, o de los móviles, o los selfies, hay uno donde se mencionan coches voladores, relaciones sexuales con extraterrestres y un mundo sin guerras.

La cita inicial es, sin embargo, totalmente coherente y acertada con el resto del libro al que pertenece. Se trata de La sociedad industrial y su futuro, obra escrita en 1995 donde claramente se expone lo que ahora se denomina como “Economía Colaborativa“.

Lo malo de ese libro es que es más conocido como “Manifiesto Unabomber”, la obra de Theodore Kaczynski – un asesino en serie.

El autor estaba loco pero es un libro muy cuerdo e interesante. Iquietamente acertado en su visión del futuro hacia el que se encaminaba el mundo por la excesiva tecnificación.

Muchos expertos hablan sobre las bondades de la economía colaborativa desde su tribuna. O desde la aparente posición de autoridad que da el haberla usado en algunas ocasiones. ¿Quién no ha alquilado nunca un apartamento con Airbnb? ¿O viajado en coche con Blablacar? ¿O usado un taxi de Uber?

Hay sin embargo una gran diferencia en mirar esta economía colaborativa sólo del lado del consumidor. Estamos hablando de servicios entre personas. Al otro lado no hay una enorme corporación despiadada por la que uno no debe sentir la más mínima solidaridad. De lo que no se suele hablar cuando se habla de Economía Colaborativa, es de que a veces el proveedor de servicios no está ganando casi nada.

Una importante salvedad en este tipo de Economía es mencionar que hay muchos servicios que se realizan sin un verdadero interés económico – o sexual. La mayoría de la gente que aloja usando Couchsurfing o gran parte de los que comparten coche con Blablacar lo hacen simplemente por ayudar a otras personas y porque ayudando a otros, te ayudas a ti mismo.

Pero luego está la verdadera economía entre particulares, cuyos máximos exponentes son Uber – taxi entre particulares – y Airbnb – alquiler de apartamentos.

Hace unos meses leí un artículo muy interesante sobre Uber. Buscándolo he encontrado esta nota, que es un grotesco inciso, pero interesante.

En el otoño de 1969 la Policía de Montreal fue a la huelga durante 16 horas. Montreal era y sigue siendo una ciudad de primer nivel en un país considerado uno de los más estables y legales del mundo. ¿Y qué pasó durante esa huelga? El caos. Hubo tantos robos de bancos a plena luz del día, que virtualmente todas las oficinas bancarias tuvieron que cerrar. Los saqueadores arrasaron el centro de Montreal, rompiendo escaparates. Lo más chocante de todo fue una disputa que existía desde hacía tiempo entre los taxistas de la ciudad y un servicio de alquiler de vehículos llamado Murray Hill Limousine Service, sobre el derecho a recoger pasajeros del aeropuerto. Aprovechando la huelga, ambas compañías recurrieron a la violencia, como si de dos facciones rivales en la Europa Medieval se tratasen. Los taxistas cargaron contra las oficinas de Murray Hill con bombas de gasolina. Los guardas de seguridad de Murray Hill dispararon contra ellos. Los taxistas prendieron fuego a un autobús y lo estrellaron en llamas contra las puertas cerradas del garaje de Murray Hill. Pero estamos hablando de Canadá, en cuanto la policía volvió al trabajo, el orden se restauró totalmente.

Volviendo al artículo sobre Uber, un periodista decidió hacerse taxista de Uber ante la escasez de testimonios de primera mano que expusieran cómo es esta Economía Colaborativa desde el asiento del piloto.

Dicho artículo no tiene desperdicio y en él el autor expone los grandes males de intentar ganarse la vida – o una parte de ella – conduciendo. La experiencia se refiere a Philadelphia, en los Estados Unidos. Está claro que en un país menos desarrollado los números sólo pueden ser…peores.

a) Sueldo mínimo. Cuando se hace balance de lo que se ha cobrado por hora, y se quitan las comisiones y gastos del vehículo – ignorando gastos genéricos pero elevados como el seguro del vehículo o los gastos de limpieza – se llega a un sueldo similar a trabajar en un McDonald’s. Pero sin Seguridad Social.
b) Es por ello que la inmensa mayoría de las personas que se dedican a llevar estos taxis acaban siendo inmigrantes.
c) Obsesivo control por parte de Uber. Si no tomas suficientes pasajeros, si tardas demasiado, si no te valoran elevadamente, la calidad del servicio empeora progresivamente. Los mejores conductores reciben los mejores pasajeros mientras que los peores – o simplemente los que lo hagan de forma menos profesional, aunque solo sea por dedicar a ello pocas horas – tendrán las carreras que nadie quiere hacer. Esto se traduce en un enorme estrés ante cada aspecto del trabajo, al conocer que todo está siendo monitorizado y valorado.
d) Dependencia de las valoraciones. Al tratarse de un servicio social, las valoraciones son fundamentales para todos los aspectos. Eso lleva a una escalada de calidad del servicio que es excelente para los viajeros, pero simplemente insostenible. Aparte de cobrar menos que en un Burguer King, tienes que hacer más que un taxista normal: tienes que tener periódicos, cargadores de móvil, refrescos gratis, caramelos. Todo sirve para garantizar el 5/5, en un mundo en que un 4,5 no es suficiente.
e) Experiencias bizarras. Es inevitable que, al realizar cualquier trabajo de este tipo, te tropieces con gente extraña. Los taxis los usan personas que están drogadas, que huelen mal, que ligan agresivamente con la conductora. Y lo peor de todo es que esa gente, también te vota.

El resumen del periodista era el que se encuentra en numerosos foros de conductores:

Mi consejo es que busques un trabajo mejor. No te cargues tu coche y malgastes tu tiempo con este trabajucho. Esto no lleva a ninguna parte y está quemando a los conductores.

Vivimos en un mundo complicado. Basta tomar un taxi en Rusia para entender que Uber es un negocio con mucho sentido. Pero un taxi en Estambul te hace cuestionarlo – Uber en Turquía es más caro que un taxi convencional, que además no tiene riesgos ni engaños. Paradójicamente en la Economía Colaborativa de las personas es sólo una gran multinacional la que gana mucho dinero, mientras que los empleados a veces hasta lo pierden.

Aprovechando que tengo un apartamento decidí probar el otro lado de la barrera de la Economía Colaborativa con Airbnb. Como todo en la vida lo hice por múltiples razones, una de ellas poder escribir este artículo.

Decidí alquilar una habitación que tengo en mi casa y en la que a veces alojo – gratis – a gente mediante Couchsurfing. ¿Por qué no ganar algo de dinero?

Preparé mi anuncio con el detalle de alguien que lleva años publicando artículos con gancho en Internet. Por supuesto que podría hacer mejores fotos, escribir descripciones más atractivas y venderme mejor, pero puedo garantizaros que mi anuncio era muy bueno.

Llegaba sin embargo el amargo momento de fijar un precio por la noche en esa habitación. Airbnb sugiere implacablemente un precio de 12 euros por noche. Unas cuantas búsquedas en zonas similares, para apartamentos de características similares te muestra que efectivamente, ese es el precio de mercado. Hasta el grotesco punto de que 11 euros por noche llevaron a que tuviera mi primera reserva en cuestión de minutos y que a 14 euros la noche, nadie quiso realizar una reserva durante semanas.

Ahora bien, el precio de Airbnb es tan bajo – en la habitación pueden dormir dos personas que se quieran razonablemente – que es menos de la mitad de lo que cuesta un albergue, con la ventaja añadida de que tienes una habitación privada y un cuarto de baño que, aunque compartido, no recuerda a un cuartel militar.

La primera noche como anfitrión de Airbnb recibí a dos chicas de Filipinas que, probablemente, eran de la burguesía del país. Es divertido el mundo colaborativo porque a menudo el proveedor del servicio tiene menos dinero que el prestatario. Aunque las chicas habían pagado 11 euros en total por la habitación, estaba claro que ellas tenían bastante más dinero que yo – que tampoco estoy nada mal.

La situación no me suponía ningún trastorno porque he alojado a cientos de miles de personas – aproximadamente – con Couchsurfing, pero había definitivamente algo diferente. No se trataba de una relación despreocupada entre desconocidos a los que les falta un tornillo. Notabas la distancia de dos personas que esperan profesionalidad en su servicio.

Pocas veces puedes tener mejor suerte que la que tuvieron ellas. Habían alquilado otro lugar pero luego tuvieron un cambio de planes y decidieron volar a mi ciudad una noche antes. Ese otro alojamiento no tenía disponibilidad para esa noche pero justo se pusieron a buscar una alternativa en el mismo instante en que yo publicaba mi anuncio. Mi casa estaba a escasos 10 metros de la otra vivienda y yo la estaba alquilando básicamente por curiosidad.

Cuando se marcharon tocó la rutina de cambiar las sábanas – un lujo que te puedes permitir obviar con los invitados de Couchsurfing – y quitar pelos del baño. Es cierto que había ganado 11 euros sin salir de casa. Y que si lo hiciera cada día del año podría tener una especie de alquiler de habitación por 350 euros – caro para su valor de mercado, pero jamás compensado por el trabajo que eso lleva.

Luego alojé a otras cuatro personas más. Nunca fue una experiencia que me gustase o que percibiera como remotamente rentable. Además, fui subiendo gradualmente el precio – lo máximo que pude conseguir fue 16 euros la noche para dos personas – y notabas que esas personas lo percibían como un valor justo. Al fin y al cabo en el mercado había alternativas de calidad similar al mismo precio.

Incluso con un anuncio sin ánimo de lucro y un precio que tuve que ocultar a mis amigos de Facebook, había gente que te escribía con propuestas raras buscando mayores descuentos.

Leyendo y preguntando sobre el otro lado uno se da cuenta de que efectivamente, hay una forma de vida posible simplemente en el hecho de usar tu casa alquilando habitaciones. Eso ha existido desde los tiempos de Franco y es sólo ahora mucho más fácil de organizar. Si tienes una casa grande, con tres habitaciones que son susceptibles de ser llamadas dormitorios, puedes tener algo parecido a un modo de vida si vives en una ciudad muy turística. Es una especie de albergue de tamaño reducido – incluso algunos se anuncian como tal en Tripadvisor! Pero qué duda cabe que es un negocio trapero, sin garantías para ninguna de las partes. Es ridículo que una gran empresa tenga que cumplir extensísimos reglamentos de todo tipo, hasta en la calidad de las sábanas que ofrecen sus camas, mientras que en mi casa puedo alojar a cuatro belgas en una misma cama que no pienso lavar hasta que sea domingo. Si a alguien le desaparece algo de su habitación, no hay cobertura legal de ningún tipo. Y el seguro de Airbnb en estas situaciones será digno del Club de la Comedia.

También he probado Blablacar, pero sólo del lado del pasajero. La Economía Colaborativa es tan favorable al consumidor que cuesta pensar en volver a la “economía normal”. Un conductor de Blablacar me recogió casi en la puerta de casa. Y hubiera esperado unos minutos si yo hubiera llegado tarde. Me dejó en la puerta del hotel en mi destino, evitando tener que hacer trasbordos que ni siquiera el tren me hubiera evitado. Pararon cuando me apetecía ir al baño. Al consumir un servicio de este tipo, puedes conseguir un trato incluso superior a si viajaras con un familiar.

Haber probado todos estos servicios desde ambos lados me llevan a la conclusión de que uno debe usarlos tanto como sea posible, porque básicamente son prestaciones a precio de saldo. En muchos casos el prestador de los mismos no está ganando nada, pero con una enorme sonrisa a la caza de sus soñadas cinco estrellas.

A pesar de que el anterior párrafo hubiera sido un elegante final, hay que mencionar que, como todo negocio, puede usarse con inteligencia para obtener mucho provecho si se pesca en río revuelto. A nadie le hace daño tener un perfil creado en Airbnb o Blablacar y conseguir alguna review alta a precio de saldo. Esto luego puede ser aprovechado para anomalías en la oferta y demanda. ¿La final de la Champions League, un concierto de los Rollings, un festival multitudinario, Eurovisión, un Mobile Congress se celebran en tu ciudad? Puedes ganar una pequeña fortuna alquilando tu casa mientras duermes en el coche. Momentos como los trágicos atentados en Bruselas llevan a picos de demanda de vehículos para ir a otras ciudades a cualquier precio.

En resumen, mi visión es que la Economía Colaborativa es parte de nuestra vida. Algo de que aprovecharse como consumidor pero que entender los abusos a que expone al proveedor del servicio. Y que como todo, puede ser usado con cierta mano izquierda para ganar algo de dinero extra en determinadas situaciones. La próxima vez que veas a un conductor de Blablacar o la persona que te recibe en Airbnb, imagínatelo por unos segundos con la sonrisa falsa, la gorra y el inevitable olor a fritanga de McDonald’s.

País solidario

Siempre que se produce una catástrofe se acaba oyendo, de una forma u otra, que España es un país de gente solidaria. También suele ir de la mano el mencionar que España es un país tolerante con otras religiones, especialmente el Islam.

Spain is one of the less racist, anti-Islamic countries. Spaniards and solidarity are two very well connected concepts. We have close ties with the Islamic culture and with countries like Morocco, so Arab migrants don’t face as many integration problems as they may do in other European countries. As well, and despite of the crisis, there is no big extreme-right xenophobic party in Spain, Le Pen style.

Ahora bien, decir que España es menos racista o más solidaria que otros países implica decir que estos conceptos son, de alguna forma, susceptibles de medida y comparación. Y que en esas métricas, España puntúa alto.

Antes de entrar en otras consideraciones, merece la pena sacar de la ecuación aquello de que “España es líder mundial en donaciones de órganos”. Es así, y es algo de lo que estar orgullosos. Pero no se trata de una decisión particular de los ciudadanos, sino de haber decidido que todo el mundo sea donante salvo que opine lo contrario – una excelente medida.

¿Qué es un país solidario? Se han intentado algunas clasificaciones al respecto, como el World Giving Index, que compara las respuestas de ciudadanos de distintos a países a preguntas del tipo:

¿Has ayudado a algún extraño, o alguien que no conocieras que necesitara ayuda?
¿Has donado dinero a una ONG?
¿Has realizado trabajo voluntario en una ONG?

Los resultados son extraños, liderando el ranking Myanmar (!) seguida de Estados Unidos y algunos de los países más ricos del mundo intercalados con Sri-Lanka o Malasia en el top 10 y España en la posición 58 (de unos 150 países).

Aceptando estos datos España estaría ligeramente por encima de la media. Nada de que avergonzarse, pero tampoco para estar especialmente orgullosos.

Sin embargo el ranking es enormemente subjetivo. Deja a Grecia, el país que prácticamente inventó el concepto de hospitalidad, en el puesto 140, casi el último. Una gran cantidad de países parecen ordenados al azar, sobre todo cuando se observan en el mapa de distribución. Según la cita más arriba señalada, la solidaridad española está relacionada con países como Marruecos. que, sin embargo, aparece en un pésimo 126º puesto en dicho listado.

¿Es al menos España un país con bajo anti islamismo? Esto es aún más complicado de cuantificar. El 7.5% de la población francesa es musulmana y un 6% de la población belga pero apenas un 2.3% de la española. Prácticamente cualquier clasificación que se haga al respecto debería ponderar estas diferencias – pero esto nunca se hace. Francia tiene el triple de musulmanes que España, es una enorme minoría. ¿Hay rechazo en España a los albaneses, georgianos o guatemaltecos? Desde luego que no. Y no porque seamos muy solidarios, sino porque no conocemos a casi nadie de dichos países.

Una medida interesante para medir el rechazo a otras religiones es recurrir a los judíos. Son una comunidad enormemente minoritaria por toda Europa y al mismo tiempo son muy dados a cuantificar los que son hostiles con ellos.

El índice ADL global realiza una clasificación por países de su aceptación o rechazo hacia los judíos. Los participantes tuvieron que responder a preguntas del tipo:

¿Cree que los judíos tienen demasiado poder en el mundo de los negocios?
¿Cree que los judíos pasan demasiado tiempo hablando de lo que les sucedió en el Holocausto?
¿Con qué frecuencia hay violencia contra los judíos en tu país?

En el ranking de Europa Occidental, España consigue un notable tercer puesto con un 29% de antisemitismo. Grecia lidera implacablemente dicho listado con un inalcanzable 69% – muy por encima incluso de Irán (56%), acérrimo enemigo de Israel.

Incluyendo el resto de países de Europa, España ocupa una posición intermedia. No somos más antisemitas que otros, pero tampoco mucho menos.

Al final España no se destaca ni en lo positivo ni en lo negativo en ninguno de estos aspectos. Somos un país más, ni mejor ni peor que otros. Para mi sorpresa sin embargo, Grecia puntúa muy alto en el ranking de los peores países y esta vez no por razones económicas.

Conciliación laboral

Hace unos días estuve viendo el programa de Salvados sobre la conciliación laboral. En dicho programa se comparaba la difícil situación para conciliar vida laboral y personal en familias de España y Suecia.

En general el concepto del programa ‘Salvados’ no me gusta nada y este episodio no fue una excepción. Solo la idea de comparar un aspecto de la vida de dos países, de forma totalmente aislada, es simplista o manipuladora. O una deliberada mezcla de ambas cosas.

¿Por qué comparar con Suecia? Desde luego que es uno de los países más ricos del mundo. Pero aún dentro de esta lista, hay numerosos países donde apenas hay cobertura social suficiente como para poder cuidar holgadamente de un hijo mientras se trabaja. Estados Unidos, Alemania u Holanda no tienen coberturas que se parezcan a las que ofrece Suecia, pareciéndose mucho más a España en ese aspecto.

Cierto es que la inexistente conciliación laboral en España, que en muchísimos casos sólo es posible gracias a los abuelos, es un problema. Pero ese programa no exponía ninguna solución posible, salvo la manida: España tiene mucha corrupción – que la tiene – y con el dinero de la corrupción, se podrían pagar un montón de compensaciones sociales.

Pero ese dinero de la corrupción tiene que dar también para la memoria histórica, para poner un policía a cada mujer maltratada, para el cuidado de personas dependientes, para una Sanidad que cubra cada aspecto mejorable. Tiene que dar para mejorar la educación y subsidiar la compra de coches y casas. Y para que haya un salario básico universal. Robamos, pero no tanto para poder pagar todo eso con el dinero de la corrupción.

Luego el programa mencionaba que ‘los políticos no quieren’, o más finamente dicho ‘no hay voluntad política’.

En mi opinión el problema de la inexistente tasa de natalidad española es uno de los más graves para el país de cara a su posición mundial dentro de digamos 50 años. Si la población no crece, es casi inevitable que la economía se mantenga en niveles de escaso crecimiento. España es, a día de hoy, el 30º país del mundo por población. En 50 años, bien podríamos estar pasado el puesto 50º. Y la población de un país es uno de los más importantes factores económicos, especialmente en países que ya no están en fases de desarrollo.

Pero en España apenas si se llevan a cabo correcciones cuyos efectos no se notarían en menos de cuatro años. ¿Para qué arreglar un problema que aún no tenemos y por el que no se pueden conseguir votos?

Volviendo a Suecia, ¿Por qué no es legítimo comparar la conciliación laboral en ese país con la del nuestro? Básicamente porque tienen una economía totalmente diferente. Dice la Wikipedia que la economía sueca es una economía orientada hacia la exportación – saludable ventaja de tener un país con poca población – mientras que de la economía española, destaca el relevante factor del turismo.

Nada nuevo bajo el sol, pero un aspecto fundamental si simplemente queremos comparar un típico puesto de trabajo sueco con un típico puesto de trabajo español. Las decisiones sociales en ambos países giran, por fuerza, en torno a empleos medios. En España no hay apenas empresas grandes y las pocas que hay, son continuamente machacadas mediáticamente, con el nuevo soniquete de ‘Las empresas del IBEX35’ popularizado por Podemos.

Como su propio nombre indica, el IBEX35 sólo tiene 35 empresas, entre las que están los supermercados Dia% (el artículo enlazado nada tiene que ver con la realidad actual).

Para sorpresa del presentador durante una de sus preparadas entrevistas, la empresa española que mejor plan de conciliación laboral tiene es Iberdrola. Un infame miembro del IBEX35. En general, casi todas las grandes empresas tienen políticas sociales muy superiores a las de empresas de menor tamaño.

Precisamente las empresas más castigadas por otros programas de ‘Salvados’ son aquellas que mejor tratan a sus empleados. Que pueden permitirse no distinguir si contratan a un hombre o una mujer. Que pueden extender una baja de varios meses sin que sea un insoportable coste.

Paradójicamente es el periodismo una de las profesiones donde menos conciliación laboral existe. Es muy posible que la productora que realizó el programa no tenga nada parecido a planes de conciliación laboral.

¿Qué conciliación laboral puede ofrecer el dueño de un bar, con dos camareros, si uno de ellos falta cada vez que el niño tiene fiebre? Como empresario, el dueño del bar será un hijo de puta. Pero también como empresario será una persona que hará números, que pondrá los precios en función de lo que cobra el bar de al lado y que tiene que pagar sueldos de miseria para poder ser competitivo. Porque su negocio es un negocio de escasos márgenes, mucha competencia y poca estabilidad.

El problema de la conciliación laboral en España es el de su sistema productivo – quizás el mayor problema de todos los que tiene España, por encima de la corrupción y el paro. Tenemos un sistema productivo que no escala, que solo permite racanear céntimos en cañas, en raciones de jamón, en habitaciones de hotel con una cama más pequeña. No tenemos empresas de verdad. O casi.

Una de las pocas empresas españolas de las que estar orgullosos a nivel mundial es Inditex. El gigante de la distribución textil fue, sin embargo, amargamente criticado en otro programa de ‘Salvados’ por contratar mano de obra infantil, mano de obra que no cumple las condiciones de seguridad laboral, etc. Puede que sea verdad que alguna de las camisetas de Zara que tienes en el armario la haya hecho un niño. La cruda realidad es que no importa de qué fabricante sea la camiseta que tienes en el armario para que la posibilidad de mano de obra infantil esté ahí.

Inditex está en un negocio que funciona así. Márgenes pequeños pero con economías de escala. Sería bonito que toda la ropa de Inditex se fabricara en Alicante, pero en tal caso Inditex no sería competitiva a nivel mundial – posiblemente ni siquiera a nivel nacional.

Un artículo muy interesante que leí hace unos meses se titula ‘Por qué es imposible comprar (ropa) éticamente’. En él aborda la problemática de este tipo de empresas. El artículo detalla que la industria textil funciona con una enorme cantidad de intermediarios y mayoristas. Inditex no tiene fábricas en Vietnam, China o Malasia. Tiene acuerdos con mayoristas en esos países que a su vez tienen acuerdos con empresas que operan en estos países.

En el articulo mencionan que son las grandes empresas – como Inditex – las únicas que tratan, a veces infructuosamente – de evitar a los fabricantes que permiten peores condiciones laborales. Así, si evitas a los grandes como Inditex, Mango, H&M, es posible que acabes en una marca de segunda fila que, esta vez ya sí, te puede garantizar al 100% que tu camiseta ha sido fabricada por un niño. Por lo tanto, la idea de comprar éticamente te acaba llevando precisamente a los comerciantes menos éticos.

Para tener opciones de conciliar vida laboral y personal necesitamos más Inditex en España. No necesitamos que España sea el nuevo centro de fabricación de camisetas, insistiendo en los empleos con poco valor añadido, de talleres pequeños. Necesitamos que haya puestos de alto nivel que se creen en España. Volviendo al ejemplo sueco, ¿Queremos un arsenal de reponedores y cajeros en los Ikea de España, o los asexuales ingenieros que diseñan los muebles de nombres impronunciables?

¿Pero cómo puede permitirse Suecia tener tantos servicios sociales? Para conseguirlo, ha llegado a un sistema impositivo bastante asfixiante, con una media del 45% del sueldo destinado a impuestos y un IVA del 24% en prácticamente todo. Si España aumentara su presión impositiva a estos mismos niveles, para permitir una mejor conciliación, podríamos llegar a unas coberturas similares a las suecas. ¿Pero, estaríamos dispuestos a hacer ese esfuerzo?

El programa de televisión simplísticamente culpabilizaba a los políticos pero ante un reto así, no se puede fabricar el dinero de la nada. Hay que tomarlo de alguna parte. Y lo tenemos que poner el resto de los españoles.

Así, en una economía de libre mercado, al estilo americano, cada uno tiene que pagar lo suyo. Compras un coche, pagas sus impuestos. Conduces sus carreteras, pagas sus impuestos. Tienes un hijo, pagas su guardería. El estilo sueco es más social: todo el mundo paga lo de todos – en los coches no. ¿Quiero yo, que he renunciado a tener hijos por la difícil conciliación laboral, pagar las guarderías del resto de españoles? ¿Y la dependencia de los abuelos que yo ya no tengo? ¿Y la educación con ordenadores de los hijos que no tengo? No es una pregunta retórica, sino directamente al bolsillo. ¿Estaría dispuesto a pagar 50 ó 150 euros al mes, cada mes, para que haya esa cobertura social a las personas que han tenido un hijo?

Si el programa se hubiera afrontado con esa pregunta la mayoría de la gente que no tiene hijos habría dicho que no, que prefiere España con sus cañas baratas a Suecia y sus días oscuros. Pero cuando se pinta todo en blanco y negro, con los malísimos políticos y empresarios, se llega a una historia fácil, pero que no es real. Y sobre todo, que no aporta soluciones, sólo lloriqueos.

La edad dorada

Hace unos meses publicó The Economist un especial sobre Nigeria. Se trata de un enorme desconocido pero con unas posibilidades de crecimiento enormes, aunque sólo fuera por la tracción que genera su enorme población actual: unos 170 millones de habitantes – cuatro veces España.

Los artículos mostraban un país lleno de contradicciones, en ciertos aspectos muy avanzado y en otros totalmente primitivo y rudimentario. Uno de los principales problemas que afronta es la falta de fiabilidad del suministro eléctrico. Vivir en Nigeria, ya sea en la capital o en ciudades pequeñas, en un barrio pobre o rico, significa que cualquier día puede haber un corte de electricidad de varias horas o días.

Nigeria se jacta de tener una enorme población de emigrantes. Unos 17 millones de nigerianos viven fuera de su país, una gran parte de ellos en Reino Unido y Estados Unidos. Muchos de sus expatriados mandan dinero a sus familias, siendo esta una importante fuente de ingresos para el país.

Leyendo todos los artículos, con la característica falta de posicionamiento de The Economist, uno se da cuenta de un sorprendente hecho: a pesar de la corrupción, los asesinatos y delitos sin siquiera investigar, la falta de infraestructuras y de luz eléctrica, muchos nigerianos, bien asentados en sus países de acogida, deciden volver a instalarse en su país.

Desde luego, el arraigo y la familia influyen mucho en su retorno. Pero son muchos los que mencionan un sorprendente motivo: Nigeria es un país interesante donde vivir.

Acostumbrados a vivir entre algodones rodeados de todo tipo de comodidades solemos olvidar que muchas incomodidades tienen partes positivas: nos hacen la vida más compleja y, por lo tanto, más rica.

Reflexionando sobre ese artículo – tiempo he tenido – me recuerda a la época de Internet que vivíamos hace 10 años. Nadie tenía Internet en el móvil y un elevado porcentaje ni siquiera tenía conexiones de alta velocidad. La gente se comunicaba por Messenger, Gmail era un sistema de correo minoritario. Terra trataba de ser un gigante tecnológico y tenía una elevada cuota de mercado de las visitas de Internet. Se cuestionaba si la Wikipedia tenía contenido de calidad o siquiera relevante.

Al mismo tiempo vivíamos en una especie de jungla. Las cartas nigerianas te llegaban al correo y tenían su público. El phishing también funcionaba y en Messenger se podía uno inventar la identidad porque nadie colgaba su verdadera foto o su nombre. Había arrestos puntuales por descargas ilegales. En el trabajo no te dejaban navegar por Internet.

Pero como diría García Márquez, el mundo olía como a nuevo. Todos los días había noticias sorprendentes, inesperados productos que se volvían imprescindibles con la misma velocidad que otros perdían todo el interés de inmediato. Las páginas no se veían bien fuera de Internet Explorer, pero ahí se veían muy bien y estaban llenas de detalles originales. Los gifs animados habían conquistado el mundo pero ya estaban en retirada. Los blogs un día florecían para al siguiente, desvanecerse.

En términos absolutos, el Internet de hace diez años era una puta mierda comparado con el de ahora. Pero del mismo modo, el Internet que ahora tenemos está dejando de ser interesante. No hay proyectos sorprendentes que no tengan detrás un montón de dinero. La mayoría de la gente se pasa el tiempo de forma pasiva, reenviando o haciendo me gusta. Nadie escribe, el teclado se ha convertido en una parte opcional de la interfaz, que aparece sólo bajo demanda explícita del usuario. Las búsquedas de Google arrojan resultados de hace 5 o 10 años – que siguen siendo las más relevantes. Internet está ya casi completado y eso lo hace muy útil pero también muy aburrido.

Debemos sentirnos privilegiados de haber vivido esta edad dorada. Volviendo a los nigerianos, uno entiende totalmente que decidan volver a su país.